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viernes, 10 de febrero de 2017
Crecer...
jueves, 9 de febrero de 2017
Lecturas...
Lectura espiritual
Ejemplo 8.
La Virgen acoge siempre el ruego perseverante
“Recuerdo un hecho que me impresionó vivamente y aconteció el año 1967 en que tomé parte en la Gran Misión de Lima (Perú).
Había terminado la Misión y para que viera algo de ese país, me llevaron
unos religiosos a visitar un pueblo de la Cordillera de los Andes, cuya
altura era asombrosa.
Regresábamos de la excursión, y cerca de un pequeño poblado casi perdido
en la inmensidad de aquellos montes, una avería del automóvil nos
detuvo. Mientras el mecánico reparaba el coche, comentábamos paisajes y
costumbres, a la vez que nos acongojaba observar la falta de asistencia
espiritual de aquellas poblaciones privadas de sacerdote.
Pensando en esto y hablando de ello, se llegó al grupo que formábamos
los expedicionarios un hombre de mediana edad, que dirigiéndose a mí
(por ser el único que vestía sotana), dice: “Padrecito: Le ruego venga
conmigo a casa, donde tengo muy enferma a mi madre viejita. Ella pide un
sacerdote, y el más próximo está a 300 kilómetros de aquí, y no da
tiempo a ir por él porque dice mi vieja que se encuentra muy mal y que
se muere...”
“No me hice repetir la súplica. Le dije al buen hombre: “Vamos. ¿Está lejos?” “Muy cerquita” –respondió mi acompañante.
“Anduvimos un buen camino y nos presentamos en la casa de la anciana. Al
entrar en su habitación, lo primero que me sorprende es contemplar
junto a la cama, en una mesita, la estampa de Nuestra Señora del
Perpetuo Socorro.
“Animo en lo posible a la enferma, y luego la confieso... La paz de su
alma se refleja en su rostro. Y con voz débil, tomándome la mano para
besarla, dijo: “Esto es lo que siempre le pedí a la Virgen: no morir sin
confesión... Y le rezaba tres Avemarías”...
“Salí de aquella casa emocionado... La Madre de Dios había escuchado la
oración de la sencilla mujer peruana... ¡Y, precisamente el sacerdote
que “dispuso” la Señora que atendiera a esa alma que tantas veces la
había invocado como “Perpetuo Socorro”, fue un Misionero
Redentorista!”...
¡¡Maravillas con que nos recrea la Santísima Virgen!!
P. Luis Larrauri, C. SS. R.
(Misionero Redentorista). Carta de 21 de junio de 1968.
(Misionero Redentorista). Carta de 21 de junio de 1968.
miércoles, 8 de febrero de 2017
Mensaje...
Mensaje a los Ciberapóstoles
Ejemplo 18.
La Madre Celestial premia la virtud
Un caso curioso me viene a la memoria: Una muchacha de veintiún años
mantenía relaciones amorosas con un joven de veintitrés años. Y un día
me dijo ella, muy apenada, que ese joven no iba ya a verla, por lo que
se sentía triste y desesperada.
Le pregunté cuál fuese el motivo de ese apartamiento del joven de que me
hablaba, y entonces me declaró lo siguiente: “Porque él había empezado a
molestarme, pretendiendo consintiera algunas libertades que no me
gustan; y le dije que hablaba con él porque le creía un hombre formal y
respetuoso, y me disgustaban las excesivas libertades entre nosotros,
pues yo siempre suspiraba por llegar al matrimonio con un hombre que
supiera respetar a la novia hasta ese día.”
“El que yo dijera esto, le disgustó y se fue; y pasa el tiempo y no
vuelve. Y esto me entristece y apena, porque, en verdad, yo le quiero
mucho, puesto que lo creo bueno en el fondo.
¡No sé qué hacer, Padre! Aconséjeme...”
Le di una estampa de las tres Avemarías, diciéndole que encomendara su
problema de amor a la Santísima Virgen, y no se acostara ningún día sin
rezarle las tres Avemarías.
Pasó algún tiempo, y la muchacha perseveraba en el rezo y la confianza
en la Madre de Dios; y un día, estando aquélla pensando precisamente en
el joven que la tenía enamorada, se presentó éste en su casa, pidiéndole
perdón por su mal comportamiento anterior y prometiéndole que en
adelante se portaría como novio que sabe respetar a la novia, y
manifestando su deseo y propósito de casarse cuanto antes.
Ella, contentísima, me visitó, diciendo: “Padre: esto ha sido un
prodigio de la práctica de las tres Avemarías. ¡La Virgen me ha
escuchado!... ¡Le he contado a él lo ocurrido, y ahora no dejamos los
dos de rezar diariamente las tres Avemarías, a la vez que con la natural
alegría e ilusión preparamos la celebración de nuestro matrimonio para
el mes de agosto de este año”...
¡Veis aquí otra “pequeña maravilla” de la Santísima Virgen, realizada en
favor de quien la invocó con fe y confiadamente rezándole uno y otro
día las tres Avemarías!
...
martes, 7 de febrero de 2017
Signos...
Signos de los tiempos
Falta de fe.
Cuando Jesús habla sobre el fin de los tiempos hace la siguiente pregunta: “¿Cuando el Hijo del hombre vuelva, encontrará fe sobre la tierra?”. Con ello el Señor nos quiere prevenir que la fe, la verdadera fe, se irá perdiendo paulatinamente, y que solo quedará un resto fiel, unido a María y consagrado a su Corazón Inmaculado, que permanecerá fiel al Papa y a Cristo. En otra parte dice el Señor que el que persevere hasta el fin, se salvará.
Estas son cosas que debemos saber para ponernos en guardia y no dejarnos arrastrar por los falsos profetas que hoy abundan, los teólogos presuntuosos, sacerdotes y obispos que se oponen al Papa. Pero ya sabemos quién fue el primer Desobediente: Satanás, y los que desobedecen a la Iglesia, al papa, son hijos del diablo, aunque tengan cargos importantes en la Iglesia.
Es tiempo de que nos consagremos al Corazón Inmaculado de María, para formar así el ejército que vencerá al Anticristo cuando éste se manifieste. Y lo vencerá con el auxilio de María Santísima, que con su talón, aplastará la cabeza a la serpiente infernal.
La Virgen promete que el que se consagre a Ella no perderá la fe. Entonces no perdamos tiempos y consagrémonos lo antes posible a María y llevemos a esta consagración a todos nuestros seres queridos.
¡Ven Señor Jesús!
lunes, 6 de febrero de 2017
Vida...
Vivir el Evangelio
Evangelio.
Evangelio significa “Buena Noticia”. ¿Y cuál es la Buena Noticia que el
Señor nos ha venido a comunicar? La Buena Noticia es que a partir de su
Resurrección, el demonio ha sido vencido y las puertas del Cielo están
abiertas para todos los hombres.
Efectivamente antes de la venida de Jesús, las puertas del Cielo estaban
cerradas para todos los hombres. Pero Cristo, con su muerte en Cruz y
posterior resurrección, las ha abierto de par en par, de modo que ahora,
el hombre que tiene buena voluntad, puede pasar por ellas y entrar al
Reino glorioso de los Cielos.
Entonces, ya que somos cristianos y hemos recibido esta Buena Noticia,
no debemos vivir tristes y desanimados, porque sabemos que a pesar de
todas las pruebas, dolores y sufrimientos de esta vida, nuestro destino
final es el Paraíso, donde seremos para siempre felices. Esta
perspectiva de Cielo nos debe hacer vivir con alegría y entusiasmo esta
vida terrena, viviéndola bien, pero recordando que esto no es lo
definitivo, y que el dolor de este mundo pasará.
La Virgen, en muchos de sus mensajes, y la misma Iglesia en la liturgia
de Pascua, nos dice que debemos vivir como hombres nuevos, como
resucitados, porque ya hemos muerto al pecado.
Podemos comenzar a vivir ya el Paraíso en la tierra, como hacían los
santos. Aquí encontramos el motor de estos gigantes que son los santos,
porque tenían la mirada fija en el lugar de gloria que les estaba
reservado, y que ya comenzaban a vivir desde la tierra, porque todo lo
que les sucedía, sabían ellos que era para merecer más gloria en el
Cielo, si lo llevaban pacientemente.
Echemos fuera la tristeza, porque es como un mágico reclamo para
Satanás, que justamente se acerca más a nosotros cuando estamos tristes.
domingo, 5 de febrero de 2017
Cuentos...
Puentes por construir
Puentes de madera
No hace mucho tiempo, dos hermanos que vivían en granjas adyacentes cayeron en un conflicto. Este fue el primer conflicto serio que tenían en 40 años de cultivar juntos hombro a hombro, compartiendo maquinaria e intercambiando cosechas y bienes en forma continua.
Esta larga y beneficiosa colaboración terminó repentinamente. Comenzó con un pequeño malentendido y fue creciendo hasta llegar a ser una diferencia mayor entre ellos, hasta que explotó en un intercambio de palabras amargas seguido de semanas de silencio.
Una mañana alguien llamó a la puerta de Luis. Al abrir la puerta, encontró a un hombre con herramientas de carpintero. "Estoy buscando trabajo por unos días", dijo el extraño, "quizás usted requiera algunas pequeñas reparaciones aquí en su granja y yo pueda ser de ayuda en eso".
"Sí", dijo el mayor de los hermanos, "tengo un trabajo para usted. Mire, al otro lado del arroyo, en aquella granja, ahí vive mi vecino, bueno, de hecho es mi hermano menor".
"La semana pasada había una hermosa pradera entre nosotros y él tomó su bulldozer y desvió el cauce del arroyo para que quedara entre nosotros". "Bueno, él pudo haber hecho esto para enfurecerme, pero le voy a hacer una mejor. ¿Ve usted aquella pila de desechos de madera junto al granero?" "Quiero que construya una cerca, una cerca de dos metros de alto, no quiero verlo nunca más."
El carpintero le dijo: "Creo que comprendo la situación. Muéstreme donde están los clavos y la pala para hacer los hoyos de los postes y le entregaré un trabajo que lo dejará satisfecho."
El hermano mayor le ayudó al carpintero a reunir todos los materiales y dejó la granja por el resto del día para ir por provisiones al pueblo. El carpintero trabajó duro todo el día midiendo, cortando, clavando. Cerca del ocaso, cuando el granjero regresó, el carpintero justo había terminado su trabajo.
El granjero quedó con los ojos completamente abiertos, su quijada cayó. No había ninguna cerca de dos metros; en su lugar había un puente. Un puente que unía las dos granjas a través del arroyo. Era una fina pieza de arte, con todo y pasamanos.
En ese momento, su vecino, su hermano menor, vino desde su granja y abrazando a su hermano le dijo: "Eres un gran tipo, mira que construir este hermoso puente después de lo que he hecho y dicho".
Estaban en su reconciliación los dos hermanos, cuando vieron que el carpintero tomaba sus herramientas. "¡No, espera!", le dijo el hermano mayor, "quédate unos cuantos días. Tengo muchos proyectos para ti".
"Me gustaría quedarme", dijo el carpintero, "pero tengo muchos puentes por construir".
Puentes de madera
No hace mucho tiempo, dos hermanos que vivían en granjas adyacentes cayeron en un conflicto. Este fue el primer conflicto serio que tenían en 40 años de cultivar juntos hombro a hombro, compartiendo maquinaria e intercambiando cosechas y bienes en forma continua.
Esta larga y beneficiosa colaboración terminó repentinamente. Comenzó con un pequeño malentendido y fue creciendo hasta llegar a ser una diferencia mayor entre ellos, hasta que explotó en un intercambio de palabras amargas seguido de semanas de silencio.
Una mañana alguien llamó a la puerta de Luis. Al abrir la puerta, encontró a un hombre con herramientas de carpintero. "Estoy buscando trabajo por unos días", dijo el extraño, "quizás usted requiera algunas pequeñas reparaciones aquí en su granja y yo pueda ser de ayuda en eso".
"Sí", dijo el mayor de los hermanos, "tengo un trabajo para usted. Mire, al otro lado del arroyo, en aquella granja, ahí vive mi vecino, bueno, de hecho es mi hermano menor".
"La semana pasada había una hermosa pradera entre nosotros y él tomó su bulldozer y desvió el cauce del arroyo para que quedara entre nosotros". "Bueno, él pudo haber hecho esto para enfurecerme, pero le voy a hacer una mejor. ¿Ve usted aquella pila de desechos de madera junto al granero?" "Quiero que construya una cerca, una cerca de dos metros de alto, no quiero verlo nunca más."
El carpintero le dijo: "Creo que comprendo la situación. Muéstreme donde están los clavos y la pala para hacer los hoyos de los postes y le entregaré un trabajo que lo dejará satisfecho."
El hermano mayor le ayudó al carpintero a reunir todos los materiales y dejó la granja por el resto del día para ir por provisiones al pueblo. El carpintero trabajó duro todo el día midiendo, cortando, clavando. Cerca del ocaso, cuando el granjero regresó, el carpintero justo había terminado su trabajo.
El granjero quedó con los ojos completamente abiertos, su quijada cayó. No había ninguna cerca de dos metros; en su lugar había un puente. Un puente que unía las dos granjas a través del arroyo. Era una fina pieza de arte, con todo y pasamanos.
En ese momento, su vecino, su hermano menor, vino desde su granja y abrazando a su hermano le dijo: "Eres un gran tipo, mira que construir este hermoso puente después de lo que he hecho y dicho".
Estaban en su reconciliación los dos hermanos, cuando vieron que el carpintero tomaba sus herramientas. "¡No, espera!", le dijo el hermano mayor, "quédate unos cuantos días. Tengo muchos proyectos para ti".
"Me gustaría quedarme", dijo el carpintero, "pero tengo muchos puentes por construir".
sábado, 4 de febrero de 2017
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