miércoles, 22 de noviembre de 2017

Retiro...

Perseverar es la contraseña

Retiro.
Los sacerdotes y religiosos suelen hacer anualmente un retiro para retomar fuerzas en el apostolado. Y es bueno que esto sea así, porque en el trajinar de la vida, a veces podemos perder un poco de vista el fin para el que hemos sido creados, que es para la gloria de Dios.
Entonces también nosotros, que quizás vivimos en medio del mundo, debemos, de vez en cuando, retirarnos a la soledad, ya sea materialmente aislándonos un poco del mundo; o también espiritualmente, huyendo del mundo interiormente.
Esto es necesario para pensar un poco y meditar sobre el sentido de la vida, para qué estamos en este mundo, qué medios estamos empleando para santificarnos, y qué nos conviene hacer de ahora en adelante.
Por ello son muy buenos los retiros ignacianos, de silencio. Pero también podemos hacer un retiro a nuestra medida y según los tiempos de que disponemos y en las situaciones que nos encontremos, para usar ese tiempo en más oración y meditación de las cosas trascendentes de la vida.
No es fácil perseverar en el bien porque estamos inclinados al mal, y lo que es bueno se nos hace cuesta arriba, en cambio lo que es malo lo hacemos con facilidad. ¡Qué bueno es entonces aislarnos un par de días o más, y sopesar las cosas del mundo como realmente valen!
Hagamos el propósito, al menos durante este año, de hacer algún retiro guiado por buenos sacerdotes. Y si no podemos hacerlo por algún motivo, al menos dispongamos de un fin de semana o algún día entre semanas para dedicarnos a nosotros y a nuestro espíritu, para tomar fuerzas y seguir en el combate de todos los días.
Por algo el Señor quiso prepararse a su misión pública, yendo cuarenta días al desierto. Así se preparan los apóstoles. Y si nosotros tal vez no estamos llamados a ser apóstoles en el sentido más amplio de la palabra, sí en cambio debemos cuidar nuestra alma y darle lo necesario para que ella pueda alimentarse y tomar fuerzas para perseverar en el bien.
Pensemos en estas cosas y hagamos memoria a ver cuánto tiempo hace que no dedicamos unos días, o unas horas, a nuestro espíritu, y pongamos los medios para que esos tiempos sean más frecuentes.

martes, 21 de noviembre de 2017

Enseñanzas...

Enseñanzas del Evangelio

Sufrimiento.
Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. (Mt 5, 5)
Enseñanza:
En esta vida no podemos pasar sin sufrir, sin llevar la cruz, porque el demonio nos molestará y nos hará sufrir si tratamos de ser fieles cristianos. Por eso el Señor nos ha dicho que si queremos salvarnos, debemos seguirle con la cruz a cuestas.
Pero es mejor llevar la cruz aquí en la tierra, sufrir en este mundo, antes que sufrir largos siglos en el purgatorio o, lo que es infinitamente peor, sufrir para siempre en el Infierno con tormentos que no se pueden ni siquiera imaginar.
Así que cuando tengamos una pena o un sufrimiento, acudamos a Jesús y a la Virgen para que nos ayuden a llevar esa cruz, sabiendo que al final nos espera el Paraíso, donde seremos eternamente consolados por Dios, y estaremos felices para siempre, con una felicidad que no podemos ni siquiera imaginar vagamente.
No envidiemos a los que en este mundo no sufren nada y pasan la vida entre risas y alegrías y viven en pecado, porque es el demonio que no los molesta ni los hace sufrir, ya que en la otra vida los tendrá para torturarlos por los siglos de los siglos. Por el momento el diablo esconde su odio, pero llegado el momento, incluso a veces ya en esta vida, se muestra con toda su crueldad, llevándolos a la desesperación.

lunes, 20 de noviembre de 2017

Vientos...

Soplaron los vientos…

Cada hombre tiene en la vida un tiempo de prueba, una hora en que es probado por la desgracia y la tentación. Y según cómo haya sido su preparación espiritual, así será la manera en que superará o no la prueba.
Ya lo dijo el Señor en la parábola del hombre que construyó su casa sobre roca, y ese otro hombre que edificó sobre arena. El primero resistió a todo, pero el segundo fracasó. Y Jesús hacía hincapié en que quien construye su casa sobre roca, es aquél que escucha la Palabra de Dios y adecúa su vida a ella, no como oyente olvidadizo, sino que la pone en práctica. Y el que edificó sobre arena es quien oye la Palabra pero no la practica ni se deja iluminar por ella.
También para nosotros llegará el momento de la prueba, de la tentación, de la desgracia, y generalmente nos sucede como a Job, que pareciera que las contrariedades se suceden todas juntas, de modo que nos prueban mucho, como lo dice el Señor en la parábola de la que hablábamos: “Soplaron los vientos, se desbordaron los torrentes y embistieron contra aquella casa, etc.”. Es decir que puede sucedernos en algún momento de nuestra vida, que seamos probados duramente, y ahí se verá cómo hemos construido.
Por eso mientras estamos en tiempos relativamente tranquilos, hagamos acopio de fuerzas espirituales por medio de la oración, los sacramentos, en especial la Eucaristía, y vivamos las enseñanzas del Evangelio, para que cuando nos llegue “la hora”, podamos estar preparados para arrostrar las dificultades.
¡Ay de nosotros si en el momento del juicio nos presentamos con ruinas ante Dios, en lugar de presentarnos con una construcción bien sólida! Ya lo dice el Apóstol que hay que prestar a atención a cómo construye cada uno, y con qué clase de materiales lo hace, pues esa construcción deberá ser probada por el fuego.
A todos nos llega la hora de la prueba, “la hora” que tantas veces Jesús nombró en su Evangelio, pues como dice también la Sagrada Escritura hay un tiempo para cada cosa, y es evidente que el tiempo del dolor y la tentación nos llegarán a todos, por eso es mejor estar bien preparados espiritual y moralmente.

sábado, 18 de noviembre de 2017

Reflexiones...

A pesar de todo…

Aunque las cosas se compliquen en nuestra vida y en las vidas de quienes amamos, debemos tener el valor de decirle al Señor: “A pesar de todo creo, a pesar de todo espero, Te amo a pesar de todo”. Entonces el Señor tendrá en cuenta este acto heroico de nuestra parte y nos dará un premio desmesurado en el Cielo y, cuando lo crea conveniente nos aliviará la prueba para que no caigamos bajo su peso.
Dios es bueno y nos ama, pero las pruebas están en la vida, y debemos sobrellevarlas sin disgustarnos con Dios, que no es el causante de nuestros sufrimientos, sino que a veces los permite por altísimas razones que comprenderemos en el más allá. Basta ver cómo tuvo que vivir, sufrir y morir el mismo Dios: Jesucristo, para atisbar un poco del misterio del dolor. Ni el mismo Hijo de Dios se libró del cáliz de amargura que el mundo y el demonio le propinaron. ¿Y queremos librarnos nosotros, que somos menos inocentes que Jesús?
Entonces aunque estemos muy doloridos y apenados por lo que nos pasa a nosotros o a nuestros seres queridos, digámosle a Dios, aunque sea entre lágrimas: “A pesar de todo creo, a pesar de todo espero, Te amo a pesar de todo”. Si hacemos así, entonces todo el Cielo verá lo valeroso de nuestro acto y Dios mismo quedará admirado de nuestra constancia y valor. No otra cosa sucedió con Job, pues el diablo le causó toda suerte de desgracias para que Job maldijera a Dios. Pero Job, no sólo que no maldijo al Señor, sino que se mantuvo en la fidelidad y siendo creyente.
Así también ahora sucede con nosotros, somos probados por el dolor y las desgracias, pero debemos saber ser perseverantes en el amor a Dios, sabiendo que Él todo lo ve, y que nos tiene preparado un premio desmesuradamente grande en el Cielo, y que no permitirá que seamos probados más allá de nuestras fuerzas; y en caso de que tengamos que pasar un dolor muy grande, el Señor nos dará la fuerza para sobrellevarlo con entereza.
Sigamos confiando en Dios a pesar de todo, contra todas las apariencias, e incluso contra todas las evidencias, que esto agrada a Dios de manera tan grande, que no puede menos de admirarse de nosotros, de nuestra actitud, y nos colmará de favores de todas clases y, superando la prueba, habremos entrado muy dentro en el Corazón de Jesús, y adelantado mucho en el camino de la santidad.

viernes, 17 de noviembre de 2017

'When In Rome - The Promise (Subtitulos En Español).wmv

Venta...

Se vende casa

Un señor se encontró cierto día en la calle a su amigo el gran poeta Olavo Bilac y le dijo:

- Sr. Bilac, necesito vender mi casa, que Ud. bien conoce. ¿Podría redactar el anuncio para el periódico?

Olavo Bilac tomó lápiz y papel y escribió:

"Se vende encantadora propiedad, donde cantan los pájaros al amanecer en las extensas arboledas, rodeado por las cristalinas aguas de un lindo riachuelo. La casa, bañada por el sol naciente, ofrece la sombra tranquila de las tardes en la terraza."

Algunos meses después, el poeta se encontró con el señor y le preguntó si ya había vendido su casa.
-No pensé más en eso, dijo el hombre. Después de leer el anuncio, me dí cuenta de la maravilla que tenía.

A veces, no nos damos cuenta de las cosas buenas que tenemos y vamos tras falsos tesoros. Debemos valorar lo que tenemos y que nos fue dado gratuitamente por Dios: la salud, los amigos, el empleo, el conocimiento que adquirimos, la sonrisa de los niños y el cariño de esa persona especial. Estos sí son verdaderos tesoros.

jueves, 16 de noviembre de 2017

Felicidad...

Es tan grande la felicidad…

Es tan grande la felicidad que nos espera en el Cielo, que todos los sufrimientos y contrariedades de esta vida, no tienen comparación con la alegría y felicidad que nos tiene preparadas el Señor para toda la eternidad.
Los Santos veían estas cosas y saltaban de gozo cuando les llegaba alguna cruz o padecimiento, pues sabían que esa prueba no quedaría sin premio en el más allá. ¡Y es para siempre!
Efectivamente sería muy bueno para nuestro ánimo el considerar frecuentemente el pensamiento del Cielo, para avivar nuestra esperanza y tener coraje y valor para enfrentar y sobrellevar las cruces de nuestras vidas.
Pensemos siempre en el Paraíso que nos espera, que pronto lo poseeremos, pues esta vida terrena, aunque sea larga, es una nada comparada con la eternidad de gozo que Dios nos tiene preparada.
Así que si estamos bien, demos gracias a Dios; y si estamos mal o sufriendo, demos también mayores gracias a Dios, puesto que ese dolor nos acarrea un mayor grado de gloria en el más allá, y será para siempre, por los siglos de los siglos estaremos sumergidos en una felicidad que ni ojo vio, ni oído oyó, ni vino jamás a la mente del hombre, la grandísima felicidad que Dios tiene preparada para los que lo aman y cumplen sus mandamientos.
Ante tanta tristeza como nos causa el mundo, con sus noticias funestas y con las amargas acciones de los hombres, elevemos la mirada y posémosla en el lugar de delicias que nos espera al final de nuestra vida. Así viviremos ya pregustando ese sabor de Paraíso, y tendremos fuerzas para arrostrar los sinsabores y dolores de este mundo.
Recordemos que Cristo ha resucitado y está en medio de nosotros, acompañándonos y alentándonos para que sigamos en la buena senda, y que al final nos espera para darnos el premio eterno por haber combatido valerosamente.
En estos tiempos tan malos y amargos, es necesario elevar frecuentemente la mirada a aquel lugar de delicias que nos espera en el Cielo, porque tenemos necesidad de consuelo y valor para continuar en la prueba de la vida.