martes, 14 de marzo de 2017

Enseñanzas...

Enseñanzas del Evangelio

Apostolado.
Vengan conmigo, y los haré pescadores de hombres. (Mt 4, 19)
Enseñanza:
El Señor invita a todos los católicos a ser sus apóstoles, porque la cosecha es abundante pero los trabajadores son pocos, y Jesús necesita de hombres que estén dispuestos a dejarse enviar para atraer a los hombres a la salvación.
Cada hombre, en su lugar de trabajo, estudio, donde vive, donde convive, debe ser un apóstol. Y no hace falta que esté todo el tiempo dando sermones o predicando a Cristo, sino que lo principal es tener una vida santa, una buena vida cristiana, vivida con coherencia según el Evangelio.
Hay un dicho que dice lo siguiente: “Lo que haces grita tan fuerte que no me deja oír lo que dices”. Y esto es una gran verdad que debemos tener en cuenta a la hora de evangelizar, porque nadie puede dar lo que no tiene, y ¿cómo podemos dar a Cristo a las almas si primero no lo tenemos en nuestro corazón viviendo en gracia de Dios y cumpliendo los mandamientos? Porque hablar de Dios a veces es fácil. Lo difícil es vivir como Dios manda y ser ejemplo para los demás. Recordemos que somos luces que debemos iluminar y no lámparas que echan humo y ensucian más bien antes que iluminar.

lunes, 13 de marzo de 2017

Evangelio del día...

Evangelio del día.

Lunes 13/MAR/17.
Lc 6, 36-38.
Ser indulgentes.
Jesús dijo a sus discípulos: Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados. Den, y se les dará. Les volcarán sobre le regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante. Porque la medida con que ustedes midan también se usará para ustedes.
Reflexión:
Aquí tenemos la clave para no tener miedo al juicio particular en el momento de nuestra muerte, ni al juicio final al fin del mundo, y esta clave es “ser indulgentes”, es decir, no juzgar, no condenar y perdonar. Porque la medida que usemos para los demás, se usará con nosotros. Hagamos entonces el esfuerzo y perdonemos todo como lo hizo la Santísima Virgen. Además debemos ser misericordiosos, pues la misericordia es el mayor atributo de Dios; y sus hijos, que somos nosotros, debemos distinguirnos también por ser misericordiosos.
Pidamos a la Santísima Virgen la gracia de ser buenos como el Padre Celestial es Bueno.
Jesús, María, os amo, salvad las almas.
 

domingo, 12 de marzo de 2017

Mensajes...

Mensaje sobre la oración

Arma poderosa.
17-4-84 112
A vosotros los que estáis extraviados os digo sólo creed en el Señor. Creyendo y orando estaréis a salvo de cualquier tentación, la fe y la oración son armas poderosas que pone Jesús al alcance vuestro, no debéis hacer nada que no sea bien visto a los ojos del Señor.
Gloria al Altísimo.
(Mensaje de María del Rosario de San Nicolás)
Comentario:
La Santísima Virgen nos dice en este mensaje que la oración es un arma poderosa que el Señor pone al alcance de nuestra mano.
Si no rezamos, quedamos desarmados frente a un enemigo formidable, que quiere nuestra ruina temporal y eterna, material y espiritual, que nos odia con furor y que intenta todo para perdernos en el tiempo y en la eternidad. Por eso es necesario que nos defendamos y pasemos al contraataque con la oración, que es arma y también escudo, y no sólo para nosotros mismos, sino también para todos nuestros seres queridos y para quienes rezamos.
El que ora es omnipotente, porque Dios escucha al que reza y concede innumerables gracias. Y si a veces no concede lo que le pedimos, Dios siempre nos da lo necesario y lo que nos conviene.
¡Pobrecito quien no reza!, pues ya lo ha dicho San Alfonso María de Ligorio: “El que reza se salva, y el que no reza se condena”.
Tenemos enemigos. Estamos en medio de una batalla que nos concierne a nosotros mismos, porque lo que está en juego es nuestra propia alma, nuestro destino eterno, y no podremos salir vencedores sin la ayuda de Dios, que Él ha prometido a los que se la pidan por medio de la oración.

sábado, 11 de marzo de 2017

Elvis Presley: All Shook Up

Evangelio del día...

Evangelio del día.

Sábado 11/MAR/17.
Mt 5, 43-48.
Amor a los enemigos.
Jesús dijo a sus discípulos: Ustedes han oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo” y odiarás a tu enemigo. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos. Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos? Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos? Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo.
Reflexión:
Jesús nos dice que debemos amar a nuestros enemigos. Esto no quiere decir que debamos tomarlos como amigos, sino que a pesar de que siguen siendo nuestros enemigos, nosotros tenemos la obligación de no odiarlos, de amarlos, es decir, de desearles el bien y de rogar por ellos y perdonarlos. Porque ellos con sus persecuciones y maldades contra nosotros lo único que consiguen es hacernos subir al trono de gloria que Dios nos tiene preparado en el Cielo. Así que debemos estarles agradecidos y pedir por ellos para que se conviertan y se salven para que en el Cielo estén eternamente agradecidos con nosotros que los hemos salvado a pesar de que nos hicieron daño. Así seremos semejantes al Padre Celestial que es bueno con todos.
Pidamos a la Santísima Virgen la gracia de amar también a nuestros enemigos, desearles el bien y rogar por su salvación eterna.
Jesús, María, os amo, salvad las almas.


viernes, 10 de marzo de 2017

Nada nueo...

Nada nuevo bajo el sol.

Satanás es un ángel caído y no puede cambiar sustancialmente ni en su ser ni en la forma que tiene de actuar. Por eso vemos que en estos tiempos está usando nuevamente la misma arma que usó en el Paraíso terrenal. Efectivamente el demonio quiso corromper a Eva y así se adueñó de la Humanidad. Hasta que vino Cristo y rescató la Humanidad de las manos del Maligno, y dio a la mujer el lugar que le corresponde, como lo podemos ver en el Evangelio puesto que el Señor quiso hacerse acompañar de mujeres que lo consolaron y que fueron las destinatarias también del primer anuncio de su Resurrección. Ése es el verdadero puesto que Dios le ha dado a la mujer como reina del hogar, reina de la familia y como Madre de los vivientes, pues eso significa “Eva”. Es decir, que la mujer es madre por naturaleza, aunque no haya engendrado físicamente. La mujer está hecha para amar, y tanto en el bien como en el mal, es toda corazón.
Ahora bien, en estos tiempos el diablo y sus secuaces vuelven a querer corromper a la mujer porque saben muy bien que corrompiendo a la mujer, se adueñan de la Humanidad entera.
Pero esta vez están cometiendo un error táctico imperdonable, pues quieren volver a la mujer poco menos que un varón, quieren que las mujeres se vuelvan algo así como marimachos, y ése es su error, puesto que las mujeres que tienen inteligencia, se dan cuenta de que estos grupos de presión, detrás de los cuales está el mismo demonio, no buscan el bien de la mujer, sino todo lo contrario, hacer a la mujer un ser frío que no cumple la misión que Dios le ha dado en la Creación, que es la de ser una “ayuda adecuada” como se lee en el Génesis.
Es lógico que el diablo esté apurado por poner todo patas arriba, pues quiere mostrarse cuanto antes como señor del mundo por medio de su hijo predilecto, el Anticristo, que lo negará todo y que podría llamarse “Negación”. No estamos lejos de ese tiempo, y la cuna para su nacimiento ya está casi preparada.
Pero como los demonios son oscuridad, no ven claro, y temen esta derrota. Y será una mujer, la Madre de Dios, quien pondrá las cosas en su lugar.
Dios es orden. Satanás es desorden. Por lo tanto cuando veamos orden, sepamos que allí reina Dios. Cuando veamos desorden, inversión de los sexos, pecado, maldad, allí reina Satanás.
Y para terminar este texto citaremos aquí unos versículos del Apocalipsis que viene muy bien tenerlos presentes porque se están cumpliendo actualmente:
Y me dijo: "No selles las palabras proféticas de este libro, porque el Tiempo está cerca. Que el injusto siga cometiendo injusticias, y el manchado siga manchándose; que el justo siga practicando la justicia y el santo siga santificándose. Mira, vengo pronto y traigo mi recompensa conmigo para pagar a cada uno según su obra." (Apocalipsis 22, 10-12)
 

jueves, 9 de marzo de 2017

Edad...

La edad perfecta...

Lo importante en nuestra vida es que alcancemos la edad perfecta de Jesucristo, es decir, que nos hagamos sabios, que nos hagamos santos.
La vida sobre la tierra debe servirnos para ello, y Dios nos da tiempo para que logremos esa adultez en la fe.
No importa cómo alcancemos esa edad, porque a veces llegaremos a ella por medio de sufrimientos y contrariedades, y otras almas pueden llegar por caminos más floridos y llenos de consuelos.
Otras personas, a pesar de que Dios les da tiempo de vida para que alcancen la sabiduría, la edad perfecta, nunca llegan a ella y quedan como párvulos en el conocimiento del bien y en el camino a la santidad.
Efectivamente hay muchos santos que murieron a temprana edad, pues ya habían alcanzado esa edad perfecta. En cambio muchas personas viven largo tiempo, y no porque tengan una misión que cumplir en el mundo y en la Iglesia, sino porque Dios tiene misericordia de sus almas que están en estado embrional y que, a pesar de todos los momentos que el Señor les concede para crecer en sabiduría y santidad, no avanzan.
Ojalá nosotros seamos conscientes de que lo importante es alcanzar la madurez del alma, la edad perfecta de Jesucristo, y aprendamos a dar gracias a Dios por el tiempo que nos concede para alcanzarla.
Hay niños y jóvenes que ya son adultos y sabios en el bien. En cambio hay adultos, quizás ancianos, que no han adelantado mucho en la sabiduría, en la santidad, y que están muy poco desarrollados en la edad perfecta.
Recordemos que Dios mide la edad de modo diverso a como la mide el mundo. No es por las apariencias exteriores y físicas, sino que Dios ve el corazón, ve el alma, y es allí donde debemos ser perfectos y bellos, adultos en la fe.