miércoles, 20 de enero de 2016

Meditar...

MEDITACIÓN DE HOY

Meditar en las postrimerías.
Ya nos dice la Sagrada Escritura que quien medita en las postrimerías, jamás cometerá pecado.
Y es que quien se detiene a pensar en la muerte, en el juicio, el Infierno y el Cielo, llega a comprender la vanidad de la vida, al menos la vanidad de todo lo que no sirve para hacer méritos de santificación personal.
Es bueno de vez en cuando hacer una visita al cementerio, o pasar frente a las funerarias donde velan a los difuntos, puesto que en esos lugares es como que aprendemos que también nosotros somos mortales, cosa que a veces olvidamos fácilmente, y que también para nosotros llegará el momento en que deberemos dejarlo todo y partir hacia el más allá.
Pero para ese momento la muerte nos debe encontrar en gracia de Dios, y no en pecado mortal; porque si la muerte nos pilla en pecado grave o mortal, nuestro destino irrevocable y eterno será el Infierno para siempre.
¡Qué locura la nuestra entonces vivir tan despreocupadamente, más o menos distraídos, y sin pensar en los grandes temas de la existencia!
Es tiempo de meditar en las ultimidades, pues estas consideraciones han hecho de muchos hombres y mujeres, grandísimos santos.
Es bueno que, de vez en cuando pensemos que hoy puede ser el día de nuestra muerte, y escudriñar nuestro corazón y alma para ver si estamos preparados para la partida.
Ojalá que a partir de ahora veamos nuestra vida como lo que realmente es: un tiempo que Dios nos concede en la tierra, para hacer el bien, ganar méritos y conquistar el Paraíso.

martes, 19 de enero de 2016

Fadellin Daraa, beauty jeans girl...


Cuento...

Avivar la llama espiritual



Cuentan que un rey muy rico de la India, tenía fama de ser indiferente a las riquezas materiales y hombre de profunda religiosidad, cosa un tanto inusual para un personaje de su categoría.
Ante esta situación y movido por la curiosidad, un súbdito quiso averiguar el secreto del soberano para no dejarse deslumbrar por el oro, las joyas y los lujos excesivos que caracterizaban a la nobleza de su tiempo.
Inmediatamente después de los saludos que la etiqueta y cortesía exigen, el hombre preguntó: ?Majestad, ¿cuál es su secreto para cultivar la vida espiritual en medio de tanta riqueza?.
El rey le dijo: "Te lo revelaré, si recorres mi palacio para comprender la magnitud de mi riqueza. Pero lleva una vela encendida. Si se apaga, te decapitaré".
Al término del paseo, el rey le preguntó: "¿Qué piensas de mis riquezas?"
La persona respondió: "No vi nada. Sólo me preocupé de que la llama no se apagara".
El rey le dijo: "Ese es mi secreto. Estoy tan ocupado tratando de avivar mi llama interior, que no me interesan las riquezas de fuera".
Muchas veces deseamos vivir como mejores cristianos y tener vida espiritual, pero sin decidirnos a apartar la mirada de las cosas que nos rodean y deslumbran con su aparente belleza.
Procuremos "ver hacia adentro" y avivar nuestra llama espiritual, pues:
- Al tener nuestra mente y nuestro corazón puestos en el Señor, podemos aprender a conocerle y amarle.
- Las trivialidades y preocupaciones de la vida no podrán apartarnos del buen camino.
- Crecerá nuestro amor por la familia y nuestros semejantes, que son imagen de Dios.
- Viviremos alegres en está vida, preparándonos para alcanzar la felicidad eterna al lado de nuestro Padre.

lunes, 18 de enero de 2016

Evangelio del día...

lunes 18/ENE/16

Evangelio del día.

Mc 2, 18-22.
El ayuno.
Un día en que los discípulos de Juan y los fariseos ayunaban, fueron a decirle a Jesús: “¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacen los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos?”. Jesús les respondió: “¿Acaso los amigos del esposo pueden ayunar cuando el esposo está con ellos? Es natural que no ayunen, mientras tienen consigo al esposo. Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán. Nadie usa un pedazo de género nuevo para remendar un vestido viejo, porque el pedazo añadido tira del vestido viejo y la rotura se hace más grande. Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque hará reventar los odres, y ya no servirán más ni el vino ni los odres. ¡A vino nuevo, odres nuevos!”.
Reflexión:
El Esposo nos ha sido quitado en la Ascensión de Jesús al Cielo, es por eso que este es tiempo de ayuno, si bien Él se ha quedado con nosotros en la Eucaristía. El ayuno es como la oración del cuerpo, así como la oración lo es del alma. La Virgen en sus apariciones, en especial en Medjugorje nos pide el ayuno a pan y agua los días viernes. Ojalá podamos cumplirlo ya que si Ella lo pide es porque nos vendrán muchos bienes a través del mismo. Pero al que no pueda ayunar yo le propongo que ese día viernes haga un vía crucis contemplando la Pasión del Señor, ya que contemplar con amor la Pasión de Jesús vale tanto como hacer un año de ayuno a pan y agua.
Pidamos a la Santísima Virgen la gracia de aprovechar este tiempo de vida que Dios nos da, para conocer a Dios y para conocer lo que Él sufrió por nosotros, y así amarlo cada día más y dar todo por Él.
Jesús, María, os amo, salvad las almas.

viernes, 15 de enero de 2016

El mal...

El mal reinante.

Muchos son los que deploran el mal que hay en el mundo, pero pocos son los que dicen que las causas de este mal son los pecados. Pues efectivamente el pecado es la causa de todo mal.
Es lógico que si se deja de enseñar catecismo en las escuelas, o se enseña un catecismo muy pobre; que si se inunda a grandes y chicos con violencia y pornografía por televisión, en los cines y en la moda, es lógico, decimos, que el pecado dé sus frutos, que son toda clase de males individuales y colectivos, y que por lo general suelen pagar los más buenos, porque a los malvados muchas veces el demonio los libra de esos males, porque son suyos.
Entonces es el momento de decir que muchos quizás “fingen” escandalizarse al ver y denunciar todo el gran mal que hay en el mundo, porque se cuidan muy bien (ya sea por mala voluntad o sinceramente porque lo desconocen) que la verdadera causa del mal es el abundar del pecado.
Ya dice la Sagrada Escritura que del pecado vienen todas las desgracias. De modo que esto no se arreglará (e incluso irá cada vez a peor) si el mundo, o gran parte del mundo, no se convierte, no cambia de vida y vuelve a cumplir los Diez Mandamientos.
Cuando veamos desgracias en todos los lugares, creamos que son castigos del pecado y no erraremos, porque cuando el pecado aumenta, Satanás es el señor y no deja de provocar sufrimientos de todas clases.
Es el tiempo de reaccionar y cada uno convertirse de su mala conducta, porque si el pecado aumenta más todavía, llegará un momento en que la catástrofe puede ser mundial.
Y sin embargo muchos, incluso dentro de la Iglesia, ya no condenan el pecado, y algunos hasta lo consideran incluso como un bien.
Pero las cosas son como son, y no cambian de naturaleza, y el demonio sabe muy bien que empujando a la humanidad cada vez más al libertinaje y al mal, su victoria está asegurada.
Trabajemos entonces por vivir en la virtud; no pecando nosotros y ayudando a que no pequen los demás.
Con la ayuda de Dios, se puede vivir en gracia, porque Dios manda cumplir los Mandamientos, y Dios no manda imposibles, ya que si Él lo ordena, y a todos, es señal de que con su ayuda, cualquiera puede llevarlo a la práctica.
Los enemigos de Dios saben esto, esta regla que cuando aumenta el pecado, aumentan también las desgracias de todo género, y por eso buscan por todos los medios extender el reino de Satanás, el reino del pecado, usando los medios masivos de comunicación, puestos en gran parte al servicio del Infierno, que extiende mediante ellos la maldad en la tierra.
Por eso los últimos Papas han hecho un llamado a una nueva evangelización, que debe ser urgente y llevar nuevamente a las almas la noción de pecado, que en gran parte de los hombres se ha perdido, porque la salvación puede venir sólo de que la humanidad vuelva a Dios; y el primer paso para volver a Dios, es darse cuenta de que uno ha pecado, para así arrepentirse y pedir perdón.

jueves, 14 de enero de 2016

Jesús...


Palabras de Jesús

Dar frutos.
Pero el que fue sembrado en tierra buena, es el que oye la palabra y la entiende: éste sí que da fruto y produce, uno ciento, otro sesenta, otro treinta. (Mt 13, 23).
Comentario:
Estas palabras de Jesús son una demostración de que la salvación no viene sólo por la fe, sino también por las obras, porque Dios busca obras en nosotros, es decir, frutos buenos.
Ya nos dice el Apóstol que quien dice tener fe, debe demostrarlo con la sobras buenas que realiza, porque una fe sin obras, está muerta.
Así que el Señor quiere que demos frutos, para eso nos ha creado y, como quiere premiarnos y hacernos partícipes de su Gloria inmortal, quiere asociarnos a su obra de modo que también nosotros, al hacer obras buenas, merezcamos el premio.
Dios no necesita de nosotros, sin embargo ha querido “necesitar” de los hombres, y quien no cumple su misión, deja un hueco en la obra de salvación de la humanidad.
Por eso no debemos quedarnos estancados en nuestro sitio sino salir a buscar almas para salvarlas y ayudarlas de todas las maneras, comenzando por ponernos nosotros mismos en gracia de Dios, ya que Jesús dice que sin Él nada se puede hacer. De modo que sería una locura pretender hacer apostolado y convertir almas, si uno vive en pecado mortal y no tiene a Cristo en el alma por la Gracia santificante.
De manera que siempre es lo mismo que cantaron los Ángeles en Belén a los pastores: “¡Gloria a Dios en el Cielo, y en la tierra, paz a los hombres de buena voluntad!”.
Se trata de tener buena voluntad, y entonces Dios ayuda a que logremos el premio.
Jesús, en Vos confío.

miércoles, 13 de enero de 2016

Mensaje...

Mensaje sobre el Santo Rosario

Perfección del Avemaría.
La salutación angélica resume, en la más concisa síntesis, toda la teología cristiana sobre la Santísima Virgen. En el avemaría encontramos una alabanza y una invocación. La alabanza contiene cuanto constituye la verdadera grandeza de María. La invocación contiene cuanto debemos pedir y cuanto podemos esperar de su bondad.
(De “El Secreto Admirable del Santísimo Rosario”, San Luis María Grignion de Montfort)
Comentario:
No hay oración más hermosa y más perfecta para decirle a la Santísima Virgen, que el avemaría, pues en esta oración está todo compendiado, tanto las alabanzas que le dirige Dios, y nosotros por medio de su rezo, como también lo que hay que pedirle a María.
Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que quien frecuentemente salude a María con el avemaría, no puede ser vencido por la desgracia. Y quien le rece el Santo Rosario a la Virgen todos los días, obtendrá favores tan admirables, que sólo en el Cielo podrá agradecer cumplidamente a la Madre de Dios por haberlo librado de tantas trampas del Infierno y tantos males de todo tipo.
El avemaría es la oración que más conmueve el Corazón de la Virgen, porque le hace recordar y revivir el momento en que Dios la eligió para ser Madre del Verbo. De modo que si generalmente a las mujeres les gusta oír que le dicen cosas bellas y piropos, así también María Santísima, que es Mujer y que se la conquista, como a toda mujer, por el oído, le encanta oír el avemaría de labios de sus hijos devotos.
No dejemos de rezar el Rosario todos los días, de ser posible los veinte misterios, y entonces sí que veremos las maravillas que la Santísima Virgen hace por los devotos del Rosario, del avemaría y de Ella.