viernes, 11 de septiembre de 2015

El nombre de María...

El nombre de María

Dijo Jesús a María Valtorta: 
Cuando nuestro Enemigo trata de fastidiarte demasiado, di: "Dios te salve María, Madre de Jesús, me confío a ti". El demonio tiene todavía más aversión del nombre de María que de mi Nombre y de mi Cruz. No lo logra, pero trata de dañarme en mis fieles de mil maneras. Pero solamente el eco del nombre de María le hace huir. Si el mundo supiera llamar a María, estaría salvado. 
Por tanto invocar nuestros dos nombres juntos es algo poderoso para hacer caer rotas todas las armas que Satanás lanza contra un corazón que es mío.
Y Jesús dijo en San Nicolás, Argentina: 
14-10-1987 1276 
Veo a Jesús, me dice: Entrego a los pueblos, el Amor de Mi Madre, para que acudan a Ella. 
Es el Auxilio, que sacará a los cristianos de las sombras, para introducirlos en la Luz. 
Sea invocado Su Nombre, con infinito amor.
¡Y qué mejor que invocar los dos Nombres juntos, de Jesús y de María, repitiendo la siguiente oración: JESÚS, MARÍA OS AMO, SALVAD LAS ALMAS; por la cual el Señor ha prometido a Sor Consolata Betrone, que cada vez que se dice, se salva un alma y se reparan mil blasfemias!

jueves, 10 de septiembre de 2015

Evangelio del día...

ueves 10/SEP/15

Evangelio del día.

Lc 6, 27-36.
Misericordiosos.
Jesús dijo a sus discípulos: Yo les digo a ustedes que me escuchan: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian. Bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los difaman. Al que te pegue en una mejilla, preséntale también la otra; al que te quite el manto, no le niegues la túnica. Dale a todo el que te pida, y al que tome lo tuyo no se lo reclames. Hagan por los demás lo que quieren que los hombres hagan por ustedes. Si aman a aquellos que los aman, ¿qué mérito tienen? Porque hasta los pecadores aman a aquellos que los aman. Si hacen el bien a aquellos que se lo hacen a ustedes, ¿qué mérito tienen? Eso lo hacen también los pecadores. Y si prestan a aquellos de quienes esperan recibir, ¿qué mérito tienen? También los pecadores prestan a los pecadores, para recibir de ellos lo mismo. Amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada en cambio. Entonces la recompensa de ustedes será grande y serán hijos del Altísimo, porque él es bueno con los desagradecidos y los malos. Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso.
Reflexión:
Hoy el Evangelio nos habla de que debemos ser misericordiosos como lo es el Padre. Y es que aquí está la clave de toda la vida cristiana: ser misericordiosos. Si lo somos, imitaremos al Dios que lo es en grado infinito y es su mayor atributo y, además, como dice una de las bienaventuranzas, obtendremos misericordia para nosotros. Y en cuanto al amor a los enemigos, no es que deberán pasar a ser amigos, sino que seguirán siendo enemigos nuestros pero por ellos rezaremos y trataremos de hacerles todo el bien que podamos.
Pidamos a la Santísima Virgen la gracia de ponernos en el lugar del otro y pensar cómo me gustaría que procedieran conmigo, y proceder de la misma manera.
Jesús, María, os amo, salvad las almas.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Evangelio del día...

miércoles 9/SEP/15

Evangelio del día.

Lc 6, 20-26.
Bienaventuranzas.
Jesús, fijando la mirada en sus discípulos, dijo: ¡Felices ustedes, los pobres, porque el reino de Dios les pertenece! ¡Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque serán saciados! ¡Felices ustedes, los que ahora lloran, porque reirán! ¡Felices ustedes, cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y proscriban el nombre de ustedes, considerándolos infames a causa del Hijo del hombre! ¡Alégrense y llénense de gozo en ese día, porque la recompensa de ustedes será grande en el cielo! ¡De la misma manera los padres de ellos trataban a los profetas! Pero ¡ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo! ¡Ay de ustedes, los que ahora están satisfechos, porque tendrán hambre! ¡Ay de ustedes, los que ahora ríen, porque conocerán la aflicción y las lágrimas! ¡Ay de ustedes cuando todos los elogien! ¡De la misma manera los padres de ellos trataban a los falsos profetas!
Reflexión:
En la Salve decimos que esta vida es un “Valle de lágrimas”. Y para todo buen cristiano es así porque vivir según las normas del Evangelio nos traerá sufrimientos de todo tipo porque Satanás hará la vida imposible para que nos desanimemos y claudiquemos. Dios permitirá esas pruebas para que ganemos méritos para el Cielo. Pero esto se hará soportable si en nuestra aflicción recordamos esta Bienaventuranza: “Bienaventurados los que lloran ahora, porque reirán.” Sí, reiremos eternamente. Con la ayuda de Dios saldremos vencedores contra todos los enemigos que habrán tratado inútilmente de perdernos y lo único que lograrán será aumentarnos la gloria eterna.
Pidamos a la Santísima Virgen la gracia de llorar en este mundo pero con paz en el alma, y pidámosle la gracia de no rebelarnos contra Dios en nuestras aflicciones.
Jesús, María, os amo, salvad las almas.

martes, 8 de septiembre de 2015

Misterios...

Misterioso porqué.


En este mundo, señores, suelen triunfar los malvados. Y la virtud, ultrajada y escarnecida, suele terminar en la cárcel, en el destierro, cuando no en la más afrentosa de las muertes. Los ejemplos históricos y contemporáneos son tan abundantes y conocidos, que renuncio a poner ninguno.
No os escandalice este hecho, señores. No os cause extrañeza alguna, porque tiene una explicación clarísima a la luz de la teología católica y aún del simple sentido común. Ha sido siempre así y continuará siendo hasta el fin de los siglos: en este mundo triunfarán siempre los malos, y los buenos serán siempre perseguidos. ¡Siempre!
No os escandalice esto, que la explicación es sencillísima. Es una consecuencia lógica de la infinita justicia de Dios. ¿Os extraña esta afirmación? Tened la bondad de escucharme un momento.
No hay hombre tan malo que no tenga algo de bueno, y no hay hombre tan bueno que no tenga algo de malo. Y como Dios es infinitamente justo, ha de premiar a los malos lo poco bueno que tienen y ha de castigar a los buenos lo poco malo que hacen. Esto es cosa clara: lo exige así la justicia de Dios.
Ahora bien: como los malvados, en castigo de sus crímenes, irán al infierno para toda la eternidad, Dios les premia en esta vida las pocas cosas buenas que hacen. Y como los buenos han de ir al cielo para toda la eternidad, Dios comienza a castigarles en esta vida lo poco malo que tienen, con el fin de ahorrarles totalmente, o en parte, las terribles purificaciones ultraterrenas.
Ahí tenéis la clave del misterio. La mejor señal de reprobación, la más terrible señal de que un hombre malvado acabará en el infierno para toda la eternidad, es que siendo efectivamente un malvado, un anticatólico, un blasfemo, un ladrón, un inmoral, etc., triunfe en este mundo y todo le salga bien. ¡Pobre de él! No le tengáis envidia por sus triunfos, tenedle profunda compasión. ¡La que le espera para toda la eternidad! Dios le está premiando en este mundo lo poquito bueno que tiene y le reserva para el otro el espantoso castigo que merece para toda la eternidad. ¡No tengáis envidia de los malvados que triunfan, tenedles profunda compasión!
En cambio, no tengáis compasión del bueno que sufre, no compadezcáis a los Santos que en este mundo sufren tanto y son víctimas de tantas persecuciones. Tenedles más bien, una santa envidia; porque esos fracasos y tribulaciones humanas dicen muy a las claras que Dios les castiga en este mundo misericordiosamente sus pequeñas faltas y flaquezas para darles después el premio espléndido de sus virtudes en la eternidad bienaventurada.
Los Santos, señores, veían con toda claridad estas cosas. Iluminados por las luces de lo alto, se echaban a temblar cuando las cosas les salían bien, pensando que quizá Dios les quería premiar en este mundo las pocas virtudes que practicaban, reservando para el otro el castigo de los muchos defectos que su humildad multiplicaba y agrandaba. Y, al contrario: cuando el mundo les perseguía, cuando les pisoteaban, levantaban sus ojos al cielo para darle rendidas gracias a Dios, porque esperaban de Él el perdón y la recompensa en el cielo, por toda la eternidad.
Esto que los Santos veían ya con toda claridad en este mundo, es preciso que aparezca con la misma evidencia palmaria ante la humanidad entera.
Es preciso que se desvanezca el tremendo escándalo del triunfo de los malos y el fracaso de los buenos. Tiene que haber un juicio universal y lo habrá. Entonces volverán las cosas al lugar que les corresponde y se verá claramente quiénes son los que verdaderamente han triunfado y quiénes han fracasado para toda la eternidad.
(De “El Misterio del más allá” – P. Royo Marín)

domingo, 6 de septiembre de 2015

Angelus Domini 2015.09.06

Diario trajinar...


En el trajín cotidiano.

Con el paso de los días y el trajinar de las actividades diarias, nos podemos olvidar de la oración, siendo que la oración debería ser como el centro de nuestra jornada. 
No nos quejemos si las cosas no nos salen bien y todo va de mal en peor, porque en gran parte esto sucede porque ya no rezamos, ya no hablamos con Dios amigablemente, sino que queremos arreglar las cosas nosotros solos y a nuestra manera, sin dejarle participación a Dios. 
Es tiempo de que despertemos del letargo en que hemos caído con respecto a la oración, porque si miramos un poco nuestra vida, veremos que el demonio nos ha ganado terreno, y ahora es necesario volver a empuñar el arma de la oración para hacerlo huir de nuestras vidas, de nuestras familias y expulsarlo lejos de aquellos que amamos. 
No hay vuelta de hoja, ya lo ha dicho San Alfonso María de Ligorio: “El que reza se salva, y el que no reza se condena”, y es la pura verdad. 
Y no podemos decir que no tenemos tiempo para rezar, porque quizás pensamos en que no encontramos el tiempo para rezar un rosario. Pero hay que recordar que la oración es un diálogo con Dios, y no hace falta rezar el rosario para ponernos en comunicación con Él, sino que simplemente elevando la mente y el pensamiento a Dios, ya estamos rezando, y muy bien. 
A veces nos suele pasar que, aunque rezamos, y quizás mucho, Dios es para nosotros casi un extraño, porque no hablamos con Él como con nuestro mejor amigo. Y lo que nos sucede con Dios, también nos pasa con nuestro ángel custodio, al que tenemos completamente olvidado o casi, siendo que él puede actuar tanto más, cuanto más nosotros le invocamos. 
Recordemos que se trata de la salvación de nuestra alma, y la salvación también de aquellos que amamos. Por eso volvamos a empuñar las armas de la oración, en especial el Rosario, puesto que las batallas espirituales se ganan con la oración, y también por ella nos vienen toda clase de bienes, incluso materiales; y se alejan toda clase de males, también materiales.

viernes, 4 de septiembre de 2015

Mensaje...

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Mensaje sobre el Santo Rosario

Paz y sosiego.
El rosario encierra dos realidades: la oración mental y la vocal. La oración mental en el santo rosario es la meditación de los principales misterios de la vida, muerte y gloria de Jesucristo y de su santísima Madre. La oración vocal consiste en la recitación de quince decenas de avemarías, precedidas de un padrenuestro, unida a la meditación y contemplación de las quince principales virtudes que Jesús y María practicaron, conforme a los quince misterios del santo rosario.
(De “El Secreto Admirable del Santísimo Rosario”, San Luis María Grignion de Montfort)
Comentario:
Mientras rezamos el Rosario debemos ir contemplando los misterios, porque de lo contrario el rezo del Rosario sería un cuerpo sin alma. El Papa Juan Pablo II agregó a los quince misterios tradicionales, los cinco misterios luminosos, quedando así el Rosario constituido por veinte misterios. Cuando rezamos el Rosario volvemos a vivir todo lo que Jesús y María vivieron, sufrieron y gozaron, porque los hechos de la vida de Jesús y de María están fuera del tiempo y se hacen presentes cada vez que rezamos el Rosario. No se trata de seguir cada palabra que se dice, sino de repetir cadenciosamente los padrenuestros y las avemarías, y de esa forma el alma se va tranquilizando y descansa del trajín cotidiano, llenándonos de paz el corazón.