martes, 26 de febrero de 2013

Por quién rezar...


Por quién rezar
Rezar por los pecadores.

Si viéramos a un hombre que corre alocadamente hacia un precipicio, ¡qué no haríamos por avisarle para que detenga su carrera y que se salve! Pues bien, los pecadores corren aceleradamente hacia el abismo infernal, y con sus pecados aumentan su velocidad y peso, y están en gran peligro de caer para siempre en el Infierno eterno. Por eso con nuestras oraciones, podemos obtenerles la conversión y la salvación. Nuestra oración por los pecadores, es como ese aviso que hacemos a las almas para que entren en sí mismas y se conviertan, cambien de vida ahora o, al menos, en la hora de su muerte, para que se salven y vayan al Cielo.
Y cuando rezamos el Santo Rosario estamos rezando de la mejor manera por los pecadores, en los que también nos incluimos nosotros, que más o menos también somos pecadores. Cuando en las Avemarías del Rosario decimos a la Virgen: “Ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte”, estamos implorando a María que nos proteja en todo momento a nosotros y a todos los pecadores del mundo, y especialmente que su protección nos ampare en la hora postrera de la muerte, que es cuando se decidirá nuestra suerte eterna.


lunes, 25 de febrero de 2013

Amistad...


Tus amigos, Señor

Subiste al Tabor, y lejos de olvidarnos,
nos invitaste a escalar contigo.
¿Se puede pedir algo más, a un amigo, Señor?

Ascendiste al Tabor, y sin dejarnos de lado,
nos hiciste partícipes de algo, que lejos de ser sueño,
fue gloria, presagio, anuncio, pasión, muerte y futuro.
¿Se puede pedir algo más, a un amigo, Señor?

Te alejaste, por un momento, de los que solicitaban tu mano
para quedar sanos,
tu mirada para recuperar la fe en su vivir,
tus pisadas, para saber por dónde caminar.
¿Se puede pedir algo más, a un amigo, Señor?

Nos tomaste, Señor, y para que supiéramos lo qué era el bien,
nos hiciste testigos de una Gloria,
de un triunfo, de una cruz, de una pasión,
y de una Resurrección que, a todos los que creemos, nos espera.
¿Se puede pedir algo más, a un amigo, Señor?

Trepamos contigo, Señor, a la montaña
y, con nuestros ojos abiertos al Misterio,
supimos que algo extraordinario ocurría delante de nosotros:
una voz del cielo, dos rostros conversando contigo y un cielo abierto.
¡Qué bien, Señor, estábamos en ese momento!
¿Se puede pedir algo más, a un amigo, Señor?

Sólo sabemos, Señor, que somos tus amigos
y que, todos los domingos, en la Eucaristía,
nos rescatas del mundo a la Gloria de Dios,
del sin sentido, a la sensatez,
de la mentira, a la verdad,
de la debilidad, a la fortaleza,
de la muerte, a la Resurrección.
Sólo sabemos, Señor, que algo bueno tenemos
cuando, siendo como somos,
compartes con nosotros estos momentos
de bienestar para el alma y para la vida.
Amén.

P. Javier Leoz


domingo, 24 de febrero de 2013


I wanted to become, Lord

From the warmth of my life:
I say believe in yourself and do not always live in you and with you.
I speak and are often nonsense words,
not come from you and, many times, are not for you.

I wanted to become, Lord.
From my false securities:
I hope in you but I sit in my own strength
not always serve you in what I do
and sometimes I that I look for in all this.

I wanted to become, Lord.
From my own loneliness and anguish
for having side away from your company.
Because one of my sins, is my desire to be free.
Free no more barriers than my own freedom.
Free no further than my own moral constraints.
Free no more dignity than what I consider good for me.

I wanted to become, Lord.
From my confinement with all divine.
I pray, fast, routine and distracted.
My charity, opportunistic, vain and selective.
My life, easily, and without compass consumerist Christian.
My ways, tortuous and sterile, pleasant and a la carte.

I wanted to become, Lord.
From my heart to You, you do yours.
From my soul to it, you have the best hand.
From my gut, so that through them,
comes to light that you, and only you, are the one who reigns in my life.

I wanted to become, Lord.
Help me, Lord, to get you into silence.
Help me, Lord, to discover yourself in need.
Help me, Lord, to contemplate the wonders of the world.
Help me, Lord, to not get lost in the daily excuses.
on trails easy and low price.
Only You, Lord, have the words of eternal life.
Only You, Lord, are able to give me strength.
to overcome and emerge victorious from the temptation of each day.
That in this Holy Year of Faith
You, Lord, You alone ... may overcome in the desert of my life.
Amen.

P. Javier Leoz


Conversión...


Quisiera convertirme, Señor

De la tibieza de mi vida:
digo creer en Ti y no siempre vivo en Ti y contigo.
Hablo y frecuentemente son palabras sin sentido,
no vienen desde Ti y, muchas  veces, no son para Ti.

Quisiera convertirme, Señor.
De mis falsas seguridades:
espero en Ti pero me asiento  en mis propias fuerzas
no siempre te sirvo en lo  que hago
y, algunas veces, soy yo el  que me busco en todo ello.

Quisiera convertirme, Señor.
De mi mis soledades y angustias
por haberme alejado del  costado de tu compañía.
Porque, uno de mis pecados, es mi deseo de ser libre.
Libre sin más barreras que mi propia libertad.
Libre sin más condicionantes que mi propia moral.
Libre sin más dignidad que todo lo que considero bueno para mí.

Quisiera convertirme, Señor.
De mi incomunicación con todo lo divino.
Mi oración, rápida, rutinaria y distraída.
Mi caridad, oportunista, vanidosa y selectiva.
Mi vida, fácil, consumista y sin brújula cristiana.
Mis caminos, tortuosos y estériles, placenteros y a la carta.

Quisiera convertirme, Señor.
Desde mi corazón, para que Tú, lo hagas tuyo.
Desde mi alma, para que en ella, tu tengas la mejor parte.
Desde mis entrañas, para que por ellas,
salga a la luz que sólo Tú, y sólo Tú, eres quien reina en mi vida.

Quisiera convertirme, Señor.
Ayúdame, Señor, a buscarte en el silencio.
Ayúdame, Señor, a descubrirte en el necesitado.
Ayúdame, Señor, a contemplarte en las maravillas del mundo.
Ayúdame, Señor, a no perderme en las excusas de cada día.
en los senderos fáciles y de bajo precio.
Sólo Tú, Señor, tienes  palabras de Vida Eterna.
Sólo Tú, Señor, eres capaz de darme fuerzas.
para vencer y salir victorioso de la tentación de cada jornada.
Que en este Año Santo de la  Fe,
Tú, Señor, sólo Tú… venzas en el desierto de mi vida.
Amén.

P. Javier Leoz


sábado, 23 de febrero de 2013

En El Tren De Mi Vida

Quo vadis


¿Quo vadis, Petrus? (¿Pedro, dónde vas?)

Voy a estar con Aquel que me sigue aguardando
y, estando con Él, sentir que me sigue amando.
Voy a gustar lo que, el ruido y la responsabilidad,
no me ha permitido disfrutar totalmente.

Voy a rezar por todos y cada uno de vosotros,
pues, sé muy bien, que en el silencio y en la soledad
os tendré a todos, sin yo saberlo,
con nombre y apellidos,
delante de un DIOS que, sin abrir yo mis labios,
sabrá de antemano por el amor que le profeso
lo que le llevo en mi corazón guardado.

Voy a estar con el que, desde hace muchos años,
sé que me quiere tal y cómo soy.
Voy a descubrir, ahora con más fuerza,
lo que, de mi puño y letra,
brotó en horas de contemplación,
reflexión, estudio y pensamiento:
Él es mi DIOS y a Él le adoraré hasta mis últimos días.
Él es mi SEÑOR y he intentado guiar su barca.
Él es mi ESPÍRITU y, conoce muy bien,
que esta hora estaba marcada certeramente
y con exactitud en su reloj divino.

Voy, con mis sandalias de pescador desgastadas,
tras haber recorrido con dificultades y debilidad,
los caminos del mundo gozoso y sufriente.
Voy, sin mi cayado, porque bien sé
que necesita de manos más vigorosas,
y con más salud vitalidad corporal
que os indiquen en tiempos de combate,
y de cambios los apriscos y senderos
que conducen al Evangelio.

Voy, más no huyo, sino que cumplo una y otra vez,
lo que ha sido la clave de mi consagración al Creador:
por amor y obediencia fui.... y por amor y obediencia me voy.

Me voy, pero detrás de mí se queda Aquel,
por el que intenté serviros como padre, amaros como pastor,
enseñaros como maestro e iluminaros desde el Espíritu.
Me voy... pero queda la gran obra del Señor: su Iglesia.
Por su bien, por ella, con ella y en ella me voy y estoy.

P. Javier Leoz


viernes, 22 de febrero de 2013

Oración...


Orar, simplemente orar.

Un pobre campesino regresaba del mercado al atardecer. Descubrió de pronto que no llevaba su libro de oraciones. Se hallaba en medio del bosque y se le había salido una rueda de su carreta.
 
El pobre hombre estaba afligido pensando que aquel día no iba a poder recitar sus plegarias. Entonces oró de este modo: He cometido una verdadera estupidez, Señor. He salido sin mi libro de rezos. Tengo tan poca memoria que sin él no sé orar. De modo que voy a decir cinco veces el alfabeto muy despacio. Tú, que conoces todas las oraciones, puedes juntar las letras y formar las plegarias que ya no recuerdo.
 
Y Dios dijo a sus ángeles: De todas las oraciones que he escuchado hoy, ésta ha salido sin duda alguna, la mejor. Una oración que ha brotado de un corazón sencillo y sincero.



Paz y Bien 

QUIEN PIDE, RECIBE
 
Ayuna de quejarte.
Llénate de aprecio
por la maravilla que es la vida..
 
Feliz viernes 
 
Mis cariños y bendiciones,

Itzel Paz de Silgado

 
Si haces planes para un año, siembra arroz;
si los haces para dos lustros, planta árboles;
si los haces para toda la vida, educad a una persona.
Proverbio de Japón