martes, 23 de mayo de 2017
Reflexión...
Reflexión mariana
Con María
Cuando los Reyes Magos llegaron a la casa de Belén, encontraron al Niño
Dios junto con su Madre. Ella se los presentó y ellos lo adoraron,
ofreciéndole orto, incienso y mirra. Porque María nunca está sola, sino
que siempre está con Jesús; y Jesús nunca está solo, sino siempre está
con María. Desde la Anunciación del Ángel Gabriel ya nunca más se
separarán. Por eso nosotros también debemos ir a María si queremos
encontrar a Jesús. María es como la mediadora entre Jesús y nosotros y
le habla a Jesús en favor nuestro. Ella lo convence para que el Señor se
incline en nuestro favor, nos perdone los pecados y nos colme de
bendiciones y gracias. Cada vez que vamos a María, encontramos a Jesús,
porque María es como el vestido de Jesús.
lunes, 22 de mayo de 2017
Conversión...
Diario vivir
Conversión.
Cada día que pasa es un día menos que tenemos de vida, y un día más que
nos acercamos a la muerte y al juicio de Dios. Entonces no tenemos que
desperdiciar el tiempo de vida que Dios nos ha concedido y que no
sabemos cuánto será. Debemos aprovechar el tiempo para convertirnos, es
decir, para volver a cumplir los mandamientos y las enseñanzas del
Evangelio si es que hemos dejado de cumplirlos. Y si ya los cumplimos,
pues hay que cumplirlos mejor y con más delicadeza, porque la conversión
no es un proceso único sino que es progresivo y cada día nos tenemos
que convertir más profundamente a Dios.
¿Quién no tiene defectos y pecados en los que cae frecuentemente? Pues
bien, no tenemos que resignarnos a esto, sino trabajar por eliminar ese
defecto o vicio. Con la ayuda de Dios podemos hacerlo. Debemos hacerlo.
Porque Dios nos da todo para que lo podamos hacer, el tema es que
nosotros “queramos” hacerlo.
Si Dios nos da todas las herramientas y materiales para construir
nuestra santidad, pero resulta que por dejadez, pereza o mala voluntad
no los sabemos aprovechar, entonces Dios no tiene la culpa de que
vayamos al Infierno. Porque Dios no envía a nadie al Infierno, sino que
el hombre mismo se va solito debido a que no ha aceptado a Dios ni ha
querido cumplir su voluntad, es decir, los Diez Mandamientos.
Esto es una cosa seria. Es la cosa más seria que tenemos en nuestra
vida: nuestra conversión, nuestra salvación. Porque si nos salvamos y
vamos al Cielo, seremos para siempre felices; pero si nos condenamos y
vamos al Infierno, nos espera el horror eterno.
Muchas veces nos parece que esto de la religión es un invento de los
curas o exageraciones. Pero esta es una idea que sugiere el demonio para
distraernos y que no nos rebelemos, y así nos pueda llevar fácilmente a
su Infierno, donde espera torturarnos por los siglos de los siglos.
Seamos inteligentes y astutos y trabajemos por nuestra salvación y
santificación, porque no hay nada más importante que esto en la vida.
Dejemos de lado los problemas del fútbol, de los noticieros, del comer y
el beber, del tener, y pongamos en primer lugar el tema de nuestra
salvación eterna, porque somos nosotros los más interesados de que este
asunto salga bien, de lo contrario habremos vivido en vano.
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
sábado, 20 de mayo de 2017
Seguros...
Seguros.
Ya
lo dice el Apóstol: “El que esté seguro, cuide de no caer”. Porque
efectivamente el peligro de pecar y de perdernos está siempre latente, y
por eso debemos pedir todos los días la perseverancia final, la
constancia en el bien.
Es bueno que sepamos que no estamos confirmados en gracia, y que si no vigilamos y rezamos, podemos caer miserablemente. Han caído lumbreras de la Iglesia. Han precipitado grandes virtuosos. ¿Por qué no podemos caer también nosotros?
Es bueno confiar en Dios y estar seguros de su amor y protección. Pero también tenemos que saber que el demonio existe y es muy astuto, e incluso se viste de ángel de luz para engañar a los que van por el buen camino.
Un ejemplo de esto lo tenemos en la Anunciación, cuando el Arcángel Gabriel se apareció a María Santísima y Ella se conturbó, es decir, que temió que aquella aparición no fuera quizás del enemigo. ¡Y Ella era santísima! Sin embargo tenía el alma siempre vigilante y sabía que el enemigo existe y es el tentador.
¿Seguros? Sólo en el Cielo. Porque efectivamente estaremos completamente seguros sólo en el Cielo, ya que la misma vida es peligro. Por algo el Señor insiste tanto en su Evangelio en que estemos vigilantes y orando en todo tiempo, que no sigamos las máximas mundanas ni nos dejemos estar, sino que esperemos cada día la venida del Señor, estando siempre preparados, es decir, en gracia de Dios y haciendo todo lo que a Él le agrada.
Pero es también humildad el tener estos pensamientos, porque la presunción es un pecado, y el creer que ya estamos salvados y que ya no hay nada que temer, es un engaño del Maligno o de nuestro amor propio, que nos puede llevar a la gran caída.
Así que humildad en pedir cada día la protección de Dios, rezando y vigilando para no caer en las trampas del mundo, del demonio y de la carne.
Es bueno que sepamos que no estamos confirmados en gracia, y que si no vigilamos y rezamos, podemos caer miserablemente. Han caído lumbreras de la Iglesia. Han precipitado grandes virtuosos. ¿Por qué no podemos caer también nosotros?
Es bueno confiar en Dios y estar seguros de su amor y protección. Pero también tenemos que saber que el demonio existe y es muy astuto, e incluso se viste de ángel de luz para engañar a los que van por el buen camino.
Un ejemplo de esto lo tenemos en la Anunciación, cuando el Arcángel Gabriel se apareció a María Santísima y Ella se conturbó, es decir, que temió que aquella aparición no fuera quizás del enemigo. ¡Y Ella era santísima! Sin embargo tenía el alma siempre vigilante y sabía que el enemigo existe y es el tentador.
¿Seguros? Sólo en el Cielo. Porque efectivamente estaremos completamente seguros sólo en el Cielo, ya que la misma vida es peligro. Por algo el Señor insiste tanto en su Evangelio en que estemos vigilantes y orando en todo tiempo, que no sigamos las máximas mundanas ni nos dejemos estar, sino que esperemos cada día la venida del Señor, estando siempre preparados, es decir, en gracia de Dios y haciendo todo lo que a Él le agrada.
Pero es también humildad el tener estos pensamientos, porque la presunción es un pecado, y el creer que ya estamos salvados y que ya no hay nada que temer, es un engaño del Maligno o de nuestro amor propio, que nos puede llevar a la gran caída.
Así que humildad en pedir cada día la protección de Dios, rezando y vigilando para no caer en las trampas del mundo, del demonio y de la carne.
viernes, 19 de mayo de 2017
Salmo...
Salmo 57(56),8-9.10-12.
Mi corazón está firme, Dios mío,
mi corazón está firme.
Voy a cantar al son de instrumentos:
¡despierta, alma mía!
¡Despierten, arpa y cítara,
para que yo despierte a la aurora!
Te alabaré en medio de los pueblos, Señor,
te cantaré entre las naciones,
porque tu misericordia se eleva hasta el cielo
y tu fidelidad hasta las nubes.
¡Levántate, Dios, por encima del cielo,
y que tu gloria cubra toda la tierra!
mi corazón está firme.
Voy a cantar al son de instrumentos:
¡despierta, alma mía!
¡Despierten, arpa y cítara,
para que yo despierte a la aurora!
Te alabaré en medio de los pueblos, Señor,
te cantaré entre las naciones,
porque tu misericordia se eleva hasta el cielo
y tu fidelidad hasta las nubes.
¡Levántate, Dios, por encima del cielo,
y que tu gloria cubra toda la tierra!
jueves, 18 de mayo de 2017
Evangelio del día...
Evangelio del día.
Jueves 18/MAY/17.
Jn 15, 9-11.
Permanencia.
A la Hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús dijo a sus discípulos:
Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en
mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo
cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he
dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto.
Reflexión:
Para permanecer en el amor de Jesús hay que cumplir sus mandamientos.
¿Cuáles son esos mandamientos? Los Diez que ya conocemos y además los
que Jesús nos dio en el Evangelio como por ejemplo perdonar las ofensas,
amar a los enemigos y rezar por ellos, amar al prójimo como Jesús nos
amó a nosotros, etc. Por eso si decimos que amamos a Jesús y no
cumplimos esos mandamientos suyos, esto indica que en realidad NO amamos
a Jesús.
Pidamos a la Santísima Virgen ser cada vez más exquisitos en el
cumplimiento de los mandamientos que Jesús nos dejó en el Evangelio para
demostrarle así nuestro verdadero amor a Él.
Jesús, María, os amo, salvad las almas.
miércoles, 17 de mayo de 2017
Día por día...
En el día a día. |
A veces esperamos las grandes ocasiones para servir a Dios y demostrarle que lo amamos y que somos fieles a Él, pero descuidamos las cosas comunes y sencillas de todos los días, descuidamos el ser fieles en lo poco y cotidiano, y es ahí donde le tenemos que demostrar al Señor que lo amamos y que somos fieles. Porque puede ser fácil quizás guardar la fidelidad en alguna obra importante. Lo difícil quizás es ser fieles, honestos, buenos, mansos en lo cotidiano, cuando se presenta la tentación, casi inadvertida, de hacer algo que está mal, o no tan bien, y muchas veces caemos y obramos mal.
No hagamos así, porque si bien quizás lo malo que obramos no llegue a pecado grave, hay que saber que las grandes caídas siempre comienzan con caídas pequeñas, con descuidos mínimos, que luego van haciendo al alma más proclive a los asaltos del mal, y poco a poco vamos como perdiendo noción de lo que está bien y está mal, y nuestra conciencia se va ofuscando y así perdemos el norte. No descuidemos las cosas de todos los días, porque la tentación se presenta constantemente a nuestro alrededor, y aunque creamos que nadie nos ve, en realidad todo lo que hacemos, decimos y pensamos, está ante la mirada de Dios y de todo el Cielo; y en el Juicio Final será puesto en evidencia ante toda la creación. Por eso, para no tener vergüenza en aquél momento terrible y temible del Juicio Final, hagamos todo bien, sabiendo que Dios nos está mirando constantemente. Comportémonos como si estuviéramos ante una cámara de seguridad que nos filma, porque algo similar es lo que ocurre en nuestra vida, ya que lo que se dice o hace en secreto, algún día quedará patente ante todo el universo. Es una buena ayuda el saber que Dios nos mira porque lo importante es no pecar, por temor al castigo, pero también por amor a Dios, pues el pecado Le ofende. Así que recordemos: cuando nos llegue el momento de la tentación, de una propuesta indecente, de una ganancia ilícita, de una murmuración contra el prójimo, de un negocio turbio, etc., etc., seamos fieles a Dios, recordemos que se nos pedirá cuenta hasta de la más mínima palabra ociosa que hayamos pronunciado, como dice Jesús en el Evangelio. Si hacemos así, entonces quizás perdamos muchos “negocios” y “oportunidades”, pero ganaremos en tranquilidad de conciencia y, aunque quedemos un poco más pobres, o menos ricos, y parezcamos tontos ante los ojos de los que nos tientan, digamos “¡NO!” a la tentación. Es cierto que es una lucha constante que produce cansancio, y a veces nos puede costar sangre de nuestro corazón por el gran esfuerzo que deberemos hacer al rechazar la propuesta que podrá venir del prójimo, del demonio, del mundo o de nosotros mismos. Pero ése es el combate que debemos entablar en la tierra para, al final del camino, merecer el Cielo prometido a los que perseveraron en ser fieles en lo pequeño y cotidiano. Y así seremos fieles también en lo mucho, porque ya lo dice el Apóstol: “Resistidles al diablo firmes en la fe, y luego huirá de vosotros”. Es decir que el demonio, luego de intentar seducirnos, al no lograrlo, nos dejará tranquilos relativamente, aunque igual siempre deberemos estar atentos y vigilantes. |
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