Para qué estamos en este mundo
No son muchos los que hoy se hacen esta importante pregunta: “¿Para qué estamos en este mundo?”.
En realidad parece que fuera una pregunta inútil, pero de su respuesta y del valor que le dé a dicha pregunta, es lo que afectará o no nuestras vidas.
Porque hay muchísima gente que no sabe ni de dónde viene, ni hacia dónde va, y viven la vida por inercia, van andando por el mundo sin sentido y sin saber por qué están donde están.
Pero a nosotros los católicos no nos sucede eso, o por lo menos no debería sucedernos eso, ya que sabemos de dónde venimos y hacia dónde vamos.
¿De dónde venimos? Venimos de Dios, que nos ha creado por amor, porque nos ama y en su Pensamiento divino nació la idea de crearnos porque quiso que existiéramos. Y en nuestro lugar Dios habría podido crear infinitos hombres. Pero no. Él ha querido crearnos a nosotros y por eso estamos leyendo este mensaje espiritual. Así que si estamos en este mundo no es por azar ni por evolución, sino porque Dios, con un acto de su Voluntad soberana y libre, nos quiso crear, y solo por amor.
¿A dónde vamos? Vamos a gozar de Dios en el Cielo, pues para eso nos ha creado Dios. El Señor a nadie creó para el Infierno, sino que nos ha creado para el Cielo y nos tiene destinado a cada uno de nosotros un puesto en su Cielo. Pero de nosotros depende que aceptemos esta invitación y voluntad de Dios, porque si no cumplimos los Diez Mandamientos y morimos en pecado mortal, entonces perderemos ese Cielo para el cual hemos sido creados, y seremos los seres más infelices del universo.
¿Para qué estamos en este mundo? Para vivirlo de acuerdo a los mandamientos de Dios y así superar este tiempo de prueba y de espera que es la vida terrena. Muchos olvidan esto y toman esta vida en la tierra como la única vida que existe, y así pierden el sentido que debe guiar su vivir en este mundo.
Ya Jesús nos ha dicho en su Evangelio que quien va a Él, jamás tendrá hambre ni sed, porque conocerá su procedencia y su fin, y estará tranquilo, porque estará confiado en Dios que sabe que lo ama y que cuida de él en todo momento.
Entonces, ahora que sabemos estas cosas o las hemos refrescado si ya las sabíamos, vivamos de acuerdo con esto que sabemos, para no ser unos eternos fracasados, y ser así felices ya en esta tierra, y luego para siempre en el Paraíso. Porque la voluntad de Dios es que seamos felices para siempre.
jueves, 13 de julio de 2017
miércoles, 12 de julio de 2017
Purgatorio...
Las almas del purgatorio.
Por medio de la Comunión de los Santos estamos muy unidos a las almas que se purifican en el Purgatorio. Y ellas pueden hacer mucho por nosotros pero, nosotros, al no tenerlas en cuenta ni solicitarles su ayuda, desaprovechamos un mar de gracias y favores de todo género.
Es tiempo de que pensemos más en las almas del Purgatorio, ofreciendo por ellas todo lo que vamos haciendo en el día, y entonces veremos cómo nos auxilian y protegen de manera admirable.
También tenemos que encomendarnos a ellas cuando realizamos un viaje, o también encomendar a nuestros seres queridos que viajan, pues los accidentes los causa el demonio, y las Benditas Almas protegen a las personas de accidentes.
Si supiéramos todo lo que las almas purgantes pueden y quieren hacer por nosotros, no seríamos tan tibios en socorrerlas con nuestras oraciones, haciendo celebrar misas por ellas y también oyendo misas en su favor, y aliviándolas con el ofrecimiento, no sólo de pequeños sacrificios, sino haciendo las más pequeñas cosas de todos los días en su favor, para aliviarlas.
Tenemos un tesoro inagotable por descubrir: Las Almas del Purgatorio. Si nos encomendamos a ellas y encomendamos también a quienes amamos, a nuestro país y al mundo entero, entonces veremos lo que son milagros.
Pero no sólo ellas ayudan en lo espiritual, sino que prodigan favores en lo material, de modo que quedaremos pasmados de lo que pueden y quieren hacer ellas por sus benefactores.
No perdamos más tiempo, y ya que tenemos tantas necesidades de todo tipo, no dejemos pasar esta oportunidad de comenzar, a partir de ahora mismo, a ofrecer todo para el alivio de las Benditas Almas del Purgatorio.
Si tenemos que salir de casa, dejemos a las Benditas Almas el encargo de que cuide de ella. Si tenemos que hacer un viaje o tarea riesgosa, pongámoslo bajo el patrocinio de las almas purgantes. Y en todo peligro o apretura en que nos encontremos, no nos olvidemos de que las Almas del Purgatorio nos pueden ayudar y mucho. Ofrezcamos el Rosario por ellas, y cuando queramos alguna gracia, hagamos como hacía la Madre Teresa de Calcuta: ofrecía el Rosario a las Benditas Almas y ellas se encargaban de obtenerle todo.
Ellas sufren muchísimo y son infinitamente agradecidas para quienes las alivian. Y si por nuestras oraciones y sacrificios, alguna de ellas logra salir del Purgatorio y alcanzar el Cielo, tendremos un alma santa que desde el Cielo nos protegerá incondicionalmente durante toda nuestra vida, y protegerá también a quienes amamos.
Rezar por las Benditas Almas y aliviarlas es un “negocio redondo”, porque saldremos ganando y los bienes de todo tipo no se harán esperar en nuestras vidas y en las de nuestros seres queridos.
Por medio de la Comunión de los Santos estamos muy unidos a las almas que se purifican en el Purgatorio. Y ellas pueden hacer mucho por nosotros pero, nosotros, al no tenerlas en cuenta ni solicitarles su ayuda, desaprovechamos un mar de gracias y favores de todo género.
Es tiempo de que pensemos más en las almas del Purgatorio, ofreciendo por ellas todo lo que vamos haciendo en el día, y entonces veremos cómo nos auxilian y protegen de manera admirable.
También tenemos que encomendarnos a ellas cuando realizamos un viaje, o también encomendar a nuestros seres queridos que viajan, pues los accidentes los causa el demonio, y las Benditas Almas protegen a las personas de accidentes.
Si supiéramos todo lo que las almas purgantes pueden y quieren hacer por nosotros, no seríamos tan tibios en socorrerlas con nuestras oraciones, haciendo celebrar misas por ellas y también oyendo misas en su favor, y aliviándolas con el ofrecimiento, no sólo de pequeños sacrificios, sino haciendo las más pequeñas cosas de todos los días en su favor, para aliviarlas.
Tenemos un tesoro inagotable por descubrir: Las Almas del Purgatorio. Si nos encomendamos a ellas y encomendamos también a quienes amamos, a nuestro país y al mundo entero, entonces veremos lo que son milagros.
Pero no sólo ellas ayudan en lo espiritual, sino que prodigan favores en lo material, de modo que quedaremos pasmados de lo que pueden y quieren hacer ellas por sus benefactores.
No perdamos más tiempo, y ya que tenemos tantas necesidades de todo tipo, no dejemos pasar esta oportunidad de comenzar, a partir de ahora mismo, a ofrecer todo para el alivio de las Benditas Almas del Purgatorio.
Si tenemos que salir de casa, dejemos a las Benditas Almas el encargo de que cuide de ella. Si tenemos que hacer un viaje o tarea riesgosa, pongámoslo bajo el patrocinio de las almas purgantes. Y en todo peligro o apretura en que nos encontremos, no nos olvidemos de que las Almas del Purgatorio nos pueden ayudar y mucho. Ofrezcamos el Rosario por ellas, y cuando queramos alguna gracia, hagamos como hacía la Madre Teresa de Calcuta: ofrecía el Rosario a las Benditas Almas y ellas se encargaban de obtenerle todo.
Ellas sufren muchísimo y son infinitamente agradecidas para quienes las alivian. Y si por nuestras oraciones y sacrificios, alguna de ellas logra salir del Purgatorio y alcanzar el Cielo, tendremos un alma santa que desde el Cielo nos protegerá incondicionalmente durante toda nuestra vida, y protegerá también a quienes amamos.
Rezar por las Benditas Almas y aliviarlas es un “negocio redondo”, porque saldremos ganando y los bienes de todo tipo no se harán esperar en nuestras vidas y en las de nuestros seres queridos.
martes, 11 de julio de 2017
Cansancio...
No nos cansemos de hacer el bien
Muchas veces hacemos el bien y parece que nadie lo nota. Entonces nos llega el momento en que se nos caen los brazos y queremos abandonar y dejar de hacer el bien.
Pero debemos saber que si ningún mortal nota el bien que hacemos, hay quienes sí lo notan. En primer lugar lo nota Dios, que nos bendice por el bien realizado y nos premia, ya en este mundo, ya en el mundo futuro.
Y también otro que nota el bien que hacemos es el diablo, y pone todo su esfuerzo en desmoralizarnos para que dejemos de obrar el bien. Nos pone frente a nosotros todo el bien que hemos realizado, y la poca o ninguna repercusión que hemos tenido. Y así nos sugiere y susurra: “¿Para qué seguir haciendo esto o aquello por esta o aquella persona? ¿No ves que no sirve para nada? ¿No ves que no te lo agradecen?”
Y ésta es la técnica que usa el Maligno para infundirnos el desánimo y que nos acobardemos y dejemos de hacer lo bueno. También ha usado este método con Jesús, mostrándole para cuántos hombres sería inútil Su sacrificio en la Cruz. Y eso era una realidad, pues para muchas personas es inútil la Redención.
Pero ¿cómo respondió el Señor?, continuando su camino como si se salvaran todos los hombres.
También nosotros debemos continuar haciendo el bien, sin prestar oídos al tentador que nos quiere amilanar y asustar para que desistamos de hacer el bien. Y aunque sean pocos los que se beneficien de lo que hacemos, al menos tenemos el consuelo de que la obra realizada la ve Dios, y es Dios quien nos premiará. Porque Dios no premia tanto por el fruto obtenido, sino más bien premia por el trabajo y el esfuerzo puesto en realizar esa obra, aunque tenga pocos frutos.
Aprendamos de los Santos, que hacían todo a la vista de Dios y no para ser vistos y agradecidos por los hombres. Santa Teresa de Jesús barría los lugares más escondidos de su celda, que los hombres no miraban, pero que sí veía Dios.
Y así hay que hacer, actuar y obrar para Dios. Entonces no bajaremos los brazos cuando el desagradecimiento o la indiferencia nos lleguen de nuestro prójimo beneficiado.
Y recordemos que siempre es el amor el motor: amor a Dios y amor a los hombres. Si hacemos todo por amor, entonces no nos cansaremos de hacer el bien.
Muchas veces hacemos el bien y parece que nadie lo nota. Entonces nos llega el momento en que se nos caen los brazos y queremos abandonar y dejar de hacer el bien.
Pero debemos saber que si ningún mortal nota el bien que hacemos, hay quienes sí lo notan. En primer lugar lo nota Dios, que nos bendice por el bien realizado y nos premia, ya en este mundo, ya en el mundo futuro.
Y también otro que nota el bien que hacemos es el diablo, y pone todo su esfuerzo en desmoralizarnos para que dejemos de obrar el bien. Nos pone frente a nosotros todo el bien que hemos realizado, y la poca o ninguna repercusión que hemos tenido. Y así nos sugiere y susurra: “¿Para qué seguir haciendo esto o aquello por esta o aquella persona? ¿No ves que no sirve para nada? ¿No ves que no te lo agradecen?”
Y ésta es la técnica que usa el Maligno para infundirnos el desánimo y que nos acobardemos y dejemos de hacer lo bueno. También ha usado este método con Jesús, mostrándole para cuántos hombres sería inútil Su sacrificio en la Cruz. Y eso era una realidad, pues para muchas personas es inútil la Redención.
Pero ¿cómo respondió el Señor?, continuando su camino como si se salvaran todos los hombres.
También nosotros debemos continuar haciendo el bien, sin prestar oídos al tentador que nos quiere amilanar y asustar para que desistamos de hacer el bien. Y aunque sean pocos los que se beneficien de lo que hacemos, al menos tenemos el consuelo de que la obra realizada la ve Dios, y es Dios quien nos premiará. Porque Dios no premia tanto por el fruto obtenido, sino más bien premia por el trabajo y el esfuerzo puesto en realizar esa obra, aunque tenga pocos frutos.
Aprendamos de los Santos, que hacían todo a la vista de Dios y no para ser vistos y agradecidos por los hombres. Santa Teresa de Jesús barría los lugares más escondidos de su celda, que los hombres no miraban, pero que sí veía Dios.
Y así hay que hacer, actuar y obrar para Dios. Entonces no bajaremos los brazos cuando el desagradecimiento o la indiferencia nos lleguen de nuestro prójimo beneficiado.
Y recordemos que siempre es el amor el motor: amor a Dios y amor a los hombres. Si hacemos todo por amor, entonces no nos cansaremos de hacer el bien.
lunes, 10 de julio de 2017
Escándalos...
¡Ay de los escandalosos!
Jesús dijo a sus discípulos: “Es inevitable que haya escándalos, pero
¡ay de aquél que los ocasiona! Más le valdría que le ataran al cuello
una piedra de moler y le precipitaran al mar, antes que escandalizar a
uno de estos pequeños. (Lc 17, 1-2).
Hoy son legión los que escandalizan a todos, principalmente a los niños. Desde los medios de comunicación social masiva se incita a la juventud a invertir todas las verdades, a poner al placer como mayor objetivo en la vida.
Pero es que desde los gobiernos se quiere borrar a Cristo y a su Iglesia, dejando una humanidad bestializada por las potencias del Infierno.
No falta mucho para que sobre este mundo caiga un gran castigo, porque como en otro tiempo en Sodoma y Gomorra, hoy la humanidad está pervertida.
El mundo camina hacia su evolución espiritual: los buenos se hacen más espiritualmente buenos; y los malos, se hacen más espiritual y diabólicamente malos. Es necesario que se cumpla todo el bien y todo el mal que debe suceder. Pero ¡ay de quienes sean instrumentos del mal!, más les valdría no haber nacido.
Si muchas almas santas pasaron largo tiempo en el Purgatorio por cosas insignificantes, ¿qué podemos pensar de esta humanidad que vive en el pecado y que no quiere levantarse a pesar de todas las llamadas del Cielo?
Los gobernantes de la tierra tienen el mismo plan de aniquilar la Iglesia y combatir contra Cristo. Los reyes de la tierra se han confabulado, como bien lo dice el salmista. Pero Dios se ríe de esta locura y presunción humanas, y en su momento Dios hablará en su furor, y los que confían en los demonios, serán abandonados por ellos.
No creamos que Dios no ve todo el mal que se comete, a la vista y escondido; ni creamos que el Señor no castigará ejemplarmente a los escandalosos. Sólo que Dios tiene paciencia porque no quiere que los pecadores se pierdan, y da tiempo para que al menos algunos reaccionen y se conviertan y salven. Porque Dios tiene toda la eternidad para castigar a los malos en el Infierno; pero ahora usa de Misericordia y paciencia.
Y tenemos que darnos cuenta de que también con nosotros ha usado de misericordia y paciencia, pues si nos hubiese castigado ni bien pecamos, no estaríamos en este mundo. Pero Dios tiene paciencia con los pecadores. Ya tendrá la eternidad para dar a cada uno lo que le corresponde.
En cuanto a nosotros, tratemos de no perder el rumbo, sino sigamos por el camino del bien, que es estrecho y cuya puerta es angosta, pero que es el único que conduce al Paraíso.
En un abrir y cerrar de ojos Dios hará justicia. Tratemos de obrar bien para que su espada no caiga sobre nosotros ni en el tiempo ni en la eternidad.
Hoy son legión los que escandalizan a todos, principalmente a los niños. Desde los medios de comunicación social masiva se incita a la juventud a invertir todas las verdades, a poner al placer como mayor objetivo en la vida.
Pero es que desde los gobiernos se quiere borrar a Cristo y a su Iglesia, dejando una humanidad bestializada por las potencias del Infierno.
No falta mucho para que sobre este mundo caiga un gran castigo, porque como en otro tiempo en Sodoma y Gomorra, hoy la humanidad está pervertida.
El mundo camina hacia su evolución espiritual: los buenos se hacen más espiritualmente buenos; y los malos, se hacen más espiritual y diabólicamente malos. Es necesario que se cumpla todo el bien y todo el mal que debe suceder. Pero ¡ay de quienes sean instrumentos del mal!, más les valdría no haber nacido.
Si muchas almas santas pasaron largo tiempo en el Purgatorio por cosas insignificantes, ¿qué podemos pensar de esta humanidad que vive en el pecado y que no quiere levantarse a pesar de todas las llamadas del Cielo?
Los gobernantes de la tierra tienen el mismo plan de aniquilar la Iglesia y combatir contra Cristo. Los reyes de la tierra se han confabulado, como bien lo dice el salmista. Pero Dios se ríe de esta locura y presunción humanas, y en su momento Dios hablará en su furor, y los que confían en los demonios, serán abandonados por ellos.
No creamos que Dios no ve todo el mal que se comete, a la vista y escondido; ni creamos que el Señor no castigará ejemplarmente a los escandalosos. Sólo que Dios tiene paciencia porque no quiere que los pecadores se pierdan, y da tiempo para que al menos algunos reaccionen y se conviertan y salven. Porque Dios tiene toda la eternidad para castigar a los malos en el Infierno; pero ahora usa de Misericordia y paciencia.
Y tenemos que darnos cuenta de que también con nosotros ha usado de misericordia y paciencia, pues si nos hubiese castigado ni bien pecamos, no estaríamos en este mundo. Pero Dios tiene paciencia con los pecadores. Ya tendrá la eternidad para dar a cada uno lo que le corresponde.
En cuanto a nosotros, tratemos de no perder el rumbo, sino sigamos por el camino del bien, que es estrecho y cuya puerta es angosta, pero que es el único que conduce al Paraíso.
En un abrir y cerrar de ojos Dios hará justicia. Tratemos de obrar bien para que su espada no caiga sobre nosotros ni en el tiempo ni en la eternidad.
viernes, 7 de julio de 2017
Lectura...
Vivir católico
Lectura espiritual
Así como el cuerpo se alimenta para vivir, así también la inteligencia
debe alimentarse para desarrollarse. Y la inteligencia se debe alimentar
con la Verdad.
La Verdad la encontramos especialmente en la Sagrada Escritura, y en los
libros de los Santos, y debemos beber de esas fuentes para no quedarnos
estancados en la vida espiritual.
Especialmente tenemos que leer el Evangelio, ya que cada vez que lo
leamos, encontraremos nuevos sentidos y aplicaciones para nuestras vidas
y los momentos particulares en que estamos viviendo.
Pero además de alimentar nuestra mente y espíritu con buenas lecturas,
tenemos que evitar las malas lecturas, como así también el ver malas
películas o programas de televisión. Porque nada de lo que vemos o
leemos queda sin su efecto, ya que si no nos produce un efecto
consciente, será un efecto subconsciente. Por algo la Virgen aconseja no
mirar televisión ni mirar películas de cine.
Es que la pureza es una virtud que se mantiene especialmente con la
guarda del sentido de la vista, porque por los ojos entra la impureza en
el hombre. Y ya Jesús en su Evangelio ha dicho que son bienaventurados
los puros de corazón porque verán a Dios. Es decir que los que sean
puros en las miradas y en el pensamiento, entenderán mejor las verdades
eternas, y conocerán mejor a Dios.
También es muy bueno leer vidas de Santos, porque así nos impulsan a
imitar lo que hicieron y a dar la vida por Cristo y por las almas.
Ya sabemos lo que sucede cuando un cuerpo humano no se alimenta,
sobreviene la muerte. Pues bien, cuando el alma y la inteligencia no se
alimentan con una buena lectura espiritual, sobreviene la muerte del
alma, y la inteligencia se atrofia o se pervierte si la alimentamos con
basura.
Hay que estar atentos porque el demonio, hoy más que nunca, anda como
león rugiente a nuestro alrededor, buscando a quién devorar. Y lo
primero que nos hace creer es que somos fuertes y a nosotros no nos va a
pasar nada malo porque tenemos todo controlado. Esa es la mejor táctica
que emplea para hacernos caer. Porque el demonio entra con la nuestra y
se sale con la de él. Tengámoslo siempre bien presente y seamos
vigilantes en la oración y en la guarda de los sentidos, especialmente
de la vista, porque por los ojos entra el deseo de poseer lo que no se
debe.
jueves, 6 de julio de 2017
Pruebas...
Dispuestos a perderlo todo.
¿A quién ama nuestro corazón? ¿Qué cosas ama? ¿Las ama por encima de Dios?
Debemos tener en cuenta las palabras de Jesús en el Evangelio que nos dicen que sólo puede ser su discípulo quien esté dispuesto a perderlo todo, incluso la propia vida, con tal de ganar el Cielo, de salvar el alma, de no pecar.
Es bueno que hoy nos hagamos esta pregunta en el fondo del alma, escrutándola para ver a quién ama nuestra alma más que a Dios, o qué dones materiales o morales amamos quizás más que a Dios. Y si vemos que hay algo que amamos más que a Dios, será tiempo de trabajar sobre nuestro interior y hacer el propósito de enderezar nuestros afectos, para ser buenos cristianos y estar dispuestos a perderlo todo, menos a Dios.
Es que aunque perdamos la salud, los bienes materiales, el cariño de las personas, y hasta incluso que nos separen de nuestros seres queridos por cualquier causa, como ser la muerte o la distancia, en realidad si tenemos a Dios y Lo amamos sobre todo y sobre todos, no perderemos el rumbo, y a la larga o a la corta encontraremos todo lo que la vida, el demonio o los hombres nos han quitado; si bien quizás no lo hallemos en este mundo, sí lo alcanzaremos todo en plenitud en el más allá.
Por eso ¡qué importante es la fe! ¡Y qué importante es poner a Dios como centro y fin de todo nuestro ser y nuestra vida, amando a todos pero en Dios y por Dios, y jamás amar cosa o persona más que a Dios! Si hacemos así, entonces aunque los vendavales del mundo, el demonio y la carne arrasen con nuestros bienes y con nuestros afectos, seguiremos en pie, y al final cantaremos victoria, y recuperaremos todo con creces. Lo vemos en el ejemplo de Job en la Sagrada Escritura: perdió todo menos la vida, pero se mantuvo firme, y luego le fue recompensado y restituido todo en este mundo.
Tal vez nosotros no recuperemos, en este mundo, lo que amamos y quizás hemos perdido o nos han quitado; pero con seguridad lo recuperaremos en el Cielo, donde seremos los eternos triunfadores, con la familia nuevamente reunida, con todos los tesoros a nuestra disposición, y ya plenos de vida y salud eterna.
Pensemos un poco en qué está puesto nuestro corazón, y si notamos que ama algo más que a Dios, rectifiquemos la intención, porque como bien a dicho Santa Teresa de Jesús: “Sólo Dios basta”. Porque en Dios lo tenemos todo, y aunque nos llegue a faltar todo en este mundo, teniendo a Dios, recuperaremos todo alguna vez.
Meditemos un poco en estas cuestiones y pongamos a Dios en el centro de nuestra vida, porque como ha dicho el Señor en el Evangelio: “Quien ama a su padre, a su madre, o a su hijo más que a Mí, no es digno de Mí”.
Debemos tener en cuenta las palabras de Jesús en el Evangelio que nos dicen que sólo puede ser su discípulo quien esté dispuesto a perderlo todo, incluso la propia vida, con tal de ganar el Cielo, de salvar el alma, de no pecar.
Es bueno que hoy nos hagamos esta pregunta en el fondo del alma, escrutándola para ver a quién ama nuestra alma más que a Dios, o qué dones materiales o morales amamos quizás más que a Dios. Y si vemos que hay algo que amamos más que a Dios, será tiempo de trabajar sobre nuestro interior y hacer el propósito de enderezar nuestros afectos, para ser buenos cristianos y estar dispuestos a perderlo todo, menos a Dios.
Es que aunque perdamos la salud, los bienes materiales, el cariño de las personas, y hasta incluso que nos separen de nuestros seres queridos por cualquier causa, como ser la muerte o la distancia, en realidad si tenemos a Dios y Lo amamos sobre todo y sobre todos, no perderemos el rumbo, y a la larga o a la corta encontraremos todo lo que la vida, el demonio o los hombres nos han quitado; si bien quizás no lo hallemos en este mundo, sí lo alcanzaremos todo en plenitud en el más allá.
Por eso ¡qué importante es la fe! ¡Y qué importante es poner a Dios como centro y fin de todo nuestro ser y nuestra vida, amando a todos pero en Dios y por Dios, y jamás amar cosa o persona más que a Dios! Si hacemos así, entonces aunque los vendavales del mundo, el demonio y la carne arrasen con nuestros bienes y con nuestros afectos, seguiremos en pie, y al final cantaremos victoria, y recuperaremos todo con creces. Lo vemos en el ejemplo de Job en la Sagrada Escritura: perdió todo menos la vida, pero se mantuvo firme, y luego le fue recompensado y restituido todo en este mundo.
Tal vez nosotros no recuperemos, en este mundo, lo que amamos y quizás hemos perdido o nos han quitado; pero con seguridad lo recuperaremos en el Cielo, donde seremos los eternos triunfadores, con la familia nuevamente reunida, con todos los tesoros a nuestra disposición, y ya plenos de vida y salud eterna.
Pensemos un poco en qué está puesto nuestro corazón, y si notamos que ama algo más que a Dios, rectifiquemos la intención, porque como bien a dicho Santa Teresa de Jesús: “Sólo Dios basta”. Porque en Dios lo tenemos todo, y aunque nos llegue a faltar todo en este mundo, teniendo a Dios, recuperaremos todo alguna vez.
Meditemos un poco en estas cuestiones y pongamos a Dios en el centro de nuestra vida, porque como ha dicho el Señor en el Evangelio: “Quien ama a su padre, a su madre, o a su hijo más que a Mí, no es digno de Mí”.
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