miércoles, 12 de marzo de 2014
Verdades olvidadas...
Verdades olvidadas
Resurrección de la carne.
Os hablaba ayer del juicio particular. De ese juicio que todos y cada uno de nosotros habremos de sufrir en el momento mismo de nuestra muerte, y en el que contemplaremos la película sonora y en tecnicolor de toda nuestra vida, de todo cuanto hicimos a la luz del sol y en la oscuridad de las tinieblas en nuestra niñez, adolescencia, juventud, edad viril y hasta en los años de nuestra ancianidad y vejez.
Pero ese juicio particular no basta. El hombre no es solamente una persona particular, sino también un miembro de la sociedad, y, como tal, debe sufrir un juicio público y solemne ante la faz del mundo. Esto, que no puede ser más razonable ante la simple razón natural, nos lo asegura terminantemente la fe. Al fin de los tiempos tendremos que comparecer todos juntos ante Dios en la asamblea más solemne y grandiosa que jamás habrán visto los siglos: el juicio final.
Pero antes del juicio final se producirá otro hecho tremendo, que constituye también un dogma de nuestra fe católica: la resurrección de la carne. Y ahí tenéis los dos puntos que, a la luz de la teología católica, os voy a exponer brevemente en la presente conferencia: la resurrección de la carne y el juicio final.
Moriremos. Moriremos todos, pero no del todo. Lo mejor de nuestro ser –nuestra alma, nuestro pensamiento y nuestro amor–no morirá jamás. La muerte no tiene imperio alguno sobre el alma.
Cuando el leñador, con los golpes de su hacha, logra derribar el árbol, el pajarillo que anidaba en sus ramas emprende el vuelo y marcha a posarse en otro lugar, porque tiene vida propia, independiente, y no sigue las vicisitudes de aquel árbol en el que estaba circunstancialmente posado.
Algo parecido ocurrirá con nuestra alma. Cuando la guadaña de la muerte derribe por el suelo el viejo árbol de nuestro pobre cuerpo, nuestra alma volará a la inmortalidad, porque tiene vida propia y no necesita del cuerpo para seguir viviendo.
El alma, como decíamos ayer, comparecerá delante de Dios y será juzgada. Nuestro cuerpo, mientras tanto, convertido en cadáver, será llevado al cementerio.
No os asuste la palabra cementerio, señores, porque, cristianamente considerada, no puede ser más bella, ni más dulce, ni más esperanzadora. ¿Sabéis lo que significa la palabra cementerio? Proviene del griego “koiméterion”, que significa dormitorio, lugar de reposo, lugar de descanso.
¡Ah!, en los cementerios los muertos, en realidad, están dormidos. Están durmiendo nada más, porque la muerte, que no afecta para nada al alma, tampoco destruye la vida del cuerpo de una manera definitiva, sino sólo provisionalmente: vendrá la resurrección de la carne. ¡Los muertos están dormidos nada más!
Los cristianos deberíamos visitar con frecuencia los cementerios. Es una meditación estupenda, que eleva el corazón y el alma a Dios. Aquella paz, aquel sosiego, aquella tranquilidad del cementerio; aquellos epitafios sobre las losas sepulcrales, cargados de luz y de esperanza; aquellos cipreses que se yerguen hacia el cielo, señalando la patria de las almas... ¡Cuánta belleza y poesía cristiana, que nada tiene que ver con la melancolía enfermiza de un romanticismo trasnochado!
La palabra cementerio no tiene que asustar a nadie; es una palabra dulce, entrañablemente cristiana: es el dormitorio.
No empleéis nunca la palabra “necrópolis”, que prefiere la impiedad actual. La palabra necrópolis significa ciudad de los muertos, y eso no es verdad. El cementerio no es la ciudad de los muertos. Es el dormitorio, el lugar de descanso.
Nunca, señores, he experimentado esta verdad con tanta fuerza y con tanta suavidad y dulzura al mismo tiempo como visitando las Catacumbas de Roma. Un grupo de jóvenes dominicos españoles, que estábamos ampliando nuestros estudios teológicos en la Ciudad Eterna, acudimos un día, por la mañanita temprano, a las catacumbas para celebrar la santa Misa junto al sepulcro de los primeros cristianos. Satisfecha ya nuestra piedad, un guía hispanoamericano –hablaba perfectamente el español– nos acompañó por aquellos vericuetos subterráneos, y pudimos contemplar por todas partes los huesos de aquellos cristianos enterrados allá en los primeros siglos de la Iglesia, en la época terrible de las sangrientas persecuciones. Y al llegar a un recodo, por encima del cual se filtraban, a través de una claraboya, las primeras luces del amanecer, apagó el guía su linterna eléctrica al mismo tiempo que decía: “Oigan, Padres, oigan el silencio”. Escuchamos con atención, y efectivamente, no se oía nada; silencio, paz, sosiego, nada más. Y nos dijo el guía: “Duermen, duermen. ¡Ya despertarán!”
Este es el sentido católico del cementerio, señores: un lugar de reposo, un dormitorio. Duermen, pero despertarán al sonido de la trompeta.
Porque sonará la trompeta, lo dice el apóstol San Pablo (1 Cor 15, 52). La trompeta –aclara el evangelista San Juan– será la voz de Cristo (Jn, 5, 28), que dirá: “Levantaos, muertos, y venid a juicio”. E inmediatamente se producirá el hecho colosal de la resurrección de la carne. Es un dogma de nuestra fe católica, y en este sentido tenemos seguridad absoluta de que se producirá la resurrección, puesto que la fe no puede fallar, ya que se apoya inmediatamente en la palabra de Dios, que no puede engañarse ni engañarnos. Estamos más ciertos, más seguros de que se producirá el hecho de la resurrección de la carne que de cualquier verdad matemática o metafísica de evidencia inmediata. El dato de fe no puede fallar. Pero como la fe nunca contradice a la razón, y la razón nunca puede contradecir a la fe, los teólogos han encontrado fácilmente los argumentos de simple razón natural, que muestran la altísima conveniencia y maravillosa armonía del dogma de la resurrección universal. Os voy a hacer un brevísimo resumen de tales argumentos.
Los principales son tres, que Santo Tomás de Aquino expone con la maestría sin igual que le caracteriza. Os voy a hacer un resumen de su magnífica argumentación.
(De “El Misterio del más allá” – P. Royo Marín)
Apocalipsis...
El Apocalipsis en los Mensajes de
María del Rosario de San Nicolás
Continuar en la Iglesia.
18-12-83
(ex
10)
PM 50
"Son muchas
las ovejas perdidas del Señor y El quiere recuperarlas; por eso les dice el Gran
Pastor a las que están en su Rebaño, que no salgan de él y no se muevan de su
lado".
"El Señor es Luz en las tinieblas,
es agua en el desierto,
abrigo en la intemperie,
da de comer al hambriento,
quien cree en El gozará de Vida Eterna.
Amén".
Dad a conocer esto. Leed: Apoc.
1, 8-19; 2, 3 y 7
Comentario:
Estamos en los tiempos de la gran apostasía en que muchos abandonan
la fe. Y al ver a la Iglesia Católica que parece que se va a pique, podemos
tener la tentación de abandonarla, de bajarnos de la barca de Pedro. ¡No lo
hagamos!, porque estaremos perdidos, ya que sólo a Pedro, al papa, Cristo le ha
confiado el rebaño.
El Señor quiere que estemos fortalecidos en estos tiempos de
ateísmo, y nuestra fe será duramente puesta a prueba. Pero no hay que temer
porque Dios está con nosotros. Y ya lo ha dicho Jesús en el Evangelio: “No
temas, pequeño rebaño, porque el Padre se ha complacido en daros su Reino”. Y
aunque la Iglesia decrezca en cantidad de fieles, Ella es la elegida, es el
Pequeño Rebaño, es la Esposa del Señor, y Él no la abandonará a las fuerzas del
Infierno, que no podrán prevalecer contra Ella.
No dejemos la barca de Pedro, es decir, la Iglesia Católica, porque
entonces nos perderíamos para siempre por caminos oscuros que no llevan a la
salvación.
Seamos fieles al Papa y a la Iglesia unida al Papa, y entonces
estaremos a salvo de las astutas maniobras del adversario, que quiere, sobre
todo, separar a las ovejas de su Pastor, para así devorarlas una a
una.
martes, 11 de marzo de 2014
Rosario...
ROSARIO DE LAS LLAGAS DE JESÚS
Fue nuestro Señor mismo quien
enseñó estas invocaciones a una humilde hermana del Monasterio de la Visitación
de Santa María de Chambery (Francia), sor María Marta Chambón que falleció el 21
de marzo de 1907.
Este rosario fue aprobado por el
Papa San Pío X.
Se reza con un rosario común.
Al comenzar decimos:
– Oh! Jesús, Redentor Divino, sé
misericordioso con nosotros y con el mundo entero. – Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros y del mundo entero.
– Perdón y misericordia, Jesús mío cúbrenos de los peligros con tu preciosa Sangre.
– Eterno Padre, ten misericordia de nosotros por la Sangre de Jesucristo, tu único Hijo.
En las cuentas del Padrenuestro se dice:
Eterno Padre, yo te ofrezco las Llagas de nuestro Señor Jesucristo, para curar las llagas de nuestras almas.
En las cuentas del Avemaría se dice:
Jesús mío, perdón y misericordia: por los méritos de tus Santas Llagas.
Al terminar el rosario se dice tres veces:
Eterno Padre, yo te ofrezco las Llagas de nuestro Señor Jesucristo, para curar las llagas de nuestras almas.
PROMESAS que
nuestro Señor se dignó hacer a sor María Marta a favor de las almas que recen
estas invocaciones.
Escuchemos al Divino Maestro:
“El camino de mis Llagas es tan
sencillo y fácil para ir al cielo”.
“Deseo las súplicas de
ustedes”
“Todas las palabras que se dicen
con motivo de mis Santas Llagas me causan placer, un placer indecible... ¡las
cuento todas!...”
“Con mis Llagas ganan mucho y sin
fatiga”.
“De mis Llagas salen frutos de
santidad”.
“Concederé todo cuanto me pidan con
la invocación de mis Santas Llagas”.
“Todo lo obtendrán por mis Llagas,
porque es el mérito de mi Sangre, que es de un valor infinito”.
“Con mis Llagas y mi Corazón pueden
conseguirlo todo”.
“El que esté necesitado que venga
con fe y confianza, que saque constantemente del tesoro de mi Pasión y de los
agujeros de mis Llagas”.
“Debes repetir con frecuencia cerca
de los enfermos esta invocación: Jesús mío, perdón y misericordia, por los
méritos de tus Santas Llagas. Esta oración aliviará a su alma y a su cuerpo.
Muchas personas experimentarán la eficacia de esta aspiración”.
“El pecador que dijese la oración
siguiente: Eterno Padre, yo te ofrezco las Llagas de nuestro Señor Jesucristo,
para curar las llagas de nuestras almas, obtendrá su conversión”.
“Ofréceme a menudo estas dos
jaculatorias que te he enseñado, para ganarme pecadores, porque tengo 'hambre'
de almas”.
“Mis Santas Llagas son un bálsamo
reconfortante en el sufrimiento”.
“Mis Llagas curarán las vuestras”.
“No habrá muerte para el alma que
espere en mis Llagas; ellas dan la verdadera vida”.
“Las Santas Llagas tienen un poder
maravilloso para la conversión de los pecadores”.
“Por mis Llagas pueden desarmar mi
justicia”.
“Mis Llagas cubrirán todas vuestras
faltas”.
“Deseo que los sacerdotes den estas
aspiraciones de mis Llagas, con frecuencia a sus penitentes en el Santo
Tribunal”.
“Mis Llagas los salvarán a ustedes
infaliblemente. Ellas salvarán el mundo”.
“La oración a las Santas Llagas lo
comprende todo”.
“El alma que durante
su vida ha honrado y aplicado las Llagas de nuestro Señor Jesucristo, y las ha
ofrecido al Padre Eterno por las almas del Purgatorio, será acompañada en el
momento de la muerte por la Santísima Virgen y los ángeles. Nuestro Señor en la
Cruz, resplandeciente de gloria, la recibirá y la coronará”.
“Hija mía, cada vez que ustedes
ofrecen a mi Padre los méritos de mis divinas Llagas, adquieren una fortuna
inmensa”.
“Por mis Santas Llagas pueden
merecer y obtener lo que sea conveniente para todas sus necesidades, sin
detallarlas”.
“Las Santas Llagas dan valor a
todo”.
“Los que honren mis Llagas tendrán
un verdadero conocimiento de Jesucristo”.
“Las almas que oran con humildad y
meditan mi Pasión, tendrán una participación en la Gloria de mis divinas Llagas,
recibirán una hermosura y una gloria deslumbradora”.
“Así como hay un ejército levantado
para el mal, hay también un ejército levantado por Mí”.
“Con estas invocaciones son más
poderosos que un ejército para detener a mis enemigos”.
“El rosario de la Misericordia hace
contrapeso a mi justicia... detiene mi castigo”.
"Muchos experimentarán la eficacia
de esta aspiración: Jesús mío, perdón y misericordia, por los méritos de tus
Santas Llagas".
"Las Santas Llagas satisfacen y
aseguran el adelanto espiritual".
"El poder está en mis Llagas, con
ellas se hacen poderosos".
"Las Santas Llagas son
el tesoro de los tesoros para las almas del purgatorio".
"Cada vez que miren al
divino crucificado con un corazón puro, obtendrán la libertad de cinco almas del
purgatorio: una en cada fuente (cada Llaga de las manos, pies y el
costado)".
"Obtendrán también, si
el corazón de vosotros es puro y desprendido, el mismo favor en cada estación,
por los méritos de cada una de mis Llagas".
"La riqueza de vosotros es mi Santa
Pasión".
"Las Santas Llagas dan omnipotencia sobre
Dios".
"En verdad esta oración no es de la
tierra sino del cielo... y puede obtenerlo todo".
"Mis Santas Llagas sostienen el
mundo. Pídanme de amarlas constantemente, porque son fuente de todas las
gracias. Hay que invocarlas con frecuencia y atraer al prójimo para imprimir la
devoción en las almas".
Cuando tengan penas que soportar,
llévenlas prontamente a mis Llagas y serán mitigadas".
"Por cada palabra que pronuncian
del rosario de las Llagas, yo dejo caer una gota de mi Sangre sobre el alma de
un pecador"
“Es necesario propagar esta
devoción”.
Reflexión...
Reflexionando sobre el Purgatorio
Lo hacemos al mismo Dios.
Nunca llegaremos a comprender lo suficientemente claro que una limosna, pequeña o grande, dada en favor de las almas sufrientes, se la damos directamente a Dios. El acepta y recuerda como si se la hubieran dado directamente a Él mismo. Así, todo lo que hagamos por ellas, Dios lo acepta hecho para El. Es como si lo aliviáramos o liberáramos a Él mismo del Purgatorio. En qué manera nos pagará!
(Del libro “Léeme o Laméntalo”)
Reflexión:
Cuando ayudamos a un alma del Purgatorio estamos ayudando al mismo Señor, pues si Él ha dicho que estaba en los pobres y en los más débiles, ¿quién más pobre y débil que un alma que padece en el Purgatorio, que no puede hacer nada por sí misma y que necesita de la caridad de otros para poder salir de esa prisión de fuego y alcanzar el Cielo?
Por eso lo que hacemos a las Benditas Almas, Dios lo toma como hecho a Sí mismo, y nos dará un premio tan pero tan grande, que no podremos contenerlo en nosotros y necesariamente deberemos derramarlo entre los hermanos. Seremos como un receptáculo de gracias escogidas, y como acueductos entre Dios y los hombres, pues transmitiremos las gracias desde Dios hacia los hermanos.
¡Y lo mucho que harán las Benditas Almas por nosotros y por los nuestros, si es que nos decidimos a socorrerlas!
Así que el mejor negocio que tenemos entre manos es ayudar a las Almas del Purgatorio, porque es una gran obra de caridad, y nos conviene sobremanera a nosotros mismos.
Así como en el mundo hay ciertos secretos para realizar obras en corto tiempo y recibir muchas ganancias; así también el secreto de ayudar a las Ánimas del Purgatorio, nos llenará de tesoros de todo tipo, incluso materiales, cuando ello no sea obstáculo a nuestra salvación y santificación.
No esperemos más tiempo, y lancémonos a ayudar a las almas que están detenidas en el Purgatorio, porque es la mejor ocupación que podemos tener los católicos en este mundo, y es el trabajo mejor remunerado por Dios y las Ánimas.
Mensaje...
Mensaje sobre la oración
Ayuda necesaria.
Oigamos a San Agustín: Verdad es que el hombre con sus solas fuerzas y con la gracia ordinaria y común que a todos es concedida no puede observar algunos mandamientos, pero tiene en sus manos la oración y con ella podrá alcanzar esa fuerza superior que necesita para guardarlos. Estas son textuales palabras: Dios cosas imposibles no manda, pero, cuando manda, te exhorta a hacer lo que puedes y a pedir lo que no puedes, y entonces te ayuda para que lo puedas. Tan célebre es este texto del gran Santo que el Concilio de Trento se lo apropió y lo declaró dogma de fe. Mas, ¿cómo podrá el hombre hacer lo que no puede? Responde al punto el mismo Doctor a continuación de lo que acaba de afirmar: Veamos y comprenderemos que lo que por enfermedad o vicio del alma no puede hacer, podrá hacerlo con la medicina. Con lo cual quiso damos a entender que con la oración hallamos el remedio de nuestra debilidad, ya que cuando rezamos nos da el Señor las fuerzas necesarias para hacer lo que no podemos.
“El gran medio de la oración” - San Alfonso María de Ligorio.
Comentario:
Si Dios manda algo, entonces se compromete a darnos la fuerza para que lo llevemos a cabo. Pero dicha fuerza no nos vendrá sin que elevemos oraciones al Señor, pues Él concede sus gracias y auxilios a quien se los pide por medio de la oración.
De modo que siempre tenemos que orar, porque aunque nuestra misión sea importante y Dios nos haya elegido para ella, y por lo mismo se ha comprometido a darnos todos los auxilios oportunos para que la cumplamos bien; también es cierto que si no rezamos para recibir esos dones, fallaremos en la misión.
La oración es entonces como un entrenamiento del alma para estar en forma y recibir los dones que la Providencia de Dios nos quiere dar para que llevemos a término la Voluntad de Dios, cumpliendo lo que Él quiere que cumplamos.
Es Dios el que obra en nosotros. Pero para obrar, Él quiere que recemos, que pongamos nuestra voluntad por medio de la oración, y entonces el Señor derramará las gracias y favores para que podamos cumplir bien nuestra misión en la tierra.
De esto se deduce que JAMÁS puede salir victorioso quien no reza, o reza muy poco, puesto que es a través de la oración que Dios concede los medios necesarios y aún extraordinarios para cumplir la vocación que Dios le ha dado.
lunes, 10 de marzo de 2014
Novena...
Novena a San José
Por la señal, de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Nuestro. En el nombre del Padre, del hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Oración para empezar todos los días
Oh gloriosísimo Padre de Jesús, Esposo de María. Patriarca y Protector de la Santa Iglesia, a quien el Padre Eterno confió el cuidado de gobernar, regir y defender en la tierra la Sagrada Familia; protégenos también a nosotros, que pertenecemos, como fieles católicos a la santa familia de tu Hijo que es la Iglesia, y alcánzanos los bienes necesarios de esta vida, y sobre todo los auxilios espirituales para la vida eterna. Alcánzanos especialmente estas tres gracias, la de no cometer jamás ningún pecado mortal, principalmente contra la castidad; la de un sincero amor y devoción a Jesús y María, y la de una buena muerte, recibiendo bien los últimos Sacramentos. Concédenos además la gracia especial que te pedimos cada uno en esta novena.
Pídase con fervor y confianza la gracia que se desea obtener.
Oración del día correspondiente
Día primero
Oh benignísimo Jesús así como consolaste a tu padre amado en las perplejidades e incertidumbres que tuvo, dudando si abandonar a tu Santísima Madre su esposa, así te suplicamos humildemente por intercesión de San José nos concedas mucha prudencia y acierto en todos los casos dudosos y angustias de nuestra vida, para que siempre acertemos con tu santísima voluntad.
Día segundo
Oh benignísimo Jesús, así como consolaste a tu padre amado en la pobreza y desamparo de Belén, con tu nacimiento, y con los cánticos de los Ángeles y visitas de los pastores, así también te suplicamos humildemente por intercesión de San José, que nos concedas llevar con paciencia nuestra pobreza y desamparo en esta vida, y que alegres nuestro espíritu con tu presencia y tu gracia, y la esperanza de la gloria.
Día tercero
Oh benignísimo Jesús, así como consolaste a tu amado padre en el doloroso misterio de la Circuncisión, recibiendo de él el dulce nombre de Jesús, así te suplicamos humildemente, por intercesión de San José, nos concedas pronunciar siempre con amor y respeto tu santísimo nombre, llevarlo en el corazón, honrarlo en la vida, y profesar con obras y palabras que tú fuiste nuestro Salvador y Jesús.
Día cuarto
Oh benignísimo Jesús, así como consolaste a tu padre amado de la pena que le causó la profecía de Simeón, mostrándole el innumerable coro de los Santos, así te suplicamos humildemente, por intercesión de San José que nos concedas la gracia de ser de aquellos para quienes tu sirves, no de ruina, sino de resurrección, y que correspondamos fielmente a tu gracia para que vayamos a tu gloria.
Día quinto
Oh benignísimo Jesús, así como tu amado padre te condujo de Belén a Egipto para librarte del tirano Herodes, así te suplicamos humildemente, por intercesión de San José, que nos libres de los que quieren dañar nuestras almas o nuestros cuerpos, nos des fortaleza y salvación en nuestras persecuciones, y en medio del destierro de esta vida nos protejas hasta que volemos a la patria.
Día sexto
Oh benignísimo Jesús así como tu padre amado te sustentó en Nazaret, y en cambio tú le premiaste en tu santísima compañía tantos años, con tu doctrina y tu dulce conversación, así te rogamos humildemente, por intercesión de San José nos concedas el sustento espiritual de tu gracia, y de tu santa comunión, y que vivamos santa y modestamente, como tú en Nazaret.
Día séptimo
Oh benignísimo Jesús, así como por seguir la voluntad de tu padre celestial permitiste que tu amado padre en la tierra padeciese el. vehementísimo dolor de perderte para tres días, así te suplicamos humildemente, por intercesión de San José, que antes queramos perder todas las cosas y disgustar a cualquier amigo, que dejar de hacer tu voluntad; que jamás te perdamos a ti por el pecado mortal, o que si por desgracia te perdiésemos te hallemos mediante una buena confesión.
Día octavo
Oh benignísimo Jesús, que en la hora de su muerte consolaste a tu glorioso padre, asistiendo juntamente con tu Madre su esposa a su última agonía, te suplicamos humildemente, por intercesión de San José, que nos concedas una muerte semejante a la suya asistido de tu bondad, de tu Santísima Madre y del mismo glorioso Patriarca protector de los moribundos, pronunciando al morir vuestros santísimos nombres, Jesús, María y José.
Día noveno
Oh benignísimo Jesús, así como has elegido por medio de tu Vicario en la tierra a tu amado padre para protector de tu Santa Iglesia Católica, así te suplicamos humildemente por intercesión de San José, nos concedas el que seamos verdaderos y sinceros católicos, que profesemos sin error la fe católica, que vivamos sin miedo una vida digna de la fe que profesamos, y que jamás puedan los enemigos ni aterrarnos con persecuciones, ni con engaños seducirnos y apartamos de la única y verdadera religión que es la Católica.
Oración final para todos los días
Oh custodio y padre de Vírgenes San José a cuya fiel custodia fueron encomendadas la misma inocencia de Cristo Jesús y la Virgen de las vírgenes María; por estas dos queridísimas prendas Jesús y María, te ruego y suplico me alcances, que preservado yo de toda impureza, sirva siempre castísimamente con alma limpia, corazón puro y cuerpo casto a Jesús y a María. Amén.
Jesús José y María, os doy mi corazón y el alma mía
Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía.
Jesús, José y María, con Vos descanse en paz el alma mía.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
Antífona
Tenía el mismo Jesús, al empezar su vida pública, cerca de treinta años, hijo, según se pensaba de José.
V. San José, ruega por nosotros.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.
Oración
Oh Dios que con inefable providencia te dignaste escoger al bienaventurado José por Esposo de tu Madre Santísima; concédenos que, pues le veneramos como protector en la tierra, merezcamos tenerle como protector en los cielos. Oh Dios que vives y reinas en los siglos de los siglos. Amén.
¡ Ave María puríssima !
Gracias por tu apoyo. Recemos unos por otros.
Unidos en el Corazón de la Sagrada Familia, amén...
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