martes, 1 de abril de 2014

Oración...

Quince minutos con el Ángel Custodio

De los espíritus infernales, defiéndeme. 
Ángel Custodio mío, que en estos tiempos se estreche nuestro vínculo, porque en el mundo han aflorado del Infierno no sólo los demonios, sino también las almas y espíritus de los condenados, entre los cuales habrá también algún conocido mío, que en la tierra estuvo a mi lado, pero que ahora es un enemigo implacable que me quiere llevar al Infierno.
¡Qué horrible, querido Ángel, pero es la realidad! Hay muchos condenados que hacen las veces de demonios, pues quien muere en pecado mortal se condena, y se convierte en un demonio. Pues bien, de todos esos espíritus infernales que por permisión de Dios han subido del abismo a la tierra, te ruego que me defiendas porque sin tu auxilio no saldré ileso de este combate.
También te pido, querido Ángel mío, que me defiendas de los accidentes corporales y materiales, porque estos espíritus diabólicos no tienen reparo en atentar, además de contra la vida espiritual de mi alma, también contra mi vida física y material, causándome accidentes y desgracias, que si tú no las evitas, me llevarán a la postración o incluso a la muerte.
Te ruego también que cuides a mis familiares, porque los demonios me odian y quizás se quieran vengar de mí en mis seres queridos. Por eso te ruego que los inmunices con tu poder, y que toda mi familia esté en paz, a resguardo de los espíritus malditos que han invadido el mundo.

lunes, 31 de marzo de 2014

Mensaje...

Mensaje sobre la reparación

El Reparador. 
Jesús fue y es el Reparador por excelencia, porque con su obra de redención vino a reparar lo que estaba dañado y perdido, y en la Santa Misa se sigue ofreciendo para reparar todo el pecado del mundo.
También la Virgen es Reparadora, porque con su obediencia borró la desobediencia de Eva, y con su vida perfecta, reparó la maldad de nuestros primeros padres.
Por eso si queremos hacer reparación, sólo tenemos que mirar a estos Dos grandes: Jesús y María, y de Ellos sacar el modo cómo hacer reparación.
En la liturgia de semana santa se nos dice que donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia; y ¡feliz culpa que nos mereció tan gran Redentor! Siendo las cosas así, no tengamos miedo de haber hecho una cosa realmente irreparable, porque todo tiene reparación en los planes de Dios, basta que queramos reparar guiados por el Señor.
¡Qué felicidad que nada de lo malo o equivocado que hemos hecho en la vida es irreparable, sino que todo tiene forma de reparación, al menos mientras vivimos en este mundo!
Aprovechemos el tiempo de vida que Dios nos concede, no para desperdiciarlo en vanidades y entretenimientos superfluos, sino para borrar, con una vida santa, nuestros errores y pecados pasados. Es lo que se llama “hacer penitencia”. Y sobre todo, amemos a Dios, porque la mejor reparación es el amor, ya que todo pecado y todo mal es una falta de amor a Dios y a los hermanos, y se repara con el amor

Perdonar...

EL PERDÓN

Pocas veces somos ofendidos; muchas veces nos sentimos ofendidos.
Perdonar es abandonar o eliminar un sentimiento adverso contra el hermano.
¿Quién sufre: el que odia o el que es odiado?
El que es odiado vive feliz, generalmente en su mundo.
El que cultiva el rencor se parece a aquél que agarra una brasa ardiente o al que atiza una llama; pareciera que la llama quema al enemigo, pero no, se quema uno mismo.
El resentimiento sólo destruye al resentido.
El amor propio es ciego y suicida; prefiere la satisfacción de la venganza al alivio del perdón, pero es locura odiar: es como almacenar veneno en las entrañas.
El rencoroso vive en una eterna agonía.
No hay en el mundo fruta más sabrosa que la sensación de descanso y alivio que se siente al perdonar, así como no hay fatiga más desagradable que la que produce el rencor.
Vale la pena perdonar, aunque sea sólo por interés, porque no hay terapia más liberadora que el perdón.
P. Ignacio Larrañaga

domingo, 30 de marzo de 2014

Comenzar el día...

COMENZANDO EL DÍA

Día del Señor.

Estamos comenzando el Domingo, Día del Señor, y en él deberemos comportarnos como verdaderos hijos de Dios; y si bien todos los días debemos comportarnos como tales, hoy especialmente debemos hacerlo así, porque de esa manera agradecemos a Dios por sus beneficios.
Y no descuidemos el asistir a Misa hoy, porque la Santa Misa es el Sacrificio del Calvario, que Cristo quiso perpetuar en el tiempo, para que los que no tuvimos la gracia de vivir en tiempos de Jesús, podamos ahora mismo, mediante la asistencia a la Misa, estar presentes en el Gólgota, a los pies del Crucificado, consolándole y dándole amor.
Por eso es tan grave faltar a Misa sin razón que lo justifique, ya que es una grandísima falta de amor a Dios, y es como que le decimos que no nos importa todo lo que Él ha hecho y hace por nosotros.
Si bien el asistir a la Misa dominical es un precepto, veámoslo no como una obligación, sino más bien como una ocasión de demostrarle al Señor cuánto le amamos.

Misal...

† Misal

4o. Dom de cuaresma Ciclo A

Antífona de Entrada

Cuando los haga ver mi santidad los reuniré de todos los países; derramaré sobre ustedes mi agua pura que los purificará de todos sus inmundicias. Y les infundiré un espíritu nuevo, dice el Señor.

No se dice "Gloria".

Oración Colecta

Oremos:
Señor, Padre de misericordia y origen de todo bien, que aceptas el ayuno, la oración y la limosna como remedio de nuestros pecados; mira con amor a tu pueblo penitente y restaura con tu misericordia a los que estamos hundidos bajo el peso de las culpas.
Jesucristo...
Amén.

Primera Lectura

David es ungido como rey de Israel
Lectura del primer libro de Samuel 16, 1b.6-7.10-13
En aquellos días, dijo el Señor a Samuel:
"Llena tu cuerno de aceite y ve a la casa de Jesé, en Belén, porque de entre sus hijos me he escogido un rey".
Cuando llegó a Belén y vio a Eliab, el hijo mayor de Jesé, pensó:
"Seguramente éste es el ungido del Señor".
Pero el Señor dijo a Samuel:
"No mires su aspecto ni su gran estatura, pues yo le he descartado. Dios no juzga como juzga el hombre, pues el hombre mira en las apariencias, pero el Señor mira los corazones".
Hizo pasar Jesé a sus siete hijos ante Samuel, pero Samuel dijo:
"A ninguno de éstos ha elegido el Señor".
Luego preguntó a Jesé:
"¿Son éstos todos tus hijos?"
El respondió:
"Falta el más pequeño, que está cuidando el rebaño".
Samuel dijo a Jesé:
"Hazlo venir, porque no comeremos hasta que haya venido".
Jesé lo mandó llamar; era rubio, de ojos vivos y buena presencia. Entonces el Señor dijo a Samuel:
"Levántate y úngelo, porque éste es".
Tomó Samuel el cuerno de aceite y le ungió delante de sus hermanos.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Del Salmo 22
El Señor es mi pastor, nada me falta.
El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes praderas me hace reposar y hacia fuentes tranquilas me conduce para reparar mis fuerzas.
El Señor es mi pastor, nada me falta.
Por ser un Dios fiel a sus promesas, me guía por el sendero recto; así, aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú estás conmigo.Tu vara y tu cayado me dan seguridad.
El Señor es mi pastor, nada me falta.
Tú mismo me preparas la mesa, a despecho de mis adversarios; me unges la cabeza con perfume y llenas mi copa hasta los bordes.
El Señor es mi pastor, nada me falta.
Tu bondad y tu misericordia me acompañarán todos los días de mi vida; y viviré en la casa del Señor por años sin término.
El Señor es mi pastor, nada me falta.

Segunda Lectura

Levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 5, 8-14
Hermanos: En otro tiempo eran tinieblas, ahora son luz en el Señor. Caminen como hijos de la luz. Toda bondad, justicia y verdad son frutos de la luz. Busquen lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien repruébenlas abiertamente, pues lo que ellos hacen en secreto, hasta decirlo da vergüenza.
Pero la luz, denunciándolas, las pone al descubierto, y todo lo descubierto es luz.
Por eso se dice:
"Despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Yo soy la luz del mundo, dice el Señor; el que me sigue tendrá la luz de la vida.
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Evangelio

Fue, se lavó y volvió con vista
† Lectura del santo Evangelio según san Juan 9, 1.6-9.13-17.34-38
Gloria a ti, Señor
En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un ciego de nacimiento. Escupió en el suelo, hizo lodo con la saliva, se lo puso en los ojos al ciego, y le dijo:
"Ve a lavarte a la piscina de Siloé" (que significa "Enviado").
El fue, se lavó y volvió con vista. Y los vecinos y los que lo habían visto antes pidiendo limosna, comentaban:
"¿No es ése el que se sentaba a pedir limosna?"
Unos decían:
"Sí, es el mismo".
Otros, en cambio, negaban que se trataba del mismo y decían:
"No es él, sino uno que se le parece".
Pero el ciego decía:
"Soy yo".
Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego, pues en un sábado Jesús hizo lodo con su saliva y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista.
El les contestó:
"Me puso lodo en los ojos, me lavé y veo".
Algunos de los fariseos comentaban:
"Este hombre no puede venir de Dios, porque no respeta el sábado".
Otros replicaban:
"¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?"
Y estaban divididos, y volvieron a preguntarle al ciego:
"Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?"
El contestó:
"Que es un profeta".
Le replicaron:
"¿ Es que pretendes darnos lecciones a nosotros, tú que estás lleno de pecado desde que naciste?"
Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo:
"¿Crees en el hijo del hombre?"
El ciego preguntó:
"Y quién es, Señor, para que crea en El?"
Jesús le dijo:
"Lo estás viendo: es el que está hablando contigo".
Entonces el hombre dijo:
"Creo, Señor".
Y se postró ante Jesús.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús

Se dice "Credo".

Oración de los Fieles

Celebrante:
Oremos, hermanos y hermanas, al Señor, que no desea la muerte del pecador, sino que se convierta y viva, y pidámosle que tenga misericordia de su pueblo penitente:
Respondemos a cada petición: Señor, ten piedad.
Para que Dios aumente la fe y fortalezca la voluntad de los que se preparan a recibir en estos días cuaresmales el sacramento de la penitencia y les conceda un verdadero arrepentimiento de sus culpas, roguemos al Señor.
Señor, ten piedad.
Para que el Señor abra la inteligencia y el corazón de los incrédulos, de manera que lleguen al conocimiento de la verdad y en la fe encuentren aquel descanso que tanto desea su corazón, roguemos al Señor.
Señor, ten piedad.
Para que Dios conceda su ayuda a los enfermos, a los pobres, a los que se sienten tentados y a todos aquellos que con su sufrimiento participan de la cruz de Cristo, roguemos al Señor.
Señor, ten piedad.
Para que todos nosotros perseveremos en el esfuerzo cuaresmal y lleguemos, purificados e iluminados, a las fiestas de Pascua que se acercan, roguemos al Señor.
Señor, ten piedad.
Celebrante:
Dios nuestro, Padre de la luz, que conoces hasta lo más recóndito de nuestro corazón; no permitas que nos domine el poder de las tinieblas, antes bien, abre nuestros ojos a la luz del Espíritu para que podamos ver a Aquél que has enviado para iluminar al mundo y creamos únicamente en Jesucristo, tu Hijo y Señor nuestro. Que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.

Oración sobre las Ofrendas

Al ofrecerte, Señor, en la celebración gozosa de este domingo, los dones que nos traen la salvación, te rogamos nos ayudes a celebrar estos santos misterios con fe verdadera y saber ofrecértelos por la salvación del mundo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Prefacio

El ciego de nacimiento
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Que se hizo hombre para conducir al género humano, peregrino en tinieblas, al esplendor de la fe; y a los que nacieron esclavos del pecado, los hizo renacer por el bautismo, transformándolos en tus hijos adoptivos.
Por eso,
Señor, todas tus criaturas, en el cielo y en la tierra, te adoran cantando un cántico nuevo, y también nosotros, con los ángeles, te aclamamos por siempre diciendo:

Antífona de la Comunión

El Señor me untó los ojos, fui, me lavé y empecé a ver y a creer en Dios.

Oración después de la Comunión

Oremos:
Dios nuestro, luz que alumbra a todo humano que viene a este mundo, ilumina nuestros corazones con el resplandor de tu gracia, para que nuestros pensamientos te sean agradables y te amemos con toda sinceridad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén

sábado, 29 de marzo de 2014

Papa Francisco...


Oración Mariana...

Oración mariana
El Ángelus. 
Esta oración, que en su forma actual ya se conocía en el s. XVI, nos recuerda el gran misterio de la Encarnación, por el cual María fue elevada a la excelsa dignidad de Madre de Dios.
Se reza tres veces al día: al amanecer, al mediodía y al atardecer.
Se debe rezar de rodillas, excepto el Sábado por la tarde y el Domingo, que se reza de pie, en recuerdo de la resurrección de Jesús.
 
V. El Ángel del Señor Anunció a María.
R. Y concibió por obra del Espíritu Santo.
Dios te salve, María...V. He aquí la esclava del Señor.
R. Hágase en mí según tu palabra.
Dios te salve, María...V. Y el Verbo se hizo carne.
R. Y habitó entre nosotros.
Dios te salve, María...V. Ruega por nosotros Santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. 
Oremos:
Infunde, Señor, tu gracia en nuestras almas, a fin de que habiendo conocido por la voz del Ángel el Misterio de la Encarnación de tu divino Hijo, podamos, por los méritos de su Pasión y de su Cruz, alcanzar la gloria de la Resurrección. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.
 
Comentario: 
María ha prometido que quien la recuerde y medite un momento en el instante de la Encarnación del Verbo, en que Ella dice sí a Dios, le colmará de gracias y de alegría espiritual. Por eso es tan bueno rezar el Ángelus, especialmente cuando María le dice Sí a Dios y el Verbo se hace carne.