martes, 24 de marzo de 2015

Herejía...

Matar el error, amar al que yerra

Herejía de la acción.
Debemos tener siempre presente, especialmente en estos tiempos modernos en que todo se valora por el éxito, la eficacia, la acción, que los cristianos no tenemos ese modelo, sino otro distinto, que es el punto de vista de la fe, de la Verdad, es decir, de ver las cosas como las ve Dios. Porque una obra pomposa o exitosa a los ojos del mundo, e incluso a los ojos cristianos, puede ser un verdadero fracaso para el Cielo. Y en cambio, una obra que resulta un fracaso para la tierra, es un éxito para el Cielo.
¿A qué se debe que a veces estamos tan ocupados con las “cosas de Dios” que no tenemos tiempo ni para rezar? Parece que somos como aquellos que pasaron junto al malherido de la parábola del Buen Samaritano y, ocupados con las cosas de Dios, pasaron de largo y se olvidaron del amor y la misericordia.
Recordemos que la acción apostólica, y toda acción, debe brotar de la contemplación, de la oración. Los Santos eran muy activos, pero su motor era la oración. Pasaban horas y horas en oración con Dios, y frente al Santísimo Sacramento. De allí debe brotar toda nuestra acción, desde el apostolado hasta las cosas más sencillas que hacemos.
Santa Teresita es Patrona de las Misiones y nunca salió del convento. Esto es un gran ejemplo que nos quiere poner la Iglesia para que lo tengamos en cuenta en nuestra vida.
Es que todo corre tan rápido, y se busca tanto el éxito y la eficiencia, que a todos nos puede pasar de dejarnos llevar por la vorágine de la acción desordenada, olvidándonos del gran poder que tienen la oración, la meditación, la contemplación.
Es tiempo de volver a poner cada cosa en su lugar y ver todo como lo ve Dios, para no ser engañados miserablemente y que, en el día del Juicio, creyendo presentarnos ante el Juez con las manos llenas de buenas obras, quedemos en realidad con las manos vacías, porque hemos hecho muchas obras pero sin corazón, sin amor, sin oración.
Porque como dijo San Francisco de Sales: "Es el amor lo que da precio a todas nuestras obras; no es por la grandeza y multiplicidad de nuestras obras por lo que agradamos a Dios, sino por el amor con que las hacemos".

viernes, 20 de marzo de 2015

Providencia...

Providencia

Hoy, fiesta de San José, el Santo de la Divina Providencia, a quien me encomiendo, y conmigo a esta Obra en Internet, cito unas palabras del Beato Obispo Manuel González, para animarlos a colaborar:
La incuestionable escasez de dinero para muchas obras buenas.
Es cierto de toda certeza:
1º. Que hace falta dinero para las obras de que hablamos, ¡claro que sí! Un Catecismo y una escuela necesitan dinero; un centro, una biblioteca, un Círculo de estudios, una Mutualidad, una propaganda cualquiera necesitan casa, luz, muebles, dependientes, libros, materiales; es decir, necesitan dinero, y de ordinario, mientras con más dinero cuenten, más bien podrán hacer.
2º. Que el dinero católico escasea, y mucho, en determinados sitios y para determinadas obras. 
Dice un amigo que uno de los trabajos a que preferentemente deben dedicarse hoy los cristianos es a bautizar un sinnúmero de pesetas que andan por ahí, y aún en cajas de católicos más moras que el mismísimo Sultán de Marruecos. 
Sí, ahora que estamos en la época del laicismo hay que tener en cuenta que la mayor parte del dinero que circula por el mundo es laico. 
Sin que podamos decir, porque sería una gran mentira y una gran injusticia, que se han secado los cauces de la generosidad cristiana, bien puede asegurarse que en determinadas circunstancias y para determinadas obras sufren interrupciones o mermas bastante lamentables. 
Es un hecho, desgraciadamente muy cierto, que en no pocas obras católicas se padecen hambre y sed de muchas cosas por falta de dinero.” 
(“Apostolados menudos” – Obispo Manuel González)

miércoles, 18 de marzo de 2015

Oración...

Por los enfermos

Oración por un enfermo, enseñada por la Reina de la Paz
El 22 de junio de 1985, la Virgen dictó a Jélena Vasilij esta oración por un enfermo. A este propósito la Virgen ha dicho: "Queridos hijos: ¡La oración más hermosa que podéis rezar por un enfermo es precisamente ésta!
La Virgen ha añadido a Jélena que el mismo Jesús la ha aconsejado. Jesús quiere que, durante el rezo de esta plegaria, tanto el enfermo como quien intercede por él se abandonen con confianza en las manos de Dios.
(Recitad tres veces el Gloria, antes de esta oración)
“Oh, Dios mío, el enfermo que se encuentra ante Ti ha venido a exponerte su deseo, pidiéndote lo que juzga ser para él la cosa más importante. Dios mío, infunde Tú en su corazón este convencimiento: ¡Lo importante es que gocemos de salud en el alma! ¡Que se cumpla en todo, Señor, sobre él tu santa voluntad! Si quieres su curación, que se cure, pero si tu voluntad es otra, que siga llevando su cruz.
También te pido por cuantos intercedemos por él: purifica nuestros corazones para que seamos dignos de transmitir, por nuestro medio, tu divina misericordia. Señor, protégelo y alivia sus penas. Que se cumpla en él tu santa voluntad. Que sea revelado por su medio tu Santo Nombre. Ayúdale a llevar con valentía su cruz.”
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Oración recomendada por la Santísima Virgen a los enfermos
Jesús mío, sé que Tú me amas. Aquel a quien Tú amas está enfermo. Si es posible, pase de mí este cáliz de sufrimiento. Pero añado yo también aquello que Tú dijiste en el huerto de Getsemaní: “No se haga mi voluntad, sino la tuya”.
Fortaléceme y consuélame, Jesús mío. Madre nuestra, Virgen Santísima, Tú que curas a los enfermos, ruega por mí ante tu Santo Hijo. Amén.
(“La Victoriosa Reina del Mundo” – Sor Natalia Magdolna)
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Promesa de Jesús a Sor María Marta Chambón:
“Debes repetir con frecuencia cerca de los enfermos esta invocación: Jesús mío, perdón y misericordia, por los méritos de tus Santas Llagas. Esta oración aliviará a su alma y a su cuerpo. Muchas personas experimentarán la eficacia de esta aspiración”.

martes, 17 de marzo de 2015

Oraciones...

Oraciones para salvar pecadores

Dijo Jesús a Sor María Marta Chambón:
“El pecador que dijese la oración siguiente: Eterno Padre, yo te ofrezco las Llagas de nuestro Señor Jesucristo, para curar las llagas de nuestras almas, obtendrá su conversión”.
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Dijo Jesús a Sor Faustina Kowalska:
“Es mi deseo que tengas un conocimiento más profundo del amor que quema Mi corazón, y tú entenderás esto, cuando medites en Mi Pasión. Pidan Mi Misericordia a favor de los pecadores, yo deseo su salvación. Cuando digas esta oración, con un corazón contrito y con fe por el bien de algún pecador, Yo le daré la gracia de la conversión. Esta es la oración:
“¡Oh Sangre y Agua, que brotaste del Corazón de Jesús como una fuente de Misericordia para nosotros, yo confío en Ti!”.
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Mientras el mundo se atomiza y desintegra por el odio de los hombres y de los pueblos, Jesucristo quiere renovarlo y salvarlo por el amor.
Quiere que se eleven hacia el cielo llamas de amor que neutralicen las llamas del odio y del egoísmo.
A tal efecto, enseñó a Sor María Consolata Betrone un Acto de Amor sencillísimo que debía repetir frecuentemente, prometiéndole que cada Acto de Amor salvaría el alma de un pecador y que repararía mil blasfemias.
La fórmula de este Acto es:
"Jesús, María, os amo, salvad las almas"