miércoles, 20 de febrero de 2013

Cartas de San Pablo...


Cartas de San Pablo.

Sin Dios no podemos nada. 
En cuanto a los dones espirituales, no quiero, hermanos, que estén en la ignorancia. Saben que cuando eran gentiles, se dejaban arrastrar ciegamente hacia los ídolos mudos. Por eso les hago saber que nadie, movido por el Espíritu de Dios, puede decir: “¡Maldito sea Jesús!”; y nadie puede decir: “¡Jesús es Señor!” sino movido por el Espíritu Santo. (1 Co 12, 1-3). 
Comentario: 
Si Dios no nos ayuda de forma constante, no podemos hacer absolutamente nada. Y mucho más en las cosas de la fe, puesto que si Dios no nos da las gracias actuales, tampoco podremos hacer buenas obras.
Ya lo dice el Apóstol que en Dios vivimos, nos movemos y existimos. Pero, además, todo lo bueno que podemos hacer es por gracia de Dios, porque Él nos da la fuerza para llevarlo a cabo.
Y las gracias las podemos obtener por medio de la oración. Cuanto más rezamos, tanto más el Señor nos provee de auxilios sobrenaturales. También en la recepción de los Sacramentos y sacramentales recibimos gracias.
Por eso esto nos debe hacer indulgentes con todos, porque si hacemos obras buenas, si tenemos fe, si somos más o menos buenos, no es sólo por mérito nuestro, sino mayormente es por mérito de Dios, que es quien nos da las gracias y las fuerzas para que sea así.
Entonces ¡qué gran responsabilidad es ser fieles a la gracia, a las inspiraciones de Dios, para no ser traidores o desertores de la voluntad de Dios!
Aquí San Pablo nos dice que sin la ayuda de Dios, no podemos decir ni siquiera que Cristo es el Señor.
Tengamos estas cosas en cuenta para ser humildes, sabiendo que Dios nos eligió gratuitamente, porque quiso, y no por nuestros méritos, sino por su gran bondad. Tratemos de estar a la altura de esta elección Suya, correspondiendo a sus gracias fielmente.
¡San Pablo, ruega por nosotros!

martes, 19 de febrero de 2013

Oración...


Oración en Cuaresma

Ayúdame a hacer silencio,
Señor, quiero escuchar tu voz.
Toma mi mano, guíame al desierto,
que nos encontremos a solas, Tú y yo.
Necesito contemplar tu rostro,
 me hace falta la calidez de tu voz,
caminar juntos... callar para que hables Tú.

Me pongo en tus manos, quiero revisar mi vida,
descubrir en qué tengo que cambiar,
afianzar lo que anda bien,
sorprenderme con lo nuevo que me pides.

Ayúdame a dejar a un lado las prisas,
las preocupaciones que llenan mi cabeza,
barre mis dudas e inseguridades,
ayúdame a archivar mis respuestas hechas,
quiero compartir mi vida y revisarla a tu lado.
Ver donde "aprieta el zapato" para apurar el cambio.

Me tienta la seguridad, el "saberlas todas",
tenerla "clara", no necesitarte,
total tengo todas las respuestas.
Me tienta el activismo. Hay que hacer, hacer y hacer.
Y me olvido del silencio, aflojo en la oración,
¿leer la Biblia?, para cuando haya tiempo...

Me tienta la incoherencia. Hablar mucho y hacer poco.
Mostrar facha de buen cristiano, pero adentro,
donde Tú y yo conocemos,
tener mucho para cambiar.
Me tienta ser el centro del mundo.
Que los demás giren a mi alrededor.
Que me sirvan en lugar de servir.
Me tienta la idolatría. Fabricarme un ídolo,
con mis proyectos, mis convicciones,
mis certezas y conveniencias,
y ponerle tu nombre de Dios.
No será el becerro de oro, pero se le parece.
Me tienta la falta de compromiso.
Es más fácil pasar de largo
que bajarse del caballo y hacer la del samaritano.
¡Hay tantos caídos a mi lado, Señor,
y yo me hago el distraído!

Me tienta la falta de sensibilidad,
no tener compasión, acostumbrarme a que otros sufren,
y tener excusas, razones, explicaciones,
que no tienen nada de Evangelio,
pero que me conforman... un rato, Señor,
porque en el fondo no puedo engañarte.
Me tienta el separar la fe y la vida.
Leer el diario, ver las noticias
sin indignarme evangélicamente
por la ausencia de justicia
y la falta de solidaridad.
Me tienta el mirar la realidad
sin la mirada del Reino.

Me tienta el tener tiempo para todo,
menos para lo importante.
Y lamentarlo pero no hacer nada para cambiarlo.
La familia, los hijos, la oración... al cuadragésimo lugar.
Hay cosas más importantes. ¿Las hay?
Me tienta, Señor, el desaliento,
lo difícil que a vece se presentan las cosas.
Me tienta la desesperanza, la falta de utopía.
Me tienta el dejarlo para mañana,
cuando hay que empezar a cambiar hoy.

Me tienta creer que te escucho,
cuando escucho mi voz.
¡Enséñame a discernir!
Dame luz para distinguir tu rostro.
Llévame al desierto, Señor, despójame de lo que me ata,
sacude mis certezas y pon a prueba mi amor.
Para empezar de nuevo, humilde, sencillo,
con fuerza y Espíritu para vivir fiel a Ti.

P. Javier Leoz


lunes, 18 de febrero de 2013

Cuaresma...


¿Quieres vivir la Cuaresma de la Fe?

 No seas sordo a la Palabra de Dios.
Procura asistir todos los días a la Eucaristía. Si, te resulta difícil,
procura cada día leer un momento la Palabra de Dios.
Es el AÑO DE LA FE.

 No pienses que, en todo, llevas la razón.
La conversión exige un cambio de corazón, de mente, de actitudes:
humildad. Estás en el AÑO DE LA FE.

 Reza un poco más.
La meditación es saludable e, incluso, necesaria para el ajetreo
que llevamos. ¿Cuánto hace que no te has retirado en un silencio
prolongado en el interior de una iglesia?
Aliméntate con el AÑO DE LA FE.

• Confiésate.
Uno, desde dentro, no puede ver la fachada de su propia casa.
El sacramento de la reconciliación te hará ver la grandeza
que Dios ha puesto en ti y la fragilidad que, sin querer
o queriendo, existe en ti. Conviértete en el AÑO DE LA FE.

• Haz una obra de caridad.
No caviles con los que están en la distancia. A veces, el ayudar
a los que nos quedan lejos, se puede convertir en válvula
de escape para no comprometernos con los que tenemos
cerca. Haz el bien en el AÑO DE LA FE.

• Ama a la Iglesia.
Nunca como hoy necesita de cristianos y de católicos que arrimen
el hombro. Recuerda la palabra de Jesús: “Rema mar adentro”.
Tus manos son necesarias en el AÑO DE LA FE.

• Defiende con pasión y con convencimiento
tus motivaciones religiosas.
Si almuerzas, en el trabajo, o comes en un restaurante
¿sabes que puedes dar testimonio de lo que eres?
¿Cómo? Guardando vigilia: una imagen o un gesto vale más
que mil palabras! Darás testimonio en el AÑO DE LA FE.

• Vive con más austeridad estos cuarenta días.
Márcate un pequeño programa para que, la Cuaresma,
deje en ti poso abundante. El AÑO DE LA FE necesita
de cristianos con fondo.

• No caigas en la tentación de pensar
“lo de la Cuaresma es una tontería”.
Cuando no tenemos razones o no queremos entrar
por un camino, buscamos mil excusas.
¿Jesús no se merece un acompañamiento especial
camino del Calvario? ¡Piensa en el AÑO DE LA FE!

• Si estás enojado con alguien, no lo dudes, pide perdón.
Si no te lo aceptan tu habrás cumplido y, el peso de la conciencia,
no residirá tanto en ti cuanto en aquellos que no ejercieron
la misericordia contigo. ¡Te sentirás muy bien en el AÑO DE LA FE!

• ¿Tienes rencor contra alguien?
¿Estás decepcionado con alguien por algo? ¡Olvídalo! Da un paso
hacia adelante. Si Dios, siendo como somos, nos perdona.
¿Cómo no vamos a ofrecer en la misma medida, el perdón
y la comprensión a los que nos rodean?
El AÑO DE LA FE es reconciliación.

• Manifiesta públicamente tu fe.
Promueve, con signos y palabras, lo que dices creer.
Invita a alguien a la Eucaristía. Incluso, si llega la hora del Angelus,
rézalo. Tal vez te miren…lograrás, entre otras cosas,
ser diferente. Serás bienaventurado en el AÑO DE LA FE:

• No dejes de acudir cada domingo a la Eucaristía.
Sin ella, a muchos cristianos, les ocurre lo mismo que aquel beduino:
“pasaba por una fuente y, mirándola, no quise beber; más adelante
exhausto y sin fuerzas…. me di cuenta de lo necio que fui por haber
despreciado aquel manantial de agua fresca.
Reaviva con la Eucaristía el AÑO DE LA FE.

P. Javier Leoz


domingo, 17 de febrero de 2013

Evangelio explicado...


Evangelio explicado

Mt 10, 35-36. 
División. 
He venido, en efecto, a separar al hombre de su padre, a la hija de su madre, a la nuera de su suegra; y serán enemigos del hombre los de su propia casa. 
Comentario: 
Ya cuando el anciano Simeón fue al Templo de Jerusalén, inspirado por el Espíritu Santo, y tomó en brazos al Niño Jesús, profetizó de Él que sería causa de elevación y caída para muchos y también sería un signo de contradicción.
Porque ante Jesús uno no puede quedar indiferente, ya que se debe tomar partido por Él, o estar contra Él.
Y esto que sucede a todos los hombres, también sucederá en el mismo seno de las familias, puesto que habrá quienes sigan a Jesús, y quienes estén en su contra, generando con ello una lucha, una división entre los hijos de las luz y los hijos de las tinieblas dentro de la propia familia.
No es Jesús el que trae la división, sino que es el Maligno, que no permite que Cristo reine en todos los corazones, y por el pecado tiene sujetas a las personas.
Debemos estar precavidos de ello, porque si tomamos la decisión de ser cristianos, de seguir a Cristo, es muy probable que tengamos oposición hasta de nuestros parientes más cercanos y amados. Entonces es ahí donde deberemos demostrar que amamos al Señor por encima de todo y de todos.
Pero siempre debemos tratar a todos con caridad, porque aunque los nuestros estén en contra nuestra, no tenemos que tratar mal a ninguno, sino rezar por todos, para que vean la luz, y seguirlo a Jesús sin miramientos, sin respetos humanos, sin dejarnos engañar por los afectos terrenos, que son naturalmente buenos, pero que se deben dejar de lado cuando impiden seguir el camino de Dios.

sábado, 16 de febrero de 2013

Discernir...


El discernimiento en la vida personal

Vamos ahora a la guía del Espíritu en el camino espiritual de cada creyente. Se sitúa bajo el nombre de discernimiento de espíritu. El primer y fundamental discernimiento de espíritu es el que permite distinguir "el Espíritu de Dios" del "espíritu del mundo" (Cf. 1 Co 2, 12). San Pablo brinda un criterio objetivo de discernimiento, el mismo que había dado Jesús: el de los frutos. Las "obras de la carne" revelan que cierto deseo viene del hombre viejo, pecaminoso; "los frutos del Espíritu" revelan que viene del Espíritu (Cf. Ga 5, 19-22). "La carne de hecho tiene deseos contrarios al Espíritu y el Espíritu tiene deseos contarios a la carne" (Ga 5, 17).

Sin embargo a veces este criterio objetivo no basta, porque la elección no es entre el bien y el mal, sino entre un bien y otro bien, y se trata de ver qué es lo que Dios quiere en una circunstancia precisa. Sobre todo para responder a esta exigencia, san Ignacio de Loyola desarrolló su doctrina sobre el discernimiento. Invita a mirar sobre todo una cosa: las propias disposiciones interiores, las intenciones (el "espíritu") que están detrás de una elección.

San Ignacio sugirió los medios prácticos para aplicar estos criterios. Uno es el siguiente. Cuando se está ante dos posibles opciones, es útil detenerse primero en una, como si hubiera que seguirla sin duda; permanecer en tal estado durante uno o más días; entonces valorar las reacciones del corazón frente a tal elección: si da paz, si armoniza con el resto de las propias elecciones, si algo en ti te alienta en esa dirección, o, al contrario, si el tema deja un poso de inquietud... Repetir el proceso con la segunda hipótesis. Todo en un clima de oración, de abandono a la voluntad de Dios, de apertura al Espíritu Santo.

Una disposición habitual de fondo a realizar, en cualquier caso, la voluntad de Dios, es la condición más favorable para un buen discernimiento. Jesús decía: "Mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado" (Jn 5, 30).

El peligro, en algunas formas modernas de entender y practicar el discernimiento, es acentuar hasta tal punto los aspectos psicológicos, que se olvide que el agente primario de todo discernimiento es el Espíritu Santo. Hay una profunda razón teológica en ello. El Espíritu Santo es Él mismo la voluntad sustancial de Dios, y cuando entra en un alma "se manifiesta como la voluntad misma de Dios para aquel en quien se halla".


El fruto concreto de esta meditación podría ser una renovada decisión de confiarse en todo y para todo a la guía interior del Espíritu Santo, como en una especie de "dirección espiritual". Está escrito que "cuando la Nube se elevaba de encima de la Morada, los israelitas levantaban el campamento. Pero si la Nube no se elevaba, ellos no levantaban el campamento" (Ex 40, 36-37). Tampoco nosotros debemos emprender nada si no es el Espíritu Santo -de quien la nube, según la tradición, era figura- quien nos mueve y sin haberle consultado antes de cada acción. 

Tenemos el ejemplo más luminoso de ello en la propia vida de Jesús. Jamás emprendió nada sin el Espíritu Santo. Con el Espíritu Santo fue al desierto; con el poder del Espíritu Santo regresó e inició su predicación; "en el Espíritu Santo" eligió a sus apóstoles (Cf. Hch 1,2); en el Espíritu oró y se entregó a sí mismo al Padre (Cf. Hb 9, 14).

Santo Tomás habla de esta conducción interior del Espíritu como de una especie de "instinto propio de los justos": "Igual que en la vida corporal el cuerpo no es movido más que por el alma que lo vivifica, así en la vida espiritual cada movimiento nuestro debería provenir del Espíritu Santo" . Es así como actúa la "ley del Espíritu"; es lo que el Apóstol llama "dejarse guiar por el Espíritu" (Ga 5, 18).

Debemos abandonarnos al Espíritu Santo como las cuerdas del arpa a los dedos de quien las toca. Como buenos actores, tener el oído atento a la voz del apuntador escondido, para recitar fielmente nuestra parte en el escenario de la vida. Es más fácil de cuanto se piensa, porque nuestro apuntador nos habla dentro, nos enseña toda cosa, nos instruye en todo. Basta a veces un simple vistazo interior, un movimiento del corazón, una oración. De un santo obispo del siglo II, Melitón de Sardes, se lee este bello elogio que desearía que se pudiera repetir de cada uno de nosotros después de morir: "En su vida hizo todo movido por el Espíritu Santo"

Fuente:
"EL ESPIRITU SANTO HABLA A TRAVÉS DE LA CONCIENCIA"
3ra Predicación de Cuaresma
Padre Raniero Cantalamessa, OFMCap, predicador de la Casa Pontifica

Marzo 27.2009
  
Mis cariños y bendiciones,
Itzel Paz de Silgado
Si haces planes para un año, siembra arroz;
si los haces para dos lustros, planta árboles;
si los haces para toda la vida, educad a una persona.
Proverbio de Japón


viernes, 15 de febrero de 2013

Reflexión...


Dios es bueno y nos ama

¿Por qué Dios permite la prueba? 
Si todo nos fuera bien y la vida fuera toda de color de rosa, entonces muy pronto nos olvidaríamos de Dios, y de que este mundo no es nuestra morada definitiva, sino sólo paso y preparación para la eternidad.
Entonces por eso es que el Señor permite las pruebas y fracasos en nuestra vida, para que nos acordemos de Él, y no porque Él lo necesite, sino porque es un bien para nosotros, ya que Dios es el fin de nuestra existencia, pues hemos sido creados para Dios, y nuestro corazón estará inquieto hasta que no descansemos en Él. Y la felicidad la encontraremos sólo cuando poseamos a Dios en la eternidad. Por eso es de capital importancia que en esta vida terrenal nos acordemos del Señor, y si las pruebas y desgracias nos ayudan a levantar la mirada a Dios, bienvenidos sean, y demos gracias a estas calamidades porque nos hacen un bien inmenso.
¡Cuántos, ante una enfermedad, una muerte repentina de un pariente, una desgracia, una prueba, han encontrado a Dios, se han convertido, se han hecho santos, y han alcanzado al fin el Cielo!
Y otros tantos, que tuvieron una vida muelle y sin sobresaltos, que parecía que todo les iba bien a pesar de que actuaban mal, están ahora en el Infierno, para siempre perdidos y desesperados.
Por eso bendigamos la mano del Señor cuando nos da y cuando nos quita, cuando nos da alegría, y cuando permite el dolor en nuestras vidas, porque todo es un juego del amor de Dios, y además las desventuras nos sirven para hacernos más humildes, para que nos desengañemos de que no somos todopoderosos, que Todopoderoso sólo es Dios, y no nosotros.


martes, 12 de febrero de 2013

Quédate...


Quédate conmigo

Señor, quédate conmigo durante este día,
y guía mis pensamientos y deseos,
mis acciones y mis proyectos.

Guía mis pasos
para que caminen ligeros al encuentro
de los cansados y desanimados.

Guía mis manos
para que acompañen a aquéllos
que se perdieron en el camino.

Abre mis brazos,
para que pueda abrazar a los que
se sienten solos y sin esperanza.

Ilumina mis ojos,
y vuelve atentos mis oídos al clamor
de mis hermanos.

Ofréceme un corazón tierno,
capaz de amar sin distinción.

Padre nuestro,
deposito en tu protección mi descanso
y el de todos mis amigos y seres queridos.

Coloco en tus manos nuestra tierra,
nuestras ciudades, nuestro mundo tan azotado
por la violencia, por las catástrofes, por las guerras
y por las injusticias...

Ilumina, Señor, la mente y el corazón
de los poderosos de la tierra.

Que siempre pueda, por tu gracia,
abrir las manos para compartir
lo que soy y lo que tengo
y con tu ayuda pueda ver aparecer
la aurora de un mundo nuevo.
Gracias, Señor.
Amén

¡No te olvides de ser feliz!
¡Vive hoy! Abre tu ventana, respira,
contempla esa flor, ese árbol, ese cielo,
ese hermoso relieve de tus montañas,
ríos, valles… saboréalos
¡Disfruta, vibra!