domingo, 3 de agosto de 2014

Confirmar...

Rayos de Fe

Confirmar a nuestros hermanos. 
Quizás en la vida hemos sido como Pedro, que en un momento de debilidad negó al Señor. Pero quizás también como Pedro, por gracia de Dios, hemos vuelto al redil, a Dios. Entonces es el momento de no guardarnos la fe para nosotros solos, sino compartir la fe con los demás, que tal vez, han sido menos favorecidos que nosotros, por los inescrutables designios de Dios.
El Señor nos ha elegido especialmente para que confirmemos en la fe a muchos hermanos nuestros que viven desconociendo a Dios y la Verdad. Y algunas personas la única enseñanza que tendrán de Dios, será la que le demos nosotros, con las palabras, pero sobre todo, con nuestra forma de actuar y de vivir. Como dice un dicho popular, la única Biblia que lean algunos será nuestra vida.
No seamos como Caín, que al ser preguntado por Dios dónde estaba su hermano Abel, se desentendió, diciendo que él no tenía obligación de cuidar a su hermano.
También nosotros a veces nos queremos excusar ante Dios, de nuestra poca solidaridad con quienes menos tienen, no tanto en lo material, sino en lo espiritual. Y siendo que nosotros nadamos en la abundancia de la fe, y también algunas veces somos ricos materialmente, sin embargo nos desentendemos de los prójimos.
Pero sobre todo tenemos que compartir la fe. Tratar de aumentarla en nosotros, mediante buenas lecturas, con la recepción frecuente de los sacramentos, con la oración y, luego volcar esa fe, de la manera que cada uno pueda y haya sido elegido por Dios, para iluminar este mundo que cada vez va cayendo más en tinieblas.
A veces pensamos que nos gustaría ir a misionar al África, pero hay hermanos nuestros que no saben lo esencial de la fe, y que viven a metros de nuestro hogar, o quizás en nuestro propio hogar. Pensemos en esto.

viernes, 1 de agosto de 2014

Flashmob: Happy Birthday Poulenc

El camino...

Diario vivir

El camino del amor. 
A veces cuando pensamos en la santidad se nos vienen a la mente un montón de cosas que cumplir, de virtudes difíciles de practicar y lo vemos poco menos que imposible para nosotros. Pero hay que evitar complicarse la vida, y meditar en realidad qué es la santidad. Porque ser santo quiere decir amar a Dios con todo el corazón, y no es difícil amar.
Así que debemos empezar por lo más fácil, que es amar; y entonces automáticamente llegaremos a ser santos. Pero aunque nunca lleguemos a ser perfectos, igualmente lo que Jesús quiere de nosotros es nuestro corazón, nuestro amor.
Si amamos a Dios, entonces todo se nos irá haciendo fácil, porque el amor da fuerzas para cumplir con los deberes de estado, y nos impulsa a hacer penitencia  y apostolado, de manera que amando es como agradaremos a Dios, y nos iremos haciendo cada vez más perfectos.
Este camino del amor fue elegido por Santa Teresita, pero antes lo descubrió Santa María Magdalena, que lloró sus innumerables pecados a los pies de Jesús, y mereció de Él la alabanza de que se le perdonaba mucho, porque amaba mucho.
También nosotros quizás tenemos muchos pecados para que Dios nos perdone. ¿Por qué no hacemos como la Magdalena y vamos a los pies de Jesús?, o mejor todavía, a su Corazón, y lloremos y besemos la llaga del costado abierto del Señor, entonces recibiremos el premio a nuestro amor.
Empecemos por el amor porque todo tiene valor cuando se hace por amor. La mamá hace las cosas del hogar porque ama a sus hijos y a su esposo. Si no tuviera amor, ¡qué pesado se le haría todo!
Así también en la vida espiritual, olvidemos un poco las “prácticas”, y no nos atemos demasiado a ellas, sino más bien digámosle al Señor requiebros de amor. Elevemos el corazón muchas veces durante el día para decirle: “Jesús, te amo”, y entonces sí que el diario vivir se nos hará como la antesala del Paraíso, porque quien vive amando, es feliz ya en este mundo.
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

jueves, 31 de julio de 2014

Santidad...

Ser santos
No tener miedo.
El miedo paraliza en la vida espiritual, y si tenemos miedo, entonces estamos como atrofiados para alcanzar la santidad. Por eso el Papa Juan Pablo II insistía tanto en que no tengamos miedo.
Y el demonio tiene mucho que ver en meternos miedo, porque quiere hacernos creer que él tiene más poder del que en realidad tiene, y como un mago que con sus trucos está frente a una audiencia de niños, el demonio quiere darnos la impresión de que es todopoderoso y que puede hacer grandes prodigios. Pero quien presta atención y es un poco observador, se da cuenta de que el demonio no tiene poder ninguno sobre quienes son de Dios, y que no se le permite actuar más allá de la medida. Esto nos debe dar una gran paz y tranquilidad, sabiendo que Dios cuida de nosotros, y que NADA malo nos puede pasar, sino que todo lo que nos suceda en la vida, será querido, o al menos permitido, por Dios, y será todo para bien.
Este pensamiento que en definitiva es confiar en Dios, entregarse a Él dejándole actuar en nosotros, en nuestras vidas y en las vidas de quienes amamos, es el camino directo al Corazón de Jesús, es decir, a la santidad. Porque Dios nos ha creado para el Cielo, y Él, más que nosotros, es el interesado en que lleguemos a la meta.
El miedo paraliza nuestra vida espiritual y de piedad. Por eso tenemos que luchar contra el miedo, o al menos ofrecérselo a Dios, para que Él los transforme en coraje y valentía, así seremos anunciadores del Reino de Dios entre los hombres, y llegaremos un día a la santidad.

Conversión...

Mensaje de conversión
La Madre. 
12-12-88                                                                                                       1574

Gladys, Soy la Madre, que con Amor Misericordioso, mira a sus pobres hijos.
Digo a todos tus hermanos: Ha llegado la hora de dirigir los pasos hacia Dios, de crecer en amor a Dios.
Cerca de Mí, podéis adquirir lo que lejos no podríais; fuerzas, fe, perseverancia.
Los hijos recibirán de la Madre; sólo responded a la Madre.
Amén, amén.
Hazlo conocer.
(Mensaje de María del Rosario de San Nicolás - Argentina) 
Comentario: 
Dios no hace nada inútilmente, y si nos está enviando a su Madre, que con sus apariciones y mensajes, nos invita a la conversión y al acercamiento a Dios, entonces los hombres tenemos que acercarnos a María y seguirla, escuchar sus palabras amorosas y ser fieles a Ella.
Nosotros somos como niños recién nacidos que, en la vida espiritual, necesitamos de una Madre para poder crecer y desarrollarnos. Y es María Santísima la encargada por Dios, de llevarnos al Corazón Divino de Jesús.
Jesús ha dicho en su Evangelio que quien lo rechaza a Él, rechaza también al Padre que lo envió. Y se puede decir también que quien rechaza a María, rechaza también a Jesús, y por ende, rechaza igualmente al Padre eterno.
No desaprovechemos esta ayuda valiosísima que nos da el Cielo, que es María Santísima, porque Ella es la perla de la que habla la parábola del Evangelio, por la que vale la pena vender todo lo que tenemos para hacerla nuestra.
Si tenemos a María, entonces lo tendremos todo, porque Ella es la Portadora de Dios, y en su seno está siempre Jesús, con su perfección de Hombre y Dios. Y si nos encomendamos a la Virgen, entonces automáticamente seremos de Dios.

miércoles, 30 de julio de 2014

Mensaje...

Mensaje de confianza

Desesperación. 
Almas culpables, no tengan miedo del Salvador; fue especialmente para ustedes que Él descendió a la tierra. No repitan el grito de desesperación de Caín:“Mi maldad es tan grande, que no puedo yo esperar perdón”.
¡Eso sería desconocer el Corazón de Jesús!
Jesús purificó a la Magdalena y perdonó la triple negación de Pedro; abrió el Cielo al buen ladrón. En verdad, les aseguro: si Judas hubiese ido a Él después del crimen, Nuestro Señor lo habría acogido con misericordia.
¿Cómo, pues, no les perdonará también? 
 (De "El Libro de la Confianza", P. Raymond de Thomas de Saint Laurent) 
Comentario: 
Hay algo que es más grave que el pecado, y es el desconfiar de la misericordia de Dios, desconfiar de que Dios nos pueda perdonar. Y en esto tiene mucho que ver el demonio, que luego de hacernos pecar, quiere convencernos de que para nosotros no puede haber perdón de Dios, que estamos malditos y que Dios nos maldice.
Es una última jugada del diablo, con la que espera arrebatarnos para siempre de los brazos de Dios. No le prestemos oídos, y hagamos como el niño que se da cuenta de que ha roto algo, pero que sabe que el padre lo puede arreglar todo. También Dios puede arreglar todo lo que hemos roto con el pecado, porque Él es Todopoderoso, y como está fuera del tiempo, el Señor bien sabía que habríamos de cometer esos pecados, y desde antes de la creación ya preparó el remedio para solucionarlo, y nos perdona con anticipación.
No hay que pecar, pero si tenemos la desgracia de pecar, no desconfiemos del perdón de Dios, porque Jesús vino a la tierra a buscar lo que estaba perdido, y no hay nadie que tenga más derecho a la Misericordia divina que el más grande pecador. Es más, cuando uno es un grandísimo pecador, tiene muchas posibilidades de llegar a ser un santo grandioso si se abre a la Misericordia divina.
Tenemos que estar convencidos de que no hay que pecar, pero en realidad hasta el mismo pecado puede ayudar a subir más alto, a hacernos perfectos, porque así como el hortelano echa abono, estiércol a las plantas para que éstas crezcan robustamente; así también el Señor se sirve de nuestra suciedad y nuestros pecados para hacernos dar frutos, porque Dios todo lo puede, y del mal sabe sacar muchos bienes para nosotros y para el mundo entero. Si no fuera así, el Señor no permitiría de ninguna manera ni el mal ni el pecado. Si lo permite, es porque lo sabe encauzar para el bien. Confiemos en Él, entonces.

martes, 29 de julio de 2014

Confiar en Dios...

Confiar en Dios

  El alma que confía en Mi misericordia es la más feliz porque Yo Mismo tengo cuidado de ella. (Palabras de Jesús a Santa Faustina Kowalska - Diario #1273)
¡Qué lindo que es confiar en alguien! ¡Y qué dolor se siente cuando uno es traicionado en su confianza! Pero con Dios no sucede así, porque quien más confía en Él, en su Misericordia y Bondad, cada vez es más feliz, y puede dejar todas sus cosas en manos de Dios, porque Él sabrá conducir al alma por los caminos de la felicidad.
El Sagrado Corazón de Jesús quiere que hagamos un pacto con  Él. Nos ha dicho: "Cuida tú de mi honra y de mis cosas, que mi Corazón cuidará de ti y de las tuyas".
Éste es un dulce pacto que debemos hacer realidad, cumpliendo por nuestra parte lo que nos toca a cada uno de nosotros, es decir, ocuparnos por la gloria de Dios y la salvación de las almas, que de todo lo nuestro se ocupará el Señor.
Debemos confiar en Dios hasta el punto de parecer tontos, porque así hizo la Virgen, que confió en Dios a pesar de todas las apariencias en contra. ¿No confió de esa manera en el Calvario, cuando moría su Hijo como un delincuente?
Efectivamente nunca tendremos suficiente confianza en Dios. ¡Y son tantas las ventajas! Leamos lo que nos dice Jesús Misericordioso:
"Que las almas que tienden a la perfección adoren especialmente Mi misericordia, porque la abundancia de gracias que les concedo proviene de Mi misericordia. Deseo que estas almas se distingan por una confianza sin límites en Mi misericordia. Yo Mismo Me ocupo de la santificación de estas almas, les daré todo lo que sea necesario para su santidad. Las gracias de Mi misericordia se toman con un solo recipiente y éste es la confianza. Cuanto mas confíe un alma, tanto más recibirá. Las almas que confían sin límites son Mi gran consuelo, porque en tales almas vierto todos los tesoros de Mis gracias. Me alegro de que pidan mucho, porque Mi deseo es dar mucho, muchísimo. Me pongo triste, en cambio, si las almas piden poco, estrechan sus corazones." (Diario #1578)
Con estas palabras de Jesús ya no podemos ser infelices, porque si confiamos en Dios, en su Misericordia, tendremos y obtendremos todo de Él.