viernes, 3 de febrero de 2017

Elvis Presley - Don't w/lyrics


Oraciones...

Oración para implorar los Dones del Espíritu Santo.

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1 - Venid, oh Espíritu Santo, y concedednos el don de SABIDURÍA, que dándonos a conocer la verdadera dicha, nos separe de las cosas del mundo y nos haga gustar y amar los bienes celestiales.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
2 - Venid, oh Espíritu Santo, y concedednos el don de ENTENDIMIENTO, para que más fácilmente conozcamos y penetremos las verdades y misterios de nuestra Santa Religión
Gloria al Padre, etcétera.
3 - Venid, oh Espíritu Santo, y concedednos el don de CONSEJO, que nos haga elegir en todo momento lo que contribuya más a la gloria de Dios y a nuestra propia santificación.
Gloria al Padre, etcétera.
4 - Venid, oh Espíritu Santo, y concedednos el don de FORTALEZA, que haciéndonos superar todos los obstáculos que se oponen a nuestra salvación, nos una tan íntimamente a Dios nuestro Señor que nada, ni nadie, pueda separarnos de Él.
Gloria al Padre, etcétera.
5 - Venid, oh Espíritu Santo, y concedednos el don de CIENCIA, que nos dé el perfecto conocimiento de Dios y de nosotros mismos y de los medios que debemos poner en práctica y los peligros que debemos evitar para llegar al cielo.
Gloria al Padre, etcétera.
6 - Venid, oh Espíritu Santo, y concedednos el don de PIEDAD, que nos conduzca a cumplir con facilidad todo lo que sea del servicio de Dios y nos haga encontrar siempre dulce y ligero el yugo del Señor.
Gloria al Padre, etcétera.
7 - Venid, oh Espíritu Santo, y concedednos el don de TEMOR DE DIOS, que nos haga evitar con el mayor cuidado en todos los instantes de nuestra vida, todo lo que pueda desagradar a nuestro Padre Celestial.
Gloria al Padre, etcétera.
Venid, oh Santo Espíritu Consolador, Padre de los pobres, dulce Esposo y suave refrigerio de las almas; venid y enriquecednos con las misericordias de vuestros siete dones, y danos con ellos vuestros preciosos frutos, a fin de que con vuestra divina asistencia guardemos puro nuestro corazón en la tierra y merezcamos después ver a Dios eternamente en el cielo. Así os lo pedimos por Cristo Señor nuestro que con Vos y el Eterno Padre vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.

jueves, 2 de febrero de 2017

Deberes...

Haciendo lo que debemos.

Tenemos que vivir en la tierra y mirando hacia el Cielo. Y en esto debemos tener cuidado de no irnos a los extremos, ya sea atándonos a este mundo y absorbiéndonos en una actividad febril, ni tampoco vamos a estar todo el tiempo rezando o en la iglesia.
Dios quiere que hagamos lo que tenemos que hacer en cada momento, sabiendo que estamos en este mundo para ganarnos el Cielo, pero todo lo tenemos que hacer bien.
Vivamos siempre recordando que de un momento a otro tendremos que partir a la eternidad, pero no por ello descuidemos las cosas de este mundo, pues ya lo da a entender el Señor cuando nos dice que en su manifestación gloriosa, de dos que estén en un mismo lecho, uno será tomado y el otro dejado; y de dos mujeres que estén moliendo juntas, una será tomada y la otra dejada. Es decir que no tenemos por qué estar pensando todo el tiempo en que vamos a morir, de modo que descuidemos las cosas temporales; sino que tenemos que vivir bien y contentos, en gracia de Dios (que eso significa estar velando y con las lámparas encendidas) y ocuparnos de todo nuestro deber, haciendo todas las cosas por amor a Dios y a los hermanos.
Tomemos el ejemplo de aquél santo que al ser preguntado sobre qué haría si supiera que dentro de una hora iba a morir, contestó que continuaría haciendo lo que estaba haciendo, mientras sus compañeros dijeron: uno, que se iría a la iglesia, el otro, a confesarse, el otro a rezar. Y sin embargo este Santo, que creo que era Dominguito Savio, dio la respuesta correcta, porque debemos vivir de tal manera que estemos siempre preparados para partir de este mundo, aunque por supuesto no pensemos en ello conscientemente. Cada uno de nosotros tiene que estar ocupado en su deber.
Por eso el cristiano, el buen cristiano, es el ser más feliz, pues ya viva, ya muera, siempre está en la presencia de Dios, haciendo lo que a Él le agrada, y entonces se cumple aquella frase lapidaria de San Agustín, que a veces tan mal se comprende: “Ama y haz lo que quieras”. Es decir, vive en gracia de Dios, preparado siempre para dar el salto a la eternidad, haciendo y ocupándote de las cosas que te tocan hacer.
Recordemos también esas palabras magistrales de San Juan Bosco que deben ser una guía en nuestro obrar: “Hace mucho el que hace poco, pero hace lo que debe. No hace nada el que hace mucho, pero no hace lo que debe hacer.”
Y tratemos de vivir en paz, contentos y alegres, pues como también nos ha dicho Don Bosco: “El demonio tiene miedo de la gente alegre”.
 
 

miércoles, 1 de febrero de 2017

Oraciones...

¡Qué importante es la oración!

JuanPabloII y misericordia
Si Dios es importante en nuestras vidas, también lo es la oración, pues por medio de la oración tenemos la ayuda de Dios y de todo el Cielo.
No dejemos por nada del mundo la oración frecuente, diaria, abundante, porque todos los bienes fluyen por medio de la oración, y, dejándola, nos vemos enredados en problemas y males de todas clases.
Por supuesto que hay alguien que tiene muchísimo interés en que abandonemos la oración, o que al menos seamos muy tibios en ella: el demonio. Sí, efectivamente el diablo es el más interesado para que claudiquemos en nuestra oración diaria.
Y no es de extrañar que cuando comenzamos a dejar de lado la oración, el diablo no nos moleste, pues justamente eso es lo que él quiere, que nos entibiemos en la oración, y así, poco a poco, vayamos descendiendo por el camino que conduce al pecado.
En cambio cuando nos disponemos a rezar, notaremos que frecuentemente surgen inconvenientes o molestias provocadas por el Infierno para que abandonemos la oración.
Los apóstoles fueron vencidos en la tentación y en la prueba porque no siguieron el consejo del Señor: “Velad y orad para que no caigáis en tentación, porque el espíritu está dispuesto pero la carne es débil”. Así les dijo Jesús en el Huerto de los Olivos, pero ellos no obedecieron y fueron vencidos por la tentación.
Nosotros no somos más fuertes que ellos, que incluso estuvieron al lado de Jesús durante sus tres años de vida pública. Así y todo, fueron lastimosamente vencidos porque no rezaron. Y nosotros seremos también miserablemente vencidos por el Mal, si dejamos la oración, si no hacemos de la oración un compromiso diario, constante, ardoroso.
Rezando es como se solucionarán todos nuestros problemas. Porque a veces creemos que la solución a nuestras dificultades nos vendrán de los hombres, de las cosas. Sin embargo los problemas se solucionan de rodillas, es decir, rezando. Porque así le damos lugar a Dios para que intervenga poderosamente, y además, alejamos al diablo de nuestra vida y de las vidas de quienes amamos.
Éste es un tiempo de oración. Dejemos de lado tantas cosas inútiles con las que perdemos valiosos momentos, y dediquemos más tiempo a la oración, y veremos lo que son milagros en todos los órdenes de nuestras vidas y de las vidas de quienes amamos entrañablemente.
Todos se benefician si rezamos, en primer lugar nosotros mismos. Y todos se perjudican si dejamos la oración, primero nosotros mismos.

martes, 31 de enero de 2017

Ahora..

Ahora.

“Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.” Así le decimos a María en cada avemaría que le rezamos. Le pedimos a la Virgen que ruegue por nosotros AHORA.
También el Señor nos ha enseñado, en el Padrenuestro, a pedir el pan cada día: “Danos hoy nuestro pan de cada día”, rezamos en esta oración dominical.
Y es que Dios quiere que vivamos el ahora, el hoy, sin poner nuestra mirada y preocupación en el futuro, porque el querer saber lo porvenir nos hace perder de vivir con plenitud el momento presente.
¡Cuántas veces creemos que seremos felices cuando lleguemos a tal época del año, o a tal o cual objetivo, o cuando poseamos alguna cosa o persona! Y sin embargo esa es una astucia del Maligno que nos entretiene con ensueños y nos distrae de que vivamos bien el ahora y el hoy.
Hagamos el propósito a partir de ahora mismo, de vivir momento por momento, porque esperando el tiempo para ser felices, dejamos escapar el ahora, el hoy, donde sí tenemos que ser felices, disfrutando de lo que hacemos, o sufriendo como se debe si es que estamos enfermos o con alguna prueba. Porque cada momento vivido es un regalo de Dios, tanto si estamos dichosos, como si sufrimos, pues el padecer es fuente de mérito para el alma y obtiene innumerables gracias para sí y para los demás.
Tenemos que aprender a circunscribirnos al día de hoy, al momento presente, al ahora, al ya; y así evitaremos desaprovechar el tiempo.
A veces la vida nuestra es como cuando nos vamos de vacaciones, que estamos ansiosos por llegar al lugar de destino, y nos olvidamos de ir disfrutando el viaje, el momento presente. Tenemos que ir disfrutando del viaje de la vida, con sus luces y sombras.
Pensemos en estas cosas y demos gracias a Dios que generalmente no nos revela el porvenir, para que vivamos en paz, sin preocuparnos por lo que será o podría ser.
Tengamos presente que dicen los santos que hay personas que si hubieran sido avisadas con anterioridad de la prueba que estaban por sortear, no hubieran podido soportarla. En cambio al llegar la prueba sin haberlo sabido de antemano, tuvieron la gracia y la fortaleza necesarias en ese momento y superaron la prueba.
Recordemos que Dios es un Padre bueno y nos da la gracia en el momento oportuno, de modo que cuando llegue la prueba, si es que llega, tendremos la ayuda del Cielo para llevarla adelante.
Vivamos contentos y confiando en Dios, aprovechando el ahora, y no estaremos lejos de la felicidad y la paz del alma.
 
 

lunes, 30 de enero de 2017

Chuót Méng...

bicycles from Vietnám...

Sto Evangelio...

Espíritu inmundo, sal de este hombre
† Lectura del santo Evangelio según san Marcos 5, 1-20
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a la otra orilla del lago, a la región de los gerasenos. En cuanto desembarcó Jesús, le salió al encuentro de entre los sepulcros un hombre poseído por un espíritu impuro. Vivía entre los sepulcros y nadie podía sujetarlo ni siquiera con cadenas. Muchas veces lo habían sujetado con argollas y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado las argollas. Nadie podía dominarlo.
Continuamente, día y noche, andaba entre los sepulcros y por la montaña, dando gritos e hiriéndose con piedras.
Al ver a Jesús desde lejos, vino corriendo y se postró ante él, gritando con todas sus fuerzas:
"¿Qué tengo yo que ver contigo, Jesús, Hijo del Dios altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes".
Es que Jesús le estaba diciendo:
"Espíritu impuro, sal de este hombre".
Entonces le preguntó:
"¿Cómo te llamas?"
Le respondió:
"Legión es mi nombre, porque somos muchos".
Y le rogaba insistentemente que no los echara de la región.
Había allí cerca una gran cantidad de cerdos, que estaban buscando alimento al pie de la montaña, y los demonios rogaron a Jesús:
"Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos".
Les permitió Jesús y los espíritus impuros salieron para entrar en los cerdos, que se lanzaron al lago desde lo alto del barranco, y los cerdos, que eran unos dos mil, se ahogaron en el lago.
Los que cuidaban los cerdos huyeron y lo contaron tanto en la ciudad como en los alrededores. La gente fue a ver lo que había sucedido. Llegaron donde estaba Jesús y, al ver que el endemoniado que había tenido la legión estaba sentado, vestido y en su sano juicio, se llenaron de temor. Los testigos les contaron lo ocurrido con el endemoniado y con los cerdos. Entonces comenzaron a suplicarle que se alejara de su territorio.
Al subir a la barca, el que había estado endemoniado le pedía que lo dejara ir con él. Pero no se lo permitió, sino que le dijo:
"Vete a tu casa con los tuyos, y cuéntales todo lo que el Señor ha hecho contigo y cómo ha tenido compasión de ti".
El se fue y comenzó a proclamar por la región de la Decápolis lo que Jesús había hecho con él; y todos se
quedaban maravillados.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.