lunes, 10 de noviembre de 2014

Novísimos...

NOVÍSIMOS

"Meditare Novissima tua et in aeternum non peccabis" (Ecli 7, 40)
"Recuerda tus postrimerías, y nunca pecarás"

MUERTE - JUICIO - INFIERNO - CIELO

MUERTE:

Dios no ha creado la muerte, sino que ésta vino por el pecado del hombre y es como su salario, por eso los hombres no estamos preparados para morir, ya que tenemos deseos de eternidad y nos repugna la muerte. Pero ésta llegará inexorablemente, y por eso es mejor prepararse a dar ese paso tan importante, ese salto a la eternidad del cual dependerá nuestro destino eterno.
La muerte no se puede esquivar ni posponer, ya que Dios la ha fijado desde toda eternidad y Él sabe en qué momento sucederá, aunque no lo sabemos nosotros, que siempre tenemos que estar preparados, viviendo en gracia de Dios y nunca en pecado mortal.

JUICIO:

Pero lo más importante luego de la muerte es el Juicio de Dios, el Juicio particular, cuando estemos nosotros solos ante la Majestad de Dios, que llevará a juicio todas nuestras acciones, palabras, pensamientos y omisiones.
Está el juicio particular que cada uno sufre inmediatamente después de la muerte, y el Juicio Final, que sucederá al fin del mundo, cuando el Señor resucite a todos los hombres, desde Adán y Eva hasta el último que haya existido. Terrible momento ese, donde quedará patente a todo el universo quién era el que estaba en lo correcto y quién fue el verdadero fracasado.

INFIERNO:

Y los que mueran en pecado mortal, inmediatamente serán precipitados en el Infierno eterno, que como define la Santa Madre Iglesia es “todo mal sin mezcla de bien alguno”.
Pensemos un poco y hagamos de cuenta que el Infierno sólo fuera un simple dolor de muelas, e imaginemos que ese dolor de muelas durará por un año. ¡Sería muy duro soportarlo! ¡Pero si nos enteramos que ese dolor de muelas nos durará toda la vida, sería terrible!
¡Más tremendo y descabellado sería si ese dolor de muelas se prolongaría para siempre, para toda la eternidad!
Bueno, pensemos que el Infierno, que es eterno, no es un simple dolor de muelas, lo cual ya sería espantoso.
Ojalá estas consideraciones nos hagan recapacitar y volver al buen camino, haciendo una sincera confesión con el sacerdote y dejar de lado el pecado que día a día nos acerca más al Abismo Infernal.

CIELO:

Y el Cielo es, como lo define la Iglesia Católica: “Todo bien sin mezcla de mal alguno”.
No podemos imaginarnos lo que es el Cielo. Pero la Virgen ha dicho en uno de sus mensajes que si los hombres supiéramos lo que es el Paraíso, haríamos “cualquier cosa” para ir allí.

Y “cualquier cosa” significa que nos entregaríamos a las más duras penitencias y renuncias, mortificaciones y sacrificios, con tal de ir al Cielo a gozar de esa Felicidad que “ni ojo vio, ni oído oyó, ni vino jamás a la mente del hombre”, como bien lo ha dicho el Apóstol.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Oración...

Propósito para el mes de María

En este mes dedicado a la Santísima Virgen, podemos ofrecerle a Ella el rezo diario de las TRES AVEMARÍAS. No nos costará mucho, como quizás nos cuesta el rezo del Rosario, y obtendremos innumerables favores, como está comprobado por quienes han practicado esta sencilla y fructuosa devoción.

Aquí les copio el texto de esta devoción y el modo de rezarla, junto a las promesas de la misma Santísima Virgen, para animarlos a comenzar su rezo diario, sin faltar ni un solo día.

LAS TRES AVEMARÍAS

Preocupada la religiosa benedictina que luego fue Santa Matilde por el buen fin de su vida, rogó insistentemente a la Virgen Santísima "que la asistiera a la hora de la muerte"; y acogiendo benignamente su súplica, la Madre de Dios se manifestó a la implorante, diciéndole:
"Sí que lo haré; pero quiero que por tu parte me reces diariamente tres Avemarías, conmemorando, en la primera, el Poder recibido del Padre Eterno; en la segunda, la Sabiduría con que me adornó el Hijo; y, en la tercera, el Amor de que me colmó el Espíritu Santo".
Y esta promesa se extendió en beneficio de todos cuantos ponen en práctica ese rezo diario de las tres Avemarías.
La práctica de esta devoción no puede ser ni más fácil, ni más breve. Fácil es, porque se concreta a rezar todos los días tres Avemarías agradeciendo a la Santísima Trinidad los dones de Poder, Sabiduría y Amor que otorgó a la Virgen Inmaculada, e instando a María a que use de ellos en auxilio nuestro.

Modo de practicar esta devoción:

Todos los días, rezar lo siguiente:

¡María, Madre mía; líbrame de caer en pecado mortal!

1- Por el Poder que te concedió el Padre Eterno. (rezar un Avemaría)
2- Por la Sabiduría que te concedió el Hijo. (rezar un Avemaría)
3- Por el Amor que te concedió el Espíritu Santo. (rezar un Avemaría)  


Fue la misma Santísima Virgen la que dijo a Santa Gertrudis que "quien la venerase en su relación con la Beatísima Trinidad, experimentaría el poder que le ha comunicado la Omnipotencia del Padre como Madre de Dios; admiraría los ingeniosos medios que le inspira la sabiduría del Hijo para la salvación de los hombres, y contemplaría la ardiente caridad encendida en su corazón por el Espíritu Santo".
Refiriéndose a todo aquel que la haya invocado diariamente conmemorando el poder, la sabiduría y el amor que le fueron comunicados por la Augusta Trinidad, dijo María a Santa Gertrudis que, "a la hora de su muerte me mostraré a él con el brillo de una belleza tan grande, que mi vista le consolará y le comunicará las alegrías celestiales".

María renueva su promesa de protección:

Cuando Sor María Villani, religiosa dominica (siglo XVI), rezaba un día las tres Avemarías, oyó de labios de la Virgen estas estimulantes palabras:
"No sólo alcanzarás las gracias que me pides, sino que en la vida y en la muerte prometo ser especial protectora tuya y de cuantos como tú PRACTIQUEN ESTA DEVOCIÓN"

También dijo la Santísima Virgen: “La devoción de las tres Avemarías siempre me fue muy grata... No dejéis de rezarlas y de hacerlas rezar cuanto podáis. Cada día tendréis pruebas de su eficacia...”

jueves, 6 de noviembre de 2014

Evangelio de hoy...

jueves 6/NOV/14

Evangelio del día 

Lc 15, 1-10. 
Alegrarnos por las conversiones. 
Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo, pero los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: “Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos”. Jesús les dijo entonces esta parábola: “Si alguien tiene cien ovejas y pierde una, ¿no deja acaso las noventa y nueve en el campo y va a buscar la que se había perdido, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría, y al llegar a su casa llama a sus amigos y vecinos, y les dice: ‘Alégrense conmigo, porque encontré la oveja que se me había perdido’. Les aseguro que, de la misma manera, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse”. Y les dijo también: “Si una mujer tiene diez dracmas y pierde una, ¿no enciende acaso la lámpara, barre la casa y busca con cuidado hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, llama a sus amigas y vecinas, y les dice: ‘Alégrense conmigo, porque encontré la dracma que se me había perdido’. Les aseguro que, de la misma manera, se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierte”. 
Reflexión: 
A veces no nos alegramos cuando un pecador se convierte y vuelve al redil. A veces estamos descontentos. Pero eso está mal. Deberíamos ponernos felices porque un alma vuelve a Dios y, ojalá nosotros hubiéramos sido el instrumento para que esa alma regrese, porque así Dios y sus ángeles estarán muy felices con el regreso de ese hijo y pondrán su mirada en nosotros que hemos colaborado a que eso suceda. Rompamos con el egoísmo y seamos verdaderos apóstoles incansables, tratando de acercar a todos los hombres a la salvación. Aprendamos a ser escalón para que los demás nos pisen con tal de que puedan subir a Dios. Imitemos a Jesús y a María. El valor de un alma es infinito, pues es infinito el valor de la Sangre con la que fue comprada por Dios.
Pidamos a la Santísima Virgen la gracia de tener hambre y sed de la salvación de las almas y hacer toda clase de apostolado para atraerlas a Dios y darle contento a su Corazón que es tan ofendido por los hombres.

Jesús, María, os amo, salvad las almas.

martes, 4 de noviembre de 2014

Mensaje...

NO MATARÁS 

Mi Ley es sobrenatural y eterna. Vosotros la llamáis ley natural porque es conforme a todas las exigencias de vuestra naturaleza humana, a fin de que podáis conseguir aquel feliz equilibrio del que sentís necesidad.
Quien infringe esta ley, sea o no cristiano, perjudica la semilla de donde brota el justo equilibrio sin el que no puede haber en el hombre serenidad y paz, por tanto felicidad; y va a romper el orden establecido por Dios con consecuencias incalculables.
Esto es evidente: pero la maldad humana, amasijo de soberbia, de rebelión y de división, infringe voluntariamente la ley y destruye este germen divino llevando al hombre fuera del sendero del bien, haciéndolo perderse en un laberinto a menudo sin camino de salida.
He aquí, hijo mío, que con satánica insistencia, contra todo elemental derecho a la vida, contra todo derecho de la naturaleza, se quiere una inicua ley humana que legalice lo que Dios ha condenado desde siempre: el homicidio.
Esta ley: "No matarás", redactada y sancionada por el Padre, constituye una columna que sustenta el derecho natural. Quien la infringe no solo se pone en una actitud soberbia de desafío a Dios Creador, sino que violenta la misma naturaleza, realizando un crimen que grita venganza a los ojos del Cielo y de la tierra. 

Matanza salvaje  

Tú me has entendido, hijo: quiero hablarte del aborto, abominable parto de mentes congeladas por Satanás en el odio contra Dios y contra el hombre.
A los propugnadores de esta ley, cuya crueldad no es inferior a aquella de Herodes, no les importa la inhumana matanza de millones de criaturas inocentes e indefensas, no les importa romper la armonía de la Creación. Una cosa les importa: dar desahogo al odio inextinguible contra Dios y contra los depositarios de la ley de Dios.
Es impresionante que los inventores de esta conjura, hecha contra Dios (porque éste es el móvil principal de quienes luchan por la legalización del aborto), hayan encontrado tantos aliados. Se han convertido en una multitud separada de Dios y encaminada por la vía del crimen.
En medio de estos, tú ves no sin espanto a algunos de mis sacerdotes, incluso algún pastor que, disimulado, se hace pequeño para no ser descubierto. En vano, porque un día, aquel día grande de amargo llanto, Yo los acusaré frente a toda la humanidad por haberse prestado a la realización de un inicuo plan del Infierno. 

Culpa gravísima 

El aborto procurado es culpa gravísima, cuyo origen es de Satanás, porque es transgresión de la ley de mi Padre, que es ley de amor tendiente a conservar, defender y proteger el don impagable de la vida.
¿Qué hombre tiene el derecho de suprimir la vida de otro hombre?
¿Qué Estado puede arrogarse el derecho de romper el equilibrio de la naturaleza humana?
¿Qué Estado puede exaltar el derecho de abrogar una Ley divina? El pretender hacerlo es un crimen de tal gravedad que Dios no puede dejar impune.
El aborto es abominación y perversión fruto de una sociedad corrompida y anticristiana.
¡Ay de aquellos sobre cuya conciencia pesará tan tremenda responsabilidad!
No solo Yo seré inexorable Juez, sino que serán los seres humanos, víctimas del aborto los que se dirigirán directamente a mi Padre, Dador de la vida para pedir justicia sobre sus verdugos materiales y morales.
Hijo, la legalización del aborto es un producto de la barbarie materialista; pero cuántos otros hay: la violencia, los crímenes, la droga, la pornografía, la corrupción organizada, secretamente querida y financiada, aunque públicamente deplorada.
Si te hiciera ver el verdadero rostro de esta sociedad incrédula, te repito que de ello te morirías.
Esta humanidad ha rechazado la salvación ofrecida por mi misericordia; la salvaré con mi justicia.
Hijo, reza, reza; ¡no te canses!
Hoy no ves sino lo que ha podido la perversidad del Maligno; mañana verás cuánto ha podido la oración y el sufrimiento de los buenos.
Te bendigo, hijo mío; ámame.

(“Confidencias de Jesús a un Sacerdote” – 20/FEB/1976 - Padre Ottavio Michelini)

miércoles, 29 de octubre de 2014

CARPENTERS - Yesterday once more (Subtítulos español)

Mensaje...

Engaños de Satanás

7 de octubre de 1986
Fiesta de Nuestra Señora del Rosario
  
El Rosario os lleva a la Paz
“Soy la Reina del Santo Rosario.
Soy vuestra Capitana, que os guía en la terrible batalla contra Satanás y todos los Espíritus del Mal.
Si os dejáis conducir por Mí, con docilidad, sentiréis siempre junto a vosotros la ayuda preciosa que os dan los Ángeles del Señor, los Bienaventurados y los Santos del Paraíso y todas las almas que aún se purifican en el Purgatorio.
Yo soy, de hecho, la Capitana de un solo y único ejército.
Hoy, al recordar la fecha de una gran victoria mía, quiero invitaros a combatir, con valor y confianza, sin dejaros intimidar por los engaños y peligrosa táctica empleada por mi Adversario para desalentaros.
Por esto os quiero revelar tres insidias de la estrategia particular, utilizada por mi Adversario en esta gran lucha.
–La primera es difundir la certeza de haber logrado ya conquistar todo el mundo, de haber instaurado en él su reino y de ejercer en él pleno dominio.
Su gran conquista es la humanidad actual, que se ha rebelado contra Dios y repite su soberbio grito: ¡No serviré al Señor!
Medio muy peligroso, usado en estos tiempos por Satanás, es dar la impresión de que ya no hay nada que hacer, de que hoy no se puede cambiar nada, de que es inútil ahora cualquier esfuerzo por conducir de nuevo a la humanidad por la senda del retorno a Dios y al bien.
Pero vuestra Madre Celestial os asegura que también esta misma humanidad forma parte preciosa del pueblo de Dios, conquistado por Jesús al precio de Su Sangre, derramada hasta la última gota para su salvación.
Dios, sobre todo hoy, es el único vencedor y ama a toda esta pobre humanidad enferma, que le ha sido arrebatada, y prepara el momento en que, con el milagro más grande de Su amor misericordioso la conducirá por el camino del retorno a Él, para que pueda finalmente conocer una nueva era de paz, amor, de santidad y de alegría.
Por esto Yo os invito a usar siempre el arma poderosa de la confianza, del filial abandono, de una caridad grande y sin límites, de una plena disponibilidad a todas las necesidades espirituales y materiales del prójimo, de una maternal e ilimitada misericordia.
–La segunda es la de haber logrado poner a la Iglesia en estado de grave dificultad, sacudiéndola desde sus fundamentos con el viento de la contestación, de la división, de la infidelidad y de la apostasía. Muchos se desaniman al ver qué numerosos son hoy los Pastores que se dejan engañar por su acción astuta y peligrosa.
El medio que debéis usar para contrarrestar esta insidia diabólica es vuestra consagración a mi Corazón Inmaculado, porque la Iglesia, aunque hoy aparezca lacerada, oscurecida y derrotada, ha sido confiada por Jesús a la custodia amorosa de vuestra Madre Celestial.
Yo quiero ayudarla, consolarla y curarla a través de vosotros, hijos consagrados a mi Corazón y dóciles instrumentos de mi materno Querer. Por medio de vosotros derramo bálsamo en sus dolorosas heridas, la conforto en sus horas de desolada pasión, preparo el momento de su mayor renovación.
Lo hago en estos tiempos, de manera particularísima, por medio de mi Papa Juan Pablo II, que lleva a todas partes la señal de mi presencia materna.
Él os da la señal para el combate; Él os guía en la lucha; Él os enseña el valor y la confianza; Él os anuncia ya mi segura victoria.
Seguidle por el camino que os traza, si queréis preparar Conmigo un nuevo y radiante Pentecostés para toda la Iglesia.
–La tercera es la de lograr difundir en todas partes, a través de todos los medios de comunicación social, sus obras malévolas de destrucción y de muerte. Así las divisiones se multiplican, la impureza es exaltada, la corrupción se extiende, la violencia se difunde cada vez más, el odio crece y las guerras se extienden amenazadoras.
Para combatir y vencer todos estos males, que intentan sumergir a la humanidad entera, vosotros debéis recurrir al arma poderosa de la oración.
De hecho la nueva era sólo podrá llegar a vosotros como don del Espíritu del Señor, no como fruto de obra humana.
Por tanto, es necesario implorar este don con la oración continua, incesante y confiada.
Orad Conmigo. Toda la Iglesia debe entrar en el Cenáculo de mi Corazón Inmaculado para invocar, con la Madre Celestial, una particularísima efusión del Espíritu Santo, que la conducirá a vivir la experiencia de un segundo y radiante Pentecostés.
Orad sobre todo con la oración del Santo Rosario
El Rosario sea para todos el arma poderosa que debe usarse en estos tiempos.
El Rosario os lleva a la paz.
Con esta plegaria vosotros podéis obtener del Señor la gran gracia del cambio de los corazones, de la conversión de las almas, del retorno de toda la humanidad a Dios por la vía del arrepentimiento, del amor, de la gracia divina y de la santidad.
Entonces no digáis nunca: “Pero si siempre y en todas partes todo sigue como antes. ¡Nunca cambia nada!” No es verdad, hijos míos predilectos.
Todos los días, en el silencio y en lo oculto, la Madre Celestial libra su batalla contra el Adversario y obra, por medio de señales y de manifestaciones tan extraordinarias, para cambiar el corazón del mundo.”

(Mensaje al Padre Gobbi, del Movimiento Sacerdotal Mariano)