sábado, 8 de diciembre de 2012

John Lennon - Happy Christmas War Is Over

Virgen de la Esperanza...


Virgen de la Esperanza

María de Nazareth, Madre de nuestro Señor,
compañera de nuestras marchas,
ven a visitarnos, quédate con nosotros.

Te necesitamos, Madre buena,
vivimos tiempos difíciles,
atravesamos bajones,
tenemos caídas, nos agarra la flojera,
nos inmoviliza la apatía,
nos da rabia la solidez de la injusticia.

María, Virgen de la Esperanza.
Contágianos tu fuerza,
acércanos el Espíritu que llena tu vida.

Ayúdanos a vivir con alegría,
a pesar de las pruebas y las cruces
que encontramos en el seguimiento
de tu hijo.

Que no nos desaliente
la lentitud de los cambios,
que las espinas de la vida
no nos ahoguen la semilla del Evangelio.

Que no perdamos la utopía,
Madre buena, de creer que es posible
otro mundo y otra sociedad.

Que no bajemos los brazos
en la lucha por la justicia
y en la práctica de la solidaridad.

Que no se enturbie nuestra mirada,
al punto que no veamos la luz del Señor,
que nos acompaña siempre,
que camina a nuestro lado,
que nos sostiene en los momentos duros.

P. Javier Leoz

viernes, 7 de diciembre de 2012

Mes de la Virgen María...


DÍA TREINTA Y UNO (7/DIC)
María, nuestra Protectora y Reina
CONSIDERACIÓN. – Ninguno de los días de nuestra vida pasará, esperámoslo, sin que
presentemos a la Santísima Virgen nuestros piadosos homenajes.
Tenemos sin cesar, necesidad de la protección todopoderosa de Aquella que es, al mismo tiempo,
Madre de Jesús y Madre nuestra.
No olvidemos jamás que somos sus hijos, que Ella nos ama y que quiere nuestra felicidad.
Ella nos obtendrá todas las gracias necesarias para cumplir la obra de nuestra salvación.
Consagrémosle, pues, terminando estas lecturas, nuestra persona, nuestra familia y pongámonos bajo su
guarda, bajo su protección tutelar. Por su intercesión los pecadores se salvan, los enfermos se curan; Ella
da a los débiles la fuerza y la victoria a los ejércitos. Nada le cuesta para escuchar nuestras súplicas y
necesitándose milagros, Ella los obtiene del Señor, para aquellos que le han entregado su esperanza y
confianza.
CONSAGRACIÓN DE SAN LUIS DE GONZAGA, A LA SANTA VIRGEN. – Virgen Santa ¡oh
María! mi guía y Soberana, yo vengo a arrojarme al seno de vuestra misericordia y a poner, desde este
momento y para siempre, mi alma y mi cuerpo bajo vuestra sagrada guardia y protección especial. Os
confío y entrego en vuestras manos todas mis esperanzas y consuelos, todas mis penas y miserias, como
también el curso y fin de mi vida, a fin de que por vuestra santísima intercesión y por vuestros méritos,
todas mis obras sean hechas según vuestra voluntad y para agrado de vuestro divino Hijo.
RESOLUCIÓN. – Renovaré frecuentemente la consagración de mí mismo, a la Santa Virgen.
JACULATORIA. – María, Reina de todos los santos, rogad por nosotros.
EJEMPLO. – Caracterizaba sobre todo a San Leonardo de Puerto Mauricio, su tierna devoción y su
profundo amor a la Madre de Dios. Cada noche, recitaba el rosario, cada vez que oía sonar la hora, decía
un Ave María. Celebraba todas las fiestas de la Reina del Cielo con tierna devoción y llevaba siempre
consigo una de sus imágenes. María recompensó este amor con usura. Así, San Leonardo decía más tarde:
“Cuando recuerdo todas las gracias que he recibido de la Santa Virgen me figuro ser como una capilla de
peregrinación, en la cual, de todos lados, cuelgan ex-votos.
No tenéis más que leer, estoy todo cubierto de inscripciones, por dentro y por fuera, en el cuerpo
tanto como en el alma; no creo más que los favores de María. Mi salud física y moral, mi sacerdocio, mi
hábito religioso, todo lo he recibido por la gracia de esta buena madre. Sobre mi corazón se encuentra
grabado: Por la gracia de María; sobre mi lengua: Por la gracia de María.
Sed bendita sin fin, ¡oh dulce y tierna Madre, mi protectora bien amada!
Por toda la eternidad, cantaré las misericordias de María y si tengo la felicidad de salvarme, no será
sino por la intercesión de mi soberana, la incomparable Reina de los Cielos”.
PLEGARIA DE SAN BERNARDO, PARA TODOS LOS DÍAS. – Acordaos, ¡oh piadosísima
Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de aquellos que han acudido a vuestra protección e
implorado vuestro socorro, haya sido abandonado. Animado con tal confianza, acudo a Vos ¡oh dulce
Virgen de las vírgenes! me refugio a vuestros pies, gimiendo bajo el peso de mis pecados. No despreciéis,
¡oh Madre del Verbo!, mis humildes plegarias; antes bien, oídlas benignamente y cumplidlas. Así sea.
JACULATORIA. – Oh María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos


Un plan de Vida...


Un plan para la vida



Sección: Resumen doctrina

Unos buenos propósitos que te llevarán a tratar continuamente a Dios y a cumplir con tus obligaciones de familia, en el trabajo, con la sociedad y todo con una enorme alegría.
La práctica de algunos actos de piedad nos llevará, sin darnos cuenta, a tener una vida contemplativa en medio de los quehaceres ordinarios.
Lo primero que hemos de hacer para ser buenos cristianos es procurar vivir en gracia de Dios, evitando para ello todo pecado mortal; y como queremos amar a Dios sobre todas las cosas, trataremos incluso de evitar todo pecado venial.
La práctica de algunos actos de piedad nos llevará, sin darnos cuenta, a tener una vida contemplativa en medio de los quehaceres ordinarios. Un plan de vida cristiana vivido con seriedad e interés puede ser el medio para conseguir que nuestra vida no sea inútil ni estéril, de tal manera que viviremos como verdaderos hijos de Dios.
Cada día[1]
• Tener una hora fija para acostarse y para levantarse.
• Ofrecer a Dios el trabajo de la jornada bajo la intercesión de la Virgen María.
• Hacer un rato de oración mental (15 minutos). De preferencia antes de la Misa.
• Asistir a la Santa Misa y recibir la comunión siempre que sea posible. Es el mejor sacrificio que se puede ofrecer a Dios.
• Al mediodía: rezar el Angelus (durante el tiempo pascual el Regina Cœli).
• Rezar el Santo Rosario, si es posible en familia.
• Leer durante unos minutos, meditándolo, el Nuevo Testamento o un libro espiritual.
• Antes de retirarse a descansar, dedicar unos minutos a examinar brevemente cómo ha ido el día.
• Trabajar con intensidad. La santificación del trabajo ordinario es la meta primordial del cristiano.
• El domingo es el día del Señor. La Santa Misa debe ser el centro de la jornada. Es también un día dedicado especialmente a la familia, el descanso y el propio enriquecimiento espiritual.
• Si durante la semana no es posible recibir la comunión, será bueno hacerlo los domingos y días de precepto.
Cada mes
• Confesarse, con verdadero arrepentimiento, aunque no haya pecados mortales, para recibir la gracia sacramental.
• Recibir dirección espiritual con un sacerdote sabio, prudente y experimentado.[2]
• Día de retiro espiritual: dedicar unas horas a considerar nuestra relación con Dios. Delante del Santísimo Sacramento siempre que sea posible.
Cada año
• Curso de retiro o ejercicios espirituales: dos o tres días en silencio, conversando a solas con Dios, son una gran oportunidad para una nueva conversión. El alma, como el cuerpo, necesita vacaciones.
En todo momento
• Mantener la presencia de Dios con jaculatorias, comuniones espirituales y actos de amor y reparación.
• Considerar que somos hijos de Dios: tratar de agradarle en todo lo que hacemos, como un niño trata de agradar a su padre.
• Agradecer a Dios todo lo que nos da.
• Hacerlo todo por amor de Dios: purificar nuestra intención haciendo actos de contrición y desagravio por los pecados propios y ajenos.
• Tratar de vivir como nos hubiera gustado haberlo hecho a la hora de la muerte. Así no tendremos miedo a la muerte y moriremos de la misma manera que hayamos vivido.
Devociones durante la semana
- Domingo La Santísima Trinidad.
Asiste con fervor a la Santa Misa y recibe la Comunión si es posible.
- Lunes Las almas del Purgatorio.
Ruega por las almas de tus parientes, amigos y bienhechores.
- Martes Los Ángeles Custodios.
Acude a menudo los Ángeles Custodios pidiéndoles ayuda. Reza especialmente a tu Angel de la guarda.
- Miércoles San José.
Invócale como patrono de la buena muerte.
- Jueves La Santísima Eucaristía.
A lo largo del día, haz frecuentes comuniones espirituales y, si es posible, una visita al Santísimo.
- Viernes La pasión y muerte de Jesucristo.
Medita la Pasión y Muerte del Señor utilizando, por ejemplo, el Vía Crucis.
- Sábado La Santísima Virgen María.
Reza la Salve u otra devoción mariana.
 

¡ Ave María puríssima !

Gracias por tu apoyo. Recemos unos por otros.

Unidos en el Corazón de la Sagrada Familia,


jueves, 6 de diciembre de 2012

Paz perfecta...


Paz perfecta

En lo más profundo de tu alma,
hay un refugio de paz y quietud:
el lugar secreto del Altísimo.
Allí encuentras descanso de las tribulaciones
y la confusión del mundo.
Allí sientes serenidad, tranquilidad, inspiración y guía.
En este lugar secreto, te das cuenta de tu unidad con la vida,
la luz y la bondad abundante de Dios en ti.

Toma tiempo cada día para entrar
en el lugar secreto de Dios en ti para orar y meditar.
Cuando estás a solas con Dios, sintiendo Su presencia,
aguardando Su inspiración
y receptivo a Su poder próspero y sanador,
tu vida y circunstancias se transforman.

Al centrarte en la presencia de Dios,
permites que Su paz fluya a través de ti.
Puedes liberar todo pensamiento tenso o ansioso
y abrir tu mente para recibir
sólo pensamientos de paz y bondad.
Al hacer esto imbuyes tu energía creativa
con pensamientos y palabras afirmativos
que abren el camino a perfecta salud, felicidad
y prosperidad para que entren a tu vida.

A medida que mantienes tu mente centrada
tranquila y confiadamente en el espíritu de Dios en ti,
la luz de la paz de Dios ilumina tu camino,
la corriente de curación de la paz de Dios
se impregna y restaura cada parte de tu cuerpo,
y el poder próspero de la abundante paz de Dios
se encarga de tus necesidades.
Quizás hayas sentido antes el deseo
de decir a Dios cómo obrar en tu vida,
ahora estás dispuesto a permitir que el bien de Dios
fluya a ti de la mejor manera posible.

Permite que tus oraciones por paz interna
antecedan cualquier oración que hagas por otros.
Primero abre tu corazón a la paz de Dios
y afirma su presencia en ti.
Cuando estés tranquilo y firme en tu fe,
entonces afirma la bondad de Dios
para la persona a quien deseas ayudar.
Bien sea necesidad de curación, guía, amor,
liberación, empleo o provisión,
cree en que la respuesta correcta llega en el momento correcto.
Confía en las palabras de Jesús:
“Todo lo que pidáis orando,
creed que lo recibiréis, y os vendrá” 
(Mc 11, 24)

Tu momento de comunión con el espíritu de Dios en ti
te permite volver renovado a tu día,
sintiendo la paz perfecta de Dios
que te sostiene con fe y serenidad.
Según piensas, hablas, actúas y sirves
con el único propósito de vivir en armonía con Dios,
todo lo que sucede es para tu bien.
Al permanecer en la paz de Dios atraes sólo amor,
aceptación, gozo y éxito a tu vida.

“Tú guardarás en completa paz a aquel
cuyo pensamiento en ti persevera, 
porque en ti ha confiado.” (Isaías 26, 3)


Mes de la Virgen María...


DÍA TREINTA (6/DIC)
El Cielo
CONSIDERACIÓN. – Somos, aquí abajo, nada más que pobres desterrados; gemimos, sufrimos en
este valle de lágrimas; nuestra verdadera patria es el Cielo donde gozaremos de la presencia de Dios y de
una felicidad tal, que nuestras débiles inteligencias no pueden alcanzar a comprender.
El apóstol San Pablo, que fue arrebatado al tercer cielo, confiesa su imposibilidad de contarnos las
maravillas de las que ha sido, por un instante, feliz testigo. “Los ojos no han visto, el oído no ha
escuchado y el corazón del hombre no sabría comprender lo que Dios reserva a aquellos que ama”.
A medida que avanzamos en edad, el vacío se va haciendo a nuestro alrededor; perdemos a los seres
queridos y dejándonos Dios mucho tiempo sobre la tierra, la tristeza, consecuencia inevitable de las
crueles separaciones, invadirá nuestra alma.
Tendremos sed de reposo, de calma, de consuelo y de luz.
¡Paciencia! Llegará el momento en que un día nuevo se levantará sobre nosotros; las puertas de la
Jerusalén celeste se abrirán y contemplaremos a nuestro Dios cara a cara. Veremos también a María,
nuestra Madre bienamada.
Para nosotros, sus hijos, ¡qué felicidad, qué gloria, rodear su trono, cantar sus alabanzas, contemplar
sus rasgos, oír su voz!
Después, en el Cielo, volveremos a ver a nuestros padres, a nuestros amigos que nos han precedido
en la Patria y esta beatitud no dejará lugar a ningún deseo; tan completa será. Nadie podrá arrebatárnosla;
los días sucederán a los días, los años a los años, los siglos a los siglos y la eternidad no hará más que
comenzar.
EJEMPLOS. – San Agustín había hablado tan frecuentemente a su pueblo de Hipona del reino de
los cielos, que habiéndosele dicho, a este pueblo: “Supongamos que Dios os prometiera vivir cien años,
mil años aun, en la abundancia de todos los bienes de la tierra, mas a condición de no reinar jamás con
Él”... un grito se elevó en toda la asamblea: ¡que todo perezca y nos quede Dios!
Tales son los sentimientos que deberían animar a todos los cristianos y nosotros los encontramos en
el alma simple y recta de un pobre obrero que hemos conocido: Esteban Carrete perdió a su esposa
cuando sus hijos se hallaban en la primera infancia. Después de largos años de penosa labor para educar a
su numerosa familia, llegó a una extrema vejez sin ningún recurso. No podía trabajar más y sus hijos no
lo ayudaban sino en forma insuficiente.
Casi continuamente enfermo, solo, abandonado, parecía no obstante, verdaderamente feliz, sus
rasgos denotaban calma, alegría y cuando le preguntaban qué necesitaba, respondía invariablemente:
“Aquí abajo, nada, pues no deseo más que el Cielo”. Y ese hombre sin instrucción hablaba entonces
de la felicidad que le esperaba después de su muerte, con un ardor, una fe y, ¿por qué no decirlo? , con
una elocuencia que sorprendía a las personas que lo visitaban.
“El Cielo, decía, es la patria, el gozo de Dios, es allí donde reinaremos durante la eternidad. Yo, tan
pequeño, tan pobre, tan desconocido, entraré pronto en posesión de esa felicidad, de esa gloria de la cual
no podemos siquiera formarnos una idea”.
“¡Oh, cómo Dios es bueno, repetía frecuentemente, de haber preparado tan magnífica recompensa a
los elegidos!”
PLEGARIA DEL BIENAVENTURADO LUIS DE GRANADA. – Os suplicamos, ¡oh Madre
nuestra! tomarnos bajo vuestra protección y defender nuestra causa ante el tribunal de vuestro Hijo bien
amado, a fin de que cuando Él juzgue a los vivos y a los muertos, seamos libertados por vuestra
intercesión, de la muerte eterna y colocados a su diestra, en compañía de aquellos que deben reinar con Él
por los siglos de los siglos. Así sea.
RESOLUCIÓN. – Me consolaré de las penas y tristezas de esta vida, con el pensamiento del Cielo.
JACULATORIA. – María, Puerta del Cielo, rogad por nosotros.


miércoles, 5 de diciembre de 2012

Viene el Señor...


Pregón del Adviento en el Año Santo de la Fe

¡Viene el Señor! ¡Vendrá el Señor!
Si permanecemos atentos y vigilantes.
Si, nuestros ojos, miran hacia el cielo,
y no solamente se pierden en la tierra.

Viene el Señor, vendrá el Señor,
si la alegría anida en nuestro corazón
y, allá donde brota la tristeza,
la combatimos con la fuerza de nuestra esperanza.

¡Viene el Señor! ¡Vendrá el Señor!
Si le hacemos un lugar en la posada de nuestras almas.
Si, además de creer en Él,
intentamos conocerle y amarle con todas nuestras fuerzas.

¡Viene el Señor! ¡Vendrá el Señor!
Si la fe nos sirve para sacudir de nosotros
la angustia y el pesimismo, la desesperanza y la tibieza.

¡Necesitamos tanto, que venga el Señor!

Porque creemos en Dios,
preparémonos al inmenso amor
que nos regala en Belén.

Porque creemos en Cristo,
abramos las puertas de nuestra existencia
y, por ellas, entre la humildad del que se hace Niño.

Porque creemos en el Espíritu
que, el soplo de su presencia,
nos empuje a mantenernos atentos, en pie,
y siempre dispuestos a dar razón de nuestra vida cristiana.

¡Viene el Señor! ¡Vendrá el Señor!
Para rescatarnos de oscuridades y falsedades,
para recuperarnos de nuestras constantes caídas,
para dar solidez a nuestra fe,
para compartir nuestra débil humanidad,
para redimirnos y llamarnos a una vida nueva.
¿No lo sientes? ¿No tienes ganas de recibir a Dios?

Viene en persona…a vernos.
Se presenta pequeño… para hacernos grandes.
Se escucha en silencio… para acallar nuestros ruidos.
Nace en la noche… para ver cómo son nuestros días.
Llega con amor… para disipar nuestros odios.
Trae palabras… para confortarnos y darnos esperanza.
¿No lo sientes? ¿No tienes ganas de recibir a Dios?
¡Sólo te pide…FE!

P. Javier Leoz