martes, 8 de abril de 2014

Mensaje...

Mensaje a los consoladores de Jesús y María

Pensemos un poco. 
Dios ha creado al hombre por amor y para el amor, pero el hombre, pecando, se ha vendido al odio, y Dios para salvarlo y volverlo a la justa vía del amor, ha enviado a su Hijo Unigénito. De esto se deduce que quien quiera reparar y consolar al Corazón de Dios, no tiene más que dejarse amar por Él y a su vez ofrecerle amor, porque Dios lo tiene todo y no necesita de nada, pero lo que no tiene es nuestro corazón y libertad, y eso es lo que busca y desea.
Así que la mejor manera que tenemos de consolar a Dios, es amándolo. Amando a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a nosotros mismos. No es difícil lo que Dios quiere de nosotros. Es más, ésa es nuestra vocación: amar. Si no amamos, entonces no nos realizaremos como personas, porque no habremos cumplido la misión que el Señor nos asignó, y seremos unos eternos fracasados en el Infierno, que es el reino del odio.
Para consolar a Jesús y a María hay que amarlos. ¿No es difícil, verdad? Porque basta considerar lo que Ellos sufrieron por nosotros, y espontáneamente surge la compasión y el amor, si es que no somos como animales incapaces de compadecernos del dolor ajeno.
Demos amor a Jesús y a María, y TODO lo obtendremos, en la tierra y en el Cielo, porque Ellos no se dejan ganar en generosidad y premian con el mil por uno a quien los ama.

lunes, 7 de abril de 2014

Evangelio del día...

lunes 7/ABR/14

Evangelio del día 

Jn 8, 1-11.  
Trampa. 
Jesús fue al monte de los Olivos. Al amanecer volvió al Templo, y todo el pueblo acudía a él. Entonces se sentó y comenzó a enseñarles. Los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer que había sido sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio de todos, dijeron a Jesús: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. Y tú, ¿qué dices?”. Decían esto para ponerlo a prueba, a fin de poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, comenzó a escribir en el suelo con el dedo. Como insistían, s enderezó y les dijo: “Aquél de ustedes que no tenga pecado que arroje la primera piedra”. E inclinándose nuevamente, siguió escribiendo en el suelo. Al oír estas palabras, todos se retiraron, uno tras otro, comenzando por los más ancianos. Jesús quedó solo con la mujer, que permanecía allí, e incorporándose, le preguntó: “Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Nadie te ha condenado?”. Ella le respondió: “Nadie, Señor”. “Yo tampoco te condeno –le dijo Jesús-. Vete, no peques más en adelante”. 
Reflexión: 
Los fariseos y escribas ponen a prueba a Jesús porque si Él decía que se debía dejar ir a la mujer, iba contra la ley de Moisés; y si Él decía que había que apedrearla, lo hubieran acusado de crueldad. Por eso Jesús da esa maravillosa respuesta y, dicen los estudiosos de las Sagradas Escrituras que Jesús escribía en el suelo los pecados de los que estaban presentes acusando a la mujer, por eso al verse descubiertos se fueron retirando, y primero los más ancianos, los más endurecidos en el pecado. El único que podía arrojarle piedras con justicia era Jesús porque Él no tiene pecado. Pues bien, Él no se las arrojó y además la perdonó. Por eso debemos aprender de Jesús a ser misericordiosos y a perdonar.
Pidamos a la Santísima Virgen la gracia de no juzgar y condenar, pues con la vara con que midamos, seremos medidos nosotros en el Juicio.

Jesús, María, os amo, salvad las almas.

Mensaje...

Mensaje a los Ciberapóstoles

AGUA BENDITA
El agua bendita es un sacramental.
Los sacramentales son puestos por la Iglesia para obtener, con la eficacia de su invocación, algunos efectos, principalmente espirituales, y así ir removiendo los obstáculos que impiden o retrasan la acción divina en las almas. Los principales efectos son: dedicar las personas y las cosas al culto divino, arrojar o reprimir a los demonios, alcanzar algún beneficio temporal, comunicar gracias actuales, perdonar el pecado venial y remitir la pena temporal
Sin embargo, se ha de tener en cuenta que los sacramentales no son cosas mágicas que causan efecto inmediato, sino que sus efectos dependen de la voluntad divina sobre esa alma que lo recibe y de la disposición buena o mala de esa misma alma para recibir el efecto (por ejemplo estar en estado de gracia).
Los Santos siempre han utilizado el agua bendita para hacer huir al demonio. Por eso en estos tiempos en que, según mensajes de la Virgen al Padre Gobbi, los demonios y las almas de los condenados se han derramado sobre el mundo para llevar al mayor número de almas a la perdición eterna, es necesario defendernos del mal con todos los recursos que el Cielo nos provee, y entre ellos está el uso del agua bendita.
Es bueno rociar con agua bendita los ambientes donde se reúne la familia, para que no haya discusiones y reine la paz.
También en el dormitorio donde descansamos, es bueno, antes de acostarnos, esparcir agua bendita en la habitación, para ahuyentar a los demonios, y tener una noche tranquila, sobre todo en la que estén lejos las tentaciones y perturbaciones.
También se puede beber agua bendita, para calmar enfermedades y tener más fuerzas para evitar el pecado.

Reparar...

Mensaje sobre la reparación

El Reparador. 
Jesús fue y es el Reparador por excelencia, porque con su obra de redención vino a reparar lo que estaba dañado y perdido, y en la Santa Misa se sigue ofreciendo para reparar todo el pecado del mundo.
También la Virgen es Reparadora, porque con su obediencia borró la desobediencia de Eva, y con su vida perfecta, reparó la maldad de nuestros primeros padres.
Por eso si queremos hacer reparación, sólo tenemos que mirar a estos Dos grandes: Jesús y María, y de Ellos sacar el modo cómo hacer reparación.
En la liturgia de semana santa se nos dice que donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia; y ¡feliz culpa que nos mereció tan gran Redentor! Siendo las cosas así, no tengamos miedo de haber hecho una cosa realmente irreparable, porque todo tiene reparación en los planes de Dios, basta que queramos reparar guiados por el Señor.
¡Qué felicidad que nada de lo malo o equivocado que hemos hecho en la vida es irreparable, sino que todo tiene forma de reparación, al menos mientras vivimos en este mundo!

Aprovechemos el tiempo de vida que Dios nos concede, no para desperdiciarlo en vanidades y entretenimientos superfluos, sino para borrar, con una vida santa, nuestros errores y pecados pasados. Es lo que se llama “hacer penitencia”. Y sobre todo, amemos a Dios, porque la mejor reparación es el amor, ya que todo pecado y todo mal es una falta de amor a Dios y a los hermanos, y se repara con el amor

domingo, 6 de abril de 2014

Papa Francisco...

“¡Tantos cristianos parados! Tenemos tantos detrás que tienen una esperanza débil. Sí creen que existe el Cielo, ¡pero no lo buscan! Cumplen los mandamientos, los preceptos: todo, todo… Pero están parados. El Señor no puede hacer de ellos levadura en su pueblo, porque no caminan. Y esto es un problema: los parados. Después hay otros: los cristianos errantes, dan vueltas, y vueltas, como si la vida fuera un turismo existencial, sin meta, sin tomar las promesas en serio. Aquellos que dan vueltas y se engañan, porque dicen: ‘¡Yo camino!’. No, tú no caminas: tú das vueltas. Los errantes… Entre ellos y nosotros, están los que se equivocan de camino: todos nosotros algunas veces nos hemos equivocado de camino, esto lo sabemos. El problema no es equivocarse de camino; el problema es no regresar cuando uno se da cuenta de haberse equivocado”. 31/3/2014. Sta. Marta. Zenit.
“Las dos palabras cristianas son: ¿quieres sanarte?; no peques más. Pero primero lo cura, y después le dice no peques más. Palabras dichas con ternura y con amor. Y este es el camino cristiano, el camino del celo apostólico: acercarse a tantas personas heridas en este hospital de campo, y tantas veces heridas por hombres de la Iglesia. Es una palabra de hermano y de hermana: ¿quieres sanar? Y después cuando va adelante, entonces dice: 'No peques más que no te hace bien'. Es mucho mejor así. Las dos palabras de Jesús son más hermosas que la actitud de la indiferencia o de la hipocresía”. 1/4/2014. Sta. Marta. RV.
“Tres palabras que se deben decir siempre: “permiso, gracias, disculpa”. Las tres palabras mágicas, Permiso, para no ser invasivo en la vida de los conyugues. Permiso, ¿qué te parece, eh?”¡Gracias! Agradecer al conyugue: “pero gracias por aquello que hiciste por mí, gracias por esto”. La belleza de dar las gracias. Y como todos nosotros nos equivocamos, aquella otra palabra que es difícil de decir, pero que es necesario decirla: perdona, por favor, ¿eh? ¡Disculpa! ¿Cómo era? Permiso, gracias y disculpa. Repitámoslo juntos. Permiso, gracias y disculpa. Con estas tres palabras, con la oración del esposo por la esposa y de la esposa por el esposo y con hacer la paz siempre, antes de que termine el día, el matrimonio irá adelante”. 2/4/2014. Aud. General: sobre el Matrimonio. RV.
"La oración nos cambia el corazón. Nos hace entender mejor cómo es nuestro Dios. Pero por esto es importante hablar con el Señor, no con palabras vacías. No, no: hablar con la realidad: Pero, mira, Señor, que tengo este problema, en la familia, con mi hijo, con esto, con lo otro... ¿Qué se puede hacer? Pero mira, que ¡tú no me puedes dejar así! ¡Esta es la oración! Pero, ¿tanto tiempo toma esta oración? Sí, toma tiempo. El tiempo que se necesita para conocer mejor a Dios, como se hace con un amigo. Así debe ser la oración: libre, insistente, con argumentaciones. Y también reprendiéndole un poco: Pero, tú me has prometido esto, y esto no lo has hecho..., así, como se habla con un amigo. Abrir el corazón a esta oración”.3/4/2014. Sta. Marta. RV.

Evangelio del día...

Evangelio del día 

Jn 11, 1-7. 20-27. 33-45.  
Domingo 5º de Cuaresma. 
Había un hombre enfermo, Lázaro de Betania, del pueblo de María y de su hermana Marta. María era la misma que derramó perfume sobre el Señor y le secó los pies con sus cabellos. Su hermano Lázaro era el que estaba enfermo. Las hermanas de Lázaro enviaron a decir a Jesús: “Señor, el que tú amas, está enfermo”. Al oír esto, Jesús dijo: “Esta enfermedad no es mortal; es para gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella”. Jesús quería mucho a Marta, a su hermana y a Lázaro. Sin embargo, cuando oyó que éste se encontraba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba. Después dijo a sus discípulos: “Volvamos a Judea”. Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa. Marta dijo a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas”. Jesús le dijo: “Tu hermano resucitará”. Marta le respondió: “Sé que resucitará en la resurrección del último día”. Jesús le dijo: “Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?”. Ella le respondió: “Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo”. Jesús, conmovido y turbado, preguntó: “¿Dónde lo pusieron?”. Le respondieron: “Ven, Señor, y lo verás”. Y Jesús lloró. Los judíos dijeron: “¡Cómo lo amaba!”. Pero algunos decían: “Éste que abrió los ojos del ciego de nacimiento, ¿no podía impedir que Lázaro muriera?”. Jesús, conmoviéndose nuevamente, llegó al sepulcro, que era una cueva con una piedra encima, y dijo: “Quiten la piedra”. Marta, la hermana del difunto, le respondió: “Señor, huele mal; ya hace cuatro días que está muerto”. Jesús le dijo: “¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?”. Entonces quitaron la piedra, y Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: “Padre, te doy gracias porque me oíste. Yo sé que siempre me oyes, pero lo he dicho por esta gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado”. Después de decir esto, gritó con fuerte voz: “¡Lázaro, ven afuera!”. El muerto salió con los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: “Desátenlo para que pueda caminar”. Al ver lo que hizo Jesús, muchos de los judíos que habían ido a casa de María creyeron en él. 
Reflexión: 
“Y Jesús lloró”, dice este Evangelio. Pero debemos entender este llanto, pues si Jesús sabía que iba a resucitar a su amigo Lázaro, por qué llora entonces. Jesús llora al ver a qué estado ha sido reducido el hombre por el pecado original, que al final de su vida terrena muere y se corrompe como una inmundicia, y su alma, muchas veces, queda sepultada para siempre en la Muerte eterna que es el Infierno. Por eso llora Jesús. Él, como Dios que es, había creado al Hombre perfecto, sin sufrimiento, sin muerte; pero a causa del pecado ingresó la muerte y el dolor en el mundo.
Pidamos a la Santísima Virgen la gracia de hacer una buena, sincera y completa confesión de nuestros pecados, para poder así resucitar de la podredumbre del pecado.

Jesús, María, os amo, salvad las almas.

sábado, 5 de abril de 2014

Papa Francisco...

Papa Francisco ‏@Pontifex_es
En el Evangelio podemos escuchar cada día a Jesús que nos habla: llevemos siempre con nosotros un pequeño Evangelio.