martes, 2 de mayo de 2017
Vidas...
Tenemos dos vidas.
Los hombres tenemos dos vidas. La vida del cuerpo, y la vida del alma.
Quizás hasta ahora hemos dado mucha importancia a la primera, y muy poca o ninguna a la segunda.
La vida del cuerpo se cuida con el alimento material cotidiano. En cambio la vida del alma necesita de alimento espiritual, necesita de la oración, la meditación, los sacramentos, la gracia en definitiva.
Estamos vivos en el cuerpo si nuestra alma está unida al cuerpo.
Estamos vivos en el alma si estamos en gracia de Dios, en amistad con el Señor.
En cambio estamos muertos en el alma si vivimos en pecado mortal, si hemos perdido la gracia.
A veces cuidamos tanto la vida del cuerpo, le dedicamos a ella todos los cuidados y lisonjas, hacemos gimnasia, elegimos qué comer y la dieta correcta; pero tenemos que reconocer que para la vida del alma hacemos muy poco. ¡Y sin embargo la vida del alma es la más importante, porque es la que sobrevivirá más allá de la muerte corporal!
Efectivamente si la muerte corporal nos encuentra en pecado mortal, estamos muertos en el alma, y nuestro destino es morir para siempre, la Muerte eterna en el Infierno.
En realidad lo más importante es la vida del alma, como bien lo ha dicho el Señor en el Evangelio, no teman a los que matan el cuerpo, sino más bien teman a los que matan el alma, es decir a los pecados, a los vicios, al mal.
Estamos a tiempo todavía, Dios no nos ha llamado a su tribunal.
Miremos nuestra alma y comprobemos si estamos vivos espiritualmente, si estamos en gracia de Dios. Y si no lo estamos, es tiempo de resucitar con una completa y sincera confesión. Y luego cuidemos y alimentemos esa vida de la gracia, para que nunca más muramos en el alma por el pecado.
Quizás hasta ahora hemos dado mucha importancia a la primera, y muy poca o ninguna a la segunda.
La vida del cuerpo se cuida con el alimento material cotidiano. En cambio la vida del alma necesita de alimento espiritual, necesita de la oración, la meditación, los sacramentos, la gracia en definitiva.
Estamos vivos en el cuerpo si nuestra alma está unida al cuerpo.
Estamos vivos en el alma si estamos en gracia de Dios, en amistad con el Señor.
En cambio estamos muertos en el alma si vivimos en pecado mortal, si hemos perdido la gracia.
A veces cuidamos tanto la vida del cuerpo, le dedicamos a ella todos los cuidados y lisonjas, hacemos gimnasia, elegimos qué comer y la dieta correcta; pero tenemos que reconocer que para la vida del alma hacemos muy poco. ¡Y sin embargo la vida del alma es la más importante, porque es la que sobrevivirá más allá de la muerte corporal!
Efectivamente si la muerte corporal nos encuentra en pecado mortal, estamos muertos en el alma, y nuestro destino es morir para siempre, la Muerte eterna en el Infierno.
En realidad lo más importante es la vida del alma, como bien lo ha dicho el Señor en el Evangelio, no teman a los que matan el cuerpo, sino más bien teman a los que matan el alma, es decir a los pecados, a los vicios, al mal.
Estamos a tiempo todavía, Dios no nos ha llamado a su tribunal.
Miremos nuestra alma y comprobemos si estamos vivos espiritualmente, si estamos en gracia de Dios. Y si no lo estamos, es tiempo de resucitar con una completa y sincera confesión. Y luego cuidemos y alimentemos esa vida de la gracia, para que nunca más muramos en el alma por el pecado.
viernes, 28 de abril de 2017
Catecismo...
APUNTES DE CATECISMO
Del Catecismo de la Iglesia Católica.
8 Los periodos de renovación de la Iglesia son también tiempos fuertes
de la catequesis. Así, en la gran época de los Padres de la Iglesia,
vemos a santos obispos consagrar una parte importante de su ministerio a
la catequesis. Es la época de S. Cirilo de Jerusalén y de S. Juan
Crisóstomo, de S. Ambrosio y de S. Agustín, y de muchos otros Padres
cuyas obras catequéticas siguen siendo modelos.
Comentario:
¡Qué importante es dar catecismo! Pero darlo bien, viviéndolo el que lo
enseña, es decir, ser catecismos vivos. Porque ahora sucede muy
frecuentemente que muchos catequistas enseñan catecismo en las
parroquias y en las escuelas católicas, pero no van a Misa los domingos,
no están casados por Iglesia, viven en pecado y escandalizan a todos
por su modo de vestir provocativo. Entonces ¿qué clase de catecismo
puede dar esa persona? Esos tales trabajan para el diablo. Por eso hacen
falta buenos catequistas. Hacen falta santos, porque los santos son los
que mejor enseñan catecismo. Por eso muchas escuelas católicas no dan
frutos de santidad, pues se enseña el catecismo como una materia más, y
los que lo enseñan no lo viven y, lo que es peor, muchas veces enseñan
un catecismo lleno de errores teológicos.
jueves, 27 de abril de 2017
Santos y pecadores...
De pecadores a santos
Grandes pecadores.
Así como quien está llamado a un destino elevado, si cae, cae muy bajo.
Así también quien está muy bajo, en el fondo del abismo del pecado, si
quiere puede subir a lo más alto de la santidad, abriéndose a la
Misericordia de Dios, y llegar así a ser un grandísimo santo.
Por eso no hay que despreciar a nadie por pecador que sea, porque se
puede convertir y nos puede dejar atrás en el camino de la perfección.
Como dice el Apóstol San Pablo: “El que esté de pie, cuide de no caer”.
Porque a veces ya vivimos sin cometer pecados graves y más o menos
santamente, y acostumbrados a esta gracia nos parece que es por mérito
propio, sin recordar que este estado es también una gracia de la
Misericordia divina, que si nos dejara de su mano, caeríamos en los más
graves desórdenes y pecados.
Así es que el Señor nos manda no juzgar a nadie, porque no sabemos
cuántos auxilios ha recibido ese que vemos muy pecador, y que si hubiera
recibido todos los dones, gracias y auxilios que recibimos nosotros en
nuestra vida, seguramente sería mucho más santo que nosotros ahora.
Ninguno se considere perdido hasta que no esté ya en el Infierno, porque
la Misericordia de Dios es infinita, y cuanta mayor miseria encuentra
para quemar en un alma, tanto más obra prodigios de gracias; y de un
montón de podredumbre, puede hacer un santo que será la admiración del
Cielo y de la tierra.
miércoles, 26 de abril de 2017
Hechos...
REFLEXIÓN DEL DÍA
Estamos hechos para Dios
Dios nos ha creado para Él. Con infinito amor el Señor nos creó para Sí, para tenernos con Él para siempre en el Cielo. No defraudemos al Señor, pues solo encontraremos la felicidad en Su Corazón.
San Agustín dice: “Nos has creado para Ti, Señor; y nuestra alma está inquieta hasta que descanse en Ti”. Tenemos hambre de felicidad. Todos los hombres. Pero lamentablemente muchos no saben dónde está esta felicidad y pecan creyendo que así serán felices. Pero luego comprueban que no son felices, sino que al contrario se hacen esclavos del mal. Nosotros, en cambio, debemos saber que la felicidad está en Dios. Ya en este mundo seremos felices si tenemos a Dios en nuestra alma, es decir, si vivimos en Gracia, en amistad con el Señor. Y luego, en la otra vida, vendrá la Felicidad con mayúscula, donde habremos alcanzado el fin para el que fuimos creados: amar a Dios y ser amados por Él.
¿Dios tiene alguna necesidad de nosotros? No. Él se basta a Sí mismo y es completamente e infinitamente feliz, no necesita de nada ni de nadie para ser feliz. Pero quiso que otros seres participaran de esa felicidad, y entonces creó a los hombres, para los cuales hizo el Cielo con sus moradas destinadas a ser habitadas por los hombres. Allí, en el Cielo, está nuestro lugar definitivo. Vivamos esta vida pensando en aquel lugar de ensueño y de felicidad, para poder sobrellevar con entereza las dificultades y pruebas de la vida. No nos atemos a las cosas de este mundo, sino vivamos con los pies sobre la tierra pero el corazón en el Cielo.
martes, 25 de abril de 2017
Conocer...
Conociendo a Jesucristo
El Corazón de Jesús
Cuando un hombre es bueno decimos: “¡Qué hombre de buen corazón que es!”.
Y entonces ¿qué podemos decir de Jesucristo, que es la Bondad infinita?, ¿qué podemos decir de su Corazón?
Si como nos ha dicho el Señor en el Evangelio: “De la abundancia del
corazón habla la boca”, podemos comprender la bondad del Corazón de
Jesús por las bellísimas palabras que pronunció, por el poder que salía
de ellas.
También nos ha dicho Jesús en su Evangelio que las obras salen del
corazón, como también los deseos, tanto en el mal como en el bien. Y si
vemos cuáles son las obras y deseos que salieron y salen del Corazón de
Jesús, entonces comprobaremos el abismo de bondad que hay en ese
Corazón.
El Corazón de Jesucristo es el Tesoro más grande del universo, porque en Él está Dios mismo reconciliando al mundo consigo.
¡Qué milagro sería si pudiéramos ver ese divino Corazón, si pudiéramos
estudiarlo y conocerlo! Pues bien, podemos hacer esto y mucho más,
podemos comer el Corazón de Jesús, porque ese divino Corazón está en la
Eucaristía, es la Eucaristía. Por lo tanto no conoceremos bien a Jesús
si no comulgamos. Y lo conoceremos cada vez mejor, cuantas más veces
comulguemos debidamente.
Pensemos en estas cosas y no dejemos ni un solo día sin recibir la
Sagrada Comunión, porque es el Corazón de Jesús que se nos entrega para
que lo adoremos y lo conozcamos y nos salvemos, puesto que la Vida
eterna es conocer a Dios Padre y a su Enviado Jesucristo.
¡Alabado sea Jesucristo!
lunes, 24 de abril de 2017
Mensaje...
Mensaje de conversión
La Justicia de Dios
14-2-84 51
El poder de Dios supera todos los cálculos hechos por el hombre. La
sentencia del Señor es grande si no obedecen sus mandatos, tanto como su
misericordia para el obediente con su Palabra. Manifestad vuestra fe y
haced vuestra alianza con El.
Gloria a Dios.
Leed: Ezequiel C. 18, V. 25 al 29
25 Ustedes dirán: "El proceder del Señor no es correcto". Escucha, Casa
de Israel: ¿Acaso no es el proceder de ustedes, y no el Mío, el que no
es correcto?
26 Cuando el justo se aparta de su justicia, comete el mal y muere, muere por el mal que ha cometido.
27 Y cuando el malvado se aparta del mal que ha cometido, para practicar el derecho y la justicia, él mismo preserva su vida.
28 El ha abierto los ojos y se ha convertido de todas las ofensas que había cometido; por eso, seguramente vivirá, y no morirá.
29 Y sin embargo, la Casa de Israel dice: "El proceder del Señor no es
correcto". ¿Acaso no es el proceder de ustedes, y no el Mío, el que no
es correcto?
(Mensaje de María del Rosario de San Nicolás)
Comentario:
Dios es misericordioso, infinitamente misericordioso, pero también es
justo, infinitamente justo. ¡Pobres de los que solo consideran de Dios
su Misericordia y no tienen en cuenta su Justicia! Porque en Dios,
Misericordia y Justicia son una misma cosa. Por eso también dice la
Escritura que de Dios no se ríe nadie impunemente. Nosotros tenemos que
ser obedientes a los Diez Mandamientos y a las enseñanzas de Jesús en el
Evangelio, para que el Señor no nos castigue con el Infierno. Hoy ya no
se quiere hablar del Infierno, pero muchas almas caen en él. Santa
Faustina Kowalska, apóstol de la Divina Misericordia, ha dicho que la
mayoría de las almas que están en el Infierno, en vida no habían creído
en su existencia. Por eso es mejor que nos asustemos un poco en esta
vida y no que vayamos muy tranquilos al encuentro de la muerte y del
juicio de Dios, y después caigamos en el horror eterno. Es algo muy
serio nuestra salvación y debemos obrar nuestra salvación con temor y
temblor, es decir, con diligencia y seriedad. No nos dejemos arrastrar
por este mundo que se toma todo a risa y a chiste, sino tomemos las
cosas en serio.
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