miércoles, 7 de junio de 2017
Catecismo...
Repasando el Catecismo
| 1. | ¿Cuál es la plena y definitiva etapa de la Revelación de Dios? |
65-66
73
73
La plena y definitiva etapa de la Revelación de Dios es la que Él mismo
llevó a cabo en su Verbo encarnado, Jesucristo, mediador y plenitud de
la Revelación. En cuanto Hijo Unigénito de Dios hecho hombre, Él es la
Palabra perfecta y definitiva del Padre. Con la venida del Hijo y el don
del Espíritu, la Revelación ya se ha cumplido plenamente, aunque la fe
de la Iglesia deberá comprender gradualmente todo su alcance a lo largo
de los siglos.
«Porque en darnos, como nos dio a su Hijo, que es una Palabra suya, que
no tiene otra, todo nos lo habló junto y de una vez en esta sola
Palabra, y no tiene más que hablar» (San Juan de la Cruz)
(Del Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica)
Comentario:
Todo lo que necesitamos saber para salvarnos, ya ha sido revelado en
Cristo Jesús, en su Evangelio, en la Sagrada Escritura, desde el Génesis
hasta el Apocalipsis. Ahora toca al Magisterio de la Iglesia ir
descubriendo esta verdad y profundizando en todas sus facetas. ¿Pero
entonces Dios ya no hablará más? Dios es Verbo y no puede no
comunicarse. Entonces no debemos entender mal esta afirmación de que ya
está todo dicho. ¡No! Si bien Dios ya ha dado todo lo que es necesario
para nuestra salvación y muchos más todavía, infinitamente más nos ha
dado; también es cierto que el Señor se sigue comunicando con los
hombres para llevarlos a comprender mejor toda la Revelación y hacerlos
vivir mejor las normas que Él mismo ha dado. Por eso las revelaciones
privadas tienen una gran importancia también, y si están aprobadas por
la Iglesia, como las apariciones de Fátima o las del Sagrado Corazón de
Jesús, entonces hay que aceptarlas y prestarles mucha atención porque
podemos correr el riesgo de cerrarle la puerta a Dios, de no aprovechar
los consejos que nos da Jesús y la Virgen para que evitemos peligros o
saquemos más provecho de las enseñanzas de siempre.
¡Alabado sea Dios!
martes, 6 de junio de 2017
Mensaje...
Mensaje espiritual
La Virgen y el Rosario.
Mientras Santo Domingo predicaba el rosario cerca de Carcasona, le
presentaron un albigense poseído del demonio. Exorcizólo el Santo en
presencia de una gran muchedumbre. Se cree que estaban presentes más de
doce mil hombres. Los demonios que poseían a este infeliz fueron
obligados a responder, a pesar suyo, a las preguntas del Santo y
confesaron:
1.º que eran quince mil los que poseían el cuerpo de aquel miserable, porque había atacado los quince misterios del rosario;
2.º que con el rosario que Santo Domingo predicaba causaba terror y
espanto a todo el infierno y que era el hombre más odiado por ellos a
causa de las almas que arrebataba con la devoción del rosario;
3.º revelaron, además, muchos otros particulares.
Santo Domingo arrojó su rosario al cuello del poseso y les preguntó que
de todos los santos del cielo, a quién temían más y a quién debían amar
más los mortales.
A esta pregunta los demonios prorrumpieron en alaridos tan espantosos
que la mayor parte de los oyentes cayó en tierra, sobrecogidos de
espanto. Los espíritus malignos, para no responder, comenzaron a llorar y
lamentarse en forma tan lastimera y conmovedora, que muchos de los
presentes empezaron también a llorar movidos por natural compasión. Y
decían en voz dolorida por la boca del poseso: “¡Domingo! ¡Domingo! ¡Ten
piedad de nosotros! ¡Te prometemos no hacerte daño! Tú que tienes
compasión de los pecadores y miserables, ¡ten piedad de nosotros! ¡Mira
cuánto padecemos! ¿Por qué te complaces en aumentar nuestras penas?
¡Conténtate con las que ya padecemos! ¡Misericordia! ¡Misericordia!
¡Misericordia!”
El Santo, sin inmutarse ante las dolientes palabras de los espíritus,
les respondió que no dejaría de atormentarlos hasta que hubieran
respondido a sus preguntas. Dijéronle los demonios que responderían,
pero en secreto y al oído, no ante todo el mundo. Insistió el Santo, y
les ordenó que hablaran en voz alta. Pero su insistencia fue inútil: los
diablos no quisieron decir palabra. Entonces, el Santo se puso de
rodillas y elevó a la Santísima Virgen esta plegaria: “¡Oh excelentísima
Virgen María! ¡Por virtud de tu salterio y rosario, ordena a estos
enemigos del género humano que respondan a mi pregunta!” Hecha esta
oración, salió una llama ardiente de las orejas, nariz y boca del
poseso. Los presentes temblaron de espanto, pero ninguno sufrió daño.
Los diablos gritaron entonces: “Domingo, te rogamos por la pasión de
Jesucristo y los méritos de su Santísima Madre y de todos los santos,
que nos permitas salir de este cuerpo sin decir palabra. Los ángeles,
cuando tú lo quieras, te lo revelarán. ¿Por qué darnos crédito? No nos
atormentes más: ¡ten piedad de nosotros!”
“¡Infelices sois e indignos de ser oídos!”, respondió Santo Domingo. Y,
arrodillándose, elevó esta plegaria a la Santísima Virgen: “Madre
dignísima de la Sabiduría, te ruego en favor del pueblo aquí presente
–instruido ya sobre la forma de recitar bien la salutación angélica–.
¡Obliga a estos enemigos tuyos a confesar públicamente aquí la plena y
auténtica verdad al respecto!”
Había apenas terminado esta oración, cuando vio a su lado a la Santísima
Virgen rodeada de multitud de ángeles que con una varilla de oro en la
mano golpeaba al poseso y le decía: “¡Responde a Domingo, mi servidor!”
Nótese que nadie veía ni oía a la Santísima Virgen, fuera de Santo
Domingo.
Entonces los demonios comenzaron a gritar:
“¡Oh enemiga nuestra! ¡Oh ruina y
confusión nuestra! ¿Por qué viniste del cielo a atormentarnos en forma
tan cruel? ¿Será preciso que por ti, ¡oh abogada de los pecadores, a
quienes sacas del infierno; oh camino seguro del cielo!, seamos
obligados –a pesar nuestro– a confesar delante de todos lo que es causa
de nuestra confusión y ruina? ¡Ay de nosotros! ¡Maldición a nuestros
príncipes de las tinieblas!
¡Oíd, pues, cristianos! Esta Madre de
Cristo es omnipotente, y puede impedir que sus siervos caigan en el
infierno. Ella, como un sol, disipa las tinieblas de nuestras astutas
maquinaciones. Descubre nuestras intrigas, rompe nuestras redes y reduce
a la inutilidad todas nuestras tentaciones. Nos vemos obligados a
confesar que ninguno que persevere en su servicio se condena con
nosotros. Un solo suspiro que Ella presente a la Santísima Trinidad vale
más que todas las oraciones, votos y deseos de todos los santos. La
tememos más que a todos los bienaventurados juntos y nada podemos contra
sus fieles servidores.
Tened también en cuenta que muchos
cristianos que la invocan al morir y que deberían condenarse, según las
leyes ordinarias, se salvan gracias a su intercesión. ¡Ah! Si esta
Marieta –así la llamaban en su furia– no se hubiera opuesto a nuestros
designios y esfuerzos, ¡hace tiempo habríamos derribado y destruido a la
Iglesia y precipitado en el error y la infidelidad a todas sus
jerarquías! Tenemos que añadir, con mayor claridad y precisión
–obligados por la violencia que nos hacen–, que nadie que persevere en
el rezo del rosario se condenará. Porque Ella obtiene para sus fieles
devotos la verdadera contrición de los pecados, para que los confiesen y
alcancen el perdón e indulgencia de ellos.”
Entonces, Santo Domingo hizo rezar el rosario a todos los asistentes muy
lenta y devotamente. Y a cada avemaría que recitaban –¡cosa
sorprendente!– salía del cuerpo del poseso gran multitud de demonios en
forma de carbones encendidos. Cuando salieron todos los demonios y el
hereje quedó completamente liberado, la Santísima Virgen dio su
bendición –aunque invisiblemente– a todo el pueblo, que con ello
experimentó sensiblemente gran alegría.
Este milagro fue causa de la conversión de muchos herejes, que llegaron hasta ingresar en la Cofradía del Santo Rosario.
(De “El Secreto del Rosario”, San Luis María Grignion de Montfort)
lunes, 5 de junio de 2017
Gotas de felicidad.
A veces nos parece que cuando lleguemos a tal o cual objetivo, o que
tengamos este o aquel objeto o cosa, seremos felices. Pero logrado el
fin, resulta que notamos que no somos del todo felices, y nuestro
corazón queda desencantado, desilusionado.
Pero tenemos que aprender que en este mundo nada ni nadie nos harán felices del todo, porque la tierra no es el Paraíso, y nuestra alma está hecha para el Cielo, está hecha para Dios, y allí sí seremos completamente felices, y para siempre.
Entonces no esperemos obtener la felicidad completa de las cosas o de las personas, porque nadie puede dar lo que no tiene, y tanto las cosas como las personas no nos pueden colmar plenamente el deseo de felicidad infinita que tiene nuestro corazón.
Pero Dios es bueno y, sabiendo que necesitamos ser felices, nos va regalando amores, logros y cosas para que vayamos teniendo como gotas de felicidad, que nos ayuden a seguir adelante en el camino de la vida, y que nos hagan pregustar la Felicidad con mayúscula que tendremos en la eternidad.
Demos gracias a Dios por estos detalles que tiene para con nosotros, dándonos personas y cosas que nos hacen felices en parte, teniendo presente que en este mundo no hallaremos la felicidad completa y duradera, porque estamos hechos para el Cielo, y la tierra no puede dar lo que no tiene, no puede ser la tierra un Paraíso. A lo sumo podrá ser como una especie de antesala del Paraíso, si se vive el Reino de Dios en el mundo, y por el cual debemos trabajar y rezar para que venga este Reino, pero sabiendo que el Paraíso nunca estará en la tierra.
Aprovechemos esos momentos de felicidad, esas gotas de felicidad, para dar gracias a Dios que nos hace pregustar un poco lo que será la gran Felicidad en el Cielo, seamos astutos y recordemos de antemano las palabras de San Agustín: “Nos has creado para Ti, Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”.
Pero tenemos que aprender que en este mundo nada ni nadie nos harán felices del todo, porque la tierra no es el Paraíso, y nuestra alma está hecha para el Cielo, está hecha para Dios, y allí sí seremos completamente felices, y para siempre.
Entonces no esperemos obtener la felicidad completa de las cosas o de las personas, porque nadie puede dar lo que no tiene, y tanto las cosas como las personas no nos pueden colmar plenamente el deseo de felicidad infinita que tiene nuestro corazón.
Pero Dios es bueno y, sabiendo que necesitamos ser felices, nos va regalando amores, logros y cosas para que vayamos teniendo como gotas de felicidad, que nos ayuden a seguir adelante en el camino de la vida, y que nos hagan pregustar la Felicidad con mayúscula que tendremos en la eternidad.
Demos gracias a Dios por estos detalles que tiene para con nosotros, dándonos personas y cosas que nos hacen felices en parte, teniendo presente que en este mundo no hallaremos la felicidad completa y duradera, porque estamos hechos para el Cielo, y la tierra no puede dar lo que no tiene, no puede ser la tierra un Paraíso. A lo sumo podrá ser como una especie de antesala del Paraíso, si se vive el Reino de Dios en el mundo, y por el cual debemos trabajar y rezar para que venga este Reino, pero sabiendo que el Paraíso nunca estará en la tierra.
Aprovechemos esos momentos de felicidad, esas gotas de felicidad, para dar gracias a Dios que nos hace pregustar un poco lo que será la gran Felicidad en el Cielo, seamos astutos y recordemos de antemano las palabras de San Agustín: “Nos has creado para Ti, Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”.
domingo, 4 de junio de 2017
Novenas...
DOS GRANDES NOVENAS
(Atención: Estas dos grandes
Novenas no son oraciones sino que se trata de comulgar los Primeros
Viernes y Sábados de Mes durante NUEVE meses seguidos en reparación a
los Sagrados Corazones de Jesús y de María, y así obtener las treinta y
tres promesas)
Revelaciones a Sor Natalia Magdolna:
El 15 de agosto de 1942, Jesús me dio una enorme gracia. Durante una
visión me dio una gran promesa para aquellos que hicieran una novena en
honor de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María. Me dijo:
-Hija mía, mira a tu Madre como Reina del Mundo. Ámala y trátala con la confianza de un niño. Esto lo quiero de ti y de todos.
Entonces levantó un poco el manto de su Madre, me mostró su Inmaculado Corazón y, volteándose hacia el mundo, dijo:
-He aquí el Corazón Inmaculado de mi Madre en el que he puesto mis gracias para el mundo y para las almas. Este Corazón es la fuente de mis gracias, del que fluyen la vida y la santificación del mundo. Como el Padre celestial Me lo dio todo a Mí, del mismo modo Yo le di mi victorioso poder sobre el mundo y sobre el pecado al Inmaculado Corazón de mi Madre. A través de mi hija, Margarita María Alacoque, la prometí al mundo grandes cosas, pero como mi bondad es infinita ahora ofrezco todavía más.
-Si la gente desea ganar los beneficios de mis promesas debe amar y venerar el Inmaculado Corazón de mi Madre. La señal más grande de esta veneración es que comulguen, bien preparados y arrepentidos en nueve sábados primeros, paralelamente con los nueve viernes primeros. Sus intenciones deberán consolar a mi Corazón al mismo tiempo que al Corazón Inmaculado de mi Madre.
Entendí que Jesús estaba pidiendo lo mismo para su Madre que lo que había pedido a santa Margarita para sí mismo. Le pregunté a Jesús:
-¿Debemos consolar también a tu Madre, ya que ella recibe tantas ingratitudes?
Jesús respondió:
-Querida hija, si alguien me hiere, esta persona hiere también a mi Madre. Si alguien me consuela, consuela al mismo tiempo a mi Madre, porque mi Madre y Yo somos uno en el amor.
Cuando el Salvador me dijo esto, entendí muchas cosas sobre la unidad de los dos Sacratísimos Corazones.
Jesús me dijo también que si alguien se confiesa con regularidad una vez por mes, no hace falta que se confiese para ir a la comunión, si no ha cometido ningún pecado mortal desde la última confesión. Jesús me enseñó esta oración para los primeros sábados:
«Sacratísimo Corazón de Jesús,
te ofrezco esta santa comunión
por medio del Corazón Inmaculado de María,
para consolarte por todos los pecados
cometidos contra Ti».
-Hija mía, mira a tu Madre como Reina del Mundo. Ámala y trátala con la confianza de un niño. Esto lo quiero de ti y de todos.
Entonces levantó un poco el manto de su Madre, me mostró su Inmaculado Corazón y, volteándose hacia el mundo, dijo:
-He aquí el Corazón Inmaculado de mi Madre en el que he puesto mis gracias para el mundo y para las almas. Este Corazón es la fuente de mis gracias, del que fluyen la vida y la santificación del mundo. Como el Padre celestial Me lo dio todo a Mí, del mismo modo Yo le di mi victorioso poder sobre el mundo y sobre el pecado al Inmaculado Corazón de mi Madre. A través de mi hija, Margarita María Alacoque, la prometí al mundo grandes cosas, pero como mi bondad es infinita ahora ofrezco todavía más.
-Si la gente desea ganar los beneficios de mis promesas debe amar y venerar el Inmaculado Corazón de mi Madre. La señal más grande de esta veneración es que comulguen, bien preparados y arrepentidos en nueve sábados primeros, paralelamente con los nueve viernes primeros. Sus intenciones deberán consolar a mi Corazón al mismo tiempo que al Corazón Inmaculado de mi Madre.
Entendí que Jesús estaba pidiendo lo mismo para su Madre que lo que había pedido a santa Margarita para sí mismo. Le pregunté a Jesús:
-¿Debemos consolar también a tu Madre, ya que ella recibe tantas ingratitudes?
Jesús respondió:
-Querida hija, si alguien me hiere, esta persona hiere también a mi Madre. Si alguien me consuela, consuela al mismo tiempo a mi Madre, porque mi Madre y Yo somos uno en el amor.
Cuando el Salvador me dijo esto, entendí muchas cosas sobre la unidad de los dos Sacratísimos Corazones.
Jesús me dijo también que si alguien se confiesa con regularidad una vez por mes, no hace falta que se confiese para ir a la comunión, si no ha cometido ningún pecado mortal desde la última confesión. Jesús me enseñó esta oración para los primeros sábados:
«Sacratísimo Corazón de Jesús,
te ofrezco esta santa comunión
por medio del Corazón Inmaculado de María,
para consolarte por todos los pecados
cometidos contra Ti».
Las 33 promesas de Jesús para aquellos que hagan la doble novena
| 1. | Todo lo que me pidan por medio del Corazón de mi Madre –a condición de que la petición sea compatible con la voluntad del Padre- lo concederé durante la novena. |
| 2. | Sentirán en cada circunstancia la extraordinaria ayuda de mi Madre, junto con sus bendiciones. |
| 3. | Paz, armonía y amor reinarán en sus almas y en las almas de los miembros de sus familias. |
| 4. | Protegeré a sus familias de contrariedades, engaños e injusticias. |
| 5. | Los matrimonios se mantendrán juntos y, si uno ya se ha ido, él o ella, volverá. |
| 6. | Los miembros de sus familias se comprenderán unos con otros y perseverarán en la fe. |
| 7. | Las madres, en particular las que esperan, recibirán una especial protección para ellas, así como para sus hijos. |
| 8. | Los pobres recibirán alojamiento y comida. |
| 9. | Los llevaré a amar la oración y el sufrimiento. Aprenderán a amar a Dios y a sus prójimos. |
| 10. | Los pecadores se convertirán sin dificultad aunque sea otra la persona que hace esta novena por ellos. |
| 11. | Los pecadores no volverán a caer en su estado anterior. No solamente recibirán perdón por sus pecados sino que, a través de una perfecta contrición y amor, recuperarán la inocencia bautismal. |
| 12. | Aquellos que hagan esta novena en su inocencia bautismal (especialmente los niños) nunca ofenderán a mi corazón con pecados graves. |
| 13. | Los pecadores que se arrepientan sinceramente escaparán no sólo del infierno sino también del purgatorio. |
| 14. | Los creyentes tibios se volverán fervorosos, perseverarán y alcanzarán la perfección y la santidad en un corto tiempo. |
| 15. | Si los padres u otros miembros de la familia hacen esta novena, ninguno de esa familia será condenado al infierno. |
| 16. | Mucha gente joven recibirá el llamado a la vida religiosa y al sacerdocio. |
| 17. | Los descreídos se volverán creyentes y aquellos que andan sin dirección volverán a la Iglesia. |
| 18. | Los sacerdotes y religiosos permanecerán fieles a su vocación. Los que no fueron fieles recibirán la gracia de una sincera contrición y la posibilidad de regresar. |
| 19. | Los padres y la gente en posiciones de mando recibirán ayuda en sus necesidades espirituales y materiales. |
| 20. | El cuerpo estará libre de tentaciones del mundo y de la carne. |
| 21. | El orgulloso se volverá humilde; el impetuoso se volverá amoroso. |
| 22. | Las almas fervorosas sentirán la dulzura de la oración y el sacrificio; nunca serán atormentadas por la inquietud o la duda. |
| 23. | Las personas agonizantes no sufrirán los ataques de Satanás. Se irán súbitamente, con una muerte inesperada. |
| 24. | Los moribundos experimentarán un deseo vehemente de la vida eterna; de este modo, ellos se abandonarán a mi voluntad y se irán de la vida en los brazos de mi Madre. |
| 25. | Sentirán la extraordinaria protección de mi Madre en el juicio final. |
| 26. | Recibirán la gracia de tener compasión y amor hacia mi sufrimiento y el de mi Madre. |
| 27. | Aquellos que se esfuerzan por ser perfectos obtendrán como un privilegio las principales virtudes de mi Madre: humildad, amor y pureza. |
| 28. | Estarán acompañados con cierta alegría exterior e interior y con paz a lo largo de sus vidas, estén enfermos o sanos. |
| 29. | Los sacerdotes recibirán la gracia de vivir en la presencia de mi Madre sin ninguna adversidad. |
| 30. | Aquellos que progresen en su unión Conmigo recibirán la gracia de sentir esta unión. Sabrán lo que significa: «ellos ya no vivirán, sino que Yo viviré en ellos». Es decir, amaré con sus corazones, oraré con sus almas, hablaré con sus lenguas, y serviré con todo su ser. Experimentarán que lo bueno, hermoso, santo, humilde, manso, valioso y admirable en ellos, soy Yo. Yo, el Omnipotente, el Infinito, el único Señor, el único Dios, el único Amor. |
| 31. | Las almas de aquellos que hagan esta novena estarán radiantes como lirios blancos alrededor del Corazón de mi Madre por toda la eternidad. |
| 32. | Yo, el Divino Cordero de Dios, unido con mi Madre y con el Espíritu Santo, nos regocijaremos para siempre viendo las almas que a través del Inmaculado Corazón de mi Madre, ganarán la gloria de la eternidad. |
| 33. | Las almas de los sacerdotes avanzarán siempre en fe y en virtud. |
La gran promesa de María
«Las puertas del infierno estarán
cerradas el primer sábado de cada mes. Nadie entrará al infierno en ese
día. Sin embargo, las puertas del Purgatorio estarán abiertas. Así
muchas almas podrán alcanzar el cielo. Ésta es la obra del Amor
misericordioso de mi Hijo. Ésta es la recompensa para esas almas que
veneran a mi Inmaculado Corazón».
Cuando el Salvador me habló de los primeros sábados no estaba yo
enterada que la Santísima Virgen en Fátima había pedido solamente cinco
primeros sábados, en comparación con los nueve de los mensajes que yo
había recibido. Por lo tanto, las autoridades de la Iglesia quisieron
saber por qué el Salvador pidió nueve mientras la Virgen María en Fátima
había pedido sólo cinco.
El Divino Salvador contestó: «La petición de mi Madre de cinco sábados es signo de su humildad. Aunque Ella es glorificada en el cielo, vive en el espíritu de la humildad y por lo tanto Ella no se considera merecedora de recibir ninguna devoción que sea igual a la Mía. Mi petición es una señal de mi amor, que no puede soportar la idea de recibir más que Ella quien está tan unida a Mí en este amor».
Por esto entendí que la razón por la que debe hacerse reparación en los nueve primeros sábados es porque Jesús pidió nueve viernes para Él a santa Margarita María Alacoque. Con eso nosotros consolaremos a Jesús y honraremos a Nuestra Señora, entregándonos a ella, y así por medio de su Inmaculado Corazón llegaremos a Jesús.
El Divino Salvador contestó: «La petición de mi Madre de cinco sábados es signo de su humildad. Aunque Ella es glorificada en el cielo, vive en el espíritu de la humildad y por lo tanto Ella no se considera merecedora de recibir ninguna devoción que sea igual a la Mía. Mi petición es una señal de mi amor, que no puede soportar la idea de recibir más que Ella quien está tan unida a Mí en este amor».
Por esto entendí que la razón por la que debe hacerse reparación en los nueve primeros sábados es porque Jesús pidió nueve viernes para Él a santa Margarita María Alacoque. Con eso nosotros consolaremos a Jesús y honraremos a Nuestra Señora, entregándonos a ella, y así por medio de su Inmaculado Corazón llegaremos a Jesús.
sábado, 3 de junio de 2017
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