Yo no mato ni robo.
Algunos dicen, para justificarse: “Yo no mato ni robo”, creyendo que con eso ya cumplen los mandamientos.
Pero a estos tales hay que recordarles que los mandamientos de la Ley de Dios son Diez y no dos. Recordémoslos:
1) Amar a Dios sobre todas las cosas
2) No tomar su santo Nombre en vano
3) Santificar las fiestas
4) Honrar al padre y a la madre
5) No matar
6) No cometer actos impuros
7) No hurtar
8) No levantar falso testimonio ni mentir
9) No desear la mujer del prójimo
10) No codiciar los bienes ajenos.
El
que no cumple uno solo de estos mandamientos, ya no está en la verdad y
si los desobedece en materia grave, entonces comete un pecado mortal y
no puede ir al Cielo sino que le espera el Infierno eterno.
Los que
dicen “Yo no mato ni robo”, tal vez nunca se han puesto a pensar que no
matan con armas, pero sí muchas veces con la lengua, y eso también es
matar; y que no roban un banco, pero sí que hacen trampas en los precios
de lo que venden y en los negocios con terceros, y esto también es
robar.
Así que no busquemos excusas, porque las excusas que sirven
aquí en la tierra para engañarnos y engañar a los demás, no sirven ante
Dios, que ve en lo profundo de nuestro ser y conoce realmente cuáles son
nuestras intenciones.
lunes, 21 de agosto de 2017
viernes, 18 de agosto de 2017
Catecismo...
Repasando el Catecismo
10. ¿Qué valor tienen las revelaciones privadas?
67
Aunque no pertenecen al depósito de la fe, las revelaciones privadas pueden ayudar a vivir la misma fe, si mantienen su íntima orientación a Cristo. El Magisterio de la Iglesia, al que corresponde el discernimiento de tales revelaciones, no puede aceptar, por tanto, aquellas “revelaciones” que pretendan superar o corregir la Revelación definitiva, que es Cristo.
67
Aunque no pertenecen al depósito de la fe, las revelaciones privadas pueden ayudar a vivir la misma fe, si mantienen su íntima orientación a Cristo. El Magisterio de la Iglesia, al que corresponde el discernimiento de tales revelaciones, no puede aceptar, por tanto, aquellas “revelaciones” que pretendan superar o corregir la Revelación definitiva, que es Cristo.
(Del Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica)
Comentario:
Las revelaciones privadas nos ayudan a vivir la Fe. Por eso las
apariciones de la Virgen en realidad no añaden nada nuevo a la
Revelación en Cristo, sino que nos dan ánimo y fortaleza para vivir las
verdades que ya sabemos.
Pero hay que saber y tener bien presente que, si bien Dios ya ha
revelado todo en Cristo, también es cierto que Dios se puede seguir
comunicando con los hombres. Y no solo que puede seguirlo haciendo, sino
que es como una necesidad que tiene Dios de seguir hablando a los
hombres. Por eso están las revelaciones privadas, a las cuales hacemos
bien en prestar atención, si no van en contra de las verdades que enseña
la Iglesia, porque Dios quiere seguir hablando a los hombres, como
antiguamente habló a Adán y Eva, como habló a los Profetas, y como habló
a los Santos y sigue hablando.
¿Acaso podemos pensar que con el gran peligro que existe para la
humanidad de perderse, Dios ya no hable y la deje a la deriva? ¡No!,
definitivamente no. Porque Dios ama infinitamente a los hombres y no se
desinteresa de sus asuntos.
Así que haremos muy bien en prestar mucha atención a las revelaciones
privadas que estén aprobadas por la Iglesia, como por ejemplo Fátima,
San Nicolás, etc., ya que nos ayudan a entender los tiempos que vivimos y
nos alientan a vivir cada vez mejor nuestra vida cristiana.
¡Alabado sea Dios!
jueves, 17 de agosto de 2017
Mensajes...
Mensaje espiritual
Lectura espiritual.
Así como el cuerpo necesita alimentarse para poder mantenerse vivo y
desarrollarse, así también el alma necesita alimentarse para poder
sobrevivir y aumentar en sabiduría.
Y el alimento del alma es en primer lugar la Eucaristía, en que viene a
nosotros el mismo Dios hecho hombre: Jesucristo, a colmar nuestra hambre
y sed espiritual.
Pero también debemos alimentar nuestra alma, nuestra inteligencia, con
la lectura espiritual, leyendo y meditando en buenos libros, en primer
lugar la Sagrada Escritura, de preferencia el Evangelio, y también leer
vidas de santos y buenos libros de meditación.
Y no nos desanimemos porque al leer nos olvidamos de la mayor parte de
las cosas que leemos, pues en el momento oportuno el Espíritu Santo nos
las recordará y hará florecer en buenos pensamientos y acciones, y
entonces darán frutos.
Debemos tener presente que nada de lo que entra en nuestra mente se
olvida, sino que todo queda registrado de alguna manera en el
subconsciente y, con el soplo del Espíritu Santo se puede convertir en
frondoso árbol cargado de buenos frutos.
Por eso también es muy importante, además de leer buenos libros, el no
leer malos libros ni mirar mucha televisión, porque todo lo que entra en
nuestra mente e inteligencia deja siempre una huella más o menos
profunda.
Y un medio maravilloso de alimentar nuestra alma es a través de la
oración, especialmente el Santo Rosario, donde vamos meditando los
pasajes de la vida de Jesús y María y nos vamos haciendo, cada vez que
lo rezamos, más semejantes a Ellos dos.
Oración, Comunión eucarística y lectura espiritual deben ser los tres
alimentos de alma, inteligencia y corazón, para ser fuertes en esta vida
contra las tentaciones y pruebas que nos pone el Maligno.
La buena formación diaria es necesaria, porque en un campo donde no se
mantiene la tierra ni se la cuida, muy pronto aparecen plantas nocivas y
plagas. Que no suceda esto con nuestra alma. Cuidémosla y
alimentémosla.
miércoles, 16 de agosto de 2017
Parados...
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martes, 15 de agosto de 2017
Formación...
Formación católica
Sabio o erudito.
Erudito es el que sabe muchas cosas. En cambio el sabio es el que sabe
las cosas necesarias para vivir de acuerdo a lo que Dios quiere.
En nuestra formación debemos buscar la sabiduría, recordando que Dios es
simple, y los sencillos son quienes mejor entienden a Dios y sus cosas.
También tenemos que ser puros, porque la impureza obnubila la mente y esconde las verdades espirituales.
Recordemos a quiénes se manifestó el Señor en Belén, a unos simples y
sencillos pastores. Y siempre el Señor se manifiesta con predilección a
los sencillos y a veces a los menos dotados de inteligencia.
Porque muchas veces la inteligencia puede jugarnos una mala pasada.
Recordemos que el más inteligente de los ángeles, se convirtió en
demonio horripilante por soberbia, por creerse superior a Dios.
El mucho saber hincha. Por eso tenemos que aprender cosas, pero
llevándolas a la práctica y no despegarnos de los pies del Sagrario, en
donde reside el Rey del Cielo, que nos sabe dosificar nuestros saberes
para que los vivamos y practiquemos.
Y pidamos a María, Madre de la Sabiduría, que nos explique las verdades
eternas. Y esto lo conseguiremos si rezamos todos los días el Rosario,
que es una escuela que nos enseña muchas cosas, pero a los sencillos,
porque a los soberbios, que no lo rezan o lo desprecian, no les puede
enseñar nada.
lunes, 14 de agosto de 2017
Mensaje...
Mensaje a los Jóvenes héroes
No conformarnos.
No debemos conformarnos con lo que somos y hacemos, sino que siempre debemos ir por más. Y esto no es soberbia ni orgullo, sino que es la voluntad de Dios, que no nos ha creado para el placer, sino para el heroísmo.
Quien se detiene en la vida y dice: “Hasta acá llegué y ahora voy a conservarme así”, muy pronto irá decayendo, porque en la vida del espíritu no hay estancamientos sino que, o se avanza o se retrocede. Así que siempre tenemos que ir por más.
Pero esto sería una locura el solo pensarlo, si contáramos solamente con nuestras propias fuerzas. Aquí sí que sería un acto de soberbia, y nuestras empresas estarían destinadas al más rotundo fracaso. Pero si contamos con Dios, entonces la cosa cambia, porque tenemos al Todopoderoso de nuestra parte, y si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?
Nosotros somos una nada y menos que nada; pero con Dios somos mucho, porque Él es quien nos da la fuerza necesaria para hacer grandes cosas en nuestra vida y en el mundo.
Quien quiere conquistar un imperio, primero debe tener dominio de sus súbditos, para que no le traicionen. Así también nosotros, si queremos conquistar el mundo para Cristo y su Evangelio, tenemos, primero, que conquistarnos a nosotros mismos, ser dueños de nosotros mismos con vida de oración y penitencia.
Los heroísmos nos rodean y están por todas partes, a la vuelta de la esquina; basta que nos dispongamos a aprovechar las oportunidades que nos da amorosamente la Providencia de Dios.
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