viernes, 1 de abril de 2016

Remedio...

Como remedio.

A veces, como no “sentimos” el ir a Misa y el comulgar, lo dejamos de hacer, dejamos de asistir a Misa y de recibir la Sagrada Comunión.
¡Que grave error el nuestro! Porque tanto la Misa como la Eucaristía son como remedios que nos curan toda clase de males.
Debemos recibir la Comunión lo más frecuentemente que podamos, aunque no sintamos un consuelo especial, al menos debemos recibirla como si tomáramos una aspirina, porque el Cuerpo y la Sangre del Señor son un Remedio para nuestra alma, nuestra mente y cuerpo.
Ojalá tengamos mucha devoción al recibir a Jesús sacramentado. Pero si no “sentimos” nada, igualmente no dejemos de ir a Misa y comulgar, porque el bien que nos viene de ello es incalculable.
Ya no somos niños, acostumbrados a los caramelos. El Señor nos trata como a adultos, a los que no les hace falta darles caramelos. Y así el Señor nos quita a veces el consuelo, el fervor y el gusto por las cosas de Dios. Pero está en nosotros seguir yendo a Misa, comulgando y rezando, viviendo de la fe, que se fortalece en la aridez. Dios a veces nos quita un poco los consuelos, los “caramelos”, para que nos hagamos adultos en la fe. Si dejamos todo apenas sentimos desabrimiento, eso muestra que no buscábamos al Dios de los consuelos, sino más bien lo que buscábamos eran los consuelos de Dios.
Aunque no sintamos nada al comulgar, sigamos recibiendo la Comunión como un remedio, constante y frecuentemente, y veremos que al fin Dios nos dará de vez en cuando algún consuelo mayor, que se alternará con tiempos de sequedad, para que no nos acostumbremos a los “caramelos”, sino que busquemos por encima de todo la gloria de Dios y el bien de las almas, comenzando por el bien de nuestra propia alma, asistiendo a Misa y recibiendo la Eucaristía, si es posible, diariamente.

jueves, 31 de marzo de 2016

Evangelio del día...

jueves 31/MAR/16

Evangelio del día.

Lc 24, 35-48.
Jueves de la Octava de Pascua.
Los discípulos que retornaron de Emaús a Jerusalén, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan. Todavía estaban hablando de esto, cuando Jesús se apareció en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Atónitos y llenos de temor, creían ver un espíritu, pero Jesús les preguntó: “¿Por qué están turbados y se les presentan esas dudas? Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo. Tóquenme y vean. Un espíritu no tiene carne ni huesos, como ven que yo tengo”. Y diciendo esto, les mostró sus manos y sus pies. Era tal la alegría y la admiración de los discípulos, que se resistían a creer. Pero Jesús les preguntó: “¿Tienen aquí algo para comer?”. Ellos le presentaron un trozo de pescado asado, él lo tomó y lo comió delante de todos. Después les dijo: “Cuando todavía estaba con ustedes, yo les decía: Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito de mí en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos”. Entonces les abrió la inteligencia para que pudieran comprender las Escrituras, y añadió: “Así estaba escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de todo esto”.
Reflexión:
Jesús resucitado se aparece a los discípulos y lo primero que les dice es: “La paz esté con ustedes”. Jesús es el Príncipe de la Paz, y la paz es el signo de la presencia de Dios. Si un pensamiento nos deja inquietud o turbación debemos rechazarlo porque no viene de Dios, ya que si es de Dios siempre nos dará paz. La paz proviene de estar reconciliado con Dios. Por eso el mundo no tiene paz, porque vive alejado de Dios y despreciando sus mandamientos. Siempre debemos cuidar nuestra paz interior que lo lograremos especialmente rezando el Santo Rosario como nos dice la misma Santísima Virgen en sus apariciones y confesándonos frecuentemente para vivir en amistad con Dios.
Pidamos a María Santísima la gracia de tener paz en medio de las dificultades que tengamos que vivir y rechazar todo pensamiento que nos quite dicha paz.
Jesús, María, os amo, salvad las almas

miércoles, 30 de marzo de 2016

Vivir...


Vivir en estos tiempos



Qué difícil es vivir en éstas épocas! Quizás no somos conscientes de la hostilidad espiritual de estos tiempos, pero vivimos en un mundo que nos propone desviarnos en casi todo momento.
En los siglos pasados se vivía una vida, en promedio, mucho menos expuesta al pecado. Las noches, por ejemplo, empezaban temprano: la oscuridad reunía a las familias en sus hogares y las unía en un clima que propiciaba la paz espiritual, el diálogo familiar y la reflexión. La inexistencia de tecnología permitía un nivel de diálogo mucho más frecuente y sereno, ya que la falta del bombardeo de noticias que vivimos hoy en día centraba a las personas en su entorno inmediato, en su vida cotidiana. En el presente tenemos una conciencia de lo que ocurre en casi todo el mundo, mientras en el pasado sólo se sabía lo que acontecía en la ciudad o aldea propia, o a lo sumo lo que ocurría en el país, después de algunos meses de ocurridos los hechos. La mayoría de la información que recibimos actualmente no nos aporta nada, salvo turbación y angustia, y sin embargo ocupa un espacio tan grande que no nos deja lugar para meditar sobre lo esencial de nuestra vida, nos absorbe.
Qué difícil es encontrar a Dios cuando todo lo que recibimos carece de referencias a la vida espiritual. Se nota una tendencia muy fuerte a interpretar todo lo que ocurre desde un ángulo humano, desprovisto de Dios, haciendo del hombre el centro de todo lo que ocurre. Es como una fuerza de gravedad poderosa que atrae todo hacia sí, donde hablar de Dios o sentir a Dios es ir contra la corriente. Los niños y jóvenes en colegios y universidades, hombres y mujeres en sus ocupaciones cotidianas, todo tiende hacia una vida vacía de contenido. Se divulga la necesidad de vivir socialmente y ?divertirse?, casi como un sello de felicidad, apartándonos de la búsqueda verdadera del crecimiento espiritual.
Por ello es importante tener una gran fortaleza de espíritu, saber que no debe uno dejarse atraer o engañar por esa propuesta tan generalizada y aceptada mansamente por la mayoría de la gente. En medio de tanta oscuridad, pequeños ejemplos de luz que luchan en contra de la corriente general son como faros que guían hacia la salida. Nunca sabremos en quienes produce efecto una palabra, un gesto, que muchas veces es mal entendido porque va en contra de lo que ?el mundo? dice o propone. Pero no importa: lo debemos hacer igual, no hay que ser impaciente, hay que saber esperar, orar, obrar y callar. Si los resultados son visibles o invisibles a nosotros, si producen efecto o no, no somos nosotros quienes deben verlo. Dios todo lo sabe y todo lo ve, porque sabe lo que hay en los corazones. El juicio humano está casi siempre errado, salvo cuando se realiza desde un punto de vista superior, espiritual. Por ese motivo no hay que juzgar a los demás, sólo obrar con una intención recta y orar por justos motivos, pidiendo en todo momento que se haga la Voluntad de Dios, y no la nuestra.
Vivamos en este mundo, sabiendo que no somos de este mundo. Nuestro destino es de realeza, de Reino, de un Reino que no es de aquí, ya que estamos destinados al Reino de Cristo. Oremos por nuestra entrada a esa plenitud, esa beatitud que borra todo pensamiento o actitud vana. Seamos dignos miembros de la Iglesia de Cristo, humildes integrantes de un todo que está destinado a triunfar y reinar.

martes, 29 de marzo de 2016

Vida...


Vivir católico

Dios tiene un plan.
Dios, desde toda eternidad, tiene un plan para cada uno de nosotros. Está en nosotros el saber ir descubriendo dicho plan, en el transcurso de nuestra vida, por medio de la oración, la meditación, la guía espiritual y los acontecimientos de nuestra vida.
Dios no es malo, y a veces nosotros lo tomamos como tal, porque nos parece que Dios nos hace sufrir y frustra nuestros planes más honestos y nuestros sueños.
No es así, porque Dios quiere siempre el bien para nosotros, y quien nos causa amarguras y desgracias es el Maligno, que odia a Dios y a nosotros, porque somos imágenes de Dios.
Es el demonio quien se opone a nuestra felicidad. Pero a veces somos también nosotros mismos quienes equivocamos el camino hacia la verdadera felicidad.
Debemos tener en cuenta que no se llega a conseguir un bien precioso si no se trabaja duramente. Tampoco nosotros lograremos la felicidad si no trabajamos con tesón en las cosas de todos los días, uniéndonos a la Voluntad de Dios, anteponiendo Su voluntad a la nuestra, o mejor dicho, haciendo coincidir nuestra voluntad con la Voluntad divina.
Entonces sí que seremos felices, porque la felicidad está en sabernos amados por Dios, en estar convencidos que hacemos lo que a Él le agrada, y eso tiene un gran premio en el Cielo, pero ya también aquí en la tierra.
Y paradójicamente, cuando intentamos hacer la Voluntad de Dios y tratamos de adaptar nuestra voluntad a la Voluntad divina, entonces Dios mismo hace nuestra voluntad, y nos hace felices.
Dios es el más interesado en que seamos felices. Pero también debemos recordar que la verdadera y completa felicidad no puede estar jamás en la tierra, porque los hombres hemos sido creados para el Cielo, y nuestro corazón y alma no estarán satisfechos hasta que no estemos en el seno de Dios.
Debemos seguir la voluntad de Dios porque es el camino seguro para ser felices en este mundo y en el más allá.
Y como guía en este camino, nadie mejor que María Santísima, que conoce también cuál es el plan de Dios para nosotros, y sabrá guiarnos como sólo Ella lo puede hacer, y con corazón de Madre, a realizar a la perfección el proyecto de Dios con el que seremos felices. ¡Gloria a Dios!

lunes, 28 de marzo de 2016

Entrar...

Entremos al sepulcro.

Entremos al sepulcro donde estuvo el cuerpo del Señor, para que nos demos cuenta, de una vez por todas, que Jesús no está allí, sino que resucitó y ahora vive para siempre.
Nuestra vida suele ser como un peregrinar, y solemos llegar hasta la puerta del sepulcro, es decir, consideramos los dolores del Señor, pero no nos animamos a entrar, no acabamos de darnos cuenta de que el Señor está vivo entre nosotros, a nuestro lado.
Pidamos al Espíritu Santo que nos dé el empujón para que entremos de una buena vez en el sepulcro y veamos con nuestros propios ojos que Jesús resucitó.
Y que nuestra vida la vivamos de manera acorde a esta verdad que creemos, porque muchas veces vivimos la vida como si estuviéramos solos y todo dependiera de nosotros. Sin embargo Jesús está vivo a nuestro lado y nos conduce por el camino, como también conduce los destinos de los pueblos a realizar la Voluntad divina.
Debemos aprovechar esta Pascua para reavivar nuestra fe en Jesús resucitado, y dar el salto de la fe, para empezar a vivir una vida nueva, quizás con las cosas de siempre, pero animados por la seguridad de que el Señor está vivo y con nosotros.
Es una alegría que nadie nos podrá quitar, porque la Muerte ha sido vencida, y ya se ha abierto la puerta de la salvación para que entremos por ella con la buena voluntad.
No estamos solos, porque Jesús y María caminan a nuestro lado, nos protegen y de nosotros sólo exigen fe para actuar y obrar en nosotros, en nuestras vidas y en nuestros seres queridos y sus vidas.
No queramos arreglar nuestras cosas solos, porque Cristo se ha querido quedar con nosotros para reconfortarnos, pues la delicia del Señor es estar con los hijos de los hombres, como dice la Sagrada Escritura.
Vivamos con alegría esta Pascua. Que sea una Pascua realmente nueva, que empecemos una vida nueva. Que realmente pasemos de la muerte a la vida, de las tinieblas a la luz, de la desesperanza a una esperanza grande y fuerte.
¡Feliz Pascua para todos!

sábado, 26 de marzo de 2016

Información...

Información sobre la Consagración a María

[30] Así como en la generación natural y corporal concurren el padre y la madre, también en la generación sobrenatural y espiritual hay un Padre, que es Dios, y una Madre, que es María.
Todos los verdaderos hijos de Dios y predestinados tienen a Dios por Padre y a María por Madre. Y quien no tenga a María por Madre, tampoco tiene a Dios por Padre. Por esto, los réprobos, como los herejes, cismáticos, etc., que odian o miran con desprecio o indiferencia a la Santísima Virgen, no tienen a Dios por Padre, aunque se jacten de ello, porque no tienen a María por Madre. Que si la tuviesen por tal, la amarían y honrarían, como el buen hijo ama y honra naturalmente a la madre que le dio la vida.
La señal más infalible y segura para distinguir a un hereje, a un hombre de perversa doctrina, a un réprobo de un predestinado, es que el hereje y el réprobo no tienen sino desprecio o indiferencia para con la Santísima Virgen, cuyo culto y amor procuran disminuir con sus palabras y ejemplos, abierta u ocultamente y, a veces, con pretextos aparentemente válidos.
¡Ay! Dios Padre no ha dicho a María que establezca en ellos su morada porque son los Esaús.

(del Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen María)
Comentario:
¡Qué alegría si tenemos devoción a María! Esta es una buena señal en nuestra vida espiritual y promesa de una eternidad feliz, pues es un signo de que Dios nos ha elegido para que seamos santos y nos ha confiado a María para que nos guíe en este camino, Y cuanta mayor devoción tengamos a María, tanto más segura es nuestra salvación. Porque Ella es la Obra maestra del Altísimo y es digna de toda alabanza. Tengamos desconfianza de los que desprecian a María y de los que tratan de disminuir su culto. Éstos no son agradables a Dios, por más que se proclamen sus hijos.
¡Inmaculado Corazón de María!
¡Sé la salvación del alma mía!