jueves, 12 de mayo de 2016

wild horses - Rolling Stones (traducido)

Pequeñez...

Devoción al Sagrado Corazón de Jesús

Pequeñez.
6 DE JUNIO DE 1920
“Ámame en tu pequeñez, y así Me consolarás”.
Comentario:
El Señor no busca grandes cosas de nosotros, sino que lo amemos con todo el pobre corazón nuestro, pues para grande está Él, que es infinito. Nosotros, en cambio, debemos amarlo con nuestra pequeñez, y Él estará contento de nosotros, pues se inclina hacia los humildes, y a los pobres los colma de bienes. Seamos pequeños si queremos ser grandes a los ojos de Dios. El hombre nunca es tan hombre como cuando está de rodillas ante Dios. Y lo más alentador de esto es que de esta forma, amando sencillamente a Jesús, consolaremos Su Corazón tan herido por los pecados y las ingratitudes de los hombres. No es difícil consolar a Nuestro Señor, basta una palabra de amor, un gesto, una oración, y Él nos lo agradecerá eternamente. Consolemos al Amor.
Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.

miércoles, 11 de mayo de 2016

Camino...

MEDITACIÓN DE HOY

Camino.
Desde los siete años sentía la suprema llamada de Dios, la gracia de la vocación a la vida consagrada. A los siete años por primera vez oí la voz de Dios en mi alma, es decir, la invitación a una vida más perfecta. Sin embargo, no siempre obedecí la voz de la gracia. No encontré a nadie quien me aclarase esas cosas.
El decimoctavo año de mi vida, insistente pedido a mis padres el permiso para entrar en un convento; una categórica negativa de los padres. Después de esa negativa me entregué a las vanidades de la vida sin hacer caso alguno a la voz de la gracia, aunque mi alma en nada encontraba satisfacción. Las continuas llamadas de la gracia eran para mí un gran tormento, sin embargo intenté apagarlas con distracciones. Evitaba a Dios dentro de mí y con toda mi alma me inclinaba hacia las criaturas. Pero la gracia divina venció en mi alma.
Una vez, junto con una de mis hermanas fuimos a un baile. Cuando todos se divertían mucho, mi alma sufría [tormentos] interiores. En el momento en que empecé a bailar, de repente vi a Jesús junto a mí. A Jesús martirizado, despojado de sus vestiduras, cubierto de heridas, diciéndome esas palabras: ¿Hasta cuándo Me harás sufrir, hasta cuándo Me engañarás? En aquel momento dejaron de sonar los alegres tonos de la música, desapareció de mis ojos la compañía en que me encontraba, nos quedamos Jesús y yo. Me senté junto a mi querida hermana, disimulando lo que ocurrió en mi alma con un dolor de cabeza. Un momento después abandoné discretamente a la compañía y a mi hermana y fui a la catedral de San Estanislao Kostka. Estaba anocheciendo, había poca gente en la catedral. Sin hacer caso a lo que pasaba alrededor, me postré en cruz delante del Santísimo Sacramento, y pedí al Señor que se dignara hacerme conocer qué había de hacer en adelante.
(Santa Faustina Kowalska – Diario, #7-9)
Comentario:
El mundo atrae con sus seducciones y hay que saber despreciarlas y seguir el llamado de Dios, ya sea para la vida religiosa o cualquier cosa que el Señor nos mande, porque seremos felices cuando sigamos la voluntad de Dios, y siempre estaremos disgustados si desobedecemos sus mandatos, porque Él bien sabe cuál es el mejor camino para llegar al Cielo y qué caminos nos llevarían derecho a la boca del Infierno.

martes, 10 de mayo de 2016

Pureza...

Tema de hoy

La pureza.
Hoy el mundo se burla de esta virtud, porque por todos los medios de comunicación social, especialmente la televisión, exalta y promueve toda clase de impureza. Pero el sexto mandamiento no ha sido abolido por Dios, sigue en vigencia, y los que no lo cumplen pecan gravemente y, si mueren en ese estado, se condenan para siempre al Infierno.
El demonio de la lujuria ha sabido introducirse en todas partes y ya todas las naciones se han embriagado con su copa. La moda, cada vez más provocativa y escandalosa, ya no tiene reparos en nada, y así se hace cada día más difícil mantenerse en pie en este pantano que es el mundo actual. Hoy más que nunca este mundo está en poder del Príncipe de las tinieblas, de Satanás, que reina casi sin oposición.
Pero dice el Apocalipsis que en este tiempo aparece en el cielo un gran signo, una Mujer vestida de Sol. Es la Virgen, que viene en ayuda de sus hijos y a combatir al demonio y todos sus secuaces. Ahora, el que quiera conservarse puro y casto debe, necesariamente, cobijarse bajo su manto, porque Ella es la Virgen Pura que transmite su pureza inmaculada a sus hijos y devotos.
Ya dice el Señor en el Evangelio que si nuestro ojo está malo, todo nuestro ser estará en tinieblas, y es por el sentido de la vista que entra el pecado. Por eso, para preservarnos de este mal, es necesario que acostumbremos a los ojos a las miradas puras y honestas, evitando todo espectáculo o imagen obscena o peligrosa para la conservación de esta virtud.
No descendamos al abismo con la mayoría, pues hoy la mayor parte de la humanidad desciende más bajo que los brutos y una mínima parte es la que sube hacia Dios. No hay términos medios: o se sube o se baja, nunca en la vida espiritual se queda uno estancado, sino que o avanza o retrocede. Ya lo dice Jesús en el Apocalipsis: Que el santo se santifique más, y que el pecador peque más aún, vengo pronto.
¡Ave María purísima!
¡Sin pecado concebida!

domingo, 8 de mayo de 2016

Lectura...

Lectura espiritual

Ejemplo 4.
La madre que pedía la conversión de su hijo
En uno de los primeros meses del año 1973, en un sanatorio de una ciudad castellana, estaba enferma una señora a la que visitaba todos los días un hijo espiritualmente desgraciado, pues llevaba una vida de completa disipación y total apartamiento de los preceptos religiosos, constituyendo esto la preocupación constante y angustiosa de la madre.
Una religiosa, que también estaba en el Sanatorio y se enteró del caso, entregó a la aludida señora unas estampas sobre la devoción de las tres Avemarías con objeto de que encomendase la solución del asunto a la Santísima Virgen, rezándolas diariamente y dando a su hijo una de esas estampas con la recomendación de que hiciera lo mismo.
Así lo hizo la acongojada madre, suplicando encarecidamente a la Virgen María la conversión de su hijo y obsequiándola con el rezo de las tres Avemarías.
Pasados unos días tuvo conocimiento de que habían sido anunciados unos “Cursillos de Cristiandad” para jóvenes, y con gran ilusión le pidió a su hijo que se inscribiese para asistir a ellos, pero el joven se negó rotundamente, exclamando: “Déjame, madre, de tonterías; deja que viva la vida, que para mí tiene tantos atractivos; ¡qué tengo que hacer yo en semejantes cursillos!”...
La madre del “descaminado”, sollozando por este fracaso, contó a la religiosa que le había dado las estampas de las tres Avemarías lo sucedido, y juntas continuaron rezándolas pidiendo fervorosamente a la Madre de Dios su mediación en favor de esa alma desdichada... Y, cual no sería su grata sorpresa, cuando, precisamente, el día en que terminaba el plazo para las inscripciones, el hijo dice a la madre: “Bueno, sólo por darte gusto, iré a perder el tiempo en esos inútiles cursillos que tanto empeño tienes en que tome parte...”
Va, al fin, el joven con desgana a inscribirse, y le manifiestan que ya no hay plaza disponible, pues se han cubierto todas. Ante esto, iba a retirarse el interesado (contento en el fondo por liberarse de su compromiso y poder justificarse a ojos de la madre), cuando le mira el Padre Director y le dice que “no sabe por qué, pero que siente que le tiene que admitir”, y en efecto, fue admitido y practicó aquellas jornadas de espiritualidad, con tan feliz resultado que, una vez terminadas, se presentó a su madre como “un hombre nuevo”, completamente regenerado y decidido a no apartarse de la Ley de Dios.
El santo gozo de la madre fue inmenso; y el hijo “revivido” es hoy un entusiasta propagador de la devoción de las tres Avemarías, cuya eficacia proclama reconociendo que por la intervención de la Virgen Santísima obtuvo la gracia de Dios.

sábado, 7 de mayo de 2016

Vida...

Vivir el Evangelio

Evangelio y vida.
Muchos necesitan gran cantidad de libros para sacar algunas enseñanzas. Pero en realidad basta el Santo Evangelio y la vida que vivimos, para llegar a sabias reflexiones.
Debemos aprender a leer en el libro estupendo de nuestra vida, pues todo lo que nos fue sucediendo en la vida ha sido delicadamente preparado por Dios, y también por la Virgen, para que nos hagamos adultos en el conocimiento de la Verdad, y sabios según la Sabiduría de Dios.
Hagamos el propósito de leer cada día unas páginas del Evangelio, ya que esta práctica nos llevará muy pronto a ver la vida y los aconteceres de nuestra vida y la de los demás, según la óptica de Dios, y seremos sabios.
Como Dios es simple, Él ha querido también que su doctrina fuera simple, para que todos la entiendan. E incluso la entienden mejor los sencillos, que aquellos que están repletos de saberes humanos y de ciencia, que no alimenta sino que hincha y ensoberbece.
Sería muy conveniente que nos aprendamos el Evangelio, al menos varios pasajes de los que más nos muevan, de memoria, para tenerlos siempre a flor de labios y, sobre todo, para iluminar con ellos nuestro entendimiento, y por qué no, también para taparle la boca al demonio cuando nos tienta, ya que el diablo no soporta la Palabra de Dios, y ante ella huye despavorido.
El tiempo de que disponemos en este mundo no es mucho. Sería una verdadera lástima que lo desperdiciemos leyendo libros que no sacian. Entonces leamos más el Evangelio y veremos muy pronto los sabrosos frutos de esta santa costumbre.

viernes, 6 de mayo de 2016

Cuadro...

Cuadro

Una vez un hombre vio un hermoso cuadro, que tenía un paisaje maravilloso. Pero este cuadro tenía un secreto: se podía apreciar a la distancia, pues cuando uno se acercaba no veía nada, sino solo manchas de color. En cambio al alejarse, uno podía contemplar la belleza de esa pintura.
Así sucede también con nuestra vida, que muchas veces no entendemos los porqués, justamente porque estamos metidos en nuestra vida, estamos muy cerca del cuadro de nuestra vida, y no entendemos ni vemos la totalidad de las cosas.
Pero llegará un día, cuando vayamos al Cielo, en que veremos desde lejos y de otra perspectiva nuestra vida, y entonces entenderemos y contemplaremos los caminos maravillosos por los que nos llevó Dios.
Entonces, ya que esto sucederá algún día, ¿por qué ya desde ahora mismo no confiamos más en Dios, sabiendo que Él todo lo dispone en nuestra vida para nuestro bien y porque nos ama?
Dios no nos pide que entendamos, sino que creamos, que confiemos en Él. Es lo que no quiso hacer Eva, y se dejó guiar por la serpiente y conoció lo que no debía haber conocido nunca.
Cuando estemos en el Paraíso podremos saber sin ningún peligro, todos los misteriosos porqués. Pero aquí en la tierra solo confiemos en Dios y tengamos bien en claro que hasta en las pruebas más duras, está el amor de Dios detrás de ellas.
¡Bendito sea Dios!