sábado, 2 de junio de 2018
viernes, 1 de junio de 2018
Epístola...
Epístola I de San Pedro 4,7-13.
Ya se acerca el fin de todas las cosas: por eso, tengan la moderación y la sobriedad necesarias para poder orar.
Sobre todo, ámense profundamente los unos a los otros, porque el amor cubre todos los pecados.
Practiquen la hospitalidad, sin quejarse.
Pongan al servicio de los demás los dones que han recibido, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.
El que ha recibido el don de la Palabra, que la enseñe como Palabra de Dios. El que ejerce un ministerio, que lo haga como quien recibe de Dios ese poder, para que Dios sea glorificado en todas las cosas, por Jesucristo. ¡A él sea la gloria y el poder, por los siglos de los siglos! Amén.
Queridos míos, no se extrañen de la violencia que se ha desatado contra ustedes para ponerlos a prueba, como si les sucediera algo extraordinario.
Alégrense en la medida en que puedan compartir los sufrimientos de Cristo. Así, cuando se manifieste su gloria, ustedes también desbordarán de gozo y de alegría.
Sobre todo, ámense profundamente los unos a los otros, porque el amor cubre todos los pecados.
Practiquen la hospitalidad, sin quejarse.
Pongan al servicio de los demás los dones que han recibido, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.
El que ha recibido el don de la Palabra, que la enseñe como Palabra de Dios. El que ejerce un ministerio, que lo haga como quien recibe de Dios ese poder, para que Dios sea glorificado en todas las cosas, por Jesucristo. ¡A él sea la gloria y el poder, por los siglos de los siglos! Amén.
Queridos míos, no se extrañen de la violencia que se ha desatado contra ustedes para ponerlos a prueba, como si les sucediera algo extraordinario.
Alégrense en la medida en que puedan compartir los sufrimientos de Cristo. Así, cuando se manifieste su gloria, ustedes también desbordarán de gozo y de alegría.
jueves, 31 de mayo de 2018
Hoy...
El día de hoy.
El día de hoy es un regalo de que Dios nos ha dado, pues desde toda eternidad el Señor lo ha preparado para nosotros.
Tratemos de aprovecharlo para crecer en el amor a Él y a los hermanos, pues en este mundo estamos para conocer y amar a Dios, y amar a los prójimos en Dios.
Si no aprovechamos el tiempo de vida, que tenemos sobre la tierra, para ser más buenos y santos, para amar más y mejor, entonces será verdaderamente tiempo perdido.
Cada segundo que pasa es un obsequio que nos hace el Señor, para que le saquemos el jugo y lo utilicemos para crecer en sabiduría.
Y no pensemos que se trata de “hacer” mucho o cosas extraordinarias, sino usar de cada momento para hacer el bien que podamos, pues sólo tenemos el día de hoy para hacerlo, ya que mañana no sabemos si veremos la luz del sol.
Tratemos de aprovecharlo para crecer en el amor a Él y a los hermanos, pues en este mundo estamos para conocer y amar a Dios, y amar a los prójimos en Dios.
Si no aprovechamos el tiempo de vida, que tenemos sobre la tierra, para ser más buenos y santos, para amar más y mejor, entonces será verdaderamente tiempo perdido.
Cada segundo que pasa es un obsequio que nos hace el Señor, para que le saquemos el jugo y lo utilicemos para crecer en sabiduría.
Y no pensemos que se trata de “hacer” mucho o cosas extraordinarias, sino usar de cada momento para hacer el bien que podamos, pues sólo tenemos el día de hoy para hacerlo, ya que mañana no sabemos si veremos la luz del sol.
Gracias a Dios todavía estamos vivos en este mundo, y por lo tanto es
tiempo de obtener la Misericordia de Dios, pues luego viene la muerte y
ya comienza el tiempo de la Justicia divina.
Aprovechemos el día de hoy para hacer buenas obras, rezar más y cumplir mejor nuestro deber de estado.
¡Cuántos ya están en el otro mundo, sufriendo en el Purgatorio, o padeciendo en el Infierno, por no haber tomado conciencia en vida, de que cada día que pasaba, era una oportunidad para salvarse y ser buenos!
Ya que nosotros todavía estamos en este cuerpo mortal, demos gracias a Dios y tomémonos la vida en serio, viviendo con alegría aún en medio de los sufrimientos, porque estar vivos es ya un motivo para dar gracias a Dios.
Aprovechemos el día de hoy para hacer buenas obras, rezar más y cumplir mejor nuestro deber de estado.
¡Cuántos ya están en el otro mundo, sufriendo en el Purgatorio, o padeciendo en el Infierno, por no haber tomado conciencia en vida, de que cada día que pasaba, era una oportunidad para salvarse y ser buenos!
Ya que nosotros todavía estamos en este cuerpo mortal, demos gracias a Dios y tomémonos la vida en serio, viviendo con alegría aún en medio de los sufrimientos, porque estar vivos es ya un motivo para dar gracias a Dios.
miércoles, 30 de mayo de 2018
El Papa y el mendigo...
El Papa y el mendigo
Un sacerdote norteamericano de la diócesis de Nueva York se disponía a rezar en una de las parroquias de Roma cuando, al entrar, se encontró con un mendigo. Después de observarlo durante un momento, el sacerdote se dio cuenta de que conocía a aquel hombre. ¡Era un compañero del seminario, ordenado sacerdote el mismo día que él¡. Ahora mendigaba por las calles.
El sacerdote, tras identificarse y saludarle, escuchó de labios del mendigo cómo había perdido su fe y su vocación. Quedó profundamente estremecido.
Al día siguiente el sacerdote llegado de Nueva York tenía la oportunidad de asistir a la Misa privada del Papa al que podría saludar al final de la celebración, como suele ser la costumbre. Al llegar su turno sintió el impulso de arrodillarse ante el santo Padre y pedir que rezara por su antiguo compañero de seminario, y describió brevemente la situación al Papa.
Un día después recibió la invitación del Vaticano para cenar con el Papa, en la que solicitaba llevara consigo al mendigo de la parroquia. El sacerdote volvió a la parroquia y le comentó a su amigo el deseo del Papa. Una vez convencido el mendigo, le llevó a su lugar de hospedaje, le ofreció ropa y la oportunidad de asearse.
El Pontífice, después de la cena, indicó al sacerdote de Nueva York que los dejara solos, y pidió al mendigo que escuchara su confesión. El hombre, impresionado, respondió que ya no era sacerdote, a lo que el Papa contestó: "una vez sacerdote, sacerdote siempre". "Pero estoy fuera de mis facultades de presbítero", insistió el mendigo. "Yo soy el obispo de Roma, me puedo encargar de eso", dijo el Papa.
El hombre escuchó la confesión del Santo Padre y le pidió a su vez que escuchara su propia confesión. Después de ella lloró amargamente. Al final Juan Pablo II le preguntó en qué parroquia había estado mendigando, y le designó asistente del párroco de la misma, y encargado de la atención a los mendigos.
Un sacerdote norteamericano de la diócesis de Nueva York se disponía a rezar en una de las parroquias de Roma cuando, al entrar, se encontró con un mendigo. Después de observarlo durante un momento, el sacerdote se dio cuenta de que conocía a aquel hombre. ¡Era un compañero del seminario, ordenado sacerdote el mismo día que él¡. Ahora mendigaba por las calles.
El sacerdote, tras identificarse y saludarle, escuchó de labios del mendigo cómo había perdido su fe y su vocación. Quedó profundamente estremecido.
Al día siguiente el sacerdote llegado de Nueva York tenía la oportunidad de asistir a la Misa privada del Papa al que podría saludar al final de la celebración, como suele ser la costumbre. Al llegar su turno sintió el impulso de arrodillarse ante el santo Padre y pedir que rezara por su antiguo compañero de seminario, y describió brevemente la situación al Papa.
Un día después recibió la invitación del Vaticano para cenar con el Papa, en la que solicitaba llevara consigo al mendigo de la parroquia. El sacerdote volvió a la parroquia y le comentó a su amigo el deseo del Papa. Una vez convencido el mendigo, le llevó a su lugar de hospedaje, le ofreció ropa y la oportunidad de asearse.
El Pontífice, después de la cena, indicó al sacerdote de Nueva York que los dejara solos, y pidió al mendigo que escuchara su confesión. El hombre, impresionado, respondió que ya no era sacerdote, a lo que el Papa contestó: "una vez sacerdote, sacerdote siempre". "Pero estoy fuera de mis facultades de presbítero", insistió el mendigo. "Yo soy el obispo de Roma, me puedo encargar de eso", dijo el Papa.
El hombre escuchó la confesión del Santo Padre y le pidió a su vez que escuchara su propia confesión. Después de ella lloró amargamente. Al final Juan Pablo II le preguntó en qué parroquia había estado mendigando, y le designó asistente del párroco de la misma, y encargado de la atención a los mendigos.
martes, 29 de mayo de 2018
Caída...
Reflexionando con la Biblia
La Caída.
Y como viese la mujer que el árbol era bueno para comida y una delicia
para los ojos, y que el árbol era apetecible para alcanzar sabiduría,
tomó de su fruto y comió, y dio también a su marido (que estaba) con
ella, y él comió también. Efectivamente se les abrieron a entrambos los
ojos, y se dieron cuenta de que estaban desnudos; por lo cual cosieron
hojas de higuera y se hicieron delantales. (Génesis 3, 6-7)
Reflexión:
El demonio siempre usa la misma técnica, porque está congelado en el mal
y no puede cambiar su modo de actuar, y siempre nos sugiere que lo que
Dios manda es injusto y que Dios quiere nuestro mal, y que prohíbe lo
que es un bien para nosotros. Pero debemos saber que lo que Dios prohíbe
a los hombres es POR EL BIEN DE LOS HOMBRES. Si Dios ha dado los Diez
Mandamientos, no es para hacernos la vida difícil, sino porque
cumplirlos nos lleva a la felicidad en la tierra y en el Cielo. Pero el
demonio sigue silbando en la sociedad actual, diciendo que los
Mandamientos son inútiles y que hay que violarlos para ser “libres”. En
realidad lo que se logra al quebrantar los Mandamientos es hacerse
esclavos del demonio, que sabe mucho más que nosotros y tiene un odio
casi infinito a los seres humanos. El mal no hay que conocerlo. Hay que
ser sabios en el bien, pero el mal es mejor no conocerlo, y eso era lo
que pretendía Dios, que el hombre desconociera el mal, porque su
conocimiento es inútil y nocivo, ya que solo Dios lo puede conocer sin
ser afectado. La tentación es linda, por eso es tentación; hay que saber
rechazarla. Otro dato que hay que tener en cuenta es que Dios no les
quitó los dones que había dado a los hombres, sino que esos dones ellos
los perdieron por el pecado, como bien claramente lo nota el texto
cuando dice que se les abrieron los ojos y se dieron cuenta de que
estaban desnudos. Más adelante dirá que tuvieron miedo. Es porque por el
pecado perdieron muchos dones que habían recibido, como la
impasibilidad, la paz, la Gracia.
lunes, 28 de mayo de 2018
Modas...
Matar el error, amar al que yerra
Modas.
El servidor de Dios no debe andar con la moda, sino que se debe vestir
decentemente, con modestia y agradablemente, pero no provocativamente.
La Virgen, en Fátima, dijo que vendrían modas que desagradarían mucho a Nuestro Señor, y ahora estamos en esos tiempos.
Muchas mujeres van por la calle “elegantemente desnudas” y no son
conscientes de los pecados que hacen cometer a los hombres, y de las
tentaciones que causan en el sexo opuesto.
La Virgen, también en Fátima, ha dicho que los pecados que más almas
llevan al Infierno son los pecados de la carne. Si esto es así, y la
Virgen lo decía en el año 1917, ¿qué se podrá decir hoy en día, en que
las modas, la televisión y el cine exaltan la impureza y toda clase de
desórdenes?
Estemos atentos porque ya Jesús nos ha dicho en su Evangelio que si
nuestro ojo nos es ocasión de pecado, que lo arranquemos y lo arrojemos
lejos de nosotros, porque es mejor entrar tuertos o ciegos en el Cielo,
que con los dos ojos ser arrojados al Infierno.
No vayamos con la moda, sino tratemos de ser castos también en el
vestido, porque Dios nos pedirá cuenta no solo de los pecados que
hayamos cometido, sino también de los pecados de que hicimos cometer a
los demás.
Que cada uno piense cómo se está vistiendo, y si está ayudando al
prójimo a avanzar por el camino de la virtud o, por el contrario, con su
modo de vestir, lo está llevando al abismo de donde no se sale.
Si queremos mantenernos puros y castos en medio de este mar de barro, es
necesario que invoquemos a María, la Inmaculada Concepción, que siempre
tuvo a Satanás bajo su pie, y no conoció ni sombra de pecado.
Cuando nos vayamos a poner una ropa, un vestido, pensemos: ¿La Virgen se
pondría esto? ¿Jesús se vestiría así? Y lo que nos diga nuestro corazón
llevémoslo a la práctica.
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