miércoles, 27 de febrero de 2013

Cómo rezar...


Cómo rezar
Rezar con confianza.

Si no rezamos a Dios y a la Virgen con confianza en el corazón, entonces será bien poco lo que obtendremos, porque Dios concede sus gracias a quienes confían en Él, y cuanto más confía un alma, tantas más gracias concede Dios. Por eso debemos prestar atención a cómo hacemos nuestra oración, si ponemos intenciones llenas de una santa ambición, y si cuando la hacemos estamos confiando en el Señor, en su bondad infinita, que da mucho, muchísimo, a quien confía mucho, muchísimo en Él.
Dios no tiene límites porque es infinito, y  sus tesoros de gracias y dones, incluso materiales, son también infinitos. Pero si bien Dios no tiene límites, nosotros los hombres sí le ponemos límites con nuestras actitudes al rezar, al pedir esos dones, puesto que con nuestra poca confianza, limitamos y es como que atamos el poder de Dios, su providencia y generosidad, y así es como que cerramos la canilla por donde nos viene el agua abundante de las gracias y favores de todo tipo.
De nosotros depende que Dios nos regale con gracias tan grandes y escogidas, y en gran cantidad, porque sólo debemos confiar en Él y en su amor por nosotros. Si hacemos así, entonces caminaremos por esta vida con alegría en el corazón, porque el Señor no nos negará nada.


martes, 26 de febrero de 2013


Transfigúrame, Lord

With your grace, to understand your death.
With your power, to see your face.
With your majesty, to worship as King.

Yes, Lord, with thy transfigúrame
because, in many cases,
I fear only see you as a man and not as God.

Yes, Lord, with your eyes transfigúrame
because, in the hard way, I have fear of losing,
not distinguish in the hills just beyond my sight.
Yes, Lord; transfigúrame with your love
and then understand how much I want to:
you love me, until the end,
you love me, to give your life for me,
you love me, because you do not want to miss,
I love, because God is the source of so much love.

Yes, Lord; transfigúrame with your strength,
because I am weak in the fight,
because I prefer the plain sweet
costs to just the peak of your glory.
Because, as I am still your friend,
not always discover the glory you hide.
Transfigúrame, Lord.
For that, my life like yours,
is a flash that comes down from heaven itself.
God flavored flash.
Flavored flash the immense love that God has me.
Amen.

P. Javier Leoz


Transfiguracuón...


Transfigúrame, Señor

Con tu gracia, para entender tu muerte.
Con tu poder, para contemplar tu rostro.
Con tu majestad, para adorarte como Rey.

Sí, Señor; transfigúrame con tu presencia
porque, en muchas ocasiones,
temo sólo verte como hombre y no como Dios.

Sí, Señor; transfigúrame con tu mirada
porque, en el duro camino, tengo miedo a perderte,
a no distinguirte en las colinas donde no alcanza mi vista.
Sí, Señor; transfigúrame con tu amor
y, entonces, comprenda lo mucho que me quieres:
que me amas, hasta el extremo,
que me amas, hasta dar tu vida por mí,
que me amas, porque no quieres perderme,
que me amas, porque Dios, es la fuente de tanto amor.

Sí, Señor; transfigúrame con tu fuerza,
porque me siento débil en la lucha,
porque prefiero el dulce llano
a la cuesta que acaba la cumbre de tu gloria.
Porque, siendo tu amigo como soy,
no siempre descubro la gloria que Tú escondes.
Transfigúrame, Señor.
Para que, mi vida como la tuya,
sea un destello que desciende desde el mismo cielo.
Destello con sabor a Dios.
Destello con sabor al inmenso amor que Dios me tiene.
Amén.

P. Javier Leoz


Por quién rezar...


Por quién rezar
Rezar por los pecadores.

Si viéramos a un hombre que corre alocadamente hacia un precipicio, ¡qué no haríamos por avisarle para que detenga su carrera y que se salve! Pues bien, los pecadores corren aceleradamente hacia el abismo infernal, y con sus pecados aumentan su velocidad y peso, y están en gran peligro de caer para siempre en el Infierno eterno. Por eso con nuestras oraciones, podemos obtenerles la conversión y la salvación. Nuestra oración por los pecadores, es como ese aviso que hacemos a las almas para que entren en sí mismas y se conviertan, cambien de vida ahora o, al menos, en la hora de su muerte, para que se salven y vayan al Cielo.
Y cuando rezamos el Santo Rosario estamos rezando de la mejor manera por los pecadores, en los que también nos incluimos nosotros, que más o menos también somos pecadores. Cuando en las Avemarías del Rosario decimos a la Virgen: “Ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte”, estamos implorando a María que nos proteja en todo momento a nosotros y a todos los pecadores del mundo, y especialmente que su protección nos ampare en la hora postrera de la muerte, que es cuando se decidirá nuestra suerte eterna.


lunes, 25 de febrero de 2013

Amistad...


Tus amigos, Señor

Subiste al Tabor, y lejos de olvidarnos,
nos invitaste a escalar contigo.
¿Se puede pedir algo más, a un amigo, Señor?

Ascendiste al Tabor, y sin dejarnos de lado,
nos hiciste partícipes de algo, que lejos de ser sueño,
fue gloria, presagio, anuncio, pasión, muerte y futuro.
¿Se puede pedir algo más, a un amigo, Señor?

Te alejaste, por un momento, de los que solicitaban tu mano
para quedar sanos,
tu mirada para recuperar la fe en su vivir,
tus pisadas, para saber por dónde caminar.
¿Se puede pedir algo más, a un amigo, Señor?

Nos tomaste, Señor, y para que supiéramos lo qué era el bien,
nos hiciste testigos de una Gloria,
de un triunfo, de una cruz, de una pasión,
y de una Resurrección que, a todos los que creemos, nos espera.
¿Se puede pedir algo más, a un amigo, Señor?

Trepamos contigo, Señor, a la montaña
y, con nuestros ojos abiertos al Misterio,
supimos que algo extraordinario ocurría delante de nosotros:
una voz del cielo, dos rostros conversando contigo y un cielo abierto.
¡Qué bien, Señor, estábamos en ese momento!
¿Se puede pedir algo más, a un amigo, Señor?

Sólo sabemos, Señor, que somos tus amigos
y que, todos los domingos, en la Eucaristía,
nos rescatas del mundo a la Gloria de Dios,
del sin sentido, a la sensatez,
de la mentira, a la verdad,
de la debilidad, a la fortaleza,
de la muerte, a la Resurrección.
Sólo sabemos, Señor, que algo bueno tenemos
cuando, siendo como somos,
compartes con nosotros estos momentos
de bienestar para el alma y para la vida.
Amén.

P. Javier Leoz


domingo, 24 de febrero de 2013


I wanted to become, Lord

From the warmth of my life:
I say believe in yourself and do not always live in you and with you.
I speak and are often nonsense words,
not come from you and, many times, are not for you.

I wanted to become, Lord.
From my false securities:
I hope in you but I sit in my own strength
not always serve you in what I do
and sometimes I that I look for in all this.

I wanted to become, Lord.
From my own loneliness and anguish
for having side away from your company.
Because one of my sins, is my desire to be free.
Free no more barriers than my own freedom.
Free no further than my own moral constraints.
Free no more dignity than what I consider good for me.

I wanted to become, Lord.
From my confinement with all divine.
I pray, fast, routine and distracted.
My charity, opportunistic, vain and selective.
My life, easily, and without compass consumerist Christian.
My ways, tortuous and sterile, pleasant and a la carte.

I wanted to become, Lord.
From my heart to You, you do yours.
From my soul to it, you have the best hand.
From my gut, so that through them,
comes to light that you, and only you, are the one who reigns in my life.

I wanted to become, Lord.
Help me, Lord, to get you into silence.
Help me, Lord, to discover yourself in need.
Help me, Lord, to contemplate the wonders of the world.
Help me, Lord, to not get lost in the daily excuses.
on trails easy and low price.
Only You, Lord, have the words of eternal life.
Only You, Lord, are able to give me strength.
to overcome and emerge victorious from the temptation of each day.
That in this Holy Year of Faith
You, Lord, You alone ... may overcome in the desert of my life.
Amen.

P. Javier Leoz


Conversión...


Quisiera convertirme, Señor

De la tibieza de mi vida:
digo creer en Ti y no siempre vivo en Ti y contigo.
Hablo y frecuentemente son palabras sin sentido,
no vienen desde Ti y, muchas  veces, no son para Ti.

Quisiera convertirme, Señor.
De mis falsas seguridades:
espero en Ti pero me asiento  en mis propias fuerzas
no siempre te sirvo en lo  que hago
y, algunas veces, soy yo el  que me busco en todo ello.

Quisiera convertirme, Señor.
De mi mis soledades y angustias
por haberme alejado del  costado de tu compañía.
Porque, uno de mis pecados, es mi deseo de ser libre.
Libre sin más barreras que mi propia libertad.
Libre sin más condicionantes que mi propia moral.
Libre sin más dignidad que todo lo que considero bueno para mí.

Quisiera convertirme, Señor.
De mi incomunicación con todo lo divino.
Mi oración, rápida, rutinaria y distraída.
Mi caridad, oportunista, vanidosa y selectiva.
Mi vida, fácil, consumista y sin brújula cristiana.
Mis caminos, tortuosos y estériles, placenteros y a la carta.

Quisiera convertirme, Señor.
Desde mi corazón, para que Tú, lo hagas tuyo.
Desde mi alma, para que en ella, tu tengas la mejor parte.
Desde mis entrañas, para que por ellas,
salga a la luz que sólo Tú, y sólo Tú, eres quien reina en mi vida.

Quisiera convertirme, Señor.
Ayúdame, Señor, a buscarte en el silencio.
Ayúdame, Señor, a descubrirte en el necesitado.
Ayúdame, Señor, a contemplarte en las maravillas del mundo.
Ayúdame, Señor, a no perderme en las excusas de cada día.
en los senderos fáciles y de bajo precio.
Sólo Tú, Señor, tienes  palabras de Vida Eterna.
Sólo Tú, Señor, eres capaz de darme fuerzas.
para vencer y salir victorioso de la tentación de cada jornada.
Que en este Año Santo de la  Fe,
Tú, Señor, sólo Tú… venzas en el desierto de mi vida.
Amén.

P. Javier Leoz