miércoles, 21 de enero de 2015
Santo Temor de Dios...
0 de Diciembre de 1976
SANTO TEMOR DE DIOS
Hijo mío, escribe,
Si Dios pudiera cambiar sus enseñanzas, no sería ya Dios; la Palabra de Dios no se muda, no cambia ni cambiará jamás; ella es eterna como Dios. Ahora bien, Dios ha dado a los hombres una norma de vida, el mandamiento del amor, pero también ha dicho que el amor a Dios debe estar unido al Temor de Dios.
Así como el amor es un don que es preciso pedir sin interrupción, así también es un gran don el temor de Dios. ¡Teme al Señor que pasa! Pero los hombres de esta generación verdaderamente perversa han alterado todo e intentan demoler todo.
Del temor de Dios hoy no se habla ya, se habla del amor de Dios, pero del temor no, porque dicen que el temor no se concilia ni puede conciliarse con el amor así como encuentran inconciliable en su necedad la Justicia y la Misericordia, encuentran inconciliables el Amor y el Temor de Dios. En suma hoy se aceptan las cosas que son cómodas y se rechazan las que son incómodas.
Esta es la absurda postura que pastores, sacerdotes y cristianos han adoptado con relación a Dios y en esta absurda postura es evidente la insidia del enemigo que se propone demoler a Dios en el ánimo de los hombres, sirviéndose de la necedad de ellos mismos, demoler el edificio de la Iglesia, desmoronando piedra por piedra; ¿quién habla hoy del Temor de Dios? ¿Quién habla ya de la Justicia Divina? ¿Quién habla de la presencia de Satanás en el mundo, que con sus legiones rebeldes guía la lucha contra Dios y contra los hombres, encontrando por desgracia colaboradores entre estos últimos, aún entre almas consagradas no excluidos los Obispos?
Si Dios pudiera cambiar sus enseñanzas, no sería ya Dios; la Palabra de Dios no se muda, no cambia ni cambiará jamás; ella es eterna como Dios. Ahora bien, Dios ha dado a los hombres una norma de vida, el mandamiento del amor, pero también ha dicho que el amor a Dios debe estar unido al Temor de Dios.
Así como el amor es un don que es preciso pedir sin interrupción, así también es un gran don el temor de Dios. ¡Teme al Señor que pasa! Pero los hombres de esta generación verdaderamente perversa han alterado todo e intentan demoler todo.
Del temor de Dios hoy no se habla ya, se habla del amor de Dios, pero del temor no, porque dicen que el temor no se concilia ni puede conciliarse con el amor así como encuentran inconciliable en su necedad la Justicia y la Misericordia, encuentran inconciliables el Amor y el Temor de Dios. En suma hoy se aceptan las cosas que son cómodas y se rechazan las que son incómodas.
Esta es la absurda postura que pastores, sacerdotes y cristianos han adoptado con relación a Dios y en esta absurda postura es evidente la insidia del enemigo que se propone demoler a Dios en el ánimo de los hombres, sirviéndose de la necedad de ellos mismos, demoler el edificio de la Iglesia, desmoronando piedra por piedra; ¿quién habla hoy del Temor de Dios? ¿Quién habla ya de la Justicia Divina? ¿Quién habla de la presencia de Satanás en el mundo, que con sus legiones rebeldes guía la lucha contra Dios y contra los hombres, encontrando por desgracia colaboradores entre estos últimos, aún entre almas consagradas no excluidos los Obispos?
Ay de aquellos que desafían la ira de Dios
Dios
es terrible en su ira, ay de aquellos que desafían la ira de Dios
guareciéndose en la cómoda concepción de que en Dios sólo hay amor y
misericordia.
Muchos condenados quisieran poder volver atrás para reformar sus conceptos ahora que ven y comprenden con toda claridad el astuto engaño de Satanás y de su feroz maldad.
Hay una voluntad permisiva que explica sumamente bien la indignación del Señor por su pueblo infiel: guerras, revoluciones, epidemias, terremotos y tantas otras innumerables calamidades vienen del demonio, pero permitidas por Dios, por Sus providenciales y sapientísimos fines.
Muchos condenados quisieran poder volver atrás para reformar sus conceptos ahora que ven y comprenden con toda claridad el astuto engaño de Satanás y de su feroz maldad.
Hay una voluntad permisiva que explica sumamente bien la indignación del Señor por su pueblo infiel: guerras, revoluciones, epidemias, terremotos y tantas otras innumerables calamidades vienen del demonio, pero permitidas por Dios, por Sus providenciales y sapientísimos fines.
Los
setenta años de esclavitud babilónica fueron permitidos por la
indignación que los muchos pecados del pueblo hebreo habían provocado;
la destrucción de Sodoma y Gomorra no fue de Dios, ningún mal viene de
Dios jamás, sino siempre del infierno con la complicidad y perversión
humanas. Sodoma y Gomorra y otros innumerables castigos, fueron
puniciones no promovidas, sino permitidas por Dios para el
arrepentimiento de los hombres. El mismo diluvio universal fue provocado
por el infierno con la complicidad de los hombres corruptos.
El amor no puede permitir el exterminio de la humanidad
Los
hombres dicen que no temen a Dios; esto es una tremenda blasfemia cuyas
terribles consecuencias se purgan en esta tierra y más allá de la vida
terrena como en los tiempos pasados.
Tiempos de ceguera, tiempos de oscuridad, porque son tiempos de soberbia. Este hombre, menos que gusano que se arrastra en el fango y en el polvo de la tierra, que tiene la duración de un día, osa desafiar enorgullecido por su ciencia y su tecnología al Creador y Señor del universo. ¿Hasta cuándo, hijo mío?
Yo soy el Amor. El Amor no puede permitir el desastre de la humanidad querido por Satanás. Yo soy el Amor Eterno e inmutable, por lo que no puedo querer la ruina eterna de las almas.
El infierno será derrotado; mi Iglesia será regenerada; mi reino que es reino de amor, de justicia y de paz, dará paz y justicia a esta humanidad sojuzgada por las potencias del infierno que mi Madre derrotará.
El sol luminosísimo resplandecerá sobre una humanidad mejor; ánimo pues, no temas a nada.
Reza y repara, ofrécete a ti mismo a Dios. Te bendigo
("Confidencias de Jesús a un Sacerdote" - Mons. Ottavio Michelini)
Tiempos de ceguera, tiempos de oscuridad, porque son tiempos de soberbia. Este hombre, menos que gusano que se arrastra en el fango y en el polvo de la tierra, que tiene la duración de un día, osa desafiar enorgullecido por su ciencia y su tecnología al Creador y Señor del universo. ¿Hasta cuándo, hijo mío?
Yo soy el Amor. El Amor no puede permitir el desastre de la humanidad querido por Satanás. Yo soy el Amor Eterno e inmutable, por lo que no puedo querer la ruina eterna de las almas.
El infierno será derrotado; mi Iglesia será regenerada; mi reino que es reino de amor, de justicia y de paz, dará paz y justicia a esta humanidad sojuzgada por las potencias del infierno que mi Madre derrotará.
El sol luminosísimo resplandecerá sobre una humanidad mejor; ánimo pues, no temas a nada.
Reza y repara, ofrécete a ti mismo a Dios. Te bendigo
("Confidencias de Jesús a un Sacerdote" - Mons. Ottavio Michelini)
martes, 20 de enero de 2015
Ayuda...
Vuelve a empezar
Ayuda natural.
A veces esperamos una ayuda del Cielo, pero no entendemos que Dios nos ayuda también de forma natural, es decir, por medio de las causas segundas, los hombres, los medicamentos, las amistades, los consuelos, la naturaleza, etc.
Si caemos en depresión, quizás no queremos tomar medicamentos porque nos resistimos a ello. Y si los tomamos, ya cuando nos sentimos mejor a veces los dejamos por nuestra cuenta, y caemos a un estado peor.
Pero es que Dios también nos quiere ayudar por medio de los profesionales, y en la misma Biblia se aconseja acudir a los médicos.
Es un error no aprovechar todos los recursos que Dios nos ofrece, recordando que, como dice la Sagrada Escritura: “El hombre obediente cantará victoria”.
Algunas personas, quizás a veces los llamados “carismáticos”, suelen aconsejar que se vaya a los curas sanadores para dejar de tomar la medicación para distintas enfermedades del espíritu y de la mente. Pero es que no hay por qué hacer una dialéctica entre una cosa y la otra. Tanto lo sobrenatural, por medio del sacerdote sanador; como la natural, por medio de los profesionales y los medicamentos, se complementan maravillosamente. Y quien es realmente sabio sabe echar mano de ambos recursos, porque en ambos está la bondad de Dios para con sus criaturas sufrientes.
Así que no tengamos reparos en echar mano a todos los medios que Dios nos provee, siempre que sean lícitos y no sean métodos desaconsejados por la Iglesia Católica, porque la Iglesia es Madre, y como buena madre sabe lo que podemos y lo que no podemos hacer por el bien de nuestra alma, y a veces también por el bien de nuestro cuerpo.
Obedezcamos a la Iglesia, obedezcamos a los Sacerdotes, obedezcamos a los médicos, recordando esa frase de la Escritura que hemos citado sobre el hombre obediente, y entonces podremos empezar de nuevo después de cada caída.
domingo, 18 de enero de 2015
El dinero...
Matar el error, amar al que yerra
El ataúd no tiene bolsillos.
El dinero es un medio con el que se puede hacer mucho bien o mucho mal. Nos puede servir para ganarnos el Cielo, o para asegurarnos el Infierno. De nosotros depende, y según sea el uso que le demos al dinero, así será lo que merezcamos: premio o castigo.
Hay personas que buscan tener dinero a toda costa, porque les puede dar una rica mesa, placeres de todas clases, lujo. Pero no se dan cuenta de que esto los lleva a la perdición, porque ya lo ha dicho el Señor en el Evangelio, en la parábola del pobre Lázaro, que quien disfruta y goza de sus bienes en vida, tendrá necesariamente que padecer en la otra vida.
El problema no está en que nos guste mucho el dinero, porque incluso podríamos besar el dinero, si con él sabemos que podremos socorrer a muchos pobres, dar ayuda a los necesitados y hacer muchísimas obras de amor y misericordia.
Como vemos el dinero no es malo en sí mismo, sino que es un medio que nos puede ayudar a hacer muy buenas obras. El problema está cuando convertimos el dinero, de medio, en fin, y es allí donde nos equivocamos.
Pensemos un poco en qué utilizamos el dinero, porque aunque nos parezca mentira, también Dios nos pedirá estricta cuenta de cómo hemos utilizado el dinero y los bienes en general.
Recordemos que el ataúd no tiene bolsillos y no podremos llevarnos el dinero al otro mundo, ya que todo lo deberemos dejar de este otro lado.
Seamos, entonces, buenos negociantes, cambiando el dinero por obras, utilizando los bienes para hacer buenas obras, y entonces sí, en cierta manera, podremos llevar el dinero al Cielo.
Si el apóstol en una de sus cartas dice que es varón muy santo el que sabe dominar su lengua, también nosotros podemos decir que es santísimo quien sabe dominar y utilizar bien su dinero, y no se deja dominar por él.
sábado, 17 de enero de 2015
Mensaje...
Mensaje de Misericordia
Dios olvida todo.
¡Cómo nos cuesta entender y creer que si nos confesamos con el sacerdote, Dios perdona y olvida todo! En cambio nosotros seguimos dándole vueltas al asunto y reabrimos las heridas que el pecado dejó en nosotros.
E incluso si después volvemos a caer en nuevos pecados, Dios nos juzga sólo por este nuevo pecado, pero no ya por los pecados pasados y perdonados.
Esto no lo entendemos y no lo vivimos, y así vamos por la vida con la amargura en el alma, y la duda en el corazón, de si Dios nos habrá realmente perdonado.
Y no poca intervención tiene en esto el demonio, que sabe muy bien que el amedrentar al alma con el recuerdo de lo que fue, la paraliza para el bien, e incluso a veces la puede llevar a la desesperación y a la pérdida de la fe.
Seamos astutos y confiemos en Dios, pero confiemos de verdad, sabiendo que lo que Dios perdona, lo destruye completamente, ya no existe. De allí la ventaja y felicidad de ir con el sacerdote y hacer una buena y completa confesión sacramental, con lo cual tenemos asegurado el perdón de Dios, y así podemos, ¡y debemos!, vivir felices el resto de nuestros días.
Recordemos que Dios nos quiere ver felices, para ello nos ha creado. Y que en cambio el demonio hace de todo por vernos infelices, tanto en el tiempo como en la eternidad. Sabiendo estas cosas, tomemos los recaudos necesarios para estimular el actuar de Dios en nosotros, y evitar las influencias nefastas del mal en nuestras vidas.
Jesús, en Vos confío.
viernes, 16 de enero de 2015
Mensaje...
Mensaje espiritual
Termómetro de nuestra piedad.
El
termómetro de nuestra piedad es la reacción espontánea que tenemos con
quien se convierte y vuelve, de una vida de pecado, a la vida de la
gracia.
Cuántas
veces nos sucede que no toleramos que quien ha sido muy pecador, se
reintegre a la Iglesia, a la familia de los hijos de Dios.
Y
si no hacemos del todo así, a lo menos nos cuidamos de él, tenemos
desconfianza, y aunque hable palabras santas, que Dios le inspira,
seguimos juzgándolo y condenándolo por su pasado.
No
es bueno hacer así, porque si festejamos cuando un enfermo es curado y
vuelve a estar sano, también tenemos que festejar, como festejan los
ángeles de Dios en el Cielo, cuando un pecador se convierte.
Pongámonos
en lugar de quien vuelve, avergonzado, de su vida de pecado, y sólo
busca encontrar una familia que lo acoja, sin hacerle recordar su
pasado, que el pecador arrepentido siempre tiene en su memoria.
Ayudémosle, con nuestra caridad, a olvidar lo que Dios ha olvidado ya.
Por
eso si queremos saber en qué grado de vida espiritual estamos, el
termómetro cierto de nuestra justicia y santidad es esta actitud que
tenemos para con quien vuelve al rebaño.
Si
nos damos cuenta de que estamos errando el camino, entonces hagamos el
esfuerzo de ponernos en los zapatos del convertido, y pensemos también
que si nosotros, por gracia de Dios, nunca nos hemos alejado del rebaño,
quizás el día de mañana seamos iguales o peores pecadores que lo que
fue esta alma que hoy ha regresado.
No
nos olvidemos esa palabra cierta de Jesús de que quien se humilla, será
ensalzado; y que quien se ensalza, será humillado, si no en esta vida,
sí en el más allá.
Tenemos que ser buenos, porque de eso se trata el Cristianismo, de que seamos buenos y compasivos.
domingo, 11 de enero de 2015
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