martes, 30 de junio de 2015

Negocio...

Buen negocio.

El Sagrado Corazón de Jesús nos propone hacer un pacto: Cuidar nosotros de su honra y de sus cosas, que Él cuidará de nosotros y de las nuestras.
¡Qué buen negocio es hacer este pacto con Jesús, porque saldremos ganando, y mucho!
Y la honra de Jesús y sus cosas son el Reino de Dios y las almas. Por eso si queremos obtener grandes favores de Dios, si necesitamos muchas cosas, tanto espirituales como materiales, si buscamos salud o bienestar, y nos hacen falta muchas más cosas, entonces no dudemos en lanzarnos a ocuparnos y preocuparnos por el Reino de Dios y la salvación de las almas, que el Señor se ocupará grandemente de nosotros, de quienes amamos, y de todas nuestras cosas y asuntos.
No es una novedad esto, porque ya Jesús ha dicho en su Evangelio que primero busquemos el Reino de Dios y su justicia y que todo lo demás se nos daría por añadidura.
Hagamos este pacto con Jesús y lancémonos a hacer el mayor bien que podamos, para que el Señor se ocupe de todo lo nuestro.
Es un dulce pacto que hacemos con el Corazón de Jesús, y que también podemos hacer con María Santísima, y entonces Ellos cuidarán de nosotros y de todo lo nuestro de manera maravillosa.
Dejemos de andar rumiando nuestros problemas y de estar angustiados por las diferentes situaciones materiales, morales o espirituales, y en cambio lancémonos al apostolado para salvar almas y traer el Reino de Dios al mundo, y entonces veremos con admiración que Jesús y María nos van preparando todo primorosamente, hasta en los mínimos detalles, y nos van solucionando los problemas.
¡Pero eso sí!, necesitamos una grandísima confianza, porque aunque viéramos que a simple vista las cosas pueden parecer que se complican, dejemos las manos libres a Jesús y a María para que nos ayuden realmente, incluso aunque creamos que sus decisiones sobre nosotros y todo lo nuestro parezca que no nos favorece, y tengamos absoluta confianza en Ellos.
¡Qué detalles de amor tendrán para nosotros Jesús y la Virgen! Cantaremos eternamente las misericordias del Señor, y no nos faltará nada de nada, y no sólo seremos felices en el Cielo, sino que ya aquí en la tierra viviremos contentos y en paz, seguros en medio del tráfago de la vida.
De nosotros depende hacer este pacto con Jesús y María, que es, en definitiva, la consagración a Ellos, pues no otra cosa es la consagración que este pacto de amor hecho entre Ellos y nosotros.

lunes, 29 de junio de 2015

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Formación...

SanJoaquin Sta Ana Maria

Formación católica

Dialéctica diabólica.
Hay una dialéctica diabólica que es oponer el hombre a la mujer, hacer chistes machistas o feministas, y poner a ambos sexos como rivales entre sí, y esto no falta incluso en ambientes católicos.
Pero esto es un plan del infierno, que busca de todos los modos posibles, sembrar la discordia en el mundo, y especialmente en los matrimonios y en las familias.
Debemos saber ver las bondades del hombre y de la mujer, y no caer en las trampas del Maligno criticando o denigrando al otro sexo, porque Dios ha hecho al hombre y a la mujer para que formen una sola carne, para que se unan e, imitándose mutuamente, lleguen a la santidad.
Pero sabemos que el diablo odia a la raza humana, y entonces se introduce solapadamente incluso donde no debería entrar. Y así oímos hasta sacerdotes que hablan mal de la mujer, siendo que Nuestro Señor Jesucristo dio un papel importantísimo a las mujeres, y ellas dejaron a los hombres una gran enseñanza de valor ante la pasión del Señor.
No caigamos, entonces, en esta dialéctica diabólica, y aunque veamos defectos y falencias en el sexo opuesto, tratémoslo con respeto y amor, porque no otra cosa es el cristianismo, sino el tratar con caridad a todos, porque todo lo que fue creado por Dios es bueno, y si bien las creación y las criaturas están heridas por el pecado original, todas son complementarias, en especial el hombre y la mujer

domingo, 28 de junio de 2015

Evangelio del día...

domingo 28/JUN/15

Evangelio del día.

Mc 5, 21-43.
Domingo 13º durante el año.
Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y él se quedó junto al mar. Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies, rogándole con insistencia: “Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se cure y viva”. Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados. Se encontraba allí una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias. Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor. Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto, porque pensaba: “Con sólo tocar su manto quedaré sanada”. Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba sanada de su mal. Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: “¿Quién tocó mi manto?”. Sus discípulos le dijeron: “¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?”. Pero él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido. Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que había ocurrido, fue a arrojarse a sus pies y le confesó toda la verdad. Jesús le dijo: “Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda sanada de tu enfermedad”. Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: “Tu hija ya murió, ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?”. Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: “No temas, basta que creas”. Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, fue a casa del jefe de la sinagoga. Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba. Al entrar, les dijo: “¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme”. Y se burlaban de él. Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba. La tomó de la mano y le dijo: “Talitá kum”, que significa: “¡Niña, yo te lo ordeno, levántate!”. En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro, y él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que dieran de comer a la niña.
Reflexión:
Esta mujer que padecía hemorragias le “robó” una gracia a Jesús, ya que el mismo texto dice que el Señor se dio cuenta en seguida que una fuerza había salido de Él. Y es importante que meditemos en lo siguiente: muchos eran los que estaban con Jesús y tocaban su manto. Pero la forma en que lo hizo esta mujer mereció el milagro. ¿Y nosotros? ¿Con qué disposiciones vamos al encuentro del Señor, especialmente en la Eucaristía? ¿Lo hacemos con mucha fe como esta mujer, o como la multitud, por rutina? Este es el momento de rectificar nuestra intención y de renovar nuestra fe en Jesús, que es Dios.
Pidamos a la Santísima Virgen la gracia de tener una fe intrépida y así, con la ayuda de María, “robarle” gracias al Señor.
Jesús, María, os amo, salvad las almas.