jueves, 7 de enero de 2016

Hoy...

¡Hoy!

Hoy es el día que Dios nos concede para vivir. No es mañana, porque no sabemos si el día de mañana llegará. No es ayer, porque es día pasado que no se puede modificar y que debemos dejar en la Misericordia de Dios. 
Entonces vivamos bien el hoy, porque es el tiempo presente que tenemos para aprovecharlo. No lo dejemos escapar como tantos otros días de nuestra vida, sino usémoslo para hacer el bien a todos y atesorar para el Cielo. 
Porque nos puede pasar como al hombre rico del Evangelio, cuyas tierras habían producido mucho y se dijo a sí mismo que tenía ya muchos bienes para vivir tranquilo el futuro, dedicándose a los placeres y al descanso y a pasarla bien. Sin embargo esa misma noche era la noche de su muerte. 
Por eso no debemos contar con el futuro, con el mañana, porque no lo tenemos en nuestro poder. Sólo tenemos el hoy, y ése sí es nuestro. 
Entonces tomemos las decisiones oportunas hoy, y hagamos el bien hoy, y no dejemos para mañana lo que podemos hacer hoy, como bien dice el dicho popular. 
Si estamos bien de salud, sepamos que lo estamos hoy, y no sabemos cómo estaremos mañana. 
Si en cambio estamos enfermos, estamos enfermos hoy, y quizás mañana estemos sanos. 
¿Quién puede saber lo que le sucederá mañana? ¡Cuántas vidas cambiaron rotundamente de un día para otro, de un momento a otro! 
Que los golpes de la fortuna nos encuentre fuertes en la oración, porque es con la oración que alejamos las desgracias y podemos influir en todos los acontecimientos futuros, los de nuestra vida, como también de la vida de quienes amamos, y hasta de nuestra Patria y del mundo entero. 
Por algo la Virgen no se cansa de pedir, en cada aparición, en cada mensaje: ¡oración, oración, oración! 
Porque ¿quién está seguro en este mundo, que es cambiante, y que de la noche a la mañana trae la felicidad o el infortunio, la riqueza o la pobreza, la salud o la enfermedad? 
Aprovechemos este tiempo de reflexión al final de este año, y comencemos el nuevo año tratando de aprovechar un día a la vez, cada día, el hoy. Vivamos circunscritos al hoy, que es el día que nos pertenece, y seremos felices, pues muchas veces estamos tristes y melancólicos porque nos hacemos problemas por lo que hemos vivido, o por lo que puede venir. Recordemos que Dios puede cambiarlo todo en un abrir y cerrar de ojos, ¿y para qué sufrir por anticipado por el futuro, si no sabemos si ese futuro lo viviremos y cómo lo viviremos? 
Vivamos el hoy, con confianza plena en Dios y en su Madre, ya que el mismo Jesús nos ha enseñado en el Padrenuestro a pedir el pan cotidiano, cada día. Con ello nos quiere indicar que debemos vivir un día a la vez, sin hacer demasiados proyectos para el futuro, ni lamentarnos por el pasado. 
En las sacristías suele estar escrito algo así como: “Sacerdote: celebra esta Misa como si fuera la primera, la última y la única Misa que celebres”. 
Y nosotros, parafraseando esta hermosa amonestación, tratemos de vivir el día de hoy como si fuera nuestro primer día, nuestro último día y el único día. 
Que Dios nos haga comprender la importancia de vivir bien el hoy.

miércoles, 6 de enero de 2016

Miedo...

Para no tener miedo.

Para no tener miedo en la vida, debemos cumplir los Diez Mandamientos, pues dice la Sagrada Escritura que a quien cumple los mandamientos, todo lo que haga le saldrá bien.
También debemos rezar todos los días el Santo Rosario, pues la Santísima Virgen, en su promesa número seis nos dice lo siguiente: “El que recitase el Rosario devotamente, aplicándose a meditar los Sagrados Misterios, no será vencido por la mala fortuna. En Su justo juicio, Dios no lo castigará. No sufrirá la muerte improvisa. Y si es justo, permanecerá en la gracia de Dios, y será digno de alcanzar la vida eterna.”
Porque el miedo viene del pecado y de nuestra debilidad. Pero si cumplimos los Mandamientos y rezamos a Dios, especialmente con el Santo Rosario, todo nos saldrá bien, e incluso los males que nos afecten, no serán sino causas de bienes mayores, que aprovecharemos para nuestro adelanto espiritual, e incluso a veces también material.
Es lógico que a veces tengamos miedo, porque somos débiles y quizás nos educaron con defectos en la virtud de la fortaleza. Pero cuanto más miedosos seamos, tanto mayor mérito tendremos si aprendemos, con la ayuda de Dios, a vencer esos miedos.
Los hombres buscamos seguridades. Algunos compran armas, otros enrejan sus casas y ponen alarmas en sus pertenencias. Pero la verdad es que nada de esto sirve, si la persona no tiene una conducta intachable ante Dios y los hombres, y si no reza cada día su Rosario y otras oraciones.
Porque la ayuda viene de Dios, y si Dios nos ayuda –y si cumplimos los mandamientos y rezamos, Dios nos ayudará-, entonces no debemos temer nada. Incluso aunque nos den muerte, estaremos tranquilos porque nuestra conciencia está en paz y somos gratos a los ojos de Dios.
En cambio quien vive pecando, está desprovisto de Dios, y está indefenso ante todos los males.
Recordemos que Dios puede enviar a sus ángeles a cuidarnos y defendernos, incluso visiblemente, si ello fuera necesario. Vemos que en la Biblia, el pueblo de Israel caía en desgracias cuando dejaba de cumplir la Ley de Dios, entonces venían las guerras, las esclavitudes, las desgracias de todo tipo para el pueblo. En cambio cuando en general el pueblo cumplía los Mandamientos, la paz y el bienestar surgían.
Si ahora el mundo está tan mal, es porque los hombres hemos dejado de lado a Dios. Entonces Dios se aparta de los hombres y los deja librados a las potencias del Mal, y así la humanidad está cada vez peor.
Pero Dios es Fiel, y no puede desdecirse de sus promesas, y a cada uno que se le encomiende por la oración, y sea fiel en cumplir sus Mandamientos, el Señor lo protegerá en todo momento, y aunque pierda la vida material, no perderá el alma, no perderá la Vida espiritual, que es lo principal.
Abandonar a Dios y a su Ley nos acarrea toda clase de males. En cambio seguir los Mandamientos de Dios y orar cada día, nos acarrea la bendición y protección del Cielo.

martes, 5 de enero de 2016

Jesús...

El Nombre de Jesús.

–Mira, hija mía, si tienes un gran pesar, y no puedes orar, si estás confundida acerca de algo, si estás lastimada, si te sientes apagada y no tienes fuerzas para nada, dime solamente con confianza y amor: “¡Jesús, Jesús!”. Entonces, oyendo mi Nombre, los ángeles, los santos y mi Madre Inmaculada, se postran ante Mí y me adoran y el infierno se cierra, ya que el infierno está también bajo el poder de Dios y debe inclinarse ante mi Nombre. En efecto está escrito en la Biblia que el cielo y la tierra deberán inclinarse ante mi Nombre. ¿No crees que el pronunciar mi Nombre es una oración poderosa?

–Si durante la oración, tú no puedes hacer más que pronunciar mi Nombre con amor y confianza; hazlo cada vez que respires, y así tú habrás rezado muy bien y podrás alcanzarlo todo.

(Palabras de Jesús a Sor Natalia Magdolna en "La Victoriosa Reina del Mundo")

lunes, 4 de enero de 2016

Eucaristía...

Medio de división.

Dios ha querido que en su Iglesia la liturgia sea un medio de unión entre los fieles. Pero dado que la celebración de muchos sacerdotes es verdaderamente escandalosa, la celebración de la liturgia se ha vuelto de medio de unión en medio de división, puesto que se administran los Misterios de la forma más vil.
Ya lo ha dicho San Padre Pío de Pietrelcina, que es más fácil que la Tierra se rija sin el sol, que sin la Santa Misa, sin la Eucaristía. Por eso la salvación o condenación del mundo dependerá en gran parte del trato que los hombres le demos a la Eucaristía, y cómo vivamos y celebremos la Santa Misa.
Pocos son los que dicen que recibir la hostia consagrada en las manos está mal, ya que Jesús está con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad en la hostia y en cada partícula por minúscula que ella sea. De modo que una sola partícula que caiga al suelo puede ser pisoteada luego por los comulgantes y por cualquiera.
Cuando se recibe la Comunión en las manos, se manosean las cosas santas, y Dios no puede dejar impunes esos atropellos.
No recibamos la Comunión en la mano porque no es esa la voluntad de Dios, aunque así quieran hacérnoslo creer incluso no pocos hombres de iglesia, no excluidos obispos y grandes teólogos herejes.
La forma en que se administran los sacramentos en algunas partes, especialmente la Eucaristía, verdaderamente es un pecado que clama venganza al Cielo. Y el no creerlo así es, es señal de que estamos adormecidos en el mal, y ya vemos como trivial y común lo que debería hacernos temblar de pavor por el peligro de profanar el Sacramento.
Digámoslo claramente: la comunión en la mano está mal, no se debe hacer, ni lo fieles deberían recibirla de ese modo, ni los sacerdotes deberían administrarla así, porque es un “manoseo” de lo más sagrado que existe: Dios mismo.
Seguramente este mensaje hará rasgar las vestiduras a muchos. Pero la verdad hay que decirla, para que, al menos los que tengan buena voluntad y estén en el error sin saberlo, corrijan su mala costumbre.
La comunión en la mano es un plan del Infierno que, como sabemos, también está infiltrado en la Iglesia Católica por medio de la Masonería eclesiástica.
Volvamos a las fuentes, a los tres amores blancos del cristiano: La Eucaristía, La Virgen y el Papa.

domingo, 3 de enero de 2016

Alertas...

Quince minutos con el Ángel Custodio

Mantenme alerta.
Querido Ángel Custodio mío, ya que el Señor te ha puesto a mi lado para que me conduzcas a la salvación, te pido hoy que me mantengas alerta y vigilante en la espera del Señor Jesús, que no sé cuándo será, pero tú sí lo sabes, porque conoces los tiempos de Dios.
Es por ello que te pido, querido ángel mío, que me mantengas vigilante en la oración y despierto en el bien, siempre en gracia de Dios y jamás en pecado mortal, lo que haría que si se manifestara Dios no tuviera yo salvación.
El mundo se precipita cada vez más en el pecado, en la diversión y ya nadie piensa en la vuelta de Jesús. Que yo no sea de su número, sino que con tu ayuda me mantenga en vela, esperando la Parusía de Jesús, que vendrá a juzgar a vivos y muertos.
Que yo no siga la corriente del mundo, que piensa que Jesucristo ya no vuelve más, sino que, gracias a tu vigilancia, ángel mío, yo me mantenga siempre preparado para recibir al Señor que viene.
Que no me deje aturdir por los excesos en la bebida, en la comida y en los placeres, para que ese Día grande de la ira de Dios no caiga sobre mí de improviso, y así tenga mi suerte con los impíos.
Gracias, querido Ángel custodio mío, porque juntos esperaremos al Señor y viviremos cada día como si fuera el último.

sábado, 2 de enero de 2016

ANNIE LENNOX - Love song for a vampire (Subtitulado)

Oraciones...

Oración al Espíritu Santo

Espíritu Santo,

Amor del Padre y del Hijo,

inspirame siempre

lo que debo pensar,

lo que debo decir,

lo que debo callar,

lo que debo actuar,

lo que debo hacer para tu gloria,

el bien de los hombres y mi propia santificación.

Amén...