viernes, 14 de agosto de 2015

Miedos...


Vivir católico

¿Miedo al demonio?
No debemos tenerle miedo al demonio, sino más bien él es quien debe tenernos miedo, porque con una simple jaculatoria invocando a Jesús y a María, lo ponemos en fuga.
Los demonios son seres que viven en el miedo, y quieren que nosotros les tengamos miedo, haciéndonos creer que pueden mucho más de lo que en realidad pueden. De modo que son como esos magos que hacen trucos ante una audiencia de niños, que quedan como maravillados ante el poder del mago, pero en realidad son simples trucos y destreza.
Por eso tengamos nuestra fe puesta en Dios, que es Todopoderoso, y recordemos aquellas palabras del Padre Pío, de que el demonio es como un perro encadenado, y si no nos acercamos a él, no puede hacernos daño.
¿Y cómo nos acercamos al demonio? Pues poniéndonos en su órbita por medio del pecado. Claro que si pecamos mortalmente, entonces el diablo tiene influencia sobre nosotros y nuestras vidas. Así que evitemos el pecado, especialmente el pecado grave o mortal, y entonces tendremos alejado al demonio.
Son los demonios quienes deben temernos, porque los echamos al Infierno invocando a San Miguel Arcángel.
Recordemos que Satanás es fuerte con los débiles, y débil con los fuertes. Así que seamos fuertes, y él temblará de miedo ante nuestra voluntad firme, nuestro gran valor y el vivir en gracia de Dios.

jueves, 13 de agosto de 2015

Tres Ave María...


Mensaje a los Apóstoles de la Inmaculada

Ejemplos del rezo de las Tres Avemarías.
Ejemplo 19.
La pecadora que dejó de serlo...
Una mujer que, joven y rica, quebrantó los Mandamientos de Dios abandonándose al pecado, y bajo apariencias normales y aún devotas escondió un corazón corrompido y un alma sin vida, formuló en 1945, en una revista mariana, esta pública declaración:
“¡Ah; yo quisiera que nadie hiciera lo que necia y locamente hice yo...
Quisiera que los jóvenes, y más todavía las jóvenes, atendieran este grito mío:
¡Velad!; cuidado con ceder la primera vez, porque es muy difícil detenerse en esa pendiente resbaladiza del placer...
Se comienza por poco; se entrega a la pasión titubeando la primera vez; ya la segunda, con menos miedo, y luego..., luego se rueda insensiblemente muy hondo, muy hondo.
Si tuviera medio de hacerme oír de todas las jóvenes, les gritaría: ¡Sed celosas de vuestro corazón; no lo deis al primer pretendiente. Sed celosas de vuestra pureza; la joya más preciosa que poseéis!...
Guardaos y huid de toda persona que constituya un peligro para vuestra alma. Quien os ame, ha de amaros amando, sobre todo, a Dios. A quien vosotras améis ha de ser sin menoscabo del supremo amor a Dios.
Que el amor con que os distingan sea tan verdadero, que nunca ofenda a Dios. Y que el amor que vosotras sintáis sea tan limpio, que lo bendiga siempre Dios.
El amor que divierte no es amor.
El amor que se esconde a los padres es, por lo menos, dudoso.
El amor que empieza con señales de afecto sensible es nocivo.
El amor que concede lo que no debe concederse es pecaminoso.
¡Oh, jóvenes, no pequéis!
A medida que crece el pecado, disminuyen las fuerzas para vencerle, para rectificar, para retroceder y para enmendarse.
Hay como una impotencia para salir del mal en que nos arrojamos.
Cierto que la oración sería medio de reacción; pero cuando las malas pasiones han triunfado, es muy difícil saber utilizar la oración, y el desaliento y la desgana para ella anula el recurso.
Yo confieso que ya no tenía esperanza. Estaba cierta de mi condenación.
Por eso me daba más a los placeres, a una vida de locura, para ahogar los remordimientos y alejar el recuerdo de la muerte...
Sólo seguí rezando mañana y noche las tres Avemarías, si bien muchas veces las rezaba distraída y maquinalmente.
Pero, aun entonces, la Virgen escuchaba mi súplica: “Ruega por nosotros, pecadores...”
Hasta que un día, ¡oh, misericordia de María!, me sentí invadida de un vivo aliento para salir del pecado, confesar mis culpas y cambiar de vida... ¡La Virgen Santísima había obrado mi conversión!... ¡Ella..., Ella me ha salvado!”.
¡Ave María Purísima! 
¡Sin pecado concebida!

miércoles, 12 de agosto de 2015

El Purgatorio...

Mensaje sobre el Purgatorio

Amor postergado.
Los hombres que vivimos en el mundo no podemos entender a las Almas del Purgatorio, no podemos imaginar ni comprender los sufrimientos que padecen.
Pero si quisiéramos hacernos una idea, una sombra de aquel martirio, tendríamos que poner el ejemplo de los enamorados. Cuando uno ama a alguien, quiere estar con ese alguien constantemente y para siempre; y cuando más fuerte es el amor y la atracción, más se sufre si se debe estar separados.
Pues bien, Dios es la Belleza infinita, es el Amor eterno, y el alma, cuando se presentó ante Dios en el Juicio particular, inmediatamente después de su muerte, ha visto quién es Dios, se ha enamorado locamente de Él y quiere lanzarse a abrazarlo para siempre en una unión eterna. Pero se da cuenta de que está manchada con el pecado, y entonces debe alejarse de Dios para purgar sus manchas.
Sucede en esto como nos pasa a nosotros, que cuando apreciamos y amamos a alguien, cuando nos encontramos con ese alguien y queremos abrazarlo, queremos estar limpios, pues si estamos sucios o con feo olor, queremos primero darnos un baño, limpiarnos, para agradar a nuestro amado o amada.
Así también las almas que han muerto en gracia de Dios, pero quedaron manchadas, quieren unirse para siempre a su Amado: Dios, pero se dan cuenta de que están sucias, y que por su culpa ahora tienen que estar alejadas de su Amor por mucho tiempo para limpiarse y ser dignas de unirse a su Amor.
Y pensemos lo que puede significar el estar separados del amor de nuestra vida. Quien haya estado enamorado alguna vez y no haya podido concretar su amor, su relación con el ser amado, comprenderá aunque sea un poco lo que padecen estas almas.
Por ello, si rezamos por las Benditas Almas del Purgatorio, hacemos celebrar Misas por ellas, ofrecemos pequeños sacrificios, y en fin, hacemos todo lo que tenemos que hacer cada día, lo corriente, pero con la intención de aliviarlas, entonces estas almas estarán eternamente agradecidas con nosotros, y Dios, que quiere unirse lo antes posible a ellas, también nos quedará agradecido, de modo que nuestra vida será feliz porque Dios y las Benditas Almas nos protegerán y nos darán TODOS los auxilios que necesitemos en nuestro peregrinar terreno.
Pensemos en estas cosas y hagamos la mayor obra de caridad y misericordia, socorriendo a las Benditas Almas del Purgatorio.

martes, 11 de agosto de 2015

Mensaje...

Mensaje sobre la reparación

La salvación de la Iglesia
El Salvador me pidió que rezara por aquellos que trabajaban incansablemente para Él. Cuando la gran obra de la reparación comenzó a florecer, Jesús me dijo con gran alegría:
– ¿Ves estas almas? Una sola alma, una sola fuerza, un solo corazón trabajan en ellos, y soy Yo. Mis sacerdotes le pusieron obstáculo al plan de la reparación, y sin embargo, sólo esta obra es la que ha impedido que Yo aniquile al mundo. En mi misericordia Yo no dejo fuera ni siquiera a los pecadores.
Y a las almas víctimas dijo:
–Amadas mías, no se escandalicen cuando vean la ingratitud del mundo y cuando Me ridiculicen y desprecien. No se desanimen. No hay resurrección sin crucifixión; pero mi victoria, mi reino y consuelo no demorarán.
(“La Victoriosa Reina del Mundo” - Sor Magdolna)
Comentario:
La balanza de la Justicia de Dios está muy inclinada hacia el mal, ya que el peso de los pecados del mundo es casi imposible de sostener. Entonces es necesario que los cristianos hagamos más sacrificios, porque siempre será una gran verdad que la cruz es lo que salva, es el sufrimiento lo que redime a las almas, aunque el mundo no lo quiera comprender.
Por eso nosotros, almas reparadoras, tenemos que tomar a pecho todo el pecado que hay en el mundo y que ofende mucho a nuestro Dios, y ofrecernos para aplacar la ira divina, y así este mundo sea salvado de la hecatombe.
Hay tiempo de gracia todavía, que Dios nos concede para que hagamos el bien, para que recemos y nos sacrifiquemos por nuestros hermanos, ya que ayer, como hoy, como siempre, son la oración y el sufrimiento lo que impiden las desgracias sobre la humanidad.
No quiere decir esto que debamos ofrecernos como almas víctimas, porque muchos de nosotros somos muy débiles para hacerlo. Pero sí podemos tachonar nuestra vida cotidiana de pequeños sacrificios, pequeñas renuncias a gustos y caprichos, y entonces así iremos ayudando a completar los sufrimientos que faltan a la pasión del Señor, y que Él, misericordiosamente, nos ha dejado a nosotros para que lo padezcamos y así como sufrimos con Él, también triunfemos con Él.

lunes, 10 de agosto de 2015

Profecía...

14 de enero de 1976
LE APLASTARA LA CABEZA
¿Por qué, hijo mío, pido con insistencia a las almas que viven de Fe: “¡Reparación, reparación, reparación!”? 
1º - Porque al Amor Infinito de Dios, Amor que obra la creación del hombre, el hombre responde con un acto de soberbia y de desobediencia. 
2º - Porque al Misterio de la Redención prometido inmediatamente después de la caída de los primeros padres y cumplido en la plenitud de los tiempos, la humanidad en el Pueblo hebreo reacciona cometiendo el Deicidio. 
3º - El Verbo, hecho Carne, responde al Deicidio con el don de Sí mismo en el Misterio de la Eucaristía y de la Iglesia. Y la humanidad, bajo el impulso de las potencias del mal, va ahora paganizándose con la casi total repulsa de Dios.
Un alba radiante
Vendrá la hora de la purificación y la Virgen Corredentora, aplastará por segunda vez la cabeza de la Serpiente infernal. 
La Iglesia y la Humanidad, hechas nuevas, verán un alba radiante, jamás conocida hasta ahora. Un período de paz y de justicia será la respuesta a todas las provocaciones del Infierno contra una pobre Humanidad que se había hecho colaboradora de las fuerzas del Mal. 
Después se llegará a la última fase de esta lucha entre Luz y Tinieblas, entre Amor y Odio, entre Bien y Mal, entre Vida y Muerte. 
Sólo al final de los tiempos vendrá la tercera y decisiva intervención de la Virgen Santa que aplastará de nuevo, por tercera vez la cabeza de Satanás. 
Seguirá el Juicio, la separación definitiva del Paraíso y del Infierno, es decir de los Salvados y de los Condenados.
20 de enero de 1976
NO ESTAIS SOLOS
“Escribe hijo mío:

El Movimiento Mariano entra a formar parte del designio de la Providencia, como fuerza de choque, al lado mío y de mi Madre en la gran batalla en curso, contra Satanás y contra los aliados del Infierno que en el mundo, y desgraciadamente también en Mi Iglesia, son tantos.

El Cielo os mira a vosotros, Sacerdotes benditos, que tenéis la suerte de formar parte de él. Sois más que nunca, en estos tiempos de emergencia, soldados escogidos, guiados y dirigidos por la Reina de las Victorias para la defensa de Mi Vicario y de Mi Iglesia. 
El Infierno os odia y os combate, pero nada habéis de temer. Vuestros sufrimientos físicos, morales y espirituales son fermentados por el Espíritu Santo y transformados en Luz, Amor y Gracia para muchas almas de vuestros hermanos que, sin vuestra coparticipación en mi Pasión y en la de mi Madre y vuestra, irían a su perdición eterna. 
Sacerdotes, amados de Mi Corazón Misericordioso y del Corazón Inmaculado de la Reina del Universo, os miran admirados los Ángeles; todos los Santos del Paraíso piden por vosotros e interceden por vosotros. 
Vosotros sois bálsamo para mi Corazón tan brutalmente ultrajado y vilipendiado; sois una sonrisa de amor al Corazón traspasado de mi Madre.
¡No temáis!
¡Adelante, hijos míos! Un lugar de honor y de gloria está preparado para vosotros ab aeterno en la Casa del Padre. ¡No temáis, no temáis! Mi mirada y la de la Madre están siempre sobre vosotros. 
Os bendigo a todos, hijos. Os bendigo Yo, Jesús, con el Padre y el Espíritu Santo. Conmigo os bendice la Madre. 
Con vosotros bendecimos a los buenos seglares que están a vuestro lado con la fe, con el amor y con la eficaz aportación de sus sufrimientos. 
Por consiguiente no estáis solos. Estáis en medio de la refriega, pero con vosotros está el Paraíso, con vosotros están las almas Purgantes, con vosotros están los santos de la Iglesia militante".
("Confidencias de Jesús a un Sacerdote". Mons. Ottavio Michelini)