jueves, 27 de diciembre de 2012

Escuchar...


¡Escuchad! En el Año de la Fe
 
Apaguemos las luces del mundo, para que allá al fondo,
en la oscuridad de la vida, aparezca la estrella.
 
¿Qué tengo que ver yo contigo, Señor?
pregunta la estrella a Dios
Tendrás mucho que ver, si guías a los hombres
al que es Salvación.
Encendamos pues, hermanos, la estrella de la fe;
dejémonos guiar y seducir por ella,
su resplandor nos dejará cara a cara con Cristo.
 
¡Luce! ¡Brilla en lo más alto divina estrella!
Para que, mirándote a ti, sólo a ti,
no vea ni descubra a nadie que no sea sino a Dios.
Apaguemos, disipemos las luces del mundo,
todo lo que distorsiona nuestras miradas,
aquello que distrae nuestro buscar al Señor.
Viene el Señor y, lo bueno de todo,
es que se arrima pequeño, humilde y humanado.
El Dios que tanto habló a los reyes y a los profetas,
en Belén, en esta hora misteriosa,
no silabea, no dice nada… pero lo dice todo: AMOR
Amor por el hombre: y baja del cielo.
Amor por el hombre: y nace en la tierra.
Amor por el hombre: y gime en un portal.
 
¡Escuchad, hermanos, oíd!
Son los ángeles que anuncian la gran noticia
a un mundo que, hoy como entonces,
a Dios le cuesta acoger y recibir.
Son los ángeles quienes, con trompetas afinadas,
con diapasón angelical,
nos marcan el sendero que conduce hasta Belén.
 
¡Vayamos! ¡Corramos! ¡Postrémonos y adoremos!
Amortigüemos las luces del mundo,
porque, las luces artificiales,  frente al lucero divino,
no son nada, son inseguras y nos alejan de Dios.
Que, en este Año Santo de la Fe,
el Señor, aguarda con más pequeñez que nunca:
nuestra fe y nuestra adoración,
nuestra confianza en Él y nuestra inquietud apostólica.
Que, en este Año de la Fe,
el Niño busca pregoneros de su presencia y de su amor,
para que su MISTERIO nunca se olvide.
 
P. Javier Leoz


miércoles, 26 de diciembre de 2012

Secret Garden...


Puertas...


¡Ha abierto sus puertas!

¡Sí! ¡El cielo ha abierto sus puertas!
Y, a través de ellas,
ha descendido lo que en Dios habita: El Amor.

¡Si! ¡El cielo ha abierto sus puertas!
Y, cruzándolas con amor sin igual,
el amor se ha hecho carne y se ha convertido en luz.
Luz que se ha encarnado.
Luz que se ha rebajado.
Luz que se ha transformado en Niño.
Luz que, en la oscuridad, es resplandor de Dios.

¡Sí! ¡El cielo ha abierto sus puertas!
Dios, no ha querido quedarse encerrado en el cielo,
ha querido hacerse Niño para estar entre nosotros,
para llorar, cuando lloremos,
o sonreír, cuando estemos alegres,
para animarnos, cuando estemos por los suelos.

¡Sí! ¡El cielo ha abierto sus puertas!
Y, al abrirlas Dios de esta manera,
nos enseña que, para entrar por ellas,
hay que aprender, hacerse y ser niño.
Y, al abrirlas Dios tan sorprendentemente
nos enseña un sendero de paz y de amor.

¡Sí! ¡El cielo ha abierto sus puertas!
Pero ¿Habrá abierto sus ventanas el hombre?
¿Tendrá sus ventanas abiertas el mundo?
Si el cielo ha abierto sus puertas,
es porque Dios, tiene algo que dar y algo que recibir:
Nos da a Jesús, que es lo más grande que posee,
y, como respuesta, nuestra fe es lo único que espera.

¡Sí! ¡Porque el cielo ha abierto sus puertas es Navidad!
Los pobres, ya no lo son tanto.
La paz, es posible alcanzarla mirando hacia el cielo.
Las tinieblas, tienen sus días contados.
El hombre, tiene su futuro asegurado: ¡Dios!

¿Por qué abre el cielo sus puertas siendo Dios tan poderoso?
Porque Dios, ante todo, es Amor.
Porque Dios, sobre todo, es Servicio.
Porque Dios, ante la injusticia, es Justo.
Porque Dios, ante la mentira, es Inocencia.
Si el cielo, ha abierto sus puertas…
¡Abramos nosotros las nuestras!
¡Dios quiere entrar por ellas!

P. Javier Leoz


Santoral...


† Santoral               

San Esteban Protomártir
Siglo I

Dichoso tú Esteban: que por proclamar tu amor a Cristo
 en la tierra te fuiste a acompañarlo a Él en el cielo.
Haz que seamos muchos, muchísimos los que con
nuestras palabras y buenas obras nos declaremos
amigos y seguidores de Jesús en esta vida y
seamos sus compañeros en el gozo eterno del Paraíso. Amén.

Esteban significa: "coronado" (Esteb: corona).
Este santo se llama "protomártir", porque tuvo el honor de ser el primer mártir que derramó su sangre por proclamar su fe en Jesucristo.
Esteban era uno de los hombres de confianza de los apóstoles. La S. Biblia, en los Hechos de los Apóstoles narra que cuando en Jerusalén hubo una protesta de las viudas y pobres que no eran israelitas porque en la distribución de las ayudas se les daba más preferencia a los que eran de Israel que a los pobres que eran del extranjero, los 12 apóstoles dijeron: "A nosotros no nos queda bien dejar nuestra labor de predicar por dedicarnos a repartir ayudas materiales". Y pidieron a los creyentes que eligieran por voto popular a siete hombres de muy buena conducta y llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, para que se encargaran de la repartición de las ayudas a los pobres. Y entre los siete elegidos, resultó aclamado Esteban (junto con Nicanor, Felipe y otros). Fueron presentados a los apóstoles los cuales oraron por ellos y les impusieron las manos, quedando así ordenados de diáconos (palabra que significa "ayudante", "servidor". Diácono es el grado inmediatamente inferior al sacerdote).
Los judíos provenientes de otros países, al llegar a Jerusalén empezaron a discutir con Esteban que les hablaba muy bien de Jesucristo, y no podían resistir a su sabiduría y al Espíritu Santo que hablaba por medio de él. Siempre les ganaba las discusiones. Lo llevaron ante el Tribunal Supremo de la nación llamado Sanedrín, para acusarlo con falsos testigos, diciendo que él afirmaba que Jesús iba a destruir el templo y a acabar con las leyes de Moisés. Y los del tribunal al observarlo vieron que su rostro brillaba como el de un ángel.
San EstebanEsteban pronunció entre el Sanedrín un impresionante discurso en el cual fue recordando toda la historia del pueblo de Israel (Está en el Capítulo 7 de los Hechos de los Apóstoles) y les fue echando en cara a los judíos que ellos siempre se habían opuesto a los profetas y enviados de Dios, terminando por matar al más santo de todos, Jesucristo el Salvador. Al oír esto, ellos empezaron a rechinar de rabia. Pero Esteban lleno del Espíritu Santo miró fijamente al cielo y vio la gloria de Dios y a Jesús que estaba en pie a la derecha de Dios y exclamó: "Estoy viendo los cielos abiertos y al Hijo del hombre en pie a la derecha de Dios". Entonces ellos llenos de rabia se taparon los oídos y se lanzaron contra él.
Lo arrastraron fuera de la ciudad y lo apedrearon. Los que lo apedreaban dejaron sus vestidos junto a un joven llamado Saulo (el futuro San Pablo que se convertirá por las oraciones de este mártir) y que aprobaba aquel delito. Mientras lo apedreaban, Esteban decía: "Señor Jesús, recibe mi espíritu". Y de rodillas dijo con fuerte voz: "Señor, no les tengas en cuenta este pecado". Y diciendo esto, murió. Unos hombres piadosos sepultaron a Esteban y la comunidad hizo gran duelo por él.

martes, 25 de diciembre de 2012

Secrets...


Secrets to a good death



Whoever goes wrong, just wrong.

It is a popular saying: "Whoever goes wrong, just wrong." And this applies to the life of each one of the men on earth, because the tree usually falls to the side that is tilted. And if we have a disordered life course ending in disarray today, with the serious possibility of falling into Hell forever.

So we must try to live well, in God's grace, ever, that our death is serene and happy, without anguish and terrors. Certainly there are cases where many men, after a life of sin, at the last moment have turned to God and have been saved. This happened to the Good Thief, who had a lifetime away from God and became the last moment and was saved. But we can not place our hope that we will have time to change before death, so we live in God's grace always to have a good death.

We all have to go through the ordeal of death, because death was not created by God, but she entered the world of sin, of the devil, and now all men must die.

Since this is a great truth and that we can not escape death, we need to be sensible and think about it, to face it in the best way possible when we arrive.


Secretos...


Secretos para bien morir

El que mal anda, mal acaba.
Es un dicho popular: “El que mal anda, mal acaba”. Y esto puede aplicarse a la vida de cada uno de los hombres sobre la tierra, porque el árbol suele caer hacia el lado que está inclinado. Y si tenemos una vida desordenada es lógico que terminen nuestros días en el desorden, con la grave posibilidad de caer en el Infierno para siempre.
Por eso tenemos que tratar de vivir bien, en gracia de Dios, siempre, para que nuestra muerte sea serena y feliz, sin congojas ni terrores. Es cierto que hay casos en que muchos hombres, después de una vida de pecado, en el último momento se han vuelto a Dios y se han salvado. Esto le sucedió al Buen Ladrón, que tuvo toda la vida lejos de Dios y en el último instante se convirtió y se salvó. Pero nosotros no podemos poner nuestra esperanza en que tendremos tiempo de cambiar antes de la muerte, así que debemos vivir en gracia de Dios siempre, para tener una buena muerte.
Todos tenemos que pasar por la dura experiencia de la muerte, ya que la muerte no fue creada por Dios, sino que ella entró en el mundo por el pecado, por el demonio, y ahora todos los hombres tenemos que morir.
Siendo esta una gran verdad y que no podemos escapar de la muerte, es necesario que seamos sensatos y pensemos en ella, para afrontarla de la mejor manera posible cuando nos llegue.

Has venido, Señor...


¡Has venido, Señor, y eso es amor!

Forrado  de pobreza pero ceñido en riqueza divina,
sin ruidos ni trompetas triunfales,
pero codiciado por la gente sencilla.
Llorando, porque sabes que los hombres sollozamos,
y  pequeño… por las veces en la que humanidad
se siente excesivamente, poderosamente grande.

¡Has venido, Señor, y eso es amor!
Alumbrado  por el seno virginal de una humilde nazarena,
y  vigilado, por la sobriedad del Patriarca de ese portal.
Aplaudido, hoy como entonces,
por la indiferencia de los que no saben verte,
y agasajado por el zurrón de los pastores de Belén.

¡Has venido, Señor, y eso es amor!
Acariciado por manos santas y puras de la Virgen María,
y pretendido por otras traicioneras y engañosas.
Arrullado por raspas pajas de un pesebre,
y  denostado por los que quieren regir
y vivir como si Tú no existieras.

¡Has venido, Señor, y eso es amor!
Tráenos luz que encienda las oscuridades
de nuestro vivir cotidiano.
Danos aquello que, sólo Dios,
es capaz de ofrecer sin nada a cambio.
Haznos comprender el Misterio que,
en este día, se desvela.
Entresijo escondido desde siglos,
y  resuelto en la frialdad de una mágica noche.
Déjanos postrarnos ante Ti para que, inclinándonos
ante Ti, adivinemos  que Tú desciendes a la humanidad,
para que, nosotros, ascendamos hasta los mismos
pliegues de lo divino, ante lo que un día
nos aguarda en el cielo.
Míranos, con esos ojos de Niño,
para  que nunca olvidemos que, en Belén,
nace el AMOR, y  que, con ese AMOR,
venceremos a las desesperanzas e inquietudes,
dudas y  lágrimas, caídas y tropiezos
Para que nunca olvidemos que, sin el AMOR de Belén,
el mundo estaría huérfano y roto por sus cuatro costados.
Para que nunca olvidemos que, si DIOS se hace pequeño,
Infante, humano, carne de nuestra carne,
es porque cree, piensa y desea la salvación del hombre.
¡Has venido, Señor, y eso es amor!

P. Javier Leoz