martes, 27 de enero de 2015

El Evangelio...

Vivir el Evangelio

Unión con Dios.
Todo nos debe llevar a la unión con Dios, porque las devociones que practicamos, los mandamientos que cumplimos, las prácticas religiosas a las que asistimos, todo, absolutamente todo, debe llevarnos a unirnos cada vez más a Dios por el amor. Porque la finalidad del hombre en este mundo es la de conocer a Dios y a su enviado Jesucristo, y por este conocimiento amarlo sin medida y por encima de todo y de todos.
De modo que es bueno que hagamos un examen de conciencia y escudriñemos si nuestras prácticas religiosas, oraciones y devociones, nos están llevando cada vez más hacia el Corazón de Cristo, o si por el contrario, las hacemos por rutina, y no nos encienden el amor al Señor.
Más vale algunas devociones menos, pero poniendo más el corazón en practicarlas, porque Dios mira el corazón.
Está bien que vayamos a Misa los domingos, porque faltar a ella sin un motivo grave es pecado mortal. Pero no nos conformemos sólo con ser espectadores de la santa Misa, sino participemos fervorosamente, poniendo nuestro corazón en el altar, amando con todo nuestro ser a Jesús que se inmola por nosotros, por mí.
No hace falta que recemos más, o que participemos de más Misas o que recibamos mayor número de Sagradas Comuniones. Por supuesto que todo esto sería mejor, pero al menos tratemos de hacer bien y con mucho amor lo que venimos haciendo hasta el momento, viviendo cada día como si fuera el último, cada Misa o Comunión como si fuera la última de nuestra vida, porque un día lo serán realmente.

SUPERSTITION / STEVIE WONDER

miércoles, 21 de enero de 2015

The Beatles - Kansas City

Santo Temor de Dios...

0 de Diciembre de 1976

SANTO TEMOR DE DIOS

Hijo mío, escribe,
Si Dios pudiera cambiar sus enseñanzas, no sería ya Dios; la Palabra de Dios no se muda, no cambia ni cambiará jamás; ella es eterna como Dios. Ahora bien, Dios ha dado a los hombres una norma de vida, el mandamiento del amor, pero también ha dicho que el amor a Dios debe estar unido al Temor de Dios.
Así como el amor es un don que es preciso pedir sin interrupción, así también es un gran don el temor de Dios. ¡Teme al Señor que pasa! Pero los hombres de esta generación verdaderamente perversa han alterado todo e intentan demoler todo.
Del temor de Dios hoy no se habla ya, se habla del amor de Dios, pero del temor no, porque dicen que el temor no se concilia ni puede conciliarse con el amor así como encuentran inconciliable en su necedad la Justicia y la Misericordia, encuentran inconciliables el Amor y el Temor de Dios. En suma hoy se aceptan las cosas que son cómodas y se rechazan las que son incómodas.
Esta es la absurda postura que pastores, sacerdotes y cristianos han adoptado con relación a Dios y en esta absurda postura es evidente la insidia del enemigo que se propone demoler a Dios en el ánimo de los hombres, sirviéndose de la necedad de ellos mismos, demoler el edificio de la Iglesia, desmoronando piedra por piedra; ¿quién habla hoy del Temor de Dios? ¿Quién habla ya de la Justicia Divina? ¿Quién habla de la presencia de Satanás en el mundo, que con sus legiones rebeldes guía la lucha contra Dios y contra los hombres, encontrando por desgracia colaboradores entre estos últimos, aún entre almas consagradas no excluidos los Obispos?
Ay de aquellos que desafían la ira de Dios
Dios es terrible en su ira, ay de aquellos que desafían la ira de Dios guareciéndose en la cómoda concepción de que en Dios sólo hay amor y misericordia.
Muchos condenados quisieran poder volver atrás para reformar sus conceptos ahora que ven y comprenden con toda claridad el astuto engaño de Satanás y de su feroz maldad.
Hay una voluntad permisiva que explica sumamente bien la indignación del Señor por su pueblo infiel: guerras, revoluciones, epidemias, terremotos y tantas otras innumerables calamidades vienen del demonio, pero permitidas por Dios, por Sus providenciales y sapientísimos fines.
Los setenta años de esclavitud babilónica fueron permitidos por la indignación que los muchos pecados del pueblo hebreo habían provocado; la destrucción de Sodoma y Gomorra no fue de Dios, ningún mal viene de Dios jamás, sino siempre del infierno con la complicidad y perversión humanas. Sodoma y Gomorra y otros innumerables castigos, fueron puniciones no promovidas, sino permitidas por Dios para el arrepentimiento de los hombres. El mismo diluvio universal fue provocado por el infierno con la complicidad de los hombres corruptos.
El amor no puede permitir el exterminio de la humanidad
Los hombres dicen que no temen a Dios; esto es una tremenda blasfemia cuyas terribles consecuencias se purgan en esta tierra y más allá de la vida terrena como en los tiempos pasados.
Tiempos de ceguera, tiempos de oscuridad, porque son tiempos de soberbia. Este hombre, menos que gusano que se arrastra en el fango y en el polvo de la tierra, que tiene la duración de un día, osa desafiar enorgullecido por su ciencia y su tecnología al Creador y Señor del universo. ¿Hasta cuándo, hijo mío?
Yo soy el Amor. El Amor no puede permitir el desastre de la humanidad querido por Satanás. Yo soy el Amor Eterno e inmutable, por lo que no puedo querer la ruina eterna de las almas.
El infierno será derrotado; mi Iglesia será regenerada; mi reino que es reino de amor, de justicia y de paz, dará paz y justicia a esta humanidad sojuzgada por las potencias del infierno que mi Madre derrotará.
El sol luminosísimo resplandecerá sobre una humanidad mejor; ánimo pues, no temas a nada.
Reza y repara, ofrécete a ti mismo a Dios. Te bendigo
("Confidencias de Jesús a un Sacerdote" - Mons. Ottavio Michelini)

martes, 20 de enero de 2015

Ayuda...

Vuelve a empezar

Ayuda natural.
A veces esperamos una ayuda del Cielo, pero no entendemos que Dios nos ayuda también de forma natural, es decir, por medio de las causas segundas, los hombres, los medicamentos, las amistades, los consuelos, la naturaleza, etc.
Si caemos en depresión, quizás no queremos tomar medicamentos porque nos resistimos a ello. Y si los tomamos, ya cuando nos sentimos mejor a veces los dejamos por nuestra cuenta, y caemos a un estado peor.
Pero es que Dios también nos quiere ayudar por medio de los profesionales, y en la misma Biblia se aconseja acudir a los médicos.
Es un error no aprovechar todos los recursos que Dios nos ofrece, recordando que, como dice la Sagrada Escritura: “El hombre obediente cantará victoria”.
Algunas personas, quizás a veces los llamados “carismáticos”, suelen aconsejar que se vaya a los curas sanadores para dejar de tomar la medicación para distintas enfermedades del espíritu y de la mente. Pero es que no hay por qué hacer una dialéctica entre una cosa y la otra. Tanto lo sobrenatural, por medio del sacerdote sanador; como la natural, por medio de los profesionales y los medicamentos, se complementan maravillosamente. Y quien es realmente sabio sabe echar mano de ambos recursos, porque en ambos está la bondad de Dios para con sus criaturas sufrientes.
Así que no tengamos reparos en echar mano a todos los medios que Dios nos provee, siempre que sean lícitos y no sean métodos desaconsejados por la Iglesia Católica, porque la Iglesia es Madre, y como buena madre sabe lo que podemos y lo que no podemos hacer por el bien de nuestra alma, y a veces también por el bien de nuestro cuerpo.
Obedezcamos a la Iglesia, obedezcamos a los Sacerdotes, obedezcamos a los médicos, recordando esa frase de la Escritura que hemos citado sobre el hombre obediente, y entonces podremos empezar de nuevo después de cada caída.