viernes, 22 de febrero de 2013

Oración...


Orar, simplemente orar.

Un pobre campesino regresaba del mercado al atardecer. Descubrió de pronto que no llevaba su libro de oraciones. Se hallaba en medio del bosque y se le había salido una rueda de su carreta.
 
El pobre hombre estaba afligido pensando que aquel día no iba a poder recitar sus plegarias. Entonces oró de este modo: He cometido una verdadera estupidez, Señor. He salido sin mi libro de rezos. Tengo tan poca memoria que sin él no sé orar. De modo que voy a decir cinco veces el alfabeto muy despacio. Tú, que conoces todas las oraciones, puedes juntar las letras y formar las plegarias que ya no recuerdo.
 
Y Dios dijo a sus ángeles: De todas las oraciones que he escuchado hoy, ésta ha salido sin duda alguna, la mejor. Una oración que ha brotado de un corazón sencillo y sincero.



Paz y Bien 

QUIEN PIDE, RECIBE
 
Ayuna de quejarte.
Llénate de aprecio
por la maravilla que es la vida..
 
Feliz viernes 
 
Mis cariños y bendiciones,

Itzel Paz de Silgado

 
Si haces planes para un año, siembra arroz;
si los haces para dos lustros, planta árboles;
si los haces para toda la vida, educad a una persona.
Proverbio de Japón


jueves, 21 de febrero de 2013

Los fabulosos Cadillacs - Padre Nuestro (River 08)

Estoy contigo...


Estoy contigo
A veces es difícil encontrar la respuesta
a esa sencilla pregunta.
¿Para qué buscarte? Me preguntaba...
¿Qué gano con seguirte? Me cuestionaba...
¿Por qué he de hacer tu voluntad? Me replicaba...

Y hoy, estando solo,
y con miles de problemas encima,
hoy, cuando los que creí que eran
mis amigos, me han abandonado,
hoy, cuando más solo me siento,
y atareado me encuentro,
vienen a mi mente las respuestas
a estas preguntas, pues en medio
de los problemas, sin importar
cuánto te he fallado,
Tú sigues firme a mi lado.

Y en medio del cansancio
siento tus brazos sostenerme.
Y entre el bullicio de cada día,
y los problemas que me agobian,
escucho tu dulce voz susurrarme al oído:
"Calma, Yo estoy contigo".

Y ahora me doy cuenta que todo vale la pena,
y que aquellas dudas no eran
más que trampas de mi enemigo
para evitar tu consuelo, tu paz, tu compañía.

Gracias Señor,
porque a pesar de todas mis dudas
me recibiste en tu seno, y siempre
que te cuestionaba, sonriendo me decías:
"Tranquilo, que ya llegarán unos de esos días".


miércoles, 20 de febrero de 2013

Cuaresma...


Cuaresma para la Fe

Señor:
Un año más me convocas al  ascenso hacia la PASCUA.
Soy consciente de que, tal  vez, me encuentras
con las mismas dudas y  batallas de siempre.
¡Perdóname, Señor!

Quisiera rezar, y siempre  encuentro mil excusas.
Sacrificarme, y me digo que  son cosas del pasado,
darme generosamente, y  pienso que tal vez,
algunos, se aprovechen de mi  buena voluntad.

Tú, Señor
sales a mi encuentro, para  levantarme de nuevo,
y recuperar las ganas de  creer y de vivir en Ti.
Sales a mi paso, para que  mirándote a los ojos,
descubra que merece la pena  seguirte.
Caminas hacia el calvario,  para hacerme entender
que la vida es grande  cuando, al igual que la tuya,
se ofrece por salvar y  garantizar una vida eterna a los demás.
¡Ayúdame, Señor!

¡Quiero ser peregrino en  este Año de la Fe!
Que tu Palabra no falte en  mi equipaje, para conocerte.
Que el ayuno, sea hambre de  tu presencia.
Que mi caridad, estalle sin  demasiado ruido.
Que mi oración, brote  espontáneamente
para nunca, por ella, dejar  de buscarte y de tenerte.

¡Ayúdame, Señor, en este Año  de la Fe!
A comprender que este tiempo  al que tú me invitas,
es oasis de meditación, de  conocimiento y de búsqueda.
Retorno de los malos modos o  ásperos caminos.
Re-encuentro con el gran  olvidado: DIOS.
Si en algún momento, yo me  olvido de esto, Señor;
remueve mis entrañas y mi  memoria,
para que jamás olvide o deje  en el tintero
tantos momentos de tus  dolores y sufrimientos,
en rescate, salvación y  recuperación íntegra del ser humano.
Amén.

P. Javier Leoz


Cartas de San Pablo...


Cartas de San Pablo.

Sin Dios no podemos nada. 
En cuanto a los dones espirituales, no quiero, hermanos, que estén en la ignorancia. Saben que cuando eran gentiles, se dejaban arrastrar ciegamente hacia los ídolos mudos. Por eso les hago saber que nadie, movido por el Espíritu de Dios, puede decir: “¡Maldito sea Jesús!”; y nadie puede decir: “¡Jesús es Señor!” sino movido por el Espíritu Santo. (1 Co 12, 1-3). 
Comentario: 
Si Dios no nos ayuda de forma constante, no podemos hacer absolutamente nada. Y mucho más en las cosas de la fe, puesto que si Dios no nos da las gracias actuales, tampoco podremos hacer buenas obras.
Ya lo dice el Apóstol que en Dios vivimos, nos movemos y existimos. Pero, además, todo lo bueno que podemos hacer es por gracia de Dios, porque Él nos da la fuerza para llevarlo a cabo.
Y las gracias las podemos obtener por medio de la oración. Cuanto más rezamos, tanto más el Señor nos provee de auxilios sobrenaturales. También en la recepción de los Sacramentos y sacramentales recibimos gracias.
Por eso esto nos debe hacer indulgentes con todos, porque si hacemos obras buenas, si tenemos fe, si somos más o menos buenos, no es sólo por mérito nuestro, sino mayormente es por mérito de Dios, que es quien nos da las gracias y las fuerzas para que sea así.
Entonces ¡qué gran responsabilidad es ser fieles a la gracia, a las inspiraciones de Dios, para no ser traidores o desertores de la voluntad de Dios!
Aquí San Pablo nos dice que sin la ayuda de Dios, no podemos decir ni siquiera que Cristo es el Señor.
Tengamos estas cosas en cuenta para ser humildes, sabiendo que Dios nos eligió gratuitamente, porque quiso, y no por nuestros méritos, sino por su gran bondad. Tratemos de estar a la altura de esta elección Suya, correspondiendo a sus gracias fielmente.
¡San Pablo, ruega por nosotros!

martes, 19 de febrero de 2013

Oración...


Oración en Cuaresma

Ayúdame a hacer silencio,
Señor, quiero escuchar tu voz.
Toma mi mano, guíame al desierto,
que nos encontremos a solas, Tú y yo.
Necesito contemplar tu rostro,
 me hace falta la calidez de tu voz,
caminar juntos... callar para que hables Tú.

Me pongo en tus manos, quiero revisar mi vida,
descubrir en qué tengo que cambiar,
afianzar lo que anda bien,
sorprenderme con lo nuevo que me pides.

Ayúdame a dejar a un lado las prisas,
las preocupaciones que llenan mi cabeza,
barre mis dudas e inseguridades,
ayúdame a archivar mis respuestas hechas,
quiero compartir mi vida y revisarla a tu lado.
Ver donde "aprieta el zapato" para apurar el cambio.

Me tienta la seguridad, el "saberlas todas",
tenerla "clara", no necesitarte,
total tengo todas las respuestas.
Me tienta el activismo. Hay que hacer, hacer y hacer.
Y me olvido del silencio, aflojo en la oración,
¿leer la Biblia?, para cuando haya tiempo...

Me tienta la incoherencia. Hablar mucho y hacer poco.
Mostrar facha de buen cristiano, pero adentro,
donde Tú y yo conocemos,
tener mucho para cambiar.
Me tienta ser el centro del mundo.
Que los demás giren a mi alrededor.
Que me sirvan en lugar de servir.
Me tienta la idolatría. Fabricarme un ídolo,
con mis proyectos, mis convicciones,
mis certezas y conveniencias,
y ponerle tu nombre de Dios.
No será el becerro de oro, pero se le parece.
Me tienta la falta de compromiso.
Es más fácil pasar de largo
que bajarse del caballo y hacer la del samaritano.
¡Hay tantos caídos a mi lado, Señor,
y yo me hago el distraído!

Me tienta la falta de sensibilidad,
no tener compasión, acostumbrarme a que otros sufren,
y tener excusas, razones, explicaciones,
que no tienen nada de Evangelio,
pero que me conforman... un rato, Señor,
porque en el fondo no puedo engañarte.
Me tienta el separar la fe y la vida.
Leer el diario, ver las noticias
sin indignarme evangélicamente
por la ausencia de justicia
y la falta de solidaridad.
Me tienta el mirar la realidad
sin la mirada del Reino.

Me tienta el tener tiempo para todo,
menos para lo importante.
Y lamentarlo pero no hacer nada para cambiarlo.
La familia, los hijos, la oración... al cuadragésimo lugar.
Hay cosas más importantes. ¿Las hay?
Me tienta, Señor, el desaliento,
lo difícil que a vece se presentan las cosas.
Me tienta la desesperanza, la falta de utopía.
Me tienta el dejarlo para mañana,
cuando hay que empezar a cambiar hoy.

Me tienta creer que te escucho,
cuando escucho mi voz.
¡Enséñame a discernir!
Dame luz para distinguir tu rostro.
Llévame al desierto, Señor, despójame de lo que me ata,
sacude mis certezas y pon a prueba mi amor.
Para empezar de nuevo, humilde, sencillo,
con fuerza y Espíritu para vivir fiel a Ti.

P. Javier Leoz


lunes, 18 de febrero de 2013

Cuaresma...


¿Quieres vivir la Cuaresma de la Fe?

 No seas sordo a la Palabra de Dios.
Procura asistir todos los días a la Eucaristía. Si, te resulta difícil,
procura cada día leer un momento la Palabra de Dios.
Es el AÑO DE LA FE.

 No pienses que, en todo, llevas la razón.
La conversión exige un cambio de corazón, de mente, de actitudes:
humildad. Estás en el AÑO DE LA FE.

 Reza un poco más.
La meditación es saludable e, incluso, necesaria para el ajetreo
que llevamos. ¿Cuánto hace que no te has retirado en un silencio
prolongado en el interior de una iglesia?
Aliméntate con el AÑO DE LA FE.

• Confiésate.
Uno, desde dentro, no puede ver la fachada de su propia casa.
El sacramento de la reconciliación te hará ver la grandeza
que Dios ha puesto en ti y la fragilidad que, sin querer
o queriendo, existe en ti. Conviértete en el AÑO DE LA FE.

• Haz una obra de caridad.
No caviles con los que están en la distancia. A veces, el ayudar
a los que nos quedan lejos, se puede convertir en válvula
de escape para no comprometernos con los que tenemos
cerca. Haz el bien en el AÑO DE LA FE.

• Ama a la Iglesia.
Nunca como hoy necesita de cristianos y de católicos que arrimen
el hombro. Recuerda la palabra de Jesús: “Rema mar adentro”.
Tus manos son necesarias en el AÑO DE LA FE.

• Defiende con pasión y con convencimiento
tus motivaciones religiosas.
Si almuerzas, en el trabajo, o comes en un restaurante
¿sabes que puedes dar testimonio de lo que eres?
¿Cómo? Guardando vigilia: una imagen o un gesto vale más
que mil palabras! Darás testimonio en el AÑO DE LA FE.

• Vive con más austeridad estos cuarenta días.
Márcate un pequeño programa para que, la Cuaresma,
deje en ti poso abundante. El AÑO DE LA FE necesita
de cristianos con fondo.

• No caigas en la tentación de pensar
“lo de la Cuaresma es una tontería”.
Cuando no tenemos razones o no queremos entrar
por un camino, buscamos mil excusas.
¿Jesús no se merece un acompañamiento especial
camino del Calvario? ¡Piensa en el AÑO DE LA FE!

• Si estás enojado con alguien, no lo dudes, pide perdón.
Si no te lo aceptan tu habrás cumplido y, el peso de la conciencia,
no residirá tanto en ti cuanto en aquellos que no ejercieron
la misericordia contigo. ¡Te sentirás muy bien en el AÑO DE LA FE!

• ¿Tienes rencor contra alguien?
¿Estás decepcionado con alguien por algo? ¡Olvídalo! Da un paso
hacia adelante. Si Dios, siendo como somos, nos perdona.
¿Cómo no vamos a ofrecer en la misma medida, el perdón
y la comprensión a los que nos rodean?
El AÑO DE LA FE es reconciliación.

• Manifiesta públicamente tu fe.
Promueve, con signos y palabras, lo que dices creer.
Invita a alguien a la Eucaristía. Incluso, si llega la hora del Angelus,
rézalo. Tal vez te miren…lograrás, entre otras cosas,
ser diferente. Serás bienaventurado en el AÑO DE LA FE:

• No dejes de acudir cada domingo a la Eucaristía.
Sin ella, a muchos cristianos, les ocurre lo mismo que aquel beduino:
“pasaba por una fuente y, mirándola, no quise beber; más adelante
exhausto y sin fuerzas…. me di cuenta de lo necio que fui por haber
despreciado aquel manantial de agua fresca.
Reaviva con la Eucaristía el AÑO DE LA FE.

P. Javier Leoz