sábado, 29 de marzo de 2014

Oración Mariana...

Oración mariana
El Ángelus. 
Esta oración, que en su forma actual ya se conocía en el s. XVI, nos recuerda el gran misterio de la Encarnación, por el cual María fue elevada a la excelsa dignidad de Madre de Dios.
Se reza tres veces al día: al amanecer, al mediodía y al atardecer.
Se debe rezar de rodillas, excepto el Sábado por la tarde y el Domingo, que se reza de pie, en recuerdo de la resurrección de Jesús.
 
V. El Ángel del Señor Anunció a María.
R. Y concibió por obra del Espíritu Santo.
Dios te salve, María...V. He aquí la esclava del Señor.
R. Hágase en mí según tu palabra.
Dios te salve, María...V. Y el Verbo se hizo carne.
R. Y habitó entre nosotros.
Dios te salve, María...V. Ruega por nosotros Santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. 
Oremos:
Infunde, Señor, tu gracia en nuestras almas, a fin de que habiendo conocido por la voz del Ángel el Misterio de la Encarnación de tu divino Hijo, podamos, por los méritos de su Pasión y de su Cruz, alcanzar la gloria de la Resurrección. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.
 
Comentario: 
María ha prometido que quien la recuerde y medite un momento en el instante de la Encarnación del Verbo, en que Ella dice sí a Dios, le colmará de gracias y de alegría espiritual. Por eso es tan bueno rezar el Ángelus, especialmente cuando María le dice Sí a Dios y el Verbo se hace carne.

viernes, 28 de marzo de 2014

Conocer...

Conociendo a la Purísima

Para conocer y amar más a nuestra Madre del Cielo
[7] Los santos han dicho cosas admirables de esta ciudad Santa de Dios. Y, según ellos mismos testifican, nunca han estado tan elocuentes ni se han sentido tan felices como al hablar de Ella. Todos a una proclaman que:
– La altura de sus méritos, elevados por Ella hasta el trono de la Divinidad, es inaccesible.
– La anchura de su caridad, dilatada por Ella más que la tierra, es inconmensurable.
– La grandeza de su poder, que se extiende hasta sobre el mismo Dios, es incomprensible.
– Y, en fin, la profundidad de su humildad y de todas sus virtudes y gracias es un abismo insondable.
¡Oh altura incomprensible! ¡ Oh anchura inefable! ¡Oh grandeza sin medida! ¡Oh abismo impenetrable! (cfr. Ef. 3, 18; Apoc. 21, 15-16). 
(del Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen María)  
Comentario: 
No es exagerado este texto, pues María es el milagro más grande que hizo Dios y Ella es solo inferior a Dios. Por eso vayamos confiados a los pies de la Virgen que todo lo obtendremos del Corazón de Dios, pues Él nada le niega a María. Si nos hacemos amigos de María y nos consagramos a Ella, estaremos salvados para siempre y el demonio echará espuma por la boca de rabia por haber perdido una presa destinada al infierno, ya que él nada puede contra los que se han consagrado a la Virgen pura. Hoy más que nunca se cumple aquello de que “quien hallare a María, hallará la vida”, y esto lo atestiguan millones de santos que están en el Cielo, salvados por esta Reina de los Corazones.
¡Dulce Corazón de María!
¡Sé la salvación del alma mía!

Comenzar el día...

COMENZANDO EL DÍA

Purificar la intención.

Hoy comenzamos un nuevo día en que iremos haciendo las cosas cotidianas, el deber propio de nuestro estado. Pero sería muy bueno que enderecemos nuestra intención, y por ejemplo si sabemos que debemos trabajar para conseguir el sustento diario, elevemos nuestras miras y trabajemos pero, sobre todo, por la gloria de Dios y salvación de las almas.
Si en cada cosa que hacemos hoy, elevamos nuestra mira y ponemos a Dios y su amor como el motivo de nuestro obrar, nuestras acciones serán más perfectas y tendrán premio sobrenatural, porque a veces nos olvidamos de que estamos en este mundo para conocer y amar a Dios, y salvarnos cumpliendo su adorable voluntad.
Entonces hagamos todo por amor a Dios y bien de nuestros hermanos, y así las cosas comunes del día, serán agradables a Dios y medios de santificación.

jueves, 27 de marzo de 2014

Creo, Luego Existo - P.Raul Hasbun "Nuestra Fé Mariana"

Paciencia...

Vivir católico

Paciencia. 
Santa Teresa de Jesús dice que “la paciencia todo lo alcanza”. El tema es cómo alcanzar la paciencia, pues efectivamente todo lo de la vida cotidiana conspira para hacernos perder la paciencia.
Se trata de una lucha sin cuartel que debemos entablar cada día, venciéndonos a nosotros mismos, y pidiéndole ayuda a Dios, porque solos es como que “hacemos agua”, es decir, no podemos sin la ayuda de Dios, conservar la paciencia por mucho tiempo.
Por eso Dios quiere que hagamos lo que podamos y que pidamos en la oración lo que no podemos, y con la perseverancia lograremos ser pacientes.
Sobre todo con la recepción de los sacramentos, en especial la Eucaristía, lograremos tener más paciencia, puesto que Jesús mismo vendrá a nosotros para vivir en nosotros, transmitiéndonos sus virtudes, gracias y dones, y así no seremos nosotros quienes viviremos, sino Cristo que vivirá en nosotros.
Una cosa muy importante para conservar la paciencia, es mantener la boca cerrada y no proferir palabras cuando nos importunan o molestan. Si es preciso mordámonos los labios hasta que pase la tormenta, porque los desahogos de ira, en palabras y obras, no hacen más que hacernos perder la paz, la paciencia, a veces incluso la gracia santificante, y no ganamos nada con enojarnos, sino que perdemos mucho.
Es una lucha de cada día, y en el mundo moderno es fácil impacientarnos porque nos estamos acostumbrando a tener todo “ya”, al instante, y cuando las soluciones o los resultados se demoran, entonces perdemos la paciencia.
Hagamos el propósito, especialmente en esta Cuaresma, de trabajar la virtud de la paciencia, y seremos felices ya en este mundo, por cada victoria obtenida.

Catequésis...

VATICANO, 26 Mar. 14 / 10:05 am (ACI).- En la catequesis de la audiencia general de hoy ante miles de fieles en la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco reflexionó sobre el sacramento del orden sacerdotal, y precisó que si el sacerdote no apacienta a su rebaño con amor, entonces “no sirve”.
El Santo Padre explicó que el orden sacerdotal, “de tres grados: episcopado, presbiterado y diaconado, es el Sacramento que permite el ejercicio del ministerio, confiado por el Señor Jesús a los Apóstoles, para apacentar su rebaño con el poder de su Espíritu, de acuerdo a su corazón. Apacentar el rebaño de Jesús con la potencia no de la fuerza humana o la propia potencia, sino del Espíritu y según su corazón; el corazón de Jesús, que es un corazón de amor”.
“El sacerdote, el obispo y el diácono deben apacentar el rebaño del Señor con amor. Si no lo hacen con amor, no sirve. Y, en este sentido, los ministros que son elegidos y consagrados para este servicio prolongan en el tiempo la presencia de Jesús, si lo hacen con el poder del Espíritu Santo, en el nombre de Dios y con amor”.
El Papa se refirió luego a tres aspectos propios del Orden Sacerdotal. El primero es que “los ordenados son colocados a la cabeza de la comunidad. ¡Ah¡ están “a la cabeza”. ¡Sí! Sin embargo, para Jesús significa poner la propia autoridad al servicio, como Él mismo lo ha demostrado y enseñado a sus discípulos”. “Un obispo que no está al servicio de la comunidad, no hace bien, un sacerdote, un cura, que no está al servicio de la comunidad, no hace bien. Está equivocado”, agregó.
El segundo aspecto es “el amor apasionado por la Iglesia. Pensemos en el pasaje de la Carta a los Efesios, en la que San Pablo dice que Cristo ‘amó a la Iglesia y se entregó por ella para hacerla santa, purificándola con el lavado del agua mediante la Palabra y para presentársela a sí mismo a la Iglesia toda gloriosa, sin mancha ni arruga’. En virtud del Orden, el ministro dedica todo su ser a su comunidad y la ama con todo su corazón: es su familia”.
“El obispo, el sacerdote aman a la Iglesia en su comunidad, y la aman fuertemente, ¿cómo? Como Cristo ama a la Iglesia. Lo mismo dirá San Pablo del Matrimonio: el esposo ama a su esposa como Cristo ama a la Iglesia. Es un misterio grande de amor este del Ministerio ordenado y aquel del Matrimonio. Los dos Sacramentos, que son el camino por el cual las personas habitualmente van al Señor”.
El tercer aspecto es la oración y la vida sacramental con la Eucaristía diaria y la confesión constante: “El obispo que no reza, el obispo que no siente y escucha la Palabra de Dios, que no celebra todos los días, que no va a confesarse regularmente, y lo mismo el sacerdote que no hace estas cosas, al final pierden esta unión con Jesús y ellos se hacen mediocres y esto no hace bien a la Iglesia”.
“Por esto debemos ayudar a los obispos, a los sacerdotes a rezar, a escuchar la Palabra de Dios que es el alimento cotidiano, a celebrar cada día la Eucaristía y a ir a confesarse habitualmente. Y esto es tan importante para la santificación de los obispos y de los sacerdotes”.
El Santo Padre dijo luego: “quisiera terminar también con una cosa que me viene a la mente: ¿cómo se debe hacer para transformarse en sacerdote, dónde se venden las entradas? No, no se venden, ¿eh? Ésta es una iniciativa que toma el Señor. El Señor llama, llama a cada uno que él quiere que se haga sacerdote”.
“Y, a lo mejor hay algunos jóvenes aquí que han sentido esta llamada. Las ganas de hacerse sacerdotes, las ganas de servir a los otros en las cosas de Dios, las ganas de estar toda la vida al servicio para catequizar, bautizar, perdonar, celebrar la Eucaristía, sanar a los enfermos, toda la vida así”.
Finalmente el Papa señaló: “si alguno de ustedes ha escuchado esto en el corazón, es Jesús que lo ha puesto allí, ¿eh? Cuiden esta invitación y recen para que esto crezca y dé frutos en toda la Iglesia. Gracias”.

Comentario: dime cada cuánto se confiesa un Sacerdote y te diré qué tan bueno puede ser.  Esto también se aplica a cualquiera.
Juan Pablo II y Benedicto se confesaban cada semana, el Papa Francisco, cada dos.
¿y tú?

¡ Ave María puríssima !

Gracias por tu apoyo. Recemos unos por otros.


Unidos en el Corazón de la Sagrada Familia

miércoles, 26 de marzo de 2014

Llaga...

LLAGA DEL HOMBRO DE JESÚS

San Bernardo le preguntó al Divino Salvador, cuál fue Su dolor en la Pasión más desconocido por los hombres. Jesús le respondió:
Tenía una llaga profundísima en el hombro sobre el cual cargué mi pesada cruz; esa llaga era la más dolorosa de todas. Los hombres no la conocen. Honrad pues esta llaga y haré todo lo que por ella pidas...

 

ORACIÓN

 

Oh amado Jesús, manso Cordero de Dios, a pesar de ser yo una criatura miserable y pecadora, te adoro y venero la llaga causada por el peso de vuestra cruz que abriendo vuestras carnes desnudó los huesos de vuestro hombro sagrado y de la cual vuestra Madre Dolorosa tanto se compadeció. También yo, oh carísimo Jesús, me compadezco de Vos y desde el fondo de mi corazón te glorifico y te agradezco por esta llaga dolorosa de vuestro hombro en la que quisiste cargar vuestra cruz por mi salvación. Ah! por los sufrimientos que padeciste y que aumentaron el enorme peso de vuestra cruz, ruégote con mucha humildad, ten piedad de mí pobre criatura pecadora, perdonad mis pecados y conducidme al cielo por el camino de la cruz. 

Se rezan siete Avemarías y se agrega:
Madre santísima imprime en mi corazón las llagas de Jesucristo crucificado... (Indulgencia de 300 días)

Oh dulcísimo Jesús, no seas mi juez sino mi salvador...(Indulgencia de 100 días)