martes, 5 de noviembre de 2013

Papa Francisco...

Papa Francisco ‏@Pontifex_es
Es necesario tener valor para ser fieles y coherentes con el Evangelio.

Celeste del mar...


Tuesday...

hola, muy buenos días para todos y todas...
les deseo un felíz martes con mucho cariño y amistad...
la vida es bella porque Dios es bello...
les envío muchos besos, bendiciones, amén...

hello, very good morning to everyone ...
I wish you a happy Tuesday with much love and friendship ...
life is beautiful because God is beautiful ...
I send many kisses, blessings, amen ...

La oración...

Mensaje sobre la oración 

Estamos en gran peligro. 
Es además la oración el arma más necesaria par defendemos de los enemigos de nuestra alma. El que no se vale de ella, dice Santo Tomás, está perdido. El Santo Doctor no duda en afirmar que cayó Adán porque no acudió a Dios en el momento de la tentación. Lo mismo dice San Gelasio, hablando de los ángeles rebeldes: No aprovecharon la gracia de Dios y porque no oraron, no pudieron conservarse en santidad. San Carlos Borromeo dice en una de sus cartas pastorales que de todos los medios que el Señor nos dio en el evangelio, el que ocupa el primer lugar es la oración. Y hasta quiso que la oración fuera el sello que distinguiera su Iglesia de las demás sectas, pues dijo de ella que su casa era casa de oración: Mi casa será llamada casa de oración. Con razón, pues, concluye San Carlos en la referida pastoral, que la oración es el principio, progreso y coronamiento de todas las virtudes.  
“El gran medio de la oración” - San Alfonso María de Ligorio. 
Comentario: 
Estamos en gran peligro si creemos que no necesitamos de la oración, pues los enemigos del alma no sólo existen, sino que son tremendamente malvados, y sólo con la oración podemos defendernos de ellos, e incluso pasar al contraataque.
Debemos reconocer que muchos cristianos no creen en la existencia de los demonios, o tal vez creen débilmente, pero no toman conciencia de la terrible actividad furiosa que desarrollan estas criaturas para perder a las almas, y también los cuerpos.
Por eso quien no se defiende por medio de la oración, de estos seres malignos, prontamente estará enredado en sus trampas, y luego se hace muy difícil liberarse.
¿Que podemos decir de un soldado al que le han provisto de armas muy poderosas, pero que él no quiere usar para defenderse de un enemigo implacable? Diríamos que muy pronto ese soldado será cadáver. Y así sucede también con los cristianos que no quieren usar el arma formidable de la oración para defenderse de Satanás. Muy pronto será cadáver en el alma, pues caerá en pecado mortal, y así su alma estará en la muerte.
Tenemos que reforzar nuestra fe en la existencia de los demonios, que son los causantes de todas las desgracias y males de todas clases, y darnos cuenta de que sólo nos podemos escapar de sus emboscadas, por medio de la oración frecuente, perseverante.
Si no rezamos es porque no creemos en los enemigos, o porque los subestimamos, o neciamente creemos que nosotros somos fuertes y jamás caeremos en las trampas del diablo.
Estamos en grave peligro si no rezamos, porque todos los auxilios nos vienen del Señor, pero Él ordinariamente no los concede a quien no reza.


lunes, 4 de noviembre de 2013

Papa Francisco...

Papa Francisco ‏@Pontifex_es 
Muchas gracias a todos los misioneros, hombres y mujeres que trabajan tanto y sin hacer ruido por el Señor y por los hermanos

Monday...

“¡Alegrate! Que una nueva semana comienza y es momento de dejar atrás la pereza. Viví cada día al máximo y hacé que todos los días haya fiesta. ¡te deseo un lindo lunes!”
Dios los bendiga, amén...

"Rejoice! That a new week begins and it's time to leave behind the lazy. I lived each day to the fullest and makes every day is party. I wish you a nice Monday! "
God bless you, Amen ...

Verdades olvidadas...

Verdades olvidadas

Seremos juzgados. 
2.ª ¿Quiénes serán juzgados? La humanidad en pleno, absolutamente todos los hombres del mundo, sin excepción. Desde Abel, que fue el primer muerto que conoció la humanidad, hasta los que mueran en la catástrofe final del mundo. Todos: los buenos y los malos. Lo dice la Sagrada Escritura: Al justo y al impío los juzgará el Señor (Ecl. 3, 17), incluso al indiferente que no piensa en estas cosas, incluso al incrédulo que lanza la carcajada volteriana: “¡Yo no creo eso!” Será juzgado por Dios, tanto si lo cree como si lo deja de creer. Porque las cosas que Dios ha establecido no dependen de nuestro capricho o de nuestro antojo, de que nosotros estemos conformes o lo dejemos de estar. Lo ha establecido Dios, y el justo y el impío serán juzgados por Él en el momento mismo de producirse la muerte real. ¡Todos, sin excepción!

3.ª ¿Dónde y cómo se celebrará el juicio particular? En el lugar mismo donde se produzca la muerte real: en la cama de nuestra habitación, bajo las ruedas de un automóvil, entre los restos del avión destrozado, en el fondo del mar si morimos ahogados en él..., en cualquier lugar donde nos haya sorprendido la muerte real. Allí mismo, en el acto, seremos juzgados.
Y la razón es muy sencilla, señores. El juicio consiste en comparecer el alma delante de Dios, y Dios está absolutamente en todas partes. No tiene el alma que emprender ningún viaje. Hay mucha gente que cree o se imagina que cuando muere un enfermo el alma sale por la ventana o por el balcón y emprende un larguísimo vuelo por encima de las nubes y de las estrellas. No hay nada de esto. El alma, en el momento en que se desconecta del cuerpo, entra en otra región; pierde el contacto con las cosas de este mundo y se pone en contacto con las del más allá. Adquiere otro modo de vivir, y entonces, se da cuenta de que Dios la está mirando. Dice al apóstol San Pablo que Dios “no está lejos de nosotros, porque en Él vivimos y nos movemos y existimos” (Hech. 17, 28). Así como el pez existe y vive y se mueve en las aguas del océano, así, nosotros, existimos y vivimos y nos movemos dentro de Dios, en el océano inmenso de la divinidad. Ahora no nos damos cuenta, pero en cuanto nuestra alma se desconecte de las cosas de este mundo y entre en contacto con las cosas del más allá, inmediatamente lo veremos con toda claridad y nos daremos cuenta de que estamos bajo la mirada de Dios.
Pero me diréis: ¿El alma comparece realmente delante de Dios? ¿Ve al mismo Dios? ¿Contempla la esencia divina?
Claro está que no. En el momento de su juicio particular, el alma no ve la esencia de Dios, porque si la viera, quedaría ipso factobeatificada, entraría automáticamente en el cielo, y esto no puede ser –al menos, en la inmensa mayoría de los casos– porque puede tratarse del alma de un pecador condenado o de la de un justo imperfecto que necesita purificaciones ultraterrenas antes de pasar a la visión beatífica.
¿Cómo se produce entonces el juicio particular? Escuchad:
El desconectarse del cuerpo y ponerse en contacto con el más allá, el alma contempla claramente su propia sustancia. Se ve a sí misma con toda claridad, como nos vemos en este mundo la cara reflejada en un espejo. Y al mismo tiempo contempla claramente en sí misma, con todo lujo de detalles, el conjunto de toda su vida, todo cuanto ha hecho acá en la tierra. Veremos con toda claridad y detalle lo que hicimos cuando éramos niños, cuando éramos jóvenes, en la edad madura, en plena ancianidad o decrepitud: absolutamente todo. Lo veremos reflejado en nuestra propia alma. Y veremos también, clarísimamente, que Dios lo está mirando. Nos sentiremos prisioneros de Dios, bajo la mirada de Dios, a la que nada absolutamente se escapa. Y ese sentirse el alma como prisionera de Dios, como cogida por la mirada de Dios, eso es lo que significa comparecer delante de Él. No le veremos a Él, ni tampoco a Nuestro Señor Jesucristo, ni al ángel de la guarda, ni al demonio. No habrá desfile de testigos, ni acusador, ni abogado defensor, ni ningún otro elemento de los que integran los juicios humanos. No veremos a nadie más que a nosotros mismos, o sea, a nuestra propia alma, y, reflejada en ella, nuestra vida entera con todos sus detalles. Y al instante recibiremos la sentencia del Juez, de una manera intelectual, de modo parecido a como se comunican entre sí los ángeles.
Los ángeles, señores, se comunican por una simple mirada intelectual. No a base de un lenguaje articulado como el nuestro –imposible en los espíritus puros–, sino de un modo mucho más claro y sencillo: simplemente contemplándose mutuamente el entendimiento y viendo en él las ideas que se quieren comunicar. A esto llamamos en teología locución intelectual.
Pues de una manera parecida recibiremos nosotros, en nuestro juicio particular, una locución intelectual transmitida por Cristo Juez; una especie de radiograma intelectual firmado por Cristo, que nos dará la sentencia: “¡A tal sitio!” Y el alma verá clarísimamente que aquella sentencia que acaba de recibir de Cristo es precisamente la que le corresponde, la que merece realmente con toda justicia. Y en esto consiste esencialmente el juicio particular.
 (De “El Misterio del más allá” – P. Royo Marín)