jueves, 23 de noviembre de 2017
Pureza...
Vivir católico
Pureza.
Bienaventurados los puros de corazón, porque verán a Dios, ha dicho el Señor en el Evangelio.
Y ésta es una gran verdad que se comprueba en este mundo moderno, que
vive en la impureza y por eso es incapaz de ver a Dios y de entender las
cosas de Dios.
El demonio trata en primer lugar de inducirnos a la impureza, porque
sabe que a través de este pecado nos va desmantelando toda la vida
espiritual.
No es por casualidad que a Jesús en el desierto el demonio le tentó
primero con el pan, que es el símbolo de la sensualidad, es decir lo
tentó con la mujer.
Satanás es muy hábil en este tipo de tentaciones, porque la tentación de
la carne es la tentación más fuerte en el hombre. Y el demonio se burla
de nuestras caídas, ya que él, por ser ángel, por ser espíritu, ignora
completamente lo que significa tener un cuerpo como nosotros, y somos
muy despreciables para él cuando caemos en estos pecados de impureza.
La Virgen ha dicho en Fátima que los pecados que llevan más almas al
Infierno son los de la carne, y esto no es de poca monta. Y si echamos
una mirada a nuestro alrededor, podemos decir sin equivocarnos que hoy
más que nunca la impureza inunda el mundo. ¿Quién conserva la pureza y
la castidad hoy en día? Los que luchan valientemente, los que rezan y
reciben la Eucaristía, los que dominan sus ojos y deseos, los que apagan
el televisor y no miran películas de cine, los que tienen una tierna y
fuerte devoción a María Santísima, en definitiva los que combaten contra
este mundo que, hoy más que nunca, está en poder del Maligno.
Pero ¡atención!, que debemos ser puros, pero humildes y sencillos, sin
juzgar ni condenar a nadie por pecador que sea o haya sido. Que no se
cumpla con nosotros ese dicho que dice: “Puros como ángeles y soberbios
como demonios”.
Sepamos compadecer a los que no pueden guardar la pureza, los que han
caído. Y demos gracias a Dios si nosotros conservamos la pureza y no
caemos, porque es una gracia de Dios que, si nos dejara de sus manos,
caeríamos en los más graves pecados.
miércoles, 22 de noviembre de 2017
Retiro...
Perseverar es la contraseña
Retiro.
Los sacerdotes y religiosos suelen hacer anualmente un retiro para
retomar fuerzas en el apostolado. Y es bueno que esto sea así, porque en
el trajinar de la vida, a veces podemos perder un poco de vista el fin
para el que hemos sido creados, que es para la gloria de Dios.
Entonces también nosotros, que quizás vivimos en medio del mundo,
debemos, de vez en cuando, retirarnos a la soledad, ya sea materialmente
aislándonos un poco del mundo; o también espiritualmente, huyendo del
mundo interiormente.
Esto es necesario para pensar un poco y meditar sobre el sentido de la
vida, para qué estamos en este mundo, qué medios estamos empleando para
santificarnos, y qué nos conviene hacer de ahora en adelante.
Por ello son muy buenos los retiros ignacianos, de silencio. Pero
también podemos hacer un retiro a nuestra medida y según los tiempos de
que disponemos y en las situaciones que nos encontremos, para usar ese
tiempo en más oración y meditación de las cosas trascendentes de la
vida.
No es fácil perseverar en el bien porque estamos inclinados al mal, y lo
que es bueno se nos hace cuesta arriba, en cambio lo que es malo lo
hacemos con facilidad. ¡Qué bueno es entonces aislarnos un par de días o
más, y sopesar las cosas del mundo como realmente valen!
Hagamos el propósito, al menos durante este año, de hacer algún retiro
guiado por buenos sacerdotes. Y si no podemos hacerlo por algún motivo,
al menos dispongamos de un fin de semana o algún día entre semanas para
dedicarnos a nosotros y a nuestro espíritu, para tomar fuerzas y seguir
en el combate de todos los días.
Por algo el Señor quiso prepararse a su misión pública, yendo cuarenta
días al desierto. Así se preparan los apóstoles. Y si nosotros tal vez
no estamos llamados a ser apóstoles en el sentido más amplio de la
palabra, sí en cambio debemos cuidar nuestra alma y darle lo necesario
para que ella pueda alimentarse y tomar fuerzas para perseverar en el
bien.
Pensemos en estas cosas y hagamos memoria a ver cuánto tiempo hace que
no dedicamos unos días, o unas horas, a nuestro espíritu, y pongamos los
medios para que esos tiempos sean más frecuentes.
martes, 21 de noviembre de 2017
Enseñanzas...
Enseñanzas del Evangelio
Sufrimiento.
Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. (Mt 5, 5)
Enseñanza:
En esta vida no podemos pasar sin sufrir, sin llevar la cruz, porque el
demonio nos molestará y nos hará sufrir si tratamos de ser fieles
cristianos. Por eso el Señor nos ha dicho que si queremos salvarnos,
debemos seguirle con la cruz a cuestas.
Pero es mejor llevar la cruz aquí en la tierra, sufrir en este mundo,
antes que sufrir largos siglos en el purgatorio o, lo que es
infinitamente peor, sufrir para siempre en el Infierno con tormentos que
no se pueden ni siquiera imaginar.
Así que cuando tengamos una pena o un sufrimiento, acudamos a Jesús y a
la Virgen para que nos ayuden a llevar esa cruz, sabiendo que al final
nos espera el Paraíso, donde seremos eternamente consolados por Dios, y
estaremos felices para siempre, con una felicidad que no podemos ni
siquiera imaginar vagamente.
No envidiemos a los que en este mundo no sufren nada y pasan la vida
entre risas y alegrías y viven en pecado, porque es el demonio que no
los molesta ni los hace sufrir, ya que en la otra vida los tendrá para
torturarlos por los siglos de los siglos. Por el momento el diablo
esconde su odio, pero llegado el momento, incluso a veces ya en esta
vida, se muestra con toda su crueldad, llevándolos a la desesperación.
lunes, 20 de noviembre de 2017
Vientos...
Soplaron los vientos…
Cada hombre tiene en la vida un tiempo de prueba, una hora en que es
probado por la desgracia y la tentación. Y según cómo haya sido su
preparación espiritual, así será la manera en que superará o no la
prueba.
Ya lo dijo el Señor en la parábola del hombre que construyó su casa sobre roca, y ese otro hombre que edificó sobre arena. El primero resistió a todo, pero el segundo fracasó. Y Jesús hacía hincapié en que quien construye su casa sobre roca, es aquél que escucha la Palabra de Dios y adecúa su vida a ella, no como oyente olvidadizo, sino que la pone en práctica. Y el que edificó sobre arena es quien oye la Palabra pero no la practica ni se deja iluminar por ella.
También para nosotros llegará el momento de la prueba, de la tentación, de la desgracia, y generalmente nos sucede como a Job, que pareciera que las contrariedades se suceden todas juntas, de modo que nos prueban mucho, como lo dice el Señor en la parábola de la que hablábamos: “Soplaron los vientos, se desbordaron los torrentes y embistieron contra aquella casa, etc.”. Es decir que puede sucedernos en algún momento de nuestra vida, que seamos probados duramente, y ahí se verá cómo hemos construido.
Por eso mientras estamos en tiempos relativamente tranquilos, hagamos acopio de fuerzas espirituales por medio de la oración, los sacramentos, en especial la Eucaristía, y vivamos las enseñanzas del Evangelio, para que cuando nos llegue “la hora”, podamos estar preparados para arrostrar las dificultades.
¡Ay de nosotros si en el momento del juicio nos presentamos con ruinas ante Dios, en lugar de presentarnos con una construcción bien sólida! Ya lo dice el Apóstol que hay que prestar a atención a cómo construye cada uno, y con qué clase de materiales lo hace, pues esa construcción deberá ser probada por el fuego.
A todos nos llega la hora de la prueba, “la hora” que tantas veces Jesús nombró en su Evangelio, pues como dice también la Sagrada Escritura hay un tiempo para cada cosa, y es evidente que el tiempo del dolor y la tentación nos llegarán a todos, por eso es mejor estar bien preparados espiritual y moralmente.
Ya lo dijo el Señor en la parábola del hombre que construyó su casa sobre roca, y ese otro hombre que edificó sobre arena. El primero resistió a todo, pero el segundo fracasó. Y Jesús hacía hincapié en que quien construye su casa sobre roca, es aquél que escucha la Palabra de Dios y adecúa su vida a ella, no como oyente olvidadizo, sino que la pone en práctica. Y el que edificó sobre arena es quien oye la Palabra pero no la practica ni se deja iluminar por ella.
También para nosotros llegará el momento de la prueba, de la tentación, de la desgracia, y generalmente nos sucede como a Job, que pareciera que las contrariedades se suceden todas juntas, de modo que nos prueban mucho, como lo dice el Señor en la parábola de la que hablábamos: “Soplaron los vientos, se desbordaron los torrentes y embistieron contra aquella casa, etc.”. Es decir que puede sucedernos en algún momento de nuestra vida, que seamos probados duramente, y ahí se verá cómo hemos construido.
Por eso mientras estamos en tiempos relativamente tranquilos, hagamos acopio de fuerzas espirituales por medio de la oración, los sacramentos, en especial la Eucaristía, y vivamos las enseñanzas del Evangelio, para que cuando nos llegue “la hora”, podamos estar preparados para arrostrar las dificultades.
¡Ay de nosotros si en el momento del juicio nos presentamos con ruinas ante Dios, en lugar de presentarnos con una construcción bien sólida! Ya lo dice el Apóstol que hay que prestar a atención a cómo construye cada uno, y con qué clase de materiales lo hace, pues esa construcción deberá ser probada por el fuego.
A todos nos llega la hora de la prueba, “la hora” que tantas veces Jesús nombró en su Evangelio, pues como dice también la Sagrada Escritura hay un tiempo para cada cosa, y es evidente que el tiempo del dolor y la tentación nos llegarán a todos, por eso es mejor estar bien preparados espiritual y moralmente.
sábado, 18 de noviembre de 2017
Reflexiones...
A pesar de todo…
Aunque las cosas se compliquen en nuestra vida y en las vidas de quienes
amamos, debemos tener el valor de decirle al Señor: “A pesar de todo
creo, a pesar de todo espero, Te amo a pesar de todo”. Entonces el Señor
tendrá en cuenta este acto heroico de nuestra parte y nos dará un
premio desmesurado en el Cielo y, cuando lo crea conveniente nos
aliviará la prueba para que no caigamos bajo su peso.
Dios es bueno y nos ama, pero las pruebas están en la vida, y debemos sobrellevarlas sin disgustarnos con Dios, que no es el causante de nuestros sufrimientos, sino que a veces los permite por altísimas razones que comprenderemos en el más allá. Basta ver cómo tuvo que vivir, sufrir y morir el mismo Dios: Jesucristo, para atisbar un poco del misterio del dolor. Ni el mismo Hijo de Dios se libró del cáliz de amargura que el mundo y el demonio le propinaron. ¿Y queremos librarnos nosotros, que somos menos inocentes que Jesús?
Entonces aunque estemos muy doloridos y apenados por lo que nos pasa a nosotros o a nuestros seres queridos, digámosle a Dios, aunque sea entre lágrimas: “A pesar de todo creo, a pesar de todo espero, Te amo a pesar de todo”. Si hacemos así, entonces todo el Cielo verá lo valeroso de nuestro acto y Dios mismo quedará admirado de nuestra constancia y valor. No otra cosa sucedió con Job, pues el diablo le causó toda suerte de desgracias para que Job maldijera a Dios. Pero Job, no sólo que no maldijo al Señor, sino que se mantuvo en la fidelidad y siendo creyente.
Así también ahora sucede con nosotros, somos probados por el dolor y las desgracias, pero debemos saber ser perseverantes en el amor a Dios, sabiendo que Él todo lo ve, y que nos tiene preparado un premio desmesuradamente grande en el Cielo, y que no permitirá que seamos probados más allá de nuestras fuerzas; y en caso de que tengamos que pasar un dolor muy grande, el Señor nos dará la fuerza para sobrellevarlo con entereza.
Sigamos confiando en Dios a pesar de todo, contra todas las apariencias, e incluso contra todas las evidencias, que esto agrada a Dios de manera tan grande, que no puede menos de admirarse de nosotros, de nuestra actitud, y nos colmará de favores de todas clases y, superando la prueba, habremos entrado muy dentro en el Corazón de Jesús, y adelantado mucho en el camino de la santidad.
Dios es bueno y nos ama, pero las pruebas están en la vida, y debemos sobrellevarlas sin disgustarnos con Dios, que no es el causante de nuestros sufrimientos, sino que a veces los permite por altísimas razones que comprenderemos en el más allá. Basta ver cómo tuvo que vivir, sufrir y morir el mismo Dios: Jesucristo, para atisbar un poco del misterio del dolor. Ni el mismo Hijo de Dios se libró del cáliz de amargura que el mundo y el demonio le propinaron. ¿Y queremos librarnos nosotros, que somos menos inocentes que Jesús?
Entonces aunque estemos muy doloridos y apenados por lo que nos pasa a nosotros o a nuestros seres queridos, digámosle a Dios, aunque sea entre lágrimas: “A pesar de todo creo, a pesar de todo espero, Te amo a pesar de todo”. Si hacemos así, entonces todo el Cielo verá lo valeroso de nuestro acto y Dios mismo quedará admirado de nuestra constancia y valor. No otra cosa sucedió con Job, pues el diablo le causó toda suerte de desgracias para que Job maldijera a Dios. Pero Job, no sólo que no maldijo al Señor, sino que se mantuvo en la fidelidad y siendo creyente.
Así también ahora sucede con nosotros, somos probados por el dolor y las desgracias, pero debemos saber ser perseverantes en el amor a Dios, sabiendo que Él todo lo ve, y que nos tiene preparado un premio desmesuradamente grande en el Cielo, y que no permitirá que seamos probados más allá de nuestras fuerzas; y en caso de que tengamos que pasar un dolor muy grande, el Señor nos dará la fuerza para sobrellevarlo con entereza.
Sigamos confiando en Dios a pesar de todo, contra todas las apariencias, e incluso contra todas las evidencias, que esto agrada a Dios de manera tan grande, que no puede menos de admirarse de nosotros, de nuestra actitud, y nos colmará de favores de todas clases y, superando la prueba, habremos entrado muy dentro en el Corazón de Jesús, y adelantado mucho en el camino de la santidad.
viernes, 17 de noviembre de 2017
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