jueves, 11 de enero de 2018
Sed...
Enseñanzas del Evangelio
Sed de justicia.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. (Mt 5, 6)
Enseñanza:
Esto se puede entender mal, si se cree que la justicia de que se habla aquí es la justicia humana.
Hoy muchos hacen marchas y buscan que se haga justicia, y odian a
muchos. Pero no es esto lo que nos ha enseñado el Señor. Él nos ha
enseñado a no odiar a nadie y a perdonar.
Entonces no se trata de tener hambre y sed de justicia humana ni de
justicia divina, sino que lo que se entiende aquí por justicia es la
santidad. Son felices los que tienen deseos de santidad porque la
alcanzarán y serán colmados, ya que no se llegará nunca a ser santo si
no se desea llegar a serlo.
Hoy pocos son los que buscan la santidad. Se busca solo los bienes
materiales y la comodidad y los placeres, pero todo lo que signifique
renuncia y sacrificio, es rechazado como malo. Pero es solo renunciando a
nosotros mismos como podemos seguir al Señor, llevando nuestra cruz de
cada día y alcanzar la felicidad del Cielo.
miércoles, 10 de enero de 2018
Salmos...
Salmo 40(39),2.5.7-8.9-10.
Esperé confiadamente en el Señor:
él se inclinó hacia mí
y escuchó mi clamor.
¡Feliz el que pone en el Señor
toda su confianza,
y no se vuelve hacia los rebeldes
que se extravían tras la mentira!
Tú no quisiste víctima ni oblación;
pero me diste un oído atento;
no pediste holocaustos ni sacrificios,
entonces dije: «Aquí estoy».
En el libro de la Ley está escrito
lo que tengo que hacer:
yo amo, Dios mío, tu voluntad,
y tu ley está en mi corazón».
Proclamé gozosamente tu justicia
en la gran asamblea;
no, no mantuve cerrados mis labios,
Tú lo sabes, Señor.
él se inclinó hacia mí
y escuchó mi clamor.
¡Feliz el que pone en el Señor
toda su confianza,
y no se vuelve hacia los rebeldes
que se extravían tras la mentira!
Tú no quisiste víctima ni oblación;
pero me diste un oído atento;
no pediste holocaustos ni sacrificios,
entonces dije: «Aquí estoy».
En el libro de la Ley está escrito
lo que tengo que hacer:
yo amo, Dios mío, tu voluntad,
y tu ley está en mi corazón».
Proclamé gozosamente tu justicia
en la gran asamblea;
no, no mantuve cerrados mis labios,
Tú lo sabes, Señor.
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