martes, 31 de julio de 2018

Fácil...

Quince minutos con María

No me es fácil la vida.
María, esta vida sobre la tierra no me es fácil, porque es una prueba para ganar la Vida verdadera del Cielo. Por eso quiero pedirte hoy especialmente que me cuides y protejas de las trampas que me pone el enemigo del alma. Ayúdame a no desanimarme y ser siempre esforzado en el camino de la virtud, para poder alcanzar la santidad tomado de tu mano. María, Madre mía, contigo no temo a nada, pero a veces siento todo el peso de mi fragilidad y necesito una Madre que me consuele, te necesito a ti, que estés constantemente a mi lado y me confortes. Cuídame especialmente porque soy débil. Así proceden los padres de la tierra con sus hijos más débiles, los cuidan más y les prodigan más amor que a los demás. Yo necesito de ti, que me des tu amor maternal y que me cuides muy especialmente porque el demonio, que es muy astuto, e quiere engañar y llevar al pecado y luego a la condenación eterna. ¡Sálvame, María! ¡Ten misericordia de mí!

lunes, 30 de julio de 2018

Dios...

Dios es bueno y nos ama

Padre.
Aunque solo rezáramos la primer palabra del Padrenuestro: “Padre”, ya estaríamos rezando y muy bien. Porque meditar y pensar que tenemos en el Cielo un Padre bueno que nos quiere, que nos ama infinitamente y nos cuida, es un gran consuelo en esta vida donde tantas veces sufrimos el desprecio de los hombres y el desamor.
Dios es el consuelo de las almas desconsoladas, y es el Todo, porque teniéndole a Él, lo tenemos absolutamente todo.
Lo que sucede es que a veces tenemos poca confianza en Dios, y lo vemos como lejano, cuando Él está más cerca de nosotros que nosotros mismos. Efectivamente dice el apóstol que en Dios vivimos, nos movemos y existimos,
Cuando sintamos la lejanía de Dios, pensemos si es por nuestra culpa, si hemos cometido pecado grave. Si es así, arrepintámonos de corazón y confesémonos con un sacerdote. Pero si la lejanía de Dios no es por nuestra culpa, entonces sepamos que es una prueba que Dios permite para purificarnos y para que le busquemos, porque Dios quiere dejarse encontrar, y a veces estamos tan ocupados con nosotros mismos que nos olvidamos de Dios, y cuando entramos en nosotros, nos damos cuenta de que Dios está lejos aparentemente. Es que Él espera que le llamemos, porque le gusta oírse llamar “Padre” por sus hijos amados.
No dudemos de que Dios quiere socorrernos, siempre, porque Él es Padre, y no tiene los defectos que puede tener un padre de la tierra, sino que es el Padre perfecto y todopoderoso que puede hacer cualquier cosa por su hijo que le pide con fe y confianza, sabiendo que Él dará lo que más convenga para el tiempo y la eternidad.
¡Bendito sea Dios!

viernes, 27 de julio de 2018

Intento...

Intentar.

Nos debe dar vergüenza sólo pecar. Pero en todo lo demás, especialmente en todo lo bueno y noble, no debemos tener miedo, e intentarlo, porque Dios nos ayuda y si nos pide algo, es porque nos está dando lo necesario para que podamos hacerlo, pues Dios no juega con nosotros y si nos ha puesto un buen deseo, un proyecto, también nos da los medios necesarios para que lo llevemos a cabo. 
Dicen que el mal se extiende no tanto por la valentía de los malos, sino más bien por la cobardía de los buenos. 
Que no nos suceda a nosotros, y en el campo del bien, lancémonos hacia adelante, sabiendo que Dios nos protege y que nada realmente malo nos puede pasar si confiamos en Dios, y si comenzamos nuestra empresa poniéndola en las manos del Señor. 
En todos los órdenes de la vida el miedo nos suele paralizar. Pero con la ayuda de Dios tenemos que vencernos a nosotros mismos y adquirir el valor necesario para enfrentar todo obstáculo y hacer lo que Dios quiere y nos pide, y lo que deseamos también nosotros. 
Pero para tener a Dios con nosotros, y su ayuda divina, debemos estar en gracia de Dios, cumpliendo sus mandamientos, porque Dios protege a los que les son fieles, y en cambio deja desamparado a quien está lejos de Él. 
Por eso lo importante antes de comenzar a avanzar en la dirección correcta, lo primero de todo, es ponernos en gracia de Dios, en amistad con Él, haciendo una sincera y completa confesión sacramental con un sacerdote, y luego sí estaremos dispuestos para comenzar cualquier cosa, tranquilos de que Dios no nos abandonará. 
Vemos todo esto también en la Biblia, en la historia del pueblo judío, cómo cuando el pueblo se alejaba de Dios e iba en pos de otros dioses, el Señor lo abandonaba a su suerte y los enemigos lo esclavizaban y derrotaban. En cambio cuando Israel era fiel al Señor, todo le salía bien y avanzaba en prosperidad. 
También nosotros debemos tomar ejemplo de esta historia sagrada del pueblo elegido, y mantenernos fieles a Dios, a sus mandamientos, pues así estaremos seguros de que lo que emprendamos tendrá buen final, y todo lo coronaremos con el éxito.


miércoles, 25 de julio de 2018

Existencia...

Existencia del más allá.

Comenzamos hoy, bajo el manto y la mirada maternal de la Santísima Virgen de Atocha, esta serie de conferencias cuaresmales, cuyo tema central lo constituye El misterio del más allá.
Y, ante todo, os voy a decir por qué he escogido este tema. Son tres las principales razones que me han movido a ello:
En primer lugar, por su trascendencia soberana. Ante él, todos los demás problemas que se pueden plantear a un hombre sobre la tierra, no pasan de la categoría de pequeños problemas sin importancia. No voy a invocar una conversación tenida con un alto intelectual. Salid simplemente a la calle. Preguntadle a ese obrero que se dirige a su trabajo:
–¿Adónde vas?
Os dirá: ¿Yo?, a trabajar.
–¿Y para qué quieres trabajar?
–Pues para ganar un jornal.
–Y el jornal, ¿para qué lo quieres?
–Pues para comer.
–¿Y para qué quieres comer?
–Pues..., ¡para vivir!
–¿Y para qué quieres vivir?
Se quedará estupefacto creyendo que os estáis burlando de él. Y en realidad, señores, esa última es la pregunta definitiva; ¿para qué quieres vivir?, o sea, ¿cuál es la finalidad de tu vida sobre la tierra?, ¿qué haces en este mundo?, ¿quién eres tú? No me interesa tu nombre y tu apellido como individuo particular: ¿quién eres tú como criatura humana, como ser racional?, ¿por qué y para qué estás en este mundo?, ¿de dónde vienes?, ¿adónde vas?, ¿qué será de ti después de esta vida terrena?, ¿qué encontrarás más allá del sepulcro?
Señores: éstas son las preguntas más trascendentales, el problema más importante que se puede plantear un hombre sobre la tierra. Ante él, vuelvo a repetir, palidecen y se esfuman en absoluto esa infinita cantidad de pequeños problemas humanos que tanto preocupan a los hombres. El problema más grande, el más trascendental de nuestra existencia, es el de nuestros destinos eternos.
La segunda razón que me impulsó a escoger este tema es su enorme eficacia sobrenatural para orientar a las almas en su camino hacia Dios. Este tema interesantísimo no puede dejar indiferente a nadie, porque plantea los grandes problemas de la vida humana. No se trata de una cosa fugaz y perecedera. Se trata de nuestros destinos inmortales, y esto, a cualquier hombre reflexivo tiene que llegarle forzosamente hasta lo más hondo del alma. Para encogerse de hombros ante él es menester ser un loco o un insensato irresponsable.
La tercera razón, señores, es su palpitante actualidad. Porque si este tema no puede envejecer jamás, por tratarse del problema fundamental de la vida humana, de una manera especialísima en estos tiempos que estamos atravesando adquiere caracteres de palpitante actualidad. No hay más que contemplar el mundo, señores, para ver de qué manera camina desorientado en las tinieblas por haberse puesto voluntariamente de espaldas a la luz.
Es inútil que se reúnan las cancillerías, que se organicen asambleas internacionales. No lograrán poner en orden y concierto al mundo hasta que lo arrodillen ante Cristo, ante Aquél que es la Luz del mundo; hasta que, plenamente convencidos todos de que por encima de todos los bienes terrenos y de todos los egoísmos humanos es preciso salvar el alma, se pongan en vigor, en todas las naciones del mundo, los diez mandamientos de la Ley de Dios.
Con sola esta medida se resolverían automáticamente todos los problemas nacionales e internacionales que tienen planteados los hombres de hoy; y sin ella será absolutamente inútil todo cuanto se intente.
Precisamente porque el mundo de hoy no se preocupa de sus destinos eternos, porque no se habla sino del petróleo árabe, de la hegemonía económica mundial de ésta o de la otra nación, o de cualquier otro problema terreno materialista, en el horizonte cercano aparecen negros nubarrones que, si Dios no lo remedia, acabarán en un desastre apocalíptico bajo el siniestro resplandor y el estruendo horrísono de las bombas atómicas.
("El misterio del más allá" - P. Antonio Royo Marin)

martes, 24 de julio de 2018

Dios sabe...

Dios sabe lo mejor para ti

ojos Mary era una linda niña de 3 años de edad. Vivía en algún lugar de los Estados Unidos, frente al mar. Su familia era cristiana. Ellos iban todos los domingos a la iglesia. ¡Mary era muy feliz! Amaba a su familia y admiraba los ojos azules de su padre, su madre y sus hermanos... Todos en la casa de Mary tenían ojos azules... ¡Todos... excepto Mary! El sueño de Mary era tener los ojos azules como el mar... ¡Ah! ¡Cómo deseaba eso Mary!
Un día, en la escuela dominical, oyó a la "señorita" decir: "Dios responde a todas las oraciones".
Mary pasó todo el día pensando en eso... A la noche, a la hora de dormir, se arrodilló al lado de su cama y oró: "Papá del Cielo, muchas gracias porque creaste el mar que es tan hermoso! Muchas gracias por mi familia. Muchas gracias por mi vida! Me gusta mucho todas las cosas que hiciste y haces! Pero... me gustaría pedir...por favor... que cuando me despierte mañana, tenga los ojos azules como los de mamá! En el nombre de Jesús, amén."
Ella tuvo fe. La fe pura y verdadera de un niño. Y, al despertar, al día siguiente, corrió al espejo. Miró...y ¿cuál era el color de sus ojos?... ¡Continuaban castaños! ¿Por qué Dios no escuchó a Mary? ¿Por qué no atendió a su pedido? Eso habría fortalecido su fe.
Bueno...aquel día, Mary aprendió que un NO también era respuesta! La niñita agradeció a Dios del mismo modo... pero...no entendía...sólo confiaba.
Años después, Mary se fue como misionera a la India. Ella "compraba niños para Dios" (los niños eran vendidos por sus familias - que pasaban hambre - para ser sacrificados en el templo, y Mary los "compraba" para libertarlos de ese sacrificio). Pero, para poder entrar en los "templos" de India, sin ser reconocida como extranjera, necesitó disfrazarse como una mujer de la India:
Pasó café en polvo por su piel, cubrió los cabellos, se vistió como las mujeres del lugar y entraba libremente en los locales de venta de niños. Mary podía caminar tranquila en todo "mercado infantil", pues aparentaba ser una mujer hindú.
Un día, una amiga misionera la miró disfrazada y dijo: "Guau, Mary ! Menos mal que tienes los ojos castaños y no claros como los de tu familia. !A qué Dios más inteligente servimos... Él te dio ojos oscuros, pues sabía que eso sería esencial para la misión que te confiaría después !!!"
Esa amiga no sabía cuánto Mary había llorado en la infancia por no tener ojos azules... Pero Mary pudo finalmente entender el por qué de aquel NO de Dios hacía tantos años!
Bueno... ¿Cuál es la moraleja de esta historia? ¡¡¡Que Dios sabe lo que más te conviene!!!
Él conoce cada lágrima que ya rodó desde tus ojos... Él sabe que, tal vez, quisieses "ojos de otro color"... Él oye, sí, TODAS las oraciones... ¡Pero Él las responde de manera sabia! No necesitas llorar si tus ojos siguen siendo castaños... o si aún no has sido complacida como te gustaría. ¡¡¡Dios sabe lo que más te conviene!!!
Ten siempre esta seguridad en tu corazón.