sábado, 13 de mayo de 2017

Comunión...

Comunión frecuente.

Cuando el mal se va extendiendo y haciendo más incisivo, también el Cielo nos da armas para enfrentarlo. Por eso si bien antes no se podía comulgar todos los días, sino que eso era para algunos adelantados en la vida espiritual, ahora la Iglesia permite la Comunión diaria, e incluso se puede recibir la Eucaristía hasta dos veces en el mismo día, siempre que se participe de la Santa Misa.
Pobres de nosotros si no aprovechamos esta oportunidad que nos da el Señor, y por nimiedades faltamos a Misa, dejamos de comulgar frecuentemente, incluso diariamente, porque entonces nos vendrá la frialdad espiritual, hasta que quizás terminemos en el pecado grave y en la apostasía, es decir, el abandono de la fe.
Pensemos y meditemos un poco a ver si no estamos dejando de lado la Comunión sacramental sin motivo suficiente, porque cada vez que comulgamos recibimos un tesoro infinito. Cada vez que asistimos a Misa es como ir a un banco a recibir una inmensa fortuna. Y si haríamos cualquier sacrificio para ir a dicho banco a recibir ese tesoro, ¡también debemos poner todos los medios para ir a la iglesia a recibir a Jesús Sacramentado!
Si estamos tristes y angustiados porque las cosas van mal, el mundo va de mal en peor, nuestros seres queridos sufren por muchos motivos, tenemos la oportunidad de ayudar a todas estas situaciones con nuestra oración y, sobre todo, yendo a Misa y uniéndonos al Sacrificio de la Cruz que se actualiza en cada Santa Misa, y al recibir la Comunión, ofrecerla por todas estas cosas y por las personas más necesitadas, las que conocemos y las que no conocemos.
Quizás somos personas que no tenemos gran influencia en el mundo, ni ascendencia entre nuestros parientes como para guiarlos y aconsejarlos en el bien. Pero si vamos a comulgar todos los días, o lo más frecuentemente que podamos, estaremos haciendo maravillas por ellos y por todo el mundo. Y por supuesto estamos haciendo mucho también por nosotros mismos, porque el que come de la Carne y bebe la Sangre del Señor, tiene asegurado el Cielo, y ya aquí en la tierra es feliz y comienza a vivir en el Paraíso.
No oigamos las palabras del tentador que nos pone multitud de pretextos para que faltemos a Misa: que el sacerdote esto y aquello, que no hace falta recibir tantas veces la comunión, que no hay que ser tan fanático, etc., etc. Son todas tentaciones del Maligno que sabe muy bien el beneficio que es participar mucho en la Santa Misa y recibir en ella la Santa Comunión.
Nos hace falta más fe, o al menos vivir mejor la fe que tenemos, porque sabemos muy bien que el Sacrificio de la Misa es independiente de la santidad o no del sacerdote que la celebra.
Así que no dejemos de comulgar todas las veces que podamos. Y a no creer que si no tenemos devoción ni “sentimos” algo al recibir a Jesús por eso debemos dejar de comulgar, sino todo lo contrario, pues la Eucaristía es como una aspirina, como un remedio, y como tal debemos recibirlo, aunque no sintamos sensiblemente nada. Mejor si sentimos arder de amor nuestro pecho al recibir al Señor sacramentado; pero si no sentimos nada, igual sigamos perseverando en la Comunión diaria.
Cuando tomamos un remedio tampoco sentimos nada, pero el remedio va trabajando en nuestro organismo y nos devuelve la salud y nos da fuerzas para mejorar.
También la Eucaristía nos hace bien, aunque no lo notemos, aunque no lo percibamos ni nadie lo perciba, porque Dios trabaja en lo escondido, en lo oculto, y aunque aparentemente sigamos siendo los mismos después de cada Comunión bien hecha, en realidad no somos los mismos, sino que el Señor nos va transformando milagrosamente, misteriosamente.
Reflexionemos si estamos yendo a Misa y a comulgar todas las veces que podemos, o lo estamos dejando de lado por bagatelas.

viernes, 12 de mayo de 2017

Maria Maria Milton Nascimento (subtitulado)

Chico Buarque - O Que Será (banda sonora Dona Flor e Seus Dois Maridos)

Sto Evangelio...

Evangelio según San Juan 14,1-6.
Jesús dijo a sus discípulos: 
"No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mí. 
En la Casa de mi Padre hay muchas habitaciones; si no fuera así, se lo habría dicho a ustedes. Yo voy a prepararles un lugar. 
Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde yo esté, estén también ustedes. 
Ya conocen el camino del lugar adonde voy". 
Tomás le dijo: "Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo vamos a conocer el camino?". 
Jesús le respondió: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí." 

miércoles, 10 de mayo de 2017

Evangelio del día...

Evangelio del día.

Miércoles 10/MAY/17.
Jn 12, 44-50.
Leer el Evangelio.
Jesús exclamó: El que cree en mí, en realidad no cree en mí, sino en Aquél que me envió. Y el que me ve ve al que me envió. Yo soy la luz, y he venido al mundo para que todo el que crea en mí no permanezca en las tinieblas. Al que escucha mis palabras y no las cumple, yo no lo juzgo, porque no vine a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he anunciado es la que lo juzgará en el último día. Porque yo no hablé por mí mismo: el Padre que me ha enviado me ordenó lo que debía decir y anunciar; y yo sé que su mandato es Vida eterna. Las palabras que digo, las digo como el Padre me lo ordenó.
Reflexión:
Jesús es la luz del mundo, y con sus enseñanzas nos ilumina para que vivamos una vida acorde a la voluntad de Dios y nos salvemos y ayudemos a salvar a nuestros hermanos. Por eso debemos leer todos los días por lo menos un capítulo del Evangelio, ya que en él se encuentra lo que el Espíritu Santo nos enseña para que no perdamos el rumbo y cada vez más penetremos en el conocimiento de Jesús, y por lo tanto del Padre. Hoy se leen muchos libros pero se lee poco Evangelio, es por eso que el mundo va perdiendo el rumbo que lo lleva a la salvación. No hagamos lo mismo nosotros.
Pidamos a la Santísima Virgen la gracia de ser constantes en la lectura y meditación del Evangelio y que Ella nos lo vaya explicando con su dulzura materna y su Sabiduría, pues nuestra Madre está llena del Espíritu Santo que es el Autor del Evangelio y el único que lo explica correctamente a través de la Iglesia Católica.
Jesús, María, os amo, salvad las almas.