miércoles, 7 de septiembre de 2016

Sting - All This Time

Vencer...

Vencer el miedo.

No debemos tener miedo porque Dios está con nosotros, si vivimos en su gracia y amistad, y nada pueden las criaturas contra un hijo de Dios.
Pero hay alguien que está muy interesado en que tengamos miedo, y ese alguien es el diablo, que como vive él mismo y sus demonios en el miedo, también quiere inculcarlo en las almas.
Trató de infundirle miedo al mismo Hijo de Dios, y lo hizo sudar sangre en el Huerto de los Olivos. También lo hará con nosotros. Pero no debemos ceder ante los engaños y amenazas del Maligno, sino ser valientes, con la valentía de los hijos de Dios, y presentar batalla al diablo y al miedo, porque también tenemos que reconocer que muchos de nuestros miedos no vienen del demonio, sino de nosotros mismos, de nuestras dudas e inseguridades, y quizás también de una mala educación.
Sea lo que fuere, tenemos que aprender a no tener miedo, porque Dios y su Madre nos protegen, y los destinos de nuestras vidas están en las manos de Dios, que no permitirá que seamos vencidos, si confiamos en Él.
¡Cuántas decisiones en la vida las tomamos por miedo! ¡Cuántas oportunidades en la vida perdemos por miedo!
Es tiempo de adoptar aquel lema que nos diera el Papa Juan Pablo II cuando comenzó su pontificado: “No tengáis miedo”.
Y es que el miedo hace cometer muchas imprudencias y nos estorba para ser felices y plenos, para vivir valientemente nuestra fe ante quien sea.
Hay gente que es valiente ya de nacimiento, y benditos sean ellos. Pero quizás nosotros no seamos valientes por naturaleza; y entonces será el momento de comenzar a trabajar nuestros miedos para conquistar la valentía en todas las cosas.
Debemos decir como decían los Santos: “¿Miedo o temor? Sólo al pecado”.
Es cierto que para muchos de nosotros será un reto no pequeño el llegar a ser valientes y dejar de tener miedos. Pero sabemos que la vida cristiana no es fácil, es una lucha continua en todos los campos. Así que a no desanimarnos y adelante, sabiendo que Dios está con nosotros, y que todo lo bueno que queremos lograr para mejorarnos y santificarnos, es bien visto por Dios, que no niega Su ayuda si tenemos buena voluntad.

martes, 6 de septiembre de 2016

Mensaje...

Mensaje sobre la oración

Lucha inicial.
“Tiene que suplicar el alma recién convertida, porque de lo contrario caería nuevamente.”
(Diario #146 – Santa Faustina Kowalska)
Comentario:
Los primeros tiempos de la conversión son los más duros, porque el espíritu del mal no quiere perder su presa y pone en juego toda su maldad para hacernos caer nuevamente en sus redes. Por eso tenemos que perseverar en la oración, a través de la cual nos vienen todos los auxilios de Dios.
Ya lo dice el Apóstol, que resistamos al diablo firmes en la fe, y huirá de nosotros. O sea que si somos constantes en rechazar las tentaciones y sugestiones diabólicas, y por medio de la oración apagamos los dardos encendidos que nos lanza el Maligno, saldremos victoriosos y luego de una corta lucha, pasaremos a tiempos de bonanza, tranquilidad y paz.
Pero siempre tenemos que rezar, porque de lo contrario volveríamos atrás y a la esclavitud del pecado.
Nuestra vida espiritual debe ser un constante crecer hacia la cima, e incluso las caídas nos deben servir en esta subida, orando y levantándonos cada vez que caemos, por medio de una sincera confesión con el sacerdote, y empuñando el arma infalible de la oración confiada, a Dios y a la Santísima Virgen.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Oraciones...

Quince minutos con el Divino Niño Jesús

Divino Niño Jesús de mi corazón, ¡te amo con todo mi ser!, quiero estar contigo estos quince minutos, como con mi mejor amigo. Te pido que me alegres el corazón, porque a veces estoy triste y desanimado. En cambio Tú alegras a todos los que se acercan a tu candidez, pues como lo atestiguan los Santos que han tenido devoción hacia Ti, ellos nos cuentan que cuando estaban tristes y desilusionados, Tú te les aparecías y los llenabas de alegría y consuelo. Yo también quiero ser el destinatario de tus consuelos y sonrisas, Niño de mi amor, porque esta vida es un valle de lágrimas y a veces me desanima todo el mal que veo en el mundo. No quiero volverme de carácter agrio, sino ser jovial y alegre, y de tu mano espero lograrlo, porque Tú das alegría a mi corazón y contigo soy capaz de ir a cualquier parte, incluso al Infierno, si voy de tu mano ya no tengo miedo. ¡Te amo Corazoncito mío, Divino Niño de mi alma, y espero amarte por toda la eternidad junto a tu Madre Santísima!
Amén...

sábado, 3 de septiembre de 2016

Evangelio del día...

sábado 3/SEP/16

Evangelio del día.

Lc 6, 1-5.
Día dedicado a la Virgen.
Un sábado, en que Jesús atravesaba unos sembrados, sus discípulos arrancaban espigas y, frotándolas entre las manos, comían. Algunos fariseos les dijeron: “¿Por qué ustedes hacen lo que no está permitido en sábado?”. Jesús les respondió: “¿Ni siquiera han leído lo que hizo David cuando él y sus compañeros tuvieron hambre, cómo entró en la Casa de Dios y, tomando los panes de la ofrenda, que sólo pueden comer los sacerdotes, comió él y dio de comer a sus compañeros?”. Después les dijo: “El Hijo del hombre es dueño del sábado”.
Reflexión:
Muchos milagros el Señor los realizaba en día sábado. Y ahora también, ya que el sábado es el día dedicado a su Madre Santísima. La Iglesia siempre dedicó el sábado a María, pues es el único día en que la Virgen estuvo sin Jesús. Efectivamente, después del Viernes Santo, Ella pasó todo el sábado santo orando, llorando y esperando la resurrección; y ese día es el primer día de la maternidad universal de María, es el día en que comienza a ser Madre de todos los hombres. Sigamos esta piadosa costumbre y dediquemos el sábado a la Virgen, haciendo algún pequeño sacrificio u obra de caridad, y rezando algo más o algo especial por Ella.
Pidamos a la Santísima Virgen la gracia de amarla cada vez más y entregarnos a ella mediante el acto de consagración a su Corazón Inmaculado.
Jesús, María, os amo, salvad las almas.

jueves, 1 de septiembre de 2016

El Evangelio...

Evangelio según San Lucas 5,1-11.
En una oportunidad, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la Palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret.
Desde allí vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes.
Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca.
Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: "Navega mar adentro, y echen las redes".
Simón le respondió: "Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes".
Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse.
Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.
Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: "Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador".
El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido;
y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: "No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres".
Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron.