viernes, 29 de mayo de 2015

Santidad...

Ser santos

Fieles a las mociones.
La santidad no consiste tanto en hacer ni mucho ni poco, sino más bien en dejar hacer a Dios en nosotros, y a dejarnos guiar por el Espíritu Santo que es el Autor de nuestra santificación.
Por eso lo que debemos cuidar en nuestra vida espiritual, si queremos adelantar y no retroceder, es ser fieles a las mociones del Espíritu Santo que Él nos da en cada momento del día, pues todos decimos que queremos ser santos, pero en la práctica somos poco dóciles a Dios y no estamos atentos a lo que Dios nos va pidiendo.
Siempre debemos hacer el bien y evitar el mal, ya que Dios nunca mandará a que hagamos el mal. También debemos conocer las reglas de discernimiento de los espíritus para saber si una moción viene en realidad de Dios, o del espíritu maligno, o quizás también de nosotros mismos. Por ello será de no poca ayuda el que tengamos un esclarecido director espiritual que nos vaya guiando por los caminos de la santidad.
Igualmente debemos saber que Dios no deja a la deriva a quien tiene buena voluntad y quiere ser santo, porque el Señor pondrá los medios para que el alma se santifique de una u otra manera. Y será un motivo más de gloria para el servidor que se haya vuelto santo contando con tan pocos recursos.
Estemos atentos a las mociones del Espíritu Santo para hacer en cada momento lo que Dios quiere que hagamos, y si no tenemos que hacer nada, no hagamos nada, porque el ser fieles a Dios no quiere decir que estemos constantemente preguntándonos o preguntándole a Dios qué es lo que quiere que hagamos. Recordemos que somos instrumentos en las manos de Dios, somos sus herramientas, y también el artesano tiene sus tiempos para usar cada una de sus herramientas, dejando en reposo las que no necesita por el momento, y a veces las limpia, las recompone, las restaura, e incluso las transforma en elementos decorativos de su casa, de tanto como se ha encariñado con una determinada herramienta. Dejemos a Dios que nos utilice como quiera, dándonos misiones importantes o no tanto, o quizás dejándonos en reposo por largo tiempo. Todo lo que hace Dios está bien, y a nosotros nos toca aceptar lo que Dios quiere, porque es lo mejor, y porque jamás se vio que una simple y pobre herramienta le dé consejos al que la maneja.

miércoles, 27 de mayo de 2015

Por nuestra cuenta...

Por nuestra cuenta.

Muchas veces fracasamos en la vida porque queremos actuar por nuestra cuenta, solos, sin pedir la ayuda de Dios ni dejar que sea el Señor y su Madre quienes nos vayan preparando todo.
Algo similar le sucedió a Pedro que, a pesar de que era experto pescador, trabajó toda la noche, siendo la noche el momento ideal para la pesca, pero no pescó nada. En cambio cuando se dejó guiar y ayudar por Jesús, hizo una maravillosa pesca.
Así también nos sucede muchas veces a nosotros que, por falta de confianza en Dios, queremos actuar por nuestra cuenta, creyendo que somos expertos en algunas situaciones y conocimientos, y le damos muy poca o ninguna participación a Dios, y así las cosas salen mal o no se cumplen nuestras expectativas.
Y esta manera de actuar nuestra tiene directa relación con el grado de confianza que tenemos en Dios, porque si nuestra confianza es pequeña o nula, entonces querremos hacer todo por nosotros solos, echando las cosas a perder. En cambio si nuestra confianza en Dios es mayor, dejaremos a Dios que obre en nuestras vidas y recogeremos abundantes frutos.
A veces nos aferramos a algunas cosas o personas y somos presas del demonio que nos atrapa fácilmente porque tenemos ese amor desordenado. Es lo que les sucede a los monos. Dicen que para atrapar a los simios, los cazadores hacen un hoyo en tierra y colocan allí dentro una banana. Luego estrechan la boca del pozo. Entonces cuando el mono mete la mano en el agujero y toma la banana, los cazadores aparecen y capturan al mono porque éste, aunque parezca mentira, no quiere soltar la banana, y ésta no puede pasar por la boca estrecha del agujero. Y así lastimosamente el simio cae en la trampa por un amor desordenado.
¡Cuántas veces a nosotros nos sucede lo mismo con otras cosas o personas!
Estemos atentos a la voluntad de Dios, a soltar lo que nos hace mal, a seguir el soplo del Espíritu Santo que nos lleve adonde quiera, a pedir ayuda a Dios y dejarnos ayudar por Él, porque solos no podemos llegar muy lejos en la vida espiritual, ni sentimental, ni material.

domingo, 24 de mayo de 2015

Cadenas hermosas...


Pentecostés...

Espíritu Santo

Espiritu Santo 2
Más sobre el Espíritu Santo
Nos dice la Reina de la Paz:
Viernes 21 de OCTUBRE de 1983. "Lo más importante es rezar al Espíritu Santo para que descienda sobre vosotros. Cuando uno lo posee, lo tiene todo. Las personas cometen un error al invocar a los santos solamente, cuando piden algo".
Adviento 1983. "Comenzad invocando al Espíritu Santo cada día. Lo más importante es rezar al Espíritu Santo. Cuando el Espíritu Santo desciende sobre la Tierra, entonces todo se aclara y todo se transforma".
OCTUBRE DE 1984. "Lo más importante en la vida espiritual es el pedir el don del Espíritu Santo. Cuando el Espíritu Santo viene, entonces la paz se establece. Cuando esto ocurre, todo cambia alrededor de vosotros".
ORACIÓN DEL CARDENAL MERCIER
¡Oh, Espíritu Santo, alma de mi alma, te adoro! Ilumíname, guíame, fortaléceme, consuélame; dime qué debo hacer, dame tus órdenes; te prometo someterme a todo lo que desees de mí y aceptar todo lo que permitas que me suceda; hazme tan solo conocer tu voluntad.
* * * * *
Si esto hacéis, vuestra vida se deslizará feliz, serena y llena de consuelo, aun en medio de las penas, porque la gracia será en proporción a la prueba, dándonos la fuerza de sobrellevarla, y llegaréis así a la puerta del Paraíso cargados de méritos. Esta sumisión al Espíritu Santo es el secreto de la santidad y de la alegría de la vida.

sábado, 23 de mayo de 2015

Catecismo...

APUNTES DE CATECISMO

Del Catecismo de la Iglesia Católica.
590 Sólo la identidad divina de la persona de Jesús puede justificar una exigencia tan absoluta como ésta: "El que no está conmigo está contra mí" (Mt 12, 30); lo mismo cuando dice que él es "más que Jonás ... más que Salomón" (Mt 12, 41-42), "más que el Templo" (Mt 12, 6); cuando recuerda, refiriéndose a que David llama al Mesías su Señor (cf. Mt 12, 36-37), cuando afirma: "Antes que naciese Abraham, Yo soy" (Jn 8, 58); e incluso: "El Padre y yo somos una sola cosa" (Jn 10, 30).
Comentario:
Jesús es Dios y, como profetizara Simeón a María Santísima, Él es signo de contradicción, porque ante Jesús cada persona debe tomar partido: o amarlo u odiarlo, porque no hay términos medios, como lo dice el Señor claramente en el Evangelio cuando profiere que el que no está con Él, está contra Él.
También en la eternidad quedarán sólo dos realidades: Cielo e Infierno. Para ese momento habrán cesado tanto el Limbo como el Purgatorio, quedando sólo el Cielo y el Infierno, ambos eternos.
Tratemos de vivir esta vida en la tierra de manera que seamos de aquellos agraciados que habitarán el gozo eterno del Cielo.
Creamos firmemente que Jesucristo es Dios, que Él tiene plenos derechos sobre nosotros y sobre nuestros seres queridos, y jamás nos sublevemos contra la voluntad de Dios, que se va manifestando en los acontecimientos de cada día, sino adhirámonos con fe a lo que Dios va disponiendo en nuestra vida, en las vidas de quienes amamos, y en todo el mundo, porque es así como nos ganamos la amistad de Jesús, la amistad de Dios, y siendo amigos de Dios lo tenemos absolutamente todo, porque Dios nada niega a sus amigos.