lunes, 22 de mayo de 2017

Conversión...

Diario vivir

Conversión.
Cada día que pasa es un día menos que tenemos de vida, y un día más que nos acercamos a la muerte y al juicio de Dios. Entonces no tenemos que desperdiciar el tiempo de vida que Dios nos ha concedido y que no sabemos cuánto será. Debemos aprovechar el tiempo para convertirnos, es decir, para volver a cumplir los mandamientos y las enseñanzas del Evangelio si es que hemos dejado de cumplirlos. Y si ya los cumplimos, pues hay que cumplirlos mejor y con más delicadeza, porque la conversión no es un proceso único sino que es progresivo y cada día nos tenemos que convertir más profundamente a Dios.
¿Quién no tiene defectos y pecados en los que cae frecuentemente? Pues bien, no tenemos que resignarnos a esto, sino trabajar por eliminar ese defecto o vicio. Con la ayuda de Dios podemos hacerlo. Debemos hacerlo. Porque Dios nos da todo para que lo podamos hacer, el tema es que nosotros “queramos” hacerlo.
Si Dios nos da todas las herramientas y materiales para construir nuestra santidad, pero resulta que por dejadez, pereza o mala voluntad no los sabemos aprovechar, entonces Dios no tiene la culpa de que vayamos al Infierno. Porque Dios no envía a nadie al Infierno, sino que el hombre mismo se va solito debido a que no ha aceptado a Dios ni ha querido cumplir su voluntad, es decir, los Diez Mandamientos.
Esto es una cosa seria. Es la cosa más seria que tenemos en nuestra vida: nuestra conversión, nuestra salvación. Porque si nos salvamos y vamos al Cielo, seremos para siempre felices; pero si nos condenamos y vamos al Infierno, nos espera el horror eterno.
Muchas veces nos parece que esto de la religión es un invento de los curas o exageraciones. Pero esta es una idea que sugiere el demonio para distraernos y que no nos rebelemos, y así nos pueda llevar fácilmente a su Infierno, donde espera torturarnos por los siglos de los siglos.
Seamos inteligentes y astutos y trabajemos por nuestra salvación y santificación, porque no hay nada más importante que esto en la vida. Dejemos de lado los problemas del fútbol, de los noticieros, del comer y el beber, del tener, y pongamos en primer lugar el tema de nuestra salvación eterna, porque somos nosotros los más interesados de que este asunto salga bien, de lo contrario habremos vivido en vano.
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.



sábado, 20 de mayo de 2017

Seguros...

Seguros.

Ya lo dice el Apóstol: “El que esté seguro, cuide de no caer”. Porque efectivamente el peligro de pecar y de perdernos está siempre latente, y por eso debemos pedir todos los días la perseverancia final, la constancia en el bien.
Es bueno que sepamos que no estamos confirmados en gracia, y que si no vigilamos y rezamos, podemos caer miserablemente. Han caído lumbreras de la Iglesia. Han precipitado grandes virtuosos. ¿Por qué no podemos caer también nosotros?
Es bueno confiar en Dios y estar seguros de su amor y protección. Pero también tenemos que saber que el demonio existe y es muy astuto, e incluso se viste de ángel de luz para engañar a los que van por el buen camino.
Un ejemplo de esto lo tenemos en la Anunciación, cuando el Arcángel Gabriel se apareció a María Santísima y Ella se conturbó, es decir, que temió que aquella aparición no fuera quizás del enemigo. ¡Y Ella era santísima! Sin embargo tenía el alma siempre vigilante y sabía que el enemigo existe y es el tentador.
¿Seguros? Sólo en el Cielo. Porque efectivamente estaremos completamente seguros sólo en el Cielo, ya que la misma vida es peligro. Por algo el Señor insiste tanto en su Evangelio en que estemos vigilantes y orando en todo tiempo, que no sigamos las máximas mundanas ni nos dejemos estar, sino que esperemos cada día la venida del Señor, estando siempre preparados, es decir, en gracia de Dios y haciendo todo lo que a Él le agrada.
Pero es también humildad el tener estos pensamientos, porque la presunción es un pecado, y el creer que ya estamos salvados y que ya no hay nada que temer, es un engaño del Maligno o de nuestro amor propio, que nos puede llevar a la gran caída.
Así que humildad en pedir cada día la protección de Dios, rezando y vigilando para no caer en las trampas del mundo, del demonio y de la carne.

viernes, 19 de mayo de 2017

Salmo...

Salmo 57(56),8-9.10-12.
Mi corazón está firme, Dios mío, 
mi corazón está firme. 
Voy a cantar al son de instrumentos:
¡despierta, alma mía! 
¡Despierten, arpa y cítara, 
para que yo despierte a la aurora!

Te alabaré en medio de los pueblos, Señor, 
te cantaré entre las naciones,
porque tu misericordia se eleva hasta el cielo 
y tu fidelidad hasta las nubes.
¡Levántate, Dios, por encima del cielo, 
y que tu gloria cubra toda la tierra!

jueves, 18 de mayo de 2017

Evangelio del día...

Evangelio del día.

Jueves 18/MAY/17.
Jn 15, 9-11.
Permanencia.
A la Hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús dijo a sus discípulos: Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto.
Reflexión:
Para permanecer en el amor de Jesús hay que cumplir sus mandamientos. ¿Cuáles son esos mandamientos? Los Diez que ya conocemos y además los que Jesús nos dio en el Evangelio como por ejemplo perdonar las ofensas, amar a los enemigos y rezar por ellos, amar al prójimo como Jesús nos amó a nosotros, etc. Por eso si decimos que amamos a Jesús y no cumplimos esos mandamientos suyos, esto indica que en realidad NO amamos a Jesús.
Pidamos a la Santísima Virgen ser cada vez más exquisitos en el cumplimiento de los mandamientos que Jesús nos dejó en el Evangelio para demostrarle así nuestro verdadero amor a Él.
Jesús, María, os amo, salvad las almas.
 

miércoles, 17 de mayo de 2017

Día por día...

En el día a día.

A veces esperamos las grandes ocasiones para servir a Dios y demostrarle que lo amamos y que somos fieles a Él, pero descuidamos las cosas comunes y sencillas de todos los días, descuidamos el ser fieles en lo poco y cotidiano, y es ahí donde le tenemos que demostrar al Señor que lo amamos y que somos fieles. Porque puede ser fácil quizás guardar la fidelidad en alguna obra importante. Lo difícil quizás es ser fieles, honestos, buenos, mansos en lo cotidiano, cuando se presenta la tentación, casi inadvertida, de hacer algo que está mal, o no tan bien, y muchas veces caemos y obramos mal. 
No hagamos así, porque si bien quizás lo malo que obramos no llegue a pecado grave, hay que saber que las grandes caídas siempre comienzan con caídas pequeñas, con descuidos mínimos, que luego van haciendo al alma más proclive a los asaltos del mal, y poco a poco vamos como perdiendo noción de lo que está bien y está mal, y nuestra conciencia se va ofuscando y así perdemos el norte. 
No descuidemos las cosas de todos los días, porque la tentación se presenta constantemente a nuestro alrededor, y aunque creamos que nadie nos ve, en realidad todo lo que hacemos, decimos y pensamos, está ante la mirada de Dios y de todo el Cielo; y en el Juicio Final será puesto en evidencia ante toda la creación. 
Por eso, para no tener vergüenza en aquél momento terrible y temible del Juicio Final, hagamos todo bien, sabiendo que Dios nos está mirando constantemente. Comportémonos como si estuviéramos ante una cámara de seguridad que nos filma, porque algo similar es lo que ocurre en nuestra vida, ya que lo que se dice o hace en secreto, algún día quedará patente ante todo el universo. 
Es una buena ayuda el saber que Dios nos mira porque lo importante es no pecar, por temor al castigo, pero también por amor a Dios, pues el pecado Le ofende. 
Así que recordemos: cuando nos llegue el momento de la tentación, de una propuesta indecente, de una ganancia ilícita, de una murmuración contra el prójimo, de un negocio turbio, etc., etc., seamos fieles a Dios, recordemos que se nos pedirá cuenta hasta de la más mínima palabra ociosa que hayamos pronunciado, como dice Jesús en el Evangelio. 
Si hacemos así, entonces quizás perdamos muchos “negocios” y “oportunidades”, pero ganaremos en tranquilidad de conciencia y, aunque quedemos un poco más pobres, o menos ricos, y parezcamos tontos ante los ojos de los que nos tientan, digamos “¡NO!” a la tentación. 
Es cierto que es una lucha constante que produce cansancio, y a veces nos puede costar sangre de nuestro corazón por el gran esfuerzo que deberemos hacer al rechazar la propuesta que podrá venir del prójimo, del demonio, del mundo o de nosotros mismos. Pero ése es el combate que debemos entablar en la tierra para, al final del camino, merecer el Cielo prometido a los que perseveraron en ser fieles en lo pequeño y cotidiano. Y así seremos fieles también en lo mucho, porque ya lo dice el Apóstol: “Resistidles al diablo firmes en la fe, y luego huirá de vosotros”. Es decir que el demonio, luego de intentar seducirnos, al no lograrlo, nos dejará tranquilos relativamente, aunque igual siempre deberemos estar atentos y vigilantes.

martes, 16 de mayo de 2017

Fragmento...

Fragmento del Diario de Santa Faustina Kowalska,

"La Divina Misericordia en mi alma", con comentario

Dios nos da gusto.
74 Desde el momento cuando una fuerza misteriosa empezó a apremiarme a que solicitara aquella Fiesta y a que fuera pintada la imagen, no puedo lograr la paz. Algo me satura por completo y, sin embargo, me invade el temor de si solo es una ilusión. Estas dudas siempre venían de fuera, porque en el fondo de mi alma sentía que era el Señor quien traspasaba mi alma. El confesor con quien me confesaba entonces me decía que existían casos de ilusiones, y yo sentía que aquel confesor parecía tener miedo de confesarme. Era para mí un tormento. Al haberme dado cuenta de que tenía poco apoyo por parte de los hombres, me refugie aun más en el Señor Jesús, en el mejor Maestro. En algún momento, cuando me invadió la duda de si la voz que oía era del Señor, me dirigí a Jesús en un coloquio interior, sin pronunciar una palabra. De repente alguna fuerza penetro mi alma, dije: Si Tu eres verdaderamente mi Dios que estas en comunión conmigo y me hablas, Te pido, Señor, que esa alumna [64] se confiese hoy mismo y esa señal me fortalecerá. En ese mismo instante aquella muchacha pidió la confesión.
75 La Madre de la clase, sorprendida de su cambio repentino, no tardó en buscar a un sacerdote y esa persona se confeso muy arrepentida. De inmediato oí en mi alma la siguiente voz: ¿Me crees ahora? Otra vez una fuerza extraña llenó mi alma, me reforzó y me fortaleció hasta tal punto que yo misma me asombré de haber podido dudar por un momento. Sin embargo estas dudas siempre venían de fuera y eso me llevó a encerrarme aun más en mi misma. Al sentir durante la confesión la incertidumbre del confesor, no descubro mi alma a fondo sino que solamente me acuso de mis pecados. Si el sacerdote mismo no tiene serenidad, no la da a otras almas.
Oh sacerdotes, cirios encendidos que alumbran las almas, que su claridad no oscurezca jamás. Comprendí que no era la voluntad de Dios que descubriera entonces el fondo de mi alma. Dios me concedió esta gracia mas tarde.
Comentario:
Sor Faustina le pide una prueba al Señor de que era Él el que le hablaba, y el Señor no tarda en cumplirle el pedido: esa alumna pide la confesión. Y Dios es Bueno y nos da gusto en todo lo que Él ve que será un adelantamiento para nuestra alma. Muchas veces tendremos que pasar por períodos de oscuridades y de perplejidades, pero en el momento oportuno recibiremos alguna luz de lo alto o una tregua que nos dará ánimos para seguir en el combate. A veces estamos tan felices que creemos que ya no vendrán sobre nosotros más tribulaciones. Pero un tiempo después, tal vez al poco rato, ya estamos sufriendo otra vez alguna tribulación. Por eso ¡paciencia! y ¡confianza en Jesús y en María! y ¡adelante, que el Cielo nos espera y vale la pena!
Jesús, en Vos confío.


lunes, 15 de mayo de 2017

Santidad...

Ser santos

¿El tiempo es oro?
Una máxima del mundo, muy conocida, es la siguiente: “El tiempo es oro”. Pero para el cristiano no es así, sino que se convierte en esta otra: “El tiempo es gloria”. Y justamente es así porque para un cristiano cada momento de su vida es una oportunidad de ser mejor, de ser santo, y de aumentar así la gloria que recibirá en el Cielo.
¿Pero los cristianos de ahora tienen esta visión sobrenatural del tiempo? ¿O más bien malgastan el tiempo en vanidades y en distracciones que no ayudan a ser santos sino que más bien obstaculizan a dicho fin?
Es tiempo de dar más valor al tiempo, recordando que la única vida que tenemos es esta que vivimos ahora, y recordar que luego viene la muerte y con ella el Juicio y la eternidad, donde recibiremos los premios o castigos que hayamos merecido en este mundo.
No hay vuelta atrás, y el tiempo que se va no vuelve. No seamos como esos insensatos que de la fortuna que tienen en sus manos, acaban haciendo miseria, sino aprovechemos bien el tiempo, dando por supuesto un momento a la diversión y al esparcimiento, pero tomándonos la vida muy en serio, porque Cielo o Infierno son lo bastante serios y no podemos tomarnos las cosas en broma y andar despreocupados por esta vida.
No existe la reencarnación, esa es una patraña del demonio, para hacernos creer que tendremos otras posibilidades. ¡No! El hombre vive una sola vez, muere una sola vez y es juzgado para siempre y se le fija un destino eterno que nunca cambiará, mientras Dios sea Dios.
Reflexionemos cómo es que estamos utilizando el tiempo de vida que tenemos y, si encontramos que hay deficiencias y que despilfarramos el tiempo inútilmente, cambiemos el rumbo porque todavía estamos a tiempo.