miércoles, 30 de julio de 2014

Mensaje...

Mensaje de confianza

Desesperación. 
Almas culpables, no tengan miedo del Salvador; fue especialmente para ustedes que Él descendió a la tierra. No repitan el grito de desesperación de Caín:“Mi maldad es tan grande, que no puedo yo esperar perdón”.
¡Eso sería desconocer el Corazón de Jesús!
Jesús purificó a la Magdalena y perdonó la triple negación de Pedro; abrió el Cielo al buen ladrón. En verdad, les aseguro: si Judas hubiese ido a Él después del crimen, Nuestro Señor lo habría acogido con misericordia.
¿Cómo, pues, no les perdonará también? 
 (De "El Libro de la Confianza", P. Raymond de Thomas de Saint Laurent) 
Comentario: 
Hay algo que es más grave que el pecado, y es el desconfiar de la misericordia de Dios, desconfiar de que Dios nos pueda perdonar. Y en esto tiene mucho que ver el demonio, que luego de hacernos pecar, quiere convencernos de que para nosotros no puede haber perdón de Dios, que estamos malditos y que Dios nos maldice.
Es una última jugada del diablo, con la que espera arrebatarnos para siempre de los brazos de Dios. No le prestemos oídos, y hagamos como el niño que se da cuenta de que ha roto algo, pero que sabe que el padre lo puede arreglar todo. También Dios puede arreglar todo lo que hemos roto con el pecado, porque Él es Todopoderoso, y como está fuera del tiempo, el Señor bien sabía que habríamos de cometer esos pecados, y desde antes de la creación ya preparó el remedio para solucionarlo, y nos perdona con anticipación.
No hay que pecar, pero si tenemos la desgracia de pecar, no desconfiemos del perdón de Dios, porque Jesús vino a la tierra a buscar lo que estaba perdido, y no hay nadie que tenga más derecho a la Misericordia divina que el más grande pecador. Es más, cuando uno es un grandísimo pecador, tiene muchas posibilidades de llegar a ser un santo grandioso si se abre a la Misericordia divina.
Tenemos que estar convencidos de que no hay que pecar, pero en realidad hasta el mismo pecado puede ayudar a subir más alto, a hacernos perfectos, porque así como el hortelano echa abono, estiércol a las plantas para que éstas crezcan robustamente; así también el Señor se sirve de nuestra suciedad y nuestros pecados para hacernos dar frutos, porque Dios todo lo puede, y del mal sabe sacar muchos bienes para nosotros y para el mundo entero. Si no fuera así, el Señor no permitiría de ninguna manera ni el mal ni el pecado. Si lo permite, es porque lo sabe encauzar para el bien. Confiemos en Él, entonces.

martes, 29 de julio de 2014

Confiar en Dios...

Confiar en Dios

  El alma que confía en Mi misericordia es la más feliz porque Yo Mismo tengo cuidado de ella. (Palabras de Jesús a Santa Faustina Kowalska - Diario #1273)
¡Qué lindo que es confiar en alguien! ¡Y qué dolor se siente cuando uno es traicionado en su confianza! Pero con Dios no sucede así, porque quien más confía en Él, en su Misericordia y Bondad, cada vez es más feliz, y puede dejar todas sus cosas en manos de Dios, porque Él sabrá conducir al alma por los caminos de la felicidad.
El Sagrado Corazón de Jesús quiere que hagamos un pacto con  Él. Nos ha dicho: "Cuida tú de mi honra y de mis cosas, que mi Corazón cuidará de ti y de las tuyas".
Éste es un dulce pacto que debemos hacer realidad, cumpliendo por nuestra parte lo que nos toca a cada uno de nosotros, es decir, ocuparnos por la gloria de Dios y la salvación de las almas, que de todo lo nuestro se ocupará el Señor.
Debemos confiar en Dios hasta el punto de parecer tontos, porque así hizo la Virgen, que confió en Dios a pesar de todas las apariencias en contra. ¿No confió de esa manera en el Calvario, cuando moría su Hijo como un delincuente?
Efectivamente nunca tendremos suficiente confianza en Dios. ¡Y son tantas las ventajas! Leamos lo que nos dice Jesús Misericordioso:
"Que las almas que tienden a la perfección adoren especialmente Mi misericordia, porque la abundancia de gracias que les concedo proviene de Mi misericordia. Deseo que estas almas se distingan por una confianza sin límites en Mi misericordia. Yo Mismo Me ocupo de la santificación de estas almas, les daré todo lo que sea necesario para su santidad. Las gracias de Mi misericordia se toman con un solo recipiente y éste es la confianza. Cuanto mas confíe un alma, tanto más recibirá. Las almas que confían sin límites son Mi gran consuelo, porque en tales almas vierto todos los tesoros de Mis gracias. Me alegro de que pidan mucho, porque Mi deseo es dar mucho, muchísimo. Me pongo triste, en cambio, si las almas piden poco, estrechan sus corazones." (Diario #1578)
Con estas palabras de Jesús ya no podemos ser infelices, porque si confiamos en Dios, en su Misericordia, tendremos y obtendremos todo de Él.

Catupecu Machu - Seguir Viviendo Sin Tu Amor

11 y 6 Fito Paez - Videoclip

Apocalipsis...

Interpretación del Apocalipsis

(Mensajes de la Santísima Virgen al Padre Gobbi, del Movimiento Sacerdotal Mariano)
Marienfried (Alemania), 13 de mayo de 1988
Aniversario de la 1ª aparición de Fátima
Éstos son los tiempos
“Hijos predilectos, vivid en mi paz.
Hoy recordáis mi primera aparición, acontecida en la pobre Cova de Iria, en Fátima.
Descendí del Cielo como Reina y Madre vuestra.
Me manifesté a vosotros en el esplendor de mi luz inmaculada.
Me aparecí como la Mujer vestida del Sol, que tiene la misión de formar su ejército para los momentos decisivos de la batalla.
Éstos son los tiempos de mi gran Luz.
Éstos son los tiempos de la oración y de la penitencia.
Os invito también hoy a orar especialmente por la conversión de los pobres pecadores, de los ateos y de los alejados.
Rezad siempre el Santo Rosario.
Ofreced oraciones y sacrificios por la salvación de las almas, porque, os repito, también hoy, que muchos van al infierno porque no hay quien ore y se sacrifique por ellos.
Éstos son los tiempos de la Conversión y del retorno al Señor.
Como Madre, os tomo de la mano y os conduzco por el camino del bien, del amor y de la santidad.
Os obtengo la gracia del arrepentimiento para que podáis vivir alejados del pecado, del mal y del egoísmo.
Cada día se hace mayor el número de mis hijos que renuncian al pecado para caminar por la senda de la Gracia de Dios.
Que se observe y practique cada vez más la Ley del Señor.
Y entonces, muchos de vuestros hermanos os seguirán por la vía del retorno al Señor y de la salvación.
Éstos son los tiempos de mi paz.
Doy el don de mi paz a los hijos que me escuchan y se consagran a mi Corazón Inmaculado.
Os conduzco a vivir en la paz del corazón y del alma.
Os hago permanecer en la serenidad, incluso en medio de las mayores perturbaciones.
Experimentáis mi materna presencia, sobre todo en los momentos de peligro y de la prueba.
Os marco con mi sello para que podáis difundir por doquier la luz de la fe, de la santidad y del amor en estos días de densa oscuridad.
Éstos son los tiempos de la gran misericordia.
El Corazón de Jesús está a punto de derramar los torrentes de su Amor divino y misericordioso. Ha llegado para el mundo la hora de la gran misericordia. Descenderá como rocío sobre cada  herida; abrirá los corazones más endurecidos; purificará las almas inmersas en el pecado; conducirá a los pecadores a la conversión y concederá a todos la gracia de una completa renovación.
En este día del Año Mariano, a Mí consagrado, os invito a que todos os dejéis penetrar de mi luz inmaculada, para que os podáis convertir, vosotros mismos, en mis rayos, que iluminan la tierra, sumergida en las más profundas tinieblas, con el sol de la pureza y del amor.” 
Comentario: 
¡Cuánta falta nos hacía este mensaje de María, porque por todas partes se habla de catástrofes, de castigos y desgracias! Pero la Virgen nos quiere consolar diciéndonos que éstos son sus tiempos, los tiempos de María. Y quien quiera aprovecharlos, basta que se consagre al Inmaculado Corazón de la Virgen, y entonces vivirá en paz aún en medio de los desórdenes de todo tipo que hay en el mundo.
No es éste el fin del mundo, sino el fin de los tiempos, y por una gran purificación, la humanidad pasará de las tinieblas a la luz admirable del Reino de Dios en la tierra.
No tengamos miedo porque el Cielo nos protege, y si rezamos el Rosario todos los días, tenemos como una coraza espiritual que nos defiende del Maligno y de las desgracias de todo tipo.
Hay un dicho popular que dice que “cuando más oscura está la noche, es porque viene aclarando”. Y efectivamente la noche ha caído sobre el mundo y parece que día a día se hace más oscura. Entonces tenemos derecho a esperar una pronta alborada, un cercano amanecer que disipará todas las sombras de la noche y, como dijeron algunos Santos, habrá un sol muy luminoso en la tierra.
Pero para pasar esta prueba que ya está a las puertas y que, en cierta manera, se puede decir que ya ha comenzado y que estamos viviendo casi en pleno, es necesario que nos convirtamos de nuestra vida de pecado, porque el Reino de Dios está más cerca que nunca, y para entrar en él debemos estar limpios de pecado.
Aprovechemos el tiempo previo a los grandes acontecimientos que ya están sobreviniendo al mundo, para que podamos pasar a salvo a la otra orilla, y que el Señor, cuando se manifieste misericordiosamente, nos encuentre bien dispuestos y esperándolo, con las lámparas encendidas.

lunes, 28 de julio de 2014

Miradas...

No mirar hacia atrás 

Ya lo ha dicho el Señor en el Evangelio, que quien pone la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios.
Hagamos el propósito de mirar siempre hacia adelante, dejando el pasado en las manos de Dios, porque nadie pudo jamás cambiar el pasado, y su recuerdo nos tortura y a veces no nos deja vivir bien el presente.
La esposa de Lot se convirtió en estatua de sal por mirar hacia atrás para ver la destrucción de Sodoma. Nosotros también a veces quedamos como petrificados para el bien, por mirar hacia atrás en el tiempo, hacia nuestro pasado y ver los errores que hemos cometido o los males que hemos hecho o nos hicieron a nosotros. De modo que estamos como atrofiados para el bien, para ser felices.
Necesitamos que venga el Arcángel San Rafael y nos saque de la angustia y la desesperación como lo hiciera antiguamente con Sara, la que sería esposa de Tobías.
Hagamos el propósito, a partir de hoy, de mirar hacia adelante. Y cada vez que nos vengan recuerdos negros del pasado, hagamos el esfuerzo de pensar en que Dios nos ama y quiere que estemos bien y contentos para la misión que ahora mismo Él nos tiene preparada, que puede ser una gran misión apostólica, o simplemente cuidar al esposo o esposa, a los hijos, los nietos, compartir con los que necesitan, y tantas, tantas otras hermosas (y todas importantes) misiones que Dios tiene reservadas para sus hijos.

Seguridad...

Seguridad.

Los hombres buscamos siempre seguridades, porque al ser criaturas, somos limitados y cambiantes, y necesitamos algo que sea firme y seguro. Por eso tenemos que anclarnos en Dios, que no cambia y permanece para siempre.
Y una de las seguridades en que debemos basar nuestra vida, es justamente el creer que Dios nos ama. Pero que nos ama mucho, infinitamente. Y no dudar jamás de esta verdad tan consoladora, aún en medio de las pruebas más amargas.
Si confiamos en Dios y estamos convencidos de que Él nos ama, entonces ya seremos felices en este mundo, porque el sabernos amados por Dios, es ya remedio para todas nuestras tristezas y amarguras.
¡Pobre el hijo que sabe que su padre o su madre no lo aman! ¡Qué triste es para una criatura humana el saber que sus padres no lo quieren!
Pero nosotros, todos los hombres, sabemos que Dios es un Padre Bueno, y nos ama hasta el punto de haber entregado a su propio Hijo a la cruz, para salvarnos del Infierno al que todos íbamos si Cristo no hubiera venido a salvarnos.
Entonces no dudemos de la bondad y el amor de Dios hacia nosotros, y que esta convicción sea nuestra mayor seguridad en esta vida.
¡Bendito sea Dios!