martes, 11 de julio de 2017

Cansancio...

No nos cansemos de hacer el bien

Muchas veces hacemos el bien y parece que nadie lo nota. Entonces nos llega el momento en que se nos caen los brazos y queremos abandonar y dejar de hacer el bien.
Pero debemos saber que si ningún mortal nota el bien que hacemos, hay quienes sí lo notan. En primer lugar lo nota Dios, que nos bendice por el bien realizado y nos premia, ya en este mundo, ya en el mundo futuro.
Y también otro que nota el bien que hacemos es el diablo, y pone todo su esfuerzo en desmoralizarnos para que dejemos de obrar el bien. Nos pone frente a nosotros todo el bien que hemos realizado, y la poca o ninguna repercusión que hemos tenido. Y así nos sugiere y susurra: “¿Para qué seguir haciendo esto o aquello por esta o aquella persona? ¿No ves que no sirve para nada? ¿No ves que no te lo agradecen?”
Y ésta es la técnica que usa el Maligno para infundirnos el desánimo y que nos acobardemos y dejemos de hacer lo bueno. También ha usado este método con Jesús, mostrándole para cuántos hombres sería inútil Su sacrificio en la Cruz. Y eso era una realidad, pues para muchas personas es inútil la Redención.
Pero ¿cómo respondió el Señor?, continuando su camino como si se salvaran todos los hombres.
También nosotros debemos continuar haciendo el bien, sin prestar oídos al tentador que nos quiere amilanar y asustar para que desistamos de hacer el bien. Y aunque sean pocos los que se beneficien de lo que hacemos, al menos tenemos el consuelo de que la obra realizada la ve Dios, y es Dios quien nos premiará. Porque Dios no premia tanto por el fruto obtenido, sino más bien premia por el trabajo y el esfuerzo puesto en realizar esa obra, aunque tenga pocos frutos.
Aprendamos de los Santos, que hacían todo a la vista de Dios y no para ser vistos y agradecidos por los hombres. Santa Teresa de Jesús barría los lugares más escondidos de su celda, que los hombres no miraban, pero que sí veía Dios.
Y así hay que hacer, actuar y obrar para Dios. Entonces no bajaremos los brazos cuando el desagradecimiento o la indiferencia nos lleguen de nuestro prójimo beneficiado.
Y recordemos que siempre es el amor el motor: amor a Dios y amor a los hombres. Si hacemos todo por amor, entonces no nos cansaremos de hacer el bien.

lunes, 10 de julio de 2017

Escándalos...

¡Ay de los escandalosos!

Jesús dijo a sus discípulos: “Es inevitable que haya escándalos, pero ¡ay de aquél que los ocasiona! Más le valdría que le ataran al cuello una piedra de moler y le precipitaran al mar, antes que escandalizar a uno de estos pequeños. (Lc 17, 1-2).
Hoy son legión los que escandalizan a todos, principalmente a los niños. Desde los medios de comunicación social masiva se incita a la juventud a invertir todas las verdades, a poner al placer como mayor objetivo en la vida.
Pero es que desde los gobiernos se quiere borrar a Cristo y a su Iglesia, dejando una humanidad bestializada por las potencias del Infierno.
No falta mucho para que sobre este mundo caiga un gran castigo, porque como en otro tiempo en Sodoma y Gomorra, hoy la humanidad está pervertida.
El mundo camina hacia su evolución espiritual: los buenos se hacen más espiritualmente buenos; y los malos, se hacen más espiritual y diabólicamente malos. Es necesario que se cumpla todo el bien y todo el mal que debe suceder. Pero ¡ay de quienes sean instrumentos del mal!, más les valdría no haber nacido.
Si muchas almas santas pasaron largo tiempo en el Purgatorio por cosas insignificantes, ¿qué podemos pensar de esta humanidad que vive en el pecado y que no quiere levantarse a pesar de todas las llamadas del Cielo?
Los gobernantes de la tierra tienen el mismo plan de aniquilar la Iglesia y combatir contra Cristo. Los reyes de la tierra se han confabulado, como bien lo dice el salmista. Pero Dios se ríe de esta locura y presunción humanas, y en su momento Dios hablará en su furor, y los que confían en los demonios, serán abandonados por ellos.
No creamos que Dios no ve todo el mal que se comete, a la vista y escondido; ni creamos que el Señor no castigará ejemplarmente a los escandalosos. Sólo que Dios tiene paciencia porque no quiere que los pecadores se pierdan, y da tiempo para que al menos algunos reaccionen y se conviertan y salven. Porque Dios tiene toda la eternidad para castigar a los malos en el Infierno; pero ahora usa de Misericordia y paciencia.
Y tenemos que darnos cuenta de que también con nosotros ha usado de misericordia y paciencia, pues si nos hubiese castigado ni bien pecamos, no estaríamos en este mundo. Pero Dios tiene paciencia con los pecadores. Ya tendrá la eternidad para dar a cada uno lo que le corresponde.
En cuanto a nosotros, tratemos de no perder el rumbo, sino sigamos por el camino del bien, que es estrecho y cuya puerta es angosta, pero que es el único que conduce al Paraíso.
En un abrir y cerrar de ojos Dios hará justicia. Tratemos de obrar bien para que su espada no caiga sobre nosotros ni en el tiempo ni en la eternidad.

viernes, 7 de julio de 2017

Riders In The Sky - The Shadows

Lectura...

Vivir católico

Lectura espiritual
Así como el cuerpo se alimenta para vivir, así también la inteligencia debe alimentarse para desarrollarse. Y la inteligencia se debe alimentar con la Verdad.
La Verdad la encontramos especialmente en la Sagrada Escritura, y en los libros de los Santos, y debemos beber de esas fuentes para no quedarnos estancados en la vida espiritual.
Especialmente tenemos que leer el Evangelio, ya que cada vez que lo leamos, encontraremos nuevos sentidos y aplicaciones para nuestras vidas y los momentos particulares en que estamos viviendo.
Pero además de alimentar nuestra mente y espíritu con buenas lecturas, tenemos que evitar las malas lecturas, como así también el ver malas películas o programas de televisión. Porque nada de lo que vemos o leemos queda sin su efecto, ya que si no nos produce un efecto consciente, será un efecto subconsciente. Por algo la Virgen aconseja no mirar televisión ni mirar películas de cine.
Es que la pureza es una virtud que se mantiene especialmente con la guarda del sentido de la vista, porque por los ojos entra la impureza en el hombre. Y ya Jesús en su Evangelio ha dicho que son bienaventurados los puros de corazón porque verán a Dios. Es decir que los que sean puros en las miradas y en el pensamiento, entenderán mejor las verdades eternas, y conocerán mejor a Dios.
También es muy bueno leer vidas de Santos, porque así nos impulsan a imitar lo que hicieron y a dar la vida por Cristo y por las almas.
Ya sabemos lo que sucede cuando un cuerpo humano no se alimenta, sobreviene la muerte. Pues bien, cuando el alma y la inteligencia no se alimentan con una buena lectura espiritual, sobreviene la muerte del alma, y la inteligencia se atrofia o se pervierte si la alimentamos con basura.
Hay que estar atentos porque el demonio, hoy más que nunca, anda como león rugiente a nuestro alrededor, buscando a quién devorar. Y lo primero que nos hace creer es que somos fuertes y a nosotros no nos va a pasar nada malo porque tenemos todo controlado. Esa es la mejor táctica que emplea para hacernos caer. Porque el demonio entra con la nuestra y se sale con la de él. Tengámoslo siempre bien presente y seamos vigilantes en la oración y en la guarda de los sentidos, especialmente de la vista, porque por los ojos entra el deseo de poseer lo que no se debe.

jueves, 6 de julio de 2017

Pruebas...

Dispuestos a perderlo todo.

¿A quién ama nuestro corazón? ¿Qué cosas ama? ¿Las ama por encima de Dios?
Debemos tener en cuenta las palabras de Jesús en el Evangelio que nos dicen que sólo puede ser su discípulo quien esté dispuesto a perderlo todo, incluso la propia vida, con tal de ganar el Cielo, de salvar el alma, de no pecar.
Es bueno que hoy nos hagamos esta pregunta en el fondo del alma, escrutándola para ver a quién ama nuestra alma más que a Dios, o qué dones materiales o morales amamos quizás más que a Dios. Y si vemos que hay algo que amamos más que a Dios, será tiempo de trabajar sobre nuestro interior y hacer el propósito de enderezar nuestros afectos, para ser buenos cristianos y estar dispuestos a perderlo todo, menos a Dios.
Es que aunque perdamos la salud, los bienes materiales, el cariño de las personas, y hasta incluso que nos separen de nuestros seres queridos por cualquier causa, como ser la muerte o la distancia, en realidad si tenemos a Dios y Lo amamos sobre todo y sobre todos, no perderemos el rumbo, y a la larga o a la corta encontraremos todo lo que la vida, el demonio o los hombres nos han quitado; si bien quizás no lo hallemos en este mundo, sí lo alcanzaremos todo en plenitud en el más allá.
Por eso ¡qué importante es la fe! ¡Y qué importante es poner a Dios como centro y fin de todo nuestro ser y nuestra vida, amando a todos pero en Dios y por Dios, y jamás amar cosa o persona más que a Dios! Si hacemos así, entonces aunque los vendavales del mundo, el demonio y la carne arrasen con nuestros bienes y con nuestros afectos, seguiremos en pie, y al final cantaremos victoria, y recuperaremos todo con creces. Lo vemos en el ejemplo de Job en la Sagrada Escritura: perdió todo menos la vida, pero se mantuvo firme, y luego le fue recompensado y restituido todo en este mundo.
Tal vez nosotros no recuperemos, en este mundo, lo que amamos y quizás hemos perdido o nos han quitado; pero con seguridad lo recuperaremos en el Cielo, donde seremos los eternos triunfadores, con la familia nuevamente reunida, con todos los tesoros a nuestra disposición, y ya plenos de vida y salud eterna.
Pensemos un poco en qué está puesto nuestro corazón, y si notamos que ama algo más que a Dios, rectifiquemos la intención, porque como bien a dicho Santa Teresa de Jesús: “Sólo Dios basta”. Porque en Dios lo tenemos todo, y aunque nos llegue a faltar todo en este mundo, teniendo a Dios, recuperaremos todo alguna vez.
Meditemos un poco en estas cuestiones y pongamos a Dios en el centro de nuestra vida, porque como ha dicho el Señor en el Evangelio: “Quien ama a su padre, a su madre, o a su hijo más que a Mí, no es digno de Mí”.

miércoles, 5 de julio de 2017

Ayuda...

Ayudas materiales.

Dios nos da ayudas materiales para que le demos gracias y nos convirtamos, pues cuando uno recibe un don, casi espontáneamente alaba a Dios.
También Jesús en el Evangelio prodigaba milagros y signos, para que los que eran favorecidos por ellos, y también los que estaban relacionados con el beneficiado, dieran gracias a Dios y tuvieran más energía para empezar a caminar por el buen camino, o retomarlo si lo habían dejado.
Ahora Dios nos da también milagros y signos, nos provee de cosas materiales y permite que obtengamos logros, ya sea en el trabajo, en el estudio, en la familia, en lo económico, en la salud, en el deporte, etc., y todas son muestras del amor que Dios nos tiene.
Ojalá que esos dones que recibimos no sean nunca causa de alejarnos de Dios. Efectivamente a veces estamos tan llenos de salud, que nos olvidamos que es Dios el que nos da esa salud, y no pocas veces derrochamos ese don, o lo que es peor, lo empleamos en el pecado.
Dios convierte el mal en bien. Y nosotros, cristianos, tenemos también que cambiar el mal en bienes. Lamentablemente a veces nos sucede lo contrario, y de los bienes que nos da el Señor, despilfarramos o lo usamos para el mal.
Recordemos que Dios no se olvida de todo lo que nos concede, y llevará cuenta hasta el mínimo detalle de cómo empleamos sus dones. Siendo esto así, entonces seamos agradecidos con lo que Dios nos da; y si hay algo que todavía no nos ha concedido, no nos desanimemos en pedírselo, que si es para bien, nos lo concederá infaliblemente.
Aprovecemos y disfrutemos con paz y alegría de todo lo que Dios nos provee, y demos siempre gracias por ello al Señor, y a su Madre, que es por medio de Ella que nos viene absolutamente todo don.
Dios sabe que no somos sólo alma, sino que tenemos un cuerpo, con sus necesidades; que tenemos una familia, también con sus necesidades; y por eso Él nos regala muchas cosas, tanto materiales como espirituales, para apoyarnos moralmente y así tengamos entusiasmo de seguir por el camino del bien.
Y si tenemos alguna cruz, o muchas cruces, sepamos que las cruces son los regalos más preciosos que hace Dios a sus elegidos. Y si no podemos dar gracias por las cruces, al menos sepamos que es una predilección de Dios el otorgarnos esos sufrimientos que son medio de santificación y salvación, para nosotros y para muchas almas.
Recordemos esta gran verdad: Dios es bueno, infinitamente bueno, y Él no quiere el mal de sus criaturas. Pero sepamos que muchas veces los dones de Dios pueden transformarse en un arma con la que nos hacemos daño, y entonces el Señor nos da sólo lo que sabe que nos ayudará a adelantar en el camino de la virtud.
Aunque también Dios, como dice el Evangelio, hace llover sobre buenos y malos; salir el sol sobre justos e injustos. Así que notaremos que Dios favorece a muchos, y que quizás esos muchos, no saben responder bien. Al menos nosotros tratemos de que los dones que nos da Dios, sean para nuestro bien.

martes, 4 de julio de 2017

Comunión...

Comunión eucarística frecuente.

Ya ha dicho el Señor en el Evangelio que quien no come su carne y bebe su sangre no tendrá vida eterna. Y por eso la Santa Madre Iglesia nos manda confesar y comulgar al menos una vez al año.
Pero eso es lo mínimo que debemos hacer. Y si queremos estar seguros de nuestro destino eterno, no podemos conformarnos con eso, porque aquí sucede como cuando se dispara un proyectil, hay que apuntar más alto del blanco para que la trayectoria de la bala, que va en caída, dé en el objetivo. Así también sucede en la vida espiritual, hay que apuntar bien alto, para que al menos alcancemos lo más alto que podamos. Si apuntamos al Cielo, llegaremos al Cielo o cuanto menos al Purgatorio. Pero si apuntamos al Purgatorio, podemos caer en el Infierno.
Y la Comunión frecuente, de ser posible diaria, nos va fortaleciendo para que alcancemos el Cielo. Porque la Eucaristía nos perdona los pecados veniales y como que nos inmuniza para no caer en pecado mortal.
Cada vez que comulgamos nos vamos haciendo otros Jesús y el Padre celestial nos mira cada vez más complacido porque ve en nosotros a su propio Hijo.
Si nos decidimos a comulgar más frecuentemente y no solo los domingos, entonces tenemos que saber que el demonio hará lo imposible para que cambiemos de idea y tratará de hacernos desanimar, poniendo multitud de pretextos y falsas razones. Incluso nos dirá que somos indignos de recibir al Señor tantas veces, etc., etc. No le hagamos caso y sigamos con el propósito de comulgar todos los días, porque la Eucaristía es un remedio para todos los males, y es el maná divino que nos alimenta en el camino del desierto que es esta vida terrena.
Si supiéramos todo lo que recibimos en una Comunión bien hecha, recorreríamos cielo y tierra para acercarnos a la Mesa del Altar y recibir la Eucaristía.
Antes no se podía comulgar seguido sino que solo se permitía comulgar de vez en cuando. Pero cuando el mal va mostrando más sus garras, también el Señor va dando más medios para defendernos, y un medio que ha dado es este de la Comunión frecuente, ya que ahora se puede comulgar incluso dos veces en el mismo día, si se ha oído por lo menos una misa.
No desaprovechemos este Don que nos ha hecho Jesús.
¿Pensamos que cuando el Señor instituyó la Eucaristía, el Evangelista nos dice: “Los amó hasta el extremo”? ¿Y qué es este extremo? Simplemente quiere decir que Jesús, con la institución de la Eucaristía, no podía amarnos más de lo que lo hizo. Es decir que el Santísimo Sacramento es el milagro más grande que pudo realizar Dios, y Dios con todo su poder, no pudo hacer un milagro más grande. ¡Enmudezca aquí toda lengua!