miércoles, 11 de junio de 2014

Aborto...

EL ABORTO

20 de febrero de 1976 

NO MATARÁS 

Mi Ley es sobrenatural y eterna. Vosotros la llamáis ley natural porque es conforme a todas las exigencias de vuestra naturaleza humana, a fin de que podáis conseguir aquel feliz equilibrio del que sentís necesidad.
Quien infringe esta ley, sea o no cristiano, perjudica la semilla de donde brota el justo equilibrio sin el que no puede haber en el hombre serenidad y paz, por tanto felicidad; y va a romper el orden establecido por Dios con consecuencias incalculables.
Esto es evidente: pero la maldad humana, amasijo de soberbia, de rebelión y de división, infringe voluntariamente la ley y destruye este germen divino llevando al hombre fuera del sendero del bien, haciéndolo perderse en un laberinto a menudo sin camino de salida.
He aquí, hijo mío, que con satánica insistencia, contra todo elemental derecho a la vida, contra todo derecho de la naturaleza, se quiere una inicua ley humana que legalice lo que Dios ha condenado desde siempre: el homicidio.
Esta ley: "No matarás", redactada y sancionada por el Padre, constituye una columna que sustenta el derecho natural. Quien la infringe no solo se pone en una actitud soberbia de desafío a Dios Creador, sino que violenta la misma naturaleza, realizando un crimen que grita venganza a los ojos del Cielo y de la tierra. 

Matanza salvaje  

Tú me has entendido, hijo: quiero hablarte del aborto, abominable parto de mentes congeladas por Satanás en el odio contra Dios y contra el hombre.
A los propugnadores de esta ley, cuya crueldad no es inferior a aquella de Herodes, no les importa la inhumana matanza de millones de criaturas inocentes e indefensas, no les importa romper la armonía de la Creación. Una cosa les importa: dar desahogo al odio inextinguible contra Dios y contra los depositarios de la ley de Dios.
Es impresionante que los inventores de esta conjura, hecha contra Dios (porque éste es el móvil principal de quienes luchan por la legalización del aborto), hayan encontrado tantos aliados. Se han convertido en una multitud separada de Dios y encaminada por la vía del crimen.
En medio de estos, tú ves no sin espanto a algunos de mis sacerdotes, incluso algún pastor que, disimulado, se hace pequeño para no ser descubierto. En vano, porque un día, aquel día grande de amargo llanto, Yo los acusaré frente a toda la humanidad por haberse prestado a la realización de un inicuo plan del Infierno. 

Culpa gravísima 

El aborto procurado es culpa gravísima, cuyo origen es de Satanás, porque es transgresión de la ley de mi Padre, que es ley de amor tendiente a conservar, defender y proteger el don impagable de la vida.
¿Qué hombre tiene el derecho de suprimir la vida de otro hombre?
¿Qué Estado puede arrogarse el derecho de romper el equilibrio de la naturaleza humana?
¿Qué Estado puede exaltar el derecho de abrogar una Ley divina? El pretender hacerlo es un crimen de tal gravedad que Dios no puede dejar impune.
El aborto es abominación y perversión fruto de una sociedad corrompida y anticristiana.
¡Ay de aquellos sobre cuya conciencia pesará tan tremenda responsabilidad!
No solo Yo seré inexorable Juez, sino que serán los seres humanos, víctimas del aborto los que se dirigirán directamente a mi Padre, Dador de la vida para pedir justicia sobre sus verdugos materiales y morales.
Hijo, la legalización del aborto es un producto de la barbarie materialista; pero cuántos otros hay: la violencia, los crímenes, la droga, la pornografía, la corrupción organizada, secretamente querida y financiada, aunque públicamente deplorada.
Si te hiciera ver el verdadero rostro de esta sociedad incrédula, te repito que de ello te morirías.
Esta humanidad ha rechazado la salvación ofrecida por mi misericordia; la salvaré con mi justicia.
Hijo, reza, reza; ¡no te canses!
Hoy no ves sino lo que ha podido la perversidad del Maligno; mañana verás cuánto ha podido la oración y el sufrimiento de los buenos.
Te bendigo, hijo mío; ámame.
(Mensaje de Jesús al Padre Ottavio Michelini)



martes, 10 de junio de 2014

Espíritu Santo...

Los Siete Dones del Espíritu Santo

EL DON DE SABIDURÍA: le proporciona al hombre una especie de connaturalidad con las cosas de Dios, haciéndole saborear, con deleite inefable, "las cosas de arriba, no las de la tierra" (Col 3,1-2), dándole un sentido de eternidad que le hace ver todas las cosas a través de Dios, como por instinto sobrenatural y divino.

EL DON DE ENTENDIMIENTO: proporciona al alma fiel una penetración profundísima en los grandes misterios de la fe: la inhabitación trinitaria, el misterio redentor, nuestra incorporación a Cristo, el valor infinito de la misa, etc., haciéndoselos vivir con gran intensidad y perfección.

EL DON DE CIENCIA: le enseña a juzgar rectamente de las cosas creadas, viendo en ellas una huella o vestigio de Dios, que pregona su hermosura y bondad inefables. Con él veía San Francisco de Asís al hermano lobo, la hermana flor, la hermana fuente. Es la "ciencia de los santos", que será siempre una locura ante la increíble estulticia del mundo (cf. 1 Cor 3,19).

EL DON DE CONSEJO: marca la orientación que debemos seguir en cada caso para entrar en los designios eternos de Dios sobre nosotros. Son corazonadas, golpes de vista intuitivos, cuyo acierto y oportunidad se encargan más tarde de descubrir los acontecimientos.

EL DON DE PIEDAD: tiene por objeto excitar en la voluntad, por inspiración del Espíritu Santo, un afecto filial hacia Dios, considerado como Padre amorosísimo, y un sentimiento de fraternidad universal para con todos los hombres en cuanto hermanos nuestros e hijos del mismo Padre, que está en los cielos. Nos hace sentir también una ternura especial hacia la Virgen María, Madre de la Iglesia y dulcísima Madre nuestra.

EL DON DE FORTALEZA: brilla en la frente de los mártires y en la práctica callada y heroica de las virtudes de la vida cristiana ordinaria, que constituyen el "heroísmo de lo pequeño", con frecuencia más difícil y penoso que el de las cosas grandes.

EL DON DE TEMOR DE DIOS: en fin, llena el alma de respeto reverencial ante la majestad infinita de Dios, dejándola dispuesta a morir mil veces antes que ofenderla por el pecado.

lunes, 9 de junio de 2014

Mensaje...

Mensaje espiritual 

El Gran Don. 
Como católicos estamos acostumbrados a pedir dones a Dios, pero muchas veces nos olvidamos de pedir el “Don” por excelencia, que es el Espíritu Santo.
Efectivamente quien obtiene el Espíritu Santo, se puede decir que lo ha obtenido todo, porque ya el Señor en el Evangelio nos ha dicho que le pidamos al Padre, que Él nos dará cosas buenas, y hasta nos dará lo más excelente, que es el Espíritu Santo.
Dejemos de lado tantas peticiones materiales, y oremos porque el Señor nos conceda su Espíritu, pues teniéndolo, lo tendremos absolutamente todo.
Y éstas son palabras de la misma Santísima Virgen, que en Medjugorje daba este mensaje al mundo:
21-10-1983: "Lo más importante es rezar al Espíritu Santo para que descienda sobre vosotros. Cuando uno lo posee, lo tiene todo".
Y si la Virgen nos da este secreto, es para que lo aprovechemos, ya que nosotros muchas veces pedimos sólo la añadidura, es decir bienes materiales, temporales e inmediatos; cuando en realidad, si pedimos el Don del Espíritu Santo, con él nos vendrán todos los bienes, incluso materiales, de forma magnífica.

Tengamos más fe y pidamos el Paráclito para nosotros, para nuestros seres queridos y para el mundo entero, porque la salvación del mundo depende de que se realice un nuevo Pentecostés, que incendie los corazones de los hombres con el fuego del amor de Dios, para que esta humanidad vuelva a los brazos del Padre celestial y la Alegría reine en el mundo.

Estamos a tiempo...

Vuelve a empezar   

Estamos a tiempo.
Si vivimos en este mundo entonces estamos todavía a tiempo de volver a empezar, puesto que, como dice el dicho popular: “Mientras hay vida hay esperanza”.
Y un ejemplo claro de esto que decimos, lo tenemos en Dimas, el Buen Ladrón, que a pesar de haber tenido toda una vida desarreglada, en el último instante de su existencia, pudo rectificar todo drásticamente con una sincera vuelta a Dios, y no sólo que se salvó del Infierno, sino que ese mismo día entró al Cielo sin pasar ni siquiera por el Purgatorio. Él tuvo tiempo de volver a empezar en el último momento de su vida.
Así que también nosotros, si tenemos vida todavía, estamos siempre a tiempo de volver a empezar. Y no vale el decir que nos queda poco tiempo para “hacer cosas”, porque no se trata tanto de actividades, sino más bien de nuestra alma, de volver a empezar naciendo de nuevo, aunque sea en el último instante, para ganarnos el Cielo, “robándolo” como lo robó el Buen Ladrón a último momento.
Recordemos este ejemplo porque nos puede servir de mucho para cuando estemos ya mayores, o por alguna enfermedad estemos al borde de la muerte, y nos lamentemos porque “ya no hay tiempo”.
Siempre hay tiempo, hasta el último instante, de volver a empezar, es decir, de volvernos a Dios y comenzar una vida nueva, ya sea en la tierra o en el Cielo.
 

domingo, 8 de junio de 2014

Evangelio del día...

domingo 8/JUN/14

Evangelio del día 

Jn 20, 19-23. 
Pentecostés.
Al atardecer del primer día de la semana, los discípulos se encontraban con las puertas cerradas por temor a los judíos. Entonces llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: “¡La paz esté con ustedes!”. Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: “¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes”. Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: “Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan”. 
Reflexión: 
Hoy es Pentecostés, que significa “cincuenta días después” de la Resurrección del Señor, y es el día en que desciende el Espíritu Santo sobre la Virgen y los Apóstoles. Hoy nace la Iglesia. En el pasaje del Evangelio de hoy, Jesús resucitado sopla sobre los Apóstoles y les da el Espíritu Santo con el poder de perdonar los pecados. Esto nos recuerda el capítulo dos del Génesis en que Dios sopla sobre la estatua de barro y crea al Hombre. Hoy también Jesús sopla y crea en los Apóstoles unas nuevas creaturas capaces de perdonar los pecados. Y eso sucede también cuando nos vamos a confesar; en ese momento el Espíritu Santo nos vuelve a infundir nueva vida y por eso muchas veces salimos de la confesión con ganas de ser buenos y comenzar de nuevo. Por eso hoy es un día propicio para hacer el propósito de confesarnos con frecuencia para recibir la ayuda del Espíritu Santo en nuestro caminar hacia el Cielo.
Pidamos a la Santísima Virgen la gracia de confesarnos una vez por mes, como Ella misma lo pidió en Medjugorje.

Jesús, María, os amo, salvad las almas.

Derechos de los niños

Invocación...

VEN ESPÍRITU SANTO

Nos dice la Reina de la Paz, Medjugorje: 

"Lo más importante es rezar al Espíritu Santo para que descienda sobre vosotros. Cuando uno lo posee, lo tiene todo. Las personas cometen un error al invocar a los santos solamente, cuando piden algo". Viernes 21 de OCTUBRE de 1983.  

"Comenzad invocando al Espíritu Santo cada día. Lo más importante es rezar al Espíritu Santo. Cuando el Espíritu Santo desciende sobre la Tierra, entonces todo se aclara y todo se transforma". Adviento 1983.

"Lo más importante en la vida espiritual es el pedir el don del Espíritu Santo. Cuando el Espíritu Santo viene, entonces la paz se establece. Cuando esto ocurre, todo cambia alrededor de vosotros". OCTUBRE DE 1984.

INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO:
(Invocación enseñada por la Santísima Virgen al Padre Gobbi, que conviene decirla muy frecuentemente, en especial antes de hacer alguna actividad o rezar)
“Ven Espíritu Santo. Ven por medio de la poderosa intercesión del Corazón Inmaculado de María, tu amadísima Esposa”