miércoles, 21 de junio de 2017

Mensaje...

Mensaje sobre la oración
Orar con fe.
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Debéis orar para que cada día sean más los fieles que se acerquen a la Palabra del Señor. Orad con fe y llegaréis a vivir en una plenitud que sólo Dios la da. Cuando veáis que os acecha el maligno debéis decir:
"A mi derecha y a mi izquierda está mi Señor, no hay un tercer lugar, no lo hay para el enemigo".
Y os lo aseguro que se retirará de vuestro lado. Amén. Amén.
(Mensaje de María del Rosario de San Nicolás)
Comentario:
Orar con fe significa orar con el convencimiento de que ya hemos obtenido lo que pedimos en la oración, y así lo obtendremos. Es la promesa que nos ha hecho Jesús en el Evangelio.
Si rezáramos con fe, entonces veríamos cumplidos nuestros deseos, porque el que busca, encuentra.
Hay que seguir el consejo que daba el Padre Pío: “Reza, ten fe y no te preocupes”.
En esta sola frase tenemos todo un programa de vida, que si lo cumplimos, veremos cómo la paz toma bajo su cuidado nuestra alma, y estaremos como en un remanso de paz en medio de la turbulencia del mundo.
Hay que rezar mucho, y tener fe y confianza en Dios, y echar fuera las preocupaciones que de nada sirven. Porque ¿qué ganamos con preocuparnos? Sólo perdemos nuestra paz, nos abatimos, y así no estamos dispuestos en el momento oportuno para que el Señor nos utilice como instrumentos en su plan de salvación.

martes, 20 de junio de 2017

SPOT CRISTINA FERNANDEZ DE KIRCHNER- UNIDAD CIUDADANA LA FUERZA DEL AMOR...

Mañana...

Mañana irá mejor.

Si hoy estamos sufriendo o pasando por algún problema personal o en la familia, tengamos confianza y esperanza, digamos con fe: “Mañana irá mejor”. Porque Dios no abandona a sus hijos, y aunque a veces los haga pasar por diversas pruebas –no queridas por Dios, sino permitidas por Él- después nos consuela y nos da un gran premio.
Demos gracias a Dios que estamos vivos, que estamos todavía en este cuerpo mortal, y que no estamos ya condenados en el Infierno. Porque con los pecados que hemos cometido a lo largo de la vida, quizás ya teníamos merecido mil veces el abismo infernal. Pero Dios nos ha esperado, no ha querido que muriésemos aquella noche de pecado, en aquella situación y, aunque hoy tal vez nos envíe algún padecimiento, sepamos que es para descontar lo que debemos a la Justicia divina, por nosotros mismos o por otros hermanos, puesto que todos formamos una gran familia y los sufrimientos no son nunca en vano, sino que redimen a quien los padece y a otros.
Estamos en este mundo. Todavía no hemos sido llamados a juicio, y eso solo ya debe ser un motivo de gran gozo, aunque estemos padeciendo mucho, puesto que el dolor de ahora y de esta vida es cosa de nada comparados con los sufrimientos eternos del Infierno, o también los padecimientos del Purgatorio.
Por eso la liturgia nos manda, sapientísimamente, que demos gracias a Dios siempre y en todo lugar, porque si estamos vivos aún, es motivo para agradecer. Muchos son los santos y los mártires que sufrieron dolores y males iguales o superiores a los nuestros, pero ahora están gozando de Dios para siempre, con una felicidad que les ha hecho olvidar todo el dolor de la tierra. O mejor aún, recuerdan el sufrimiento que tuvieron en este mundo, pero para bendecirlo eternamente, porque por ellos es que ahora gozan para siempre.
“Mañana irá mejor”. Digámoslo siempre. Si no es en el mañana temporal, sí lo será en el mañana eterno. Pero tengamos presente que Dios ayuda y consuela a quien sufre, y si confiamos en Él, seguramente también nos irá mejor en el mañana de la tierra.
Demos gracias a Dios que todavía nos espera y que el Cielo no se ha cerrado para nosotros, sino que sus puertas celestiales están abiertas para acogernos en un día glorioso, después de haber pasado por la Gran Tribulación de este mundo.
 
 

lunes, 19 de junio de 2017

Filme True Lies - Cenas de tango com Arnold schwarzenegger, Jamie Lee cu...

Sagrado Corazón...

El Sagrado Corazón de Jesús.
Jesus
El Señor en estos últimos siglos quiso dar a los hombres la prueba suprema de amor y proponerles un objeto muy adaptado para animarlos a amarle siempre más.
Abrió los tesoros infinitos de su Corazón para enriquecer todos aquellos que le hubiesen tributado todo el honor y el amor posible.
Para manifestar su corazón, e incendiar al mundo entero de amor, eligió una humilde Religiosa de la Visitación de Paray-le-Monial, ciudad francesa. Esta alma privilegiada, nació el 22 de julio de 1647 en Laut Lecourt hacia Verosvies en la Borgoña. Después de haber superado muchas pruebas, en el 1671 ingresó en el Monasterio de la Visitación y en 1672 emitió sus votos religiosos. Poco después de su profesión religiosa, Jesús Maestro le manifestó muchas maravillas e hizo promesas tan extraordinarias a las cuales no se hubiese prestado fe si no hubiesen sido convalidadas por un hecho incontestable y palpable.
Tres son las apariciones con las cuales Nuestro Señor quiso consolar a su elegida.
La primera sucedió el 27 de diciembre de 1673. En ella la joven virgencita fue por el mismo Jesucristo consagrada su apóstol; llamada a difundir y propagar el culto a su adorable Corazón; a manifestar a los hombres su voluntad; y hacerles conocer lo que el Sacratísimo Corazón de Jesús promete a quien hace conocer y propaga su culto.
La segunda sucedió en la octava de Corpus Christi en el año 1674. En ella Jesús manifestó las inexplicables maravillas de su amor y el exceso a que, su Corazón, lo había llevado hacia los hombres, de cuyos no recibía más que abandono y ultrajes. Después añadió: “El abandono en el cual me dejan me es mucho más doloroso de lo que sufrí en mi pasión, tanto que si los hombres me contracambiaran amor, yo estimaría poco todo lo que hice por ellos y quisiera si fuere posible hacer aún más; pero los hombres no tienen más que frialdades y repulsas por todas mis solicitudes. Tú a lo menos dame este consuelo, de suplir cuanto puedas a su ingratitud”.
La tercera sucedió el 16 de junio de 1675, igualmente en la octava de Corpus Christi. Apareciéndole resplandeciente como las demás veces, y mostrándole su Corazón, se quejó de los continuos ultrajes y sacrilegios que recibe en el Sacramento de amor; y agregó con más dolor, que los recibía de corazones a Él consagrados.
Por esto le confió la misión de hacer conocer y amar su adorable Corazón y hacer establecer en la Iglesia una fiesta especial de reparación. “Es esto lo que yo te pido: que el primer viernes después de la octava de Corpus Christi, sea dedicado a una fiesta particular para honrar a mi Corazón, participando en aquel día a la Santa Comunión y haciéndole condigna reparación por los indignos tratamientos que recibe en el Santo Altar. Y Yo te prometo que mi Corazón se dilatará para esparcir con abundancia las riquezas de su Amor sobre todos los que rendirán dicho honor y procurarán que otros hagan los mismo”.
(Este año 2017 será el viernes 23 de junio esta Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús)
En esta tercera revelación se halla todo lo que se refiere a la devoción del Sagrado Corazón; o sea su principio, que no es otra cosa que amor; su fin, que es de ofrecer a Dios un culto de reparación, de consuelo; su carácter, que es el de ser un culto público, después de haber sido por mucho tiempo, una devoción íntima; y por último sus efectos, que consisten en una nueva efusión de amor divino sobre la Iglesia y particularmente sobre aquellas almas piadosas que serán de esta devoción promotoras y apóstoles, puesto que Jesús dijo a la Santa: “Anuncia y haz saber al mundo entero que yo no pondré límites a mis beneficios cuando éstos me serán solicitados por mi Corazón”.

sábado, 17 de junio de 2017

Perseverar...

Perseverar.

La perseverancia siempre tiene su premio. Dios ama a quien persevera en el bien, en la oración, en la recepción de los sacramentos.
Efectivamente primero tenemos que hacer el propósito de perseverar en la oración, y luego también perseverar en recibir con frecuencia la santa Comunión. Si hacemos así, entonces las demás perseverancias se nos harán fáciles, y tendremos la ayuda de Dios con nosotros, que fortificando nuestra voluntad, nos hará adelantar en el camino del bien.
La salvación se consigue con perseverancia. Y todo en realidad se consigue con perseverancia, puesto que los bienes arduos raramente se nos conceden de buenas a primeras, sino que los obtenemos después de trabajar duro por ellos.
Primero debemos perseverar en la oración, porque la ayuda de Dios es necesaria y la obtenemos rezando. Quien deja la oración, no espere obtener la perseverancia en el bien, ni la perseverancia final en gracia de Dios para salvarse.
A veces tenemos muchas iniciativas pero solemos abandonar los proyectos y asuntos por cualquier motivo. Recordemos que la virtud se alcanza con la repetición de actos buenos, de acciones virtuosas. Si todos los días repetimos y repetimos las mismas cosas buenas, lograremos llegar a ser virtuosos y santos.
Pero es que en todo orden de la vida se necesita la perseverancia para lograr el objetivo. Hasta los malos y pecadores perseveran en el mal y logran sus objetivos malvados. Nosotros, perseveremos en el bien para alcanzar un día el Paraíso, pero ya la felicidad aquí en la tierra.
Tenemos que trabajar nuestra voluntad y por eso el Señor nos dice que debemos negarnos a nosotros mismos. No podemos decir “no tengo ganas” cuando sabemos que debemos hacer algo, sino que tenemos que levantarnos y hacer lo que debemos hacer. Y eso a cada hora, a cada momento, es una constante renuncia a la pereza y a la comodidad, es un continuo vencerse a uno mismo, recordando aquellas palabras de Jesús en el Evangelio: “Quien persevere hasta el fin, se salvará”.
Comencemos hoy mismo, ahora mismo. Este tiempo de vida que tenemos no es tiempo de quedarnos dormidos y sin hacer nada, sino que es tiempo de lucha, de dar batalla al mundo, al demonio y a la carne que es nuestro orgullo, y entablar el buen combate.
No esperemos grandes ocasiones para ser santos, sino que tenemos que aprovechar las cosas de todos los días para perseverar: en el trabajo, en el estudio, en el matrimonio, en la familia, en la comunidad, en la iglesia.
Dios premia grandemente a quien persevera, especialmente a quien persevera en la oración, como lo podemos constatar en el pasaje del Evangelio de la mujer cananea, que importunaba a todos con sus gritos, y hasta parece que Jesús la rechaza, pero interiormente está admirado de la fe de esta extranjera.
Hagamos también nosotros así con Dios. Importunémoslo, pidamos hoy, mañana y pasado mañana, que grande es el premio que nos quiere conceder el Señor por nuestra perseverancia en todo.