jueves, 14 de abril de 2016

Qué será?...

¿Qué será?

Si a veces, por un triunfo en el trabajo, por un buen examen en el estudio, o por otras circunstancias de la vida en que triunfamos, sentimos tal alegría que no cabemos en nosotros mismos; ¿qué será cuando recibamos la Gran Noticia de que estamos salvados, de que el Cielo está asegurado para nosotros, y que ya podemos disfrutar de él para siempre? 
Pensemos en este sublime momento en que Nuestro Señor, rodeado de todos sus santos ángeles, nos comunique esta Buena Noticia de que estamos salvados ya para siempre. 
Cuando tengamos momentos difíciles en nuestra vida, pues a todo hombre le llegan pruebas en su existencia, pensemos en esta hora que, con la ayuda de Dios y nuestra buena voluntad, viviremos algún día, quizás no muy lejano. 
Hagamos todo por lograr este Triunfo con mayúscula, que será el verdadero triunfo para el cual hemos sido creados por Dios. 
¡Qué felicidad imposible de explicar sentiremos! ¡Qué alegría que ya nada ni nadie nos podrá quitar jamás por los siglos de los siglos! 
Suspiremos por este momento inolvidable y pongamos todos los medios a nuestro alcance para que algún día se haga realidad en nuestra existencia. 
Estamos a tiempo todavía, porque aunque nuestra vida haya dejado mucho que desear, si estamos vivos, entonces es tiempo de Misericordia para nosotros. Dios nos puede perdonar y nos quiere perdonar. No dejemos pasar nuestra vida en balde, sino corramos a los pies del Señor, confesémonos con un sacerdote, y empecemos una nueva vida, soñando con aquel sublime momento en que Jesús nos comunique la Gran Noticia de que hemos aprobado el examen de la vida, y que nos espera la Felicidad inenarrable del Paraíso, para siempre.

miércoles, 13 de abril de 2016

Gritar...

  • ¿Por qué gritamos?

.111
Un día preguntó un sabio a sus amigos lo siguiente:
¿Por qué la gente se grita cuando están enojados? Los hombres pensaron
unos momentos:
Porque perdemos la calma – dijo uno – por eso gritamos.
– Pero ¿por qué gritar cuando la otra persona está a tu lado?, preguntó el sabio.
¿No es posible hablarle en voz baja? ¿Por qué gritas a una persona cuando estás enojado?
Los hombres dieron algunas otras respuestas pero ninguna de ellas satisfacía al sabio.
Finalmente él explicó:
Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir esa distancia deben gritar, para poder escucharse. Mientras más enojados estén, más fuerte tendrán que gritar para escucharse uno a otro a través de esa gran distancia.
Luego el sabio preguntó:- ¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran? Ellos no se gritan sino que se hablan suavemente, ¿por qué? Sus corazones están muy cerca. La distancia entre ellos es muy pequeña.
El sabio continuó
Cuando se enamoran más aún, ¿qué sucede? No hablan, sólo susurran y se vuelven aun más cerca en su amor. Finalmente no necesitan siquiera susurrar, sólo se miran y eso es todo. Así es cuan cerca están dos personas cuando se aman.
Luego el sabio dijo:
Cuando discutan no dejen que sus corazones se alejen, no digan palabras que los distancien más, llegará un día en que la distancia sea tanta que no encontrarán más el camino de regreso.

martes, 12 de abril de 2016

MERCEDES SOSA - LEON GIECO, Solo le pido a Dios, (en vivo 1985)

Qué será?...

¿Qué será?

Si a veces, por un triunfo en el trabajo, por un buen examen en el estudio, o por otras circunstancias de la vida en que triunfamos, sentimos tal alegría que no cabemos en nosotros mismos; ¿qué será cuando recibamos la Gran Noticia de que estamos salvados, de que el Cielo está asegurado para nosotros, y que ya podemos disfrutar de él para siempre?
Pensemos en este sublime momento en que Nuestro Señor, rodeado de todos sus santos ángeles, nos comunique esta Buena Noticia de que estamos salvados ya para siempre.
Cuando tengamos momentos difíciles en nuestra vida, pues a todo hombre le llegan pruebas en su existencia, pensemos en esta hora que, con la ayuda de Dios y nuestra buena voluntad, viviremos algún día, quizás no muy lejano.
Hagamos todo por lograr este Triunfo con mayúscula, que será el verdadero triunfo para el cual hemos sido creados por Dios.
¡Qué felicidad imposible de explicar sentiremos! ¡Qué alegría que ya nada ni nadie nos podrá quitar jamás por los siglos de los siglos!
Suspiremos por este momento inolvidable y pongamos todos los medios a nuestro alcance para que algún día se haga realidad en nuestra existencia.
Estamos a tiempo todavía, porque aunque nuestra vida haya dejado mucho que desear, si estamos vivos, entonces es tiempo de Misericordia para nosotros. Dios nos puede perdonar y nos quiere perdonar. No dejemos pasar nuestra vida en balde, sino corramos a los pies del Señor, confesémonos con un sacerdote, y empecemos una nueva vida, soñando con aquel sublime momento en que Jesús nos comunique la Gran Noticia de que hemos aprobado el examen de la vida, y que nos espera la Felicidad inenarrable del Paraíso, para siempre.

lunes, 11 de abril de 2016

Amor...

MoralejaEl amor y el tiempo
Había una vez una isla muy linda y de naturaleza indescriptible, en la que vivían todos los sentimientos y valores del hombre; El Buen Humor, la Tristeza, la Sabiduría… como también, todos los demás, incluso el AMOR.
Un día se anunció a los sentimientos que la isla estaba por hundirse.
Entonces todos prepararon sus barcos y partieron. Únicamente el AMOR quedó esperando solo, pacientemente, hasta el último momento.
Cuando la isla estuvo a punto de hundirse, el AMOR decidió pedir ayuda.
La riqueza pasó cerca del AMOR en una barca lujosísima y el AMOR le dijo: “Riqueza… ¿me puedes llevar contigo?” – No puedo porque tengo mucho oro y plata dentro de mi barca y no hay lugar para ti, lo siento, AMOR…
Entonces el Amor decidió pedirle al Orgullo que estaba pasando en una magnifica barca. “Orgullo te ruego… ¿puedes llevarme contigo?
No puedo llevarte AMOR… respondió el Orgullo: – Aquí todo es perfecto, podrías arruinar mi barca y ¿Cómo quedaría mi reputación?
Entonces el AMOR dijo a la Tristeza que se estaba acercando: “Tristeza te lo pido, déjame ir contigo”. – No AMOR… respondió la Tristeza. – Estoy tan triste que necesito estar sola.
Luego el Buen Humor pasó frente al AMOR, pero estaba tan contento que no sintió que lo estaban llamando.
De repente una voz dijo: “Ven AMOR te llevo conmigo”. El AMOR miró a ver quien le hablaba y vio a un viejo.
El AMOR se sintió tan contento y lleno de gozo que se olvidó de preguntar el nombre del viejo.
Cuando llegó a tierra firme, el viejo se fue. El AMOR se dio cuenta de cuanto le debía y le pregunto al Saber: “Saber, ¿puedes decirme quien era este que me ayudo?”.
-“Ha sido el Tiempo”, respondió el Saber, con voz serena.
-¿El Tiempo?… se preguntó el AMOR, ¿Por qué será que el tiempo me ha ayudado?
Porque solo el Tiempo es capaz de comprender cuan importante es el AMOR en la vida.

sábado, 9 de abril de 2016

Mensaje...

Mensaje a los Ciberapóstoles

Ejemplo 13.
Llegó a Carmelita Descalzo después de tropiezos mundanos
En una gran ciudad de un país hispanoamericano, un niño acudía todos los domingos a la Catedral, a la que los Hermanos Maristas enviaban esos días dos Hermanos para la enseñanza de la Doctrina, labor de caridad muy necesaria en una nación donde la escuela laica prescindía de toda instrucción religiosa.
Un día, el Hermano Macario, que era el catequista del grupo en que figuraba el niño a que nos referimos, les habla de rezar a la Virgen tres Avemarías...
“Si las rezáis todos los días –dice–, la Virgen os salvará... ¿Vosotros queréis ir al cielo? Pues comenzad a rezarlas esta misma noche al acostaros...”
Aquella afirmación de protección salvadora fijó la atención del pequeño oyente, y le determinó a dar comienzo a su rezo aquel día.
Meses después dejaba el niño la asistencia a la Doctrina. Y luego cursó el Bachillerato y pasó a la Universidad.
El ambiente incrédulo que halló en ésta y las tentaciones de un mundo tropical, sofocaron las prácticas de piedad, y cayó en las tinieblas del error y en el desenfreno de la vida...
Sólo quedaron las tres Avemarías.
Las sostenía aisladas, a veces pendientes del hilo de una perseverancia casi imposible. Hasta que una noche se enfrentó con aquellas tres Avemarías, diciendo:
“¿para qué? Dejemos esta carga...”
Pero en ese instante sintió un estremecimiento, y, como por instinto, con ansiedad ciega, se dijo: “No, no... las rezaré. ¡Virgen María, que tú me salves!”. Y se agarró a ellas como a un último lazo, que si se desataba se hundía. Y en medio de la noche de su vida persistieron las tres Avemarías.
El propio interesado nos dirá ahora lo sucedido pocos años más tarde:
“Fue un mes de mayo. Una extraña inclinación, un impulso interior que me sorprendía, me inclinaba a ir al templo y asistir a las Flores de Mayo. Era esto, en mis circunstancias, una aberración, además de inquietarme los respetos humanos. Y, sin embargo, la inclinación me llevó. Entré en el templo del Carmen...
A la salida entablé conversación con un señor, que por su amplia cultura se me hizo grato. Nos despedimos hasta el siguiente día, y nos reunimos también los sucesivos del mes de mayo. De nuestras charlas acerca de los temas religiosos volvió la luz y recuperé la fe...
Entonces las tres Avemarías brillaron como tres estrellas de la mañana. Un convencimiento íntimo me ha afirmado siempre que la luz de esa mañana brotó a través de ellas en los ojos misericordiosos de la Señora. Los ojos que sentí fijarse cada vez más insistentemente, más maternalmente en mi alma. Y en su dulce mirada hubo una insinuación sublime, y... su deseo se hizo realidad, con mi ingreso en la Orden del Carmen Descalzo...
Arraigada tengo la convicción de que el lazo salvador que me ató al cielo sobre el abismo, lazo por algún tiempo único, fueron las tres Avemarías, el lazo bíblico triplemente trenzado de Poder, de Sabiduría y de Amor de Madre, que no falla, que no dejo jamás y donde guardo sujeta una esperanza tan inmensa como la misericordia de la Señora”. (P. Fr. Juan Alberto de los Cármenes, O. C. D.)