lunes, 8 de mayo de 2017
No caemos...
No caemos en la cuenta.
Aunque
tenemos fe en Dios, quizás es necesario que verifiquemos si estamos
viviendo esa fe que tenemos. Porque muchas veces nos parece que estamos
solos, que caminamos solos por este mundo, y que Dios está lejos de
nosotros. Sin embargo Jesús Resucitado está presente a nuestro lado,
camina con nosotros y quiere intervenir en nuestra vida, pero muchas
veces no dejamos que el Señor nos hable, nos guíe, nos conduzca y anime.
Y así realmente quedamos solos porque no aceptamos la ayuda de Dios. Y
queriendo hacer las cosas por nuestra cuenta, sin consultar al Señor,
nos salen las cosas mal y quedamos tristes y abatidos, cuando no
desesperados y amargados.
Es tiempo de que renovemos nuestra fe, de que la avivemos con el fuego del amor, porque Jesús Resucitado está a nuestro lado día y noche. Él está esperando una palabra nuestra, un pensamiento que le dirijamos, un acto de amor que le dediquemos de corazón a Corazón, para aconsejarnos e indicarnos qué es lo mejor que podemos hacer. Tenemos que hacer acallar todas las voces y todos los ruidos que nos rodean, no sólo en el exterior, sino también en nuestro interior, para que podamos escuchar la voz de Dios, porque Él habla en el silencio.
También la Santísima Virgen está a nuestro lado constantemente, porque Ella también está en cuerpo y alma en el Cielo, y por eso mismo puede estar en todas partes al mismo tiempo, y está junto a cada uno de nosotros. Pero estamos tan distraídos y ocupados en tratar de arreglar las cosas por nuestra cuenta, que no acudimos a la ayuda de Jesús y de María.
Démonos cuenta de que Ellos están con nosotros SIEMPRE, y que no nos abandonan. Pero aprovechemos esta cercanía del Señor y de su Madre, para recostar nuestra cabeza sobre sus Corazones y pedirles consejo y ayuda en cada situación de la vida.
En el tema de la fe, no se trata tanto de descubrir cosas nuevas, sino más bien de profundizar y vivir las cosas que ya sabemos, de gustar de ese tesoro de nuestra fe, haciéndola carne en nuestra vida. Y la fe nos dice que el Señor está a nuestro lado siempre, aunque nosotros muchas veces estamos como los discípulos de Emaús, que caminamos a su lado pero no lo reconocemos, algo nos impide darnos cuenta realmente que Dios camina con nosotros.
Pidamos al espíritu Santo que nos abra la mente y nos ilumine, para así ver al Señor con los ojos de la fe.
Es tiempo de que renovemos nuestra fe, de que la avivemos con el fuego del amor, porque Jesús Resucitado está a nuestro lado día y noche. Él está esperando una palabra nuestra, un pensamiento que le dirijamos, un acto de amor que le dediquemos de corazón a Corazón, para aconsejarnos e indicarnos qué es lo mejor que podemos hacer. Tenemos que hacer acallar todas las voces y todos los ruidos que nos rodean, no sólo en el exterior, sino también en nuestro interior, para que podamos escuchar la voz de Dios, porque Él habla en el silencio.
También la Santísima Virgen está a nuestro lado constantemente, porque Ella también está en cuerpo y alma en el Cielo, y por eso mismo puede estar en todas partes al mismo tiempo, y está junto a cada uno de nosotros. Pero estamos tan distraídos y ocupados en tratar de arreglar las cosas por nuestra cuenta, que no acudimos a la ayuda de Jesús y de María.
Démonos cuenta de que Ellos están con nosotros SIEMPRE, y que no nos abandonan. Pero aprovechemos esta cercanía del Señor y de su Madre, para recostar nuestra cabeza sobre sus Corazones y pedirles consejo y ayuda en cada situación de la vida.
En el tema de la fe, no se trata tanto de descubrir cosas nuevas, sino más bien de profundizar y vivir las cosas que ya sabemos, de gustar de ese tesoro de nuestra fe, haciéndola carne en nuestra vida. Y la fe nos dice que el Señor está a nuestro lado siempre, aunque nosotros muchas veces estamos como los discípulos de Emaús, que caminamos a su lado pero no lo reconocemos, algo nos impide darnos cuenta realmente que Dios camina con nosotros.
Pidamos al espíritu Santo que nos abra la mente y nos ilumine, para así ver al Señor con los ojos de la fe.
domingo, 7 de mayo de 2017
Evangelio del día...
Evangelio según San Juan 10,1-10.
Jesús dijo a los fariseos: "Les aseguro que el que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, sino por otro lado, es un ladrón y un asaltante.
El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas.
El guardián le abre y las ovejas escuchan su voz. El llama a cada una por su nombre y las hace salir.
Cuando las ha sacado a todas, va delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz.
Nunca seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen su voz".
Jesús les hizo esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería decir.
Entonces Jesús prosiguió: "Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas.
Todos aquellos que han venido antes de mí son ladrones y asaltantes, pero las ovejas no los han escuchado.
Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento.
El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Pero yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia."
El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas.
El guardián le abre y las ovejas escuchan su voz. El llama a cada una por su nombre y las hace salir.
Cuando las ha sacado a todas, va delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz.
Nunca seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen su voz".
Jesús les hizo esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería decir.
Entonces Jesús prosiguió: "Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas.
Todos aquellos que han venido antes de mí son ladrones y asaltantes, pero las ovejas no los han escuchado.
Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento.
El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Pero yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia."
viernes, 5 de mayo de 2017
Perfume...
EL PERFUME DEL SABER
En cierta ocasión estaban en un convento trabajando arduamente los monjes, cuando en forma imprevista llegó otro monje peregrino que se dedicaba a predicar las cosas de Dios. Golpeó la puerta principal y les dijo a los laboriosos religiosos del convento: " Vengo a visitarles para hablarles del Señor".
Los monjes que estaban muy atareados, de inmediato empezaron a murmurar entre ellos: "¿Qué puede enseñarnos éste que nosotros no sepamos?"
"¡Sólo llega este peregrino a hacernos perder el tiempo!", comentaban contrariados.
Y en medio de ese descontento, decidieron insinuarle muy sutilmente que no podrían detenerse para escucharlo.
Entonces, uno de los monjes, le ofreció como cena sólo un vaso de leche diciéndole: "Mira, es lo único que tenemos para darte de comer; no tenemos tiempo en prepararte otra comida".
El monje peregrino, que no era tonto, interpretó inmediatamente la indirecta, y colocando un pétalo de rosa sobre el vaso de leche que le habían ofrecido, dijo: "Ves, este pétalo que he agregado a la leche flota en la superficie, pero no hace rebasar el vaso. Por el contrario, no sólo que no ocupa lugar, sino que además perfuma la leche que me trajiste".
El monje del convento calló y se retiró avergonzado: Él también había captado el sutil mensaje de respuesta.-
Moraleja: "Por más que estemos atareados, siempre debe haber un tiempo en nuestra vida y un lugar en nuestro corazón para escuchar las cosas de Dios. Lo que escuchemos y aprendamos acerca de Él, no sólo no "rebasará" nuestros conocimientos u ocupará inútilmente nuestro tiempo, sino que por el contrario, contribuirá a "perfumar" y hacer más bella nuestra existencia".
En cierta ocasión estaban en un convento trabajando arduamente los monjes, cuando en forma imprevista llegó otro monje peregrino que se dedicaba a predicar las cosas de Dios. Golpeó la puerta principal y les dijo a los laboriosos religiosos del convento: " Vengo a visitarles para hablarles del Señor".
Los monjes que estaban muy atareados, de inmediato empezaron a murmurar entre ellos: "¿Qué puede enseñarnos éste que nosotros no sepamos?"
"¡Sólo llega este peregrino a hacernos perder el tiempo!", comentaban contrariados.
Y en medio de ese descontento, decidieron insinuarle muy sutilmente que no podrían detenerse para escucharlo.
Entonces, uno de los monjes, le ofreció como cena sólo un vaso de leche diciéndole: "Mira, es lo único que tenemos para darte de comer; no tenemos tiempo en prepararte otra comida".
El monje peregrino, que no era tonto, interpretó inmediatamente la indirecta, y colocando un pétalo de rosa sobre el vaso de leche que le habían ofrecido, dijo: "Ves, este pétalo que he agregado a la leche flota en la superficie, pero no hace rebasar el vaso. Por el contrario, no sólo que no ocupa lugar, sino que además perfuma la leche que me trajiste".
El monje del convento calló y se retiró avergonzado: Él también había captado el sutil mensaje de respuesta.-
Moraleja: "Por más que estemos atareados, siempre debe haber un tiempo en nuestra vida y un lugar en nuestro corazón para escuchar las cosas de Dios. Lo que escuchemos y aprendamos acerca de Él, no sólo no "rebasará" nuestros conocimientos u ocupará inútilmente nuestro tiempo, sino que por el contrario, contribuirá a "perfumar" y hacer más bella nuestra existencia".
jueves, 4 de mayo de 2017
Mundo...
Mundo frío.
A pesar de la frialdad que se va apoderando del corazón de los hombres,
nosotros debemos tratar de perseverar en ser compasivos y
misericordiosos, pues Jesús ha prometido en su Evangelio que habrá
misericordia de Dios para quien haya sido misericordioso con los
hermanos.
Ya está anunciado que en los últimos tiempos el mal sería tan extendido
que la caridad se enfriaría en muchos, pero aquél que perseverara hasta
el fin, es decir, quien continuara siendo bueno y compasivo a pesar de
todo, ése se salvaría.
Por eso tratemos de que no se nos endurezca el corazón, pues todo lo
exterior quiere ayudar a este endurecimiento de los corazones, y es por
ello que hoy más que nunca debemos enternecer nuestro corazón, en lugar
de hacerlo más duro, pues el mundo, el demonio y los hombres malvados
colaboran para este enfriamiento y esta dureza.
Aprendamos de Nuestro Señor Jesucristo que, cuando el mundo más se
endurecía con Él, el Señor tanto más ofrecía su amor y perdón. E incluso
en el momento de mayor crueldad e inhumanidad para con el Verbo, Éste
no castigó sino todo lo contrario, nos dio a su Madre desde la cruz, y
dejó que le traspasaran el costado y le abrieran el Corazón, para
mostrar a la humanidad que el que vence siempre es el amor.
Podrá el odio y la maldad hacer más ruido, hacer más barullo, pero al
final quien vence es el amor, es la caridad, es la misericordia, es la
compasión.
Seamos, entonces, compasivos con todos, capaces de enternecernos y
llorar por las desgracias y miserias ajenas, tomándolas como propias, y
así Dios derramará sobre nuestras almas, copiosas gracias y favores
celestiales en la tierra, y luego en el Cielo el premio será
desmesuradamente grande.
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