sábado, 6 de febrero de 2016

Catecismo...

APUNTES DE CATECISMO

Del Catecismo de la Iglesia Católica.
592 Jesús no abolió la Ley del Sinaí, sino que la perfeccionó (cf. Mt 5, 17-19) de tal modo (cf. Jn 8, 46) que reveló su hondo sentido (cf. Mt 5, 33) y satisfizo por las transgresiones contra ella (cf. Hb 9, 15).
Comentario:
La Ley del Sinaí, los Diez Mandamientos, son inmutables y no pueden, ni podrán jamás, ser abolidos por nadie.
Aunque pasen decenas y miles de siglos, y el hombre adelante en técnica y en ciencia, los Mandamientos siempre serán los mismos, y el desobedecerlos será un pecado y merecerá el infierno.
Por eso estemos atentos a algunas interpretaciones que dicen que la fe justifica a todos, y que ya en el Nuevo Testamento no hay que cumplir la Ley, pues Jesús vino a confirmar los Diez Mandamientos, y nos salvamos sólo si los cumplimos.
Lo importante es vivir en gracia de Dios, y eso lo logramos cuando no cometemos pecado grave o mortal, es decir, cuando no violamos en materia grave alguno de los Diez Mandamientos.
De modo que a quien nos quiera decir que ya los Mandamientos están pasados de moda y que son de otra época, respondámosle que eso es un embuste del enemigo de Dios, que quiere hacer creer a los hombres que la Ley de Dios es una cosa “superada” y que la Biblia es un libro de historia, pero que no se puede practicar lo que enseña.
Estemos atentos porque son pocos, incluso entre católicos, que afirman que se deben cumplir, por todos, los Diez Mandamientos para salvarse.

viernes, 5 de febrero de 2016

Saludos...

Felíz fin de semana...
les deseo a todos y todas...
los quiero mucho...
Dios los bendiga, amén...

Cualquier cosa...

Cualquier cosa.

La Santísima Virgen ha dicho en uno de sus mensajes que “si los hombres supieran lo que es el Cielo, harían cualquier cosa para salvarse”. 
Detengámonos en este “cualquier cosa”, porque la verdad es que, como dice el Apóstol “ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni vino a la mente del hombre, lo que Dios tiene preparado para los que le aman”. 
Con sólo pensar que en el Cielo todos los sentidos gozan, ya se nos da una idea de lo que puede ser, pero igualmente estamos infinitamente lejos de imaginarnos lo que es el Paraíso, el Cielo. 
Hagamos, entonces, “cualquier cosa” para salvarnos e ir allí a gozar para siempre, por toda la eternidad. 
¡Qué locura la nuestra, que por un placer miserable aquí en la tierra, a veces perdemos el verdadero Placer que es gozar para siempre del Cielo, donde, según la definición del Catecismo, se dice que el Cielo es “todo bien sin mezcla de mal alguno”! 
Lamentablemente tenemos una idea muy pobre de lo que es el Cielo, y las representaciones que se hacen de él no entusiasman a nadie para ir allí. Porque se muestra a las almas sentadas sobre nubes, con los pies colgados y vestidos de blanco, con aureola en la cabeza y un par de alas quizás. 
Sí, efectivamente el demonio ha logrado no sólo deformar la noción del Infierno, haciendo que los hombres lo vean menos terrible de lo que en realidad es; sino que también ha desvirtuado la idea de lo que es el Cielo, mostrando un Paraíso que no entusiasma a ninguno. 
Entonces recordemos estas palabras amorosas de María, que nos dice que si supiéramos lo que es el Cielo, haríamos cualquier cosa para salvarnos e ir allí. 
No es necesario que, como muchos santos, nos retiremos del mundo a hacer penitencia, porque quizás no nos pide eso Dios. Pero sí tenemos que evitar el pecado y vivir siempre en amistad con Dios, en su gracia, para que si nos sorprende la muerte, nos salvemos. 
Pensemos en estas cosas y entusiasmémonos por ir al Cielo, haciendo absolutamente TODO lo que esté en nuestro poder para alcanzarlo, con la ayuda de Dios y su misericordia.

jueves, 4 de febrero de 2016

Cuánto hace?...

¿Cuánto hace?

¿Cuánto hace que no le decimos a Jesús: Jesús te amo? 
Es importante renovar cada día nuestro amor a Dios, a Jesús y a la Virgen, porque Dios no nos ha creado por necesidad, sino para que Le amemos, porque Dios nos creó para Él, para que le amemos y se lo digamos frecuentemente. 
Dios lo tiene todo y no necesita de nada ni de nadie. Pero Dios a veces no tiene nuestro corazón, ni el corazón de tantos hombres. Y eso es lo que quiere y busca el Señor, poseer nuestro corazón y el de todos los hombres. 
No regateemos con Dios por más tiempo, sino entreguémosle nuestro corazón, que sólo estará feliz si ama a Dios, porque para eso ha sido creado nuestro corazón, para que lata de amor por Jesús, por Dios. 
¿Cuánto hace que no damos un beso en el rostro de Cristo, ya sea besando una imagen piadosa de Jesús, un crucifijo, una medalla, o dando un beso espiritual en su Rostro o Corazón? 
Recordemos que ser cristiano, ser católico, no es tanto “cumplir” ciertas leyes, sino más bien amar, porque si amamos a Dios, entonces cumpliremos todo lo que Dios quiere de nosotros. 
También debemos tener muy presente que Dios perdona mucho a quien Le ama mucho. Por eso si tenemos muchos pecados, entonces amemos mucho a Dios, y todo será borrado, porque Dios perdona mucho, perdona todo a quien Le ama completamente. 
Dios nos ha creado para que Le amemos. Y si miramos lo que hacemos todos los días de nuestra vida, nos daremos cuenta de que quizás hemos dejado el amor a Dios para el último lugar. Primero hemos puesto otros amores antes que el amor a Dios. 
Y sin embargo el primer mandamiento nos ordena que debemos amar a Dios con todo nuestro ser y por encima de todo. A veces cumplimos muy mal este mandamiento, que es el primero y principal. 
No creamos que debemos esperar a ser perfectos para amar a Dios, porque si Dios esperara a que Le amemos cuando seamos perfectos, entonces sí que esperaría en vano, pues jamás llegaremos a ser perfectos si no vamos por el camino del amor, amando al Señor como podemos, imperfectamente quizás, pero con buena voluntad, y así sí algún día llegaremos a amar a Dios con perfección. 
Recordemos que Dios no mira tanto lo que sabemos de religión sino más bien cuánto amamos a Dios y al prójimo, es decir, lo que practicamos. 
Pensemos en estas cosas y no dejemos de decirle frecuentemente a Dios, con las palabras y con las obras, que Le amamos.

miércoles, 3 de febrero de 2016

Reflexiones...

REFLEXIÓN DEL DÍA

Lo importante es salvar el alma.
Pocos son los que saben que lo único realmente importante en esta vida es salvar la propia alma. Pues efectivamente si perdemos el alma, si nos perdemos para siempre en el abismo infernal, lo habremos perdido todo para siempre. En cambio, si nos salvamos, seremos felices para toda la eternidad.
Por eso tantos santos se retiraron del mundo a hacer penitencia, pues se pusieron a considerar la palabra “eternidad”, y lo que ella significa; y entendieron que según fuera su vida en este mundo, les esperaría una eternidad de dicha sin fin, o de horror sin límites.
Entonces es muy bueno que tengamos presente que lo que realmente importa en este mundo es salvar el alma. Todo lo demás es cosa secundaria, aunque parezcan problemas graves, pues todo quedará de este lado del sepulcro, en cambio nuestra alma es sempiterna y existirá ya para siempre, en uno u otro lugar: Cielo o Infierno.
Si miramos todas las cosas a la luz del más allá, sí que entenderemos mejor las cosas que pasan en este mundo, porque ¿de qué sirve una vida de placer aquí, si luego se pierde el cuerpo y el alma en el Infierno eterno? Y ¿qué terrible puede ser una vida de dolor y sufrimiento en este mundo, si pronto tendrá un final, y luego se volará al Cielo a gozar para siempre de una Felicidad inenarrable?
Las cosas del mundo y de la vida cotidiana, adquieren una nueva dimensión vistas a la luz del más allá, porque esta vida en la tierra es muy fugaz. ¡Qué locura perder la eternidad de dicha, por gozar de un miserable y carnal placer en este mundo!
Estamos a tiempo todavía de dar el valor justo a cada cosa: a nuestra alma, la mayor atención, evitando el pecado y esforzándonos para adelantar en la virtud, lo cual será una buena inversión para el futuro, para cuando nos llegue la muerte y nos presentemos ante Jesucristo Juez en el juicio particular, donde recibiremos nuestra retribución eterna.
¿Qué importa si en este mundo somos unos fracasados, o sufrimos mucho, o vivimos en las desgracias, si después de esta corta vida nos espera la alegría del Cielo?
¿Y de qué sirve que lo pasemos bien en este mundo si luego nos tragará el abismo infernal?
Por ello tenemos que mirar todas las cosas a la luz del más allá, a la luz de la fe, con los ojos de Dios, y entonces tendremos la sabiduría de los santos.

Mensaje...

Mensaje eucarístico

Consejo.
Cuando estemos en la disyuntiva de tener que decidir alguna cuestión importante, no dudemos en ir a los pies del Sagrario, porque allí está Jesús, la Sabiduría Encarnada, y quiere darnos los consejos oportunos para que tomemos la decisión más acertada.
Jesús, en el tabernáculo, no niega su ayuda a ninguno que va a Él con la necesaria humildad y la disposición a recibir su consejo.
Ya lo ha dicho el Señor que recibiría en el Sacramento a quienes estuvieran fatigados y agobiados, pero también da el buen consejo a quien lo necesita, porque Dios no nos quiere dejar en la oscuridad, sino que se las ingenia para darnos la luz necesaria para que no equivoquemos el camino.
Y si tenemos dudas sobre lo recibido en la oración ante el Santísimo Sacramento, consultémoslo con nuestro director espiritual o una persona piadosa bien instruida, y corroboremos que ésa es la voluntad de Dios.
Jesús nunca nos mandará que hagamos algo contrario a los Mandamientos, pues si tenemos una inspiración contraria a la Ley de Dios, entonces no viene de Dios, sino de nosotros mismos o del enemigo de Dios.
Vayamos al Sagrario en todas nuestras perplejidades y dudas, que Jesús Sacramentado nos sacará de ellas.