miércoles, 23 de agosto de 2017

Mañana...


Mañana, mañana...
Muchos esperan al último momento de sus vidas para arreglar su conciencia con Dios. Ponen en peligro su salvación eterna, dejando para el último momento de su existencia la confesión con el sacerdote.
Pero esto es un grave error y una gran imprudencia, porque, primero: no sabemos si tendremos tiempo y modo de confesarnos antes de que nos llegue la muerte; y, segundo: si no estamos acostumbrados a confesarnos, es muy difícil hacer bien la confesión en el momento terminal de nuestra vida, en que tenemos tantos temores y cuando el demonio pone todo su esfuerzo para llevarnos a su Infierno, desatando sobre nosotros su última tentativa, la última batalla para arrebatarnos el alma.
Es verdaderamente de locos dejar la confesión para mañana, para después, para el último día, porque no sabemos si podemos contar con ese “mañana”, ya que con lo único seguro que contamos es con el “ahora”, con el “hoy”.
Esta es una astucia de Satanás, que nos hace aplazar hasta último momento la reconciliación con Dios, porque sabe que de esa forma él tiene una gran oportunidad de llevarnos a la perdición eterna.
Meditemos hoy profundamente cómo está nuestra alma, y si descubrimos que vivimos en pecado mortal, hagamos un acto de sincero arrepentimiento y vayamos a confesarnos HOY MISMO con un sacerdote, porque no sabemos si mañana veremos la luz del día.

martes, 22 de agosto de 2017

1985 - Guilherme Arantes - Cheia de charme

Tácticas...

Tácticas del demonio.

El demonio utiliza distintas tácticas según sea el alma a la que va dirigida su tentación y sugestión. Con las almas pecadoras y sumergidas en los pecados, su trabajo es casi nulo, pues la misma alma trabaja por sí sola para su perdición, y el diablo simplemente la induce y tienta a cometer cada vez más graves pecados, pero generalmente la deja tranquila, pues sabe que ese tipo de almas ya van por el camino del Infierno.
Sin embargo con las almas que son un poco más piadosas, e incluso con las almas que quieren realmente llegar a la perfección, a la santidad, el diablo se disfraza de ángel de luz, y utiliza toda su astucia e inteligencia corrompida en disimular sus intereses homicidas.
Es así como notamos que en las almas buenas, el demonio quiere desordenarlas, al menos que, si no puede hacerlas caer en faltas más o menos graves, por lo menos se interesa vivamente en que las almas pierdan la paz y se desordenen.
Efectivamente el diablo es desorden, es el primer Desordenado, y no puede actuar distinto a su naturaleza, y lleva desorden a todas partes. Por eso quien está un poco atento, descubre fácilmente sus argucias, ya que todo lo que deja paz en el alma, viene de Dios; en cambio lo que perturba e inquieta, no viene sino del Maligno.
San Ignacio de Loyola nos da una ayuda para no caer en un tipo de trampa que tiende el demonio a las almas piadosas, y es hacer lo contrario a que el demonio nos sugiere. Es decir, a veces el diablo propone extremos, o hacer mucha más penitencia de la que estamos haciendo, y entonces es el momento de actuar en contra, es decir, hacer menos penitencia, o al menos continuar con la que hacemos habitualmente.
Lo importante para Satanás es desordenarnos, porque como bien dice el dicho popular: “A río revuelto, ganancia de pescadores”. Y el demonio quiere desestabilizarnos, desordenarnos, para “pescar” en las aguas turbulentas de nuestras almas.
Estemos en guardia, porque tenemos un enemigo formidable que nos acecha y anda como león rugiente a nuestro alrededor tratando de devorarnos.
Y lo más peligroso es dudar de la existencia de los demonios, dudar de que son un número sin número y que casi continuamente atentan contra nuestras almas, pero también contra nuestras vidas materiales, pues causan accidentes y desgracias, de modo que si nuestros ángeles custodios no nos defendieran continuamente, no podríamos salir bien parados de estas emboscadas.
La paz es signo de que algo viene de Dios. La inquietud, en cambio, es señal de que algo no viene de Dios, sino del Maligno. Tengamos esto siempre bien presente para distinguir las mociones de los diversos espíritus que se alternan en nosotros.
Y no nos extrañemos que en un momento estemos movidos por el espíritu bueno, y al siguiente momento por el espíritu malo; pues un ejemplo claro de que eso puede suceder, y sucede a menudo, es cuando Pedro hizo su confesión de fe en Jesucristo, y al momento siguiente trató de disuadir a Jesús de la Cruz, con lo que consiguió que el Señor le llamara “Satanás”. Pensemos en ello, porque a nosotros también nos puede pasar.

lunes, 21 de agosto de 2017

Mandamientos...

Yo no mato ni robo.

Algunos dicen, para justificarse: “Yo no mato ni robo”, creyendo que con eso ya cumplen los mandamientos.
Pero a estos tales hay que recordarles que los mandamientos de la Ley de Dios son Diez y no dos. Recordémoslos:
1) Amar a Dios sobre todas las cosas
2) No tomar su santo Nombre en vano
3) Santificar las fiestas
4) Honrar al padre y a la madre
5) No matar
6) No cometer actos impuros
7) No hurtar
8) No levantar falso testimonio ni mentir
9) No desear la mujer del prójimo
10) No codiciar los bienes ajenos.
El que no cumple uno solo de estos mandamientos, ya no está en la verdad y si los desobedece en materia grave, entonces comete un pecado mortal y no puede ir al Cielo sino que le espera el Infierno eterno.
Los que dicen “Yo no mato ni robo”, tal vez nunca se han puesto a pensar que no matan con armas, pero sí muchas veces con la lengua, y eso también es matar; y que no roban un banco, pero sí que hacen trampas en los precios de lo que venden y en los negocios con terceros, y esto también es robar.
Así que no busquemos excusas, porque las excusas que sirven aquí en la tierra para engañarnos y engañar a los demás, no sirven ante Dios, que ve en lo profundo de nuestro ser y conoce realmente cuáles son nuestras intenciones.

viernes, 18 de agosto de 2017

Catecismo...

Repasando el Catecismo

10. ¿Qué valor tienen las revelaciones privadas?
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Aunque no pertenecen al depósito de la fe, las revelaciones privadas pueden ayudar a vivir la misma fe, si mantienen su íntima orientación a Cristo. El Magisterio de la Iglesia, al que corresponde el discernimiento de tales revelaciones, no puede aceptar, por tanto, aquellas “revelaciones” que pretendan superar o corregir la Revelación definitiva, que es Cristo.
(Del Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica)
Comentario:
Las revelaciones privadas nos ayudan a vivir la Fe. Por eso las apariciones de la Virgen en realidad no añaden nada nuevo a la Revelación en Cristo, sino que nos dan ánimo y fortaleza para vivir las verdades que ya sabemos.
Pero hay que saber y tener bien presente que, si bien Dios ya ha revelado todo en Cristo, también es cierto que Dios se puede seguir comunicando con los hombres. Y no solo que puede seguirlo haciendo, sino que es como una necesidad que tiene Dios de seguir hablando a los hombres. Por eso están las revelaciones privadas, a las cuales hacemos bien en prestar atención, si no van en contra de las verdades que enseña la Iglesia, porque Dios quiere seguir hablando a los hombres, como antiguamente habló a Adán y Eva, como habló a los Profetas, y como habló a los Santos y sigue hablando.
¿Acaso podemos pensar que con el gran peligro que existe para la humanidad de perderse, Dios ya no hable y la deje a la deriva? ¡No!, definitivamente no. Porque Dios ama infinitamente a los hombres y no se desinteresa de sus asuntos.
Así que haremos muy bien en prestar mucha atención a las revelaciones privadas que estén aprobadas por la Iglesia, como por ejemplo Fátima, San Nicolás, etc., ya que nos ayudan a entender los tiempos que vivimos y nos alientan a vivir cada vez mejor nuestra vida cristiana.
¡Alabado sea Dios!

jueves, 17 de agosto de 2017

Mensajes...

Mensaje espiritual

Lectura espiritual.
Así como el cuerpo necesita alimentarse para poder mantenerse vivo y desarrollarse, así también el alma necesita alimentarse para poder sobrevivir y aumentar en sabiduría.
Y el alimento del alma es en primer lugar la Eucaristía, en que viene a nosotros el mismo Dios hecho hombre: Jesucristo, a colmar nuestra hambre y sed espiritual.
Pero también debemos alimentar nuestra alma, nuestra inteligencia, con la lectura espiritual, leyendo y meditando en buenos libros, en primer lugar la Sagrada Escritura, de preferencia el Evangelio, y también leer vidas de santos y buenos libros de meditación.
Y no nos desanimemos porque al leer nos olvidamos de la mayor parte de las cosas que leemos, pues en el momento oportuno el Espíritu Santo nos las recordará y hará florecer en buenos pensamientos y acciones, y entonces darán frutos.
Debemos tener presente que nada de lo que entra en nuestra mente se olvida, sino que todo queda registrado de alguna manera en el subconsciente y, con el soplo del Espíritu Santo se puede convertir en frondoso árbol cargado de buenos frutos.
Por eso también es muy importante, además de leer buenos libros, el no leer malos libros ni mirar mucha televisión, porque todo lo que entra en nuestra mente e inteligencia deja siempre una huella más o menos profunda.
Y un medio maravilloso de alimentar nuestra alma es a través de la oración, especialmente el Santo Rosario, donde vamos meditando los pasajes de la vida de Jesús y María y nos vamos haciendo, cada vez que lo rezamos, más semejantes a Ellos dos.
Oración, Comunión eucarística y lectura espiritual deben ser los tres alimentos de alma, inteligencia y corazón, para ser fuertes en esta vida contra las tentaciones y pruebas que nos pone el Maligno.
La buena formación diaria es necesaria, porque en un campo donde no se mantiene la tierra ni se la cuida, muy pronto aparecen plantas nocivas y plagas. Que no suceda esto con nuestra alma. Cuidémosla y alimentémosla.

miércoles, 16 de agosto de 2017

Parados...

Parados como los gatos.

Cuando alguna persona sale bien de alguna situación complicada, se suele decir que “cayó parado como los gatos”, haciendo referencia a que los felinos siempre caen parados.
Y nosotros siempre “caeremos parados” si tenemos una gran devoción a la Santísima Virgen, pues Ella se encargará de que todo a nuestro alrededor se vaya dando de modo que salgamos gloriosos y airosos de cualquier problema o situación complicada.
Tener una tierna y constante devoción a la Virgen es prenda de salvación, y una especie de seguro contra todo riesgo, pues la Madre de Dios es omnipotente por gracia, y no dejará que ninguno de sus hijos fieles se vea confundido o vencido por la desgracia y el infortunio.
Dios nos da un secreto: María. Efectivamente el Señor, a quien quiere salvar, le inspira una gran devoción y amor a la Santísima Virgen, de modo que ese fiel saldrá triunfador en este mundo y en el otro.
Siendo devotos de María, caeremos siempre parados como los gatos, puesto que la Virgen es la Reina del Cielo y de la Tierra, y hasta los demonios y todo el Infierno le tienen terror y deben someterse por fuerza a su imperio.
Nunca un siervo de María será vencido por nada ni nadie, puesto que la Virgen le da su propia fuerza y sus virtudes, especialmente si ese siervo se le ha consagrado. Por eso si todavía no nos hemos entregado a la Virgen, si no hemos hecho la consagración a su Corazón Inmaculado, es tiempo de hacerla, porque María es la Perla de gran valor que encontró aquél mercader del Evangelio, y por la que vale la pena venderlo todo para comprarla y poseerla.
Quien tiene a María consigo, lo tiene todo; y no podrá derribarlo ninguna potestad o dominio, porque la Madre de Dios vela por él, y hará incluso grandísimos milagros por su fiel hijo, para demostrarle cuánto amor le tiene.
Ya que a veces nos esforzamos por tener riquezas materiales e invertir en negocios temporales, ¿por qué no hacemos el Gran Negocio y nos ponemos bajo el amparo de la Virgen? Nos lloverán las gracias de todo tipo, y siempre saldremos bien parados de cualquier situación, hasta cantar completa victoria en el Cielo, a los pies del trono de María.