domingo, 24 de diciembre de 2017
sábado, 23 de diciembre de 2017
Levantarse...
Vuelve a empezar
Levantarnos del pecado.
En estos tiempos los hombres hemos perdido el sentido de lo que es el
pecado. Por los medios de comunicación social se inculca que el pecado
ya no es pecado, y que es una forma de ejercitar la propia libertad, de
llegar a vivir en plenitud. Ésta es una astucia del Maligno enemigo, que
sabe que cuando en el mundo se llegue a la medida de pecado permitida
por Dios, los castigos vendrán sobre la humanidad.
No esperemos que en el demonio haya algo de piedad o de amor, sino que
en él hay sólo odio. Y si Dios nos ha dicho que no pequemos, no es para
hacernos la vida difícil, sino porque es por nuestro propio bien, cosa
que quiere esconder el Maligno. Él usa siempre las mismas astucias,
porque desde que cayó, no puede cambiar sustancialmente en su forma de
actuar, y así como a Eva la quiso convencer de que Dios era injusto
porque mandaba cosas arbitrarias, así también nos lo quiere hacer creer a
nosotros y nos dice “muerde” el fruto prohibido. Y nosotros, pobres
incautos, muchas veces mordemos, y con ello nos viene la ruina temporal y
eterna.
Si hemos tenido la desgracia de caer en pecado, no nos descorazonemos y
volvamos a empezar, mediante una sincera y completa confesión con el
sacerdote, porque los santos no fueron quienes nunca cometieron pecado,
sino quienes jamás se cansaron de levantarse, de volver a empezar.
viernes, 22 de diciembre de 2017
Catecismo...
Repasando el Catecismo
12. ¿Qué es la Tradición Apostólica?
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96.98
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96.98
La Tradición Apostólica es la transmisión del mensaje de Cristo llevada a
cabo, desde los comienzos del cristianismo, por la predicación, el
testimonio, las instituciones, el culto y los escritos inspirados. Los
Apóstoles transmitieron a sus sucesores, los obispos y, a través de
éstos, a todas las generaciones hasta el fin de los tiempos todo lo que
habían recibido de Cristo y aprendido del Espíritu Santo.
(Del Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica)
Comentario:
La Tradición Apostólica es uno de los tres pilares en los que se apoya
fe católica, los otros dos son la Sagrada Escritura y el Magisterio de
la Iglesia.
Por eso los protestantes se equivocan al tener solamente a la Biblia
como fuente de verdad, y además ellos entienden la Biblia cada uno a su
gusto, y no siguiendo las directrices de la Iglesia Católica, única
verdadera intérprete de la Sagrada Escritura, que recibió de Dios mismo
esa misión.
Porque hay muchas cosas que no están escritas en la Biblia, pero si
están consignadas en la Tradición Apostólica y a las cuales hay que
prestar fe, porque también son reveladas por Dios.
Por eso es muy bueno leer a los Padres de la Iglesia, donde se encuentra
la verdad de Cristo y ser fieles a esta Tradición y entender la Biblia a
la luz de esta Tradición Apostólica.
¡Alabado sea Dios!
jueves, 21 de diciembre de 2017
Oraciones...
Quince minutos con el Espíritu Santo
Templo del Espíritu Santo
Espíritu Santo, yo soy tu templo, donde tú habitas por medio de la gracia santificante. Quiero que cada día mi cuerpo sea más puro para acogerte a ti con amor. Hoy el mundo hace de todo para contaminar la pureza del cuerpo y del alma, por eso te pido con todo mi corazón que me protejas de todo mal, para que conserve la gracia en mi alma y así tú puedas habitar gustoso en mi ser. Enséñame a hablar contigo que estás en lo profundo de mi alma y a obedecerte en todo. Quiero que seas mi mejor Amigo y Consejero. Inúndame con tus siete sagrados dones para que en cada momento sepa lo que Dios quiere de mí y lo lleve con prontitud a la práctica. ¡Estoy tan contento de que seas mi Gran Amigo! Contigo no temo a nada porque tú eres Dios, eres el Amor, eres la Fuerza, eres el Todo. Teniéndote a ti, lo tengo todo y nada me hace falta. A partir de hoy quiero hablar contigo en la soledad de mi habitación, cuando trabaje, cuando me divierta, y en todo momento, porque tú eres el Huésped perfecto y estás siempre dispuesto a escucharme y mueves mi corazón a los grandes deseos y a las grandes obras. ¡Te amo, Espíritu de Amor, y quiero ser cada día más tuyo y menos del mundo, del demonio y de la carne! De tu mano espero llegar a la cima del monte de la santidad. ¡Ven Espíritu Santo!
miércoles, 20 de diciembre de 2017
Mensajes...
Mensaje espiritual
En el momento propicio.
El demonio es muy astuto, y si bien siempre está alrededor nuestro
buscando devorarnos, es cierto también que él prefiere atacar en los
momentos en que nos sentimos débiles y desanimados.
Esto mismo fue lo que hizo con Jesús, que en el desierto lo tentó
justamente cuando el Señor, después de los cuarenta días de ayuno,
sintió hambre, y es ahí mismo que se aparece el tentador y hace su obra.
También, al final de la vida terrena de Cristo, en el Huerto de
Getsemaní, cuando Jesús tenía miedo por lo que le esperaba, fue ahí
cuando Satanás lo tentó con todas sus fuerzas.
Y es bueno que tengamos esto presente, esta gran verdad, pues el demonio
no nos tentará tanto cuando estamos perfectamente bien de salud y con
mucho ánimo y esperanza, sino que lo hará cuando estemos enfermos,
abatidos, desanimados, asustados. Porque hay que saber que el demonio es
muy cobarde, y como dice San Ignacio de Loyola, hay que enfrentarlo y
ponerse firme y no tenerle miedo, porque si le tenemos miedo él se
envalentona, pero si lo enfrentamos, huye.
Un arma que utiliza muy a menudo el demonio es el arma del desaliento.
¡Cuántas veces habrá tratado de desalentar y desanimar a Jesús en su
misión, mostrándole para cuántas almas sería inútil todo su sacrificio! Y
Satanás no cambia en sus artes y sigue utilizando esta táctica, que
tantas victorias le ha hecho obtener.
Entonces estemos en guardia y defendámonos de estos ataques del enemigo
del alma, mediante la oración, los sacramentos, los sacramentales y,
sobre todo, una confianza ilimitada en Dios y en María Santísima.
El demonio nos pinta el presente y el futuro de negro y quiere
desanimarnos y descorazonarnos. No le demos el gusto y sigamos adelante
con esperanza y más perseverancia. Pero esto solo lo podremos lograr con
la oración frecuente, porque es a través de la oración que recibimos
toda la fuerza y gracia de Dios para seguir en el combate y no sucumbir a
sus maldades.
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