martes, 13 de junio de 2017

Preparados...

Estar preparados.

Jesús nos dice en su Evangelio que debemos estar siempre vigilantes y preparados para partir hacia la eternidad. Y con ello nos quiere decir que debemos vivir constantemente en gracia de Dios, en amistad con Él, y jamás en pecado mortal o grave.
El mundo está lleno de muertes improvisas, violentas, instantáneas, que no dejan tiempo para prepararse a bien morir ni para confesarse. Por eso debemos tener siempre lo que se llama la preparación remota, es decir, acostumbrarnos a vivir habitualmente en gracia de Dios, y entonces, cuando llegue la muerte, rodeada de las circunstancias que sean, estaremos preparados para dar el salto a la eternidad y nos salvaremos.
No se trata de dejar de hacer las cosas de todos los días y ponernos a pensar, temblando, en el momento de la muerte que cada vez se avecina más. Sino de vivir tranquilos y confiados en Dios, pero mantenernos siempre en gracia de Dios.
Si hacemos así, si vivimos siempre en gracia de Dios, entonces dediquémonos con tranquilidad a las cosas de cada día, que aunque estemos absorbidos en lo cotidiano e improvisamente nos llegue la muerte, estaremos bien preparados para pasar de este mundo al otro.
Si tuvimos la desgracia de pecar gravemente, no nos quedemos en ese estado hasta el momento de confesarnos con el sacerdote, sino hagamos un acto de contrición perfecta, con el propósito de confesarnos cuanto antes con un sacerdote, y entonces ya no estaremos en pecado grave, y si nos tocara morir, estaríamos preparados.
El acto de contrición perfecta se hace pidiéndole perdón a Dios por el pecado cometido, no tanto por el miedo al infierno merecido, sino porque con ese pecado Le hemos causado mucho dolor al Señor, lo hemos contristado.
Entonces ni bien tenemos la desgracia de pecar mortalmente, hagamos el acto de contrición, añadiendo el propósito de ir a confesarnos cuanto antes, y ya estaremos otra vez en regla por si tuviéramos que partir de este mundo.
Claro que luego deberíamos no postergar indefinidamente la confesión sacramental, ni tampoco durante ese lapso nos podemos acercar a la comunión eucarística. Pero si morimos, nuestra salvación estará asegurada.
Ya el Señor nos ha dicho que Él vendrá a la hora menos pensada, a la hora del ladrón. Y es un aviso de Dios que tenemos que asimilarlo y poner todos los medios para estar siempre preparados.

lunes, 12 de junio de 2017

Postrimerías...

Postrimerías.

Meditare Novissima tua et in aeternum non peccabis" (Ecli 7, 40)

"Recuerda tus postrimerías, y nunca pecarás"

MUERTE:

Dios no ha creado la muerte, sino que ésta vino por el pecado del hombre y es como su salario, por eso los hombres no estamos preparados para morir, ya que tenemos deseos de eternidad y nos repugna la muerte. Pero ésta llegará inexorablemente, y por eso es mejor prepararse a dar ese paso tan importante, ese salto a la eternidad del cual dependerá nuestro destino eterno.
La muerte no se puede esquivar ni posponer, ya que Dios la ha fijado desde toda eternidad y Él sabe en qué momento sucederá, aunque no lo sabemos nosotros, que siempre tenemos que estar preparados, viviendo en gracia de Dios y nunca en pecado mortal.

JUICIO:

Pero lo más importante luego de la muerte es el Juicio de Dios, el Juicio particular, cuando estemos nosotros solos ante la Majestad de Dios, que llevará a juicio todas nuestras acciones, palabras, pensamientos y omisiones.
Está el juicio particular que cada uno sufre inmediatamente después de la muerte, y el Juicio Final, que sucederá al fin del mundo, cuando el Señor resucite a todos los hombres, desde Adán y Eva hasta el último que haya existido. Terrible momento ese, donde quedará patente a todo el universo quién era el que estaba en lo correcto y quién fue el verdadero fracasado.

INFIERNO:

Y los que mueran en pecado mortal, inmediatamente serán precipitados en el Infierno eterno, que como define la Santa Madre Iglesia es “todo mal sin mezcla de bien alguno”.
Pensemos un poco y hagamos de cuenta que el Infierno sólo fuera un simple dolor de muelas, e imaginemos que ese dolor de muelas durará por un año. ¡Sería muy duro soportarlo! ¡Pero si nos enteramos que ese dolor de muelas nos durará toda la vida, sería terrible!
¡Más tremendo y descabellado sería si ese dolor de muelas se prolongaría para siempre, para toda la eternidad!
Bueno, pensemos que el Infierno, que es eterno, no es un simple dolor de muelas, lo cual ya sería espantoso.
Ojalá estas consideraciones nos hagan recapacitar y volver al buen camino, haciendo una sincera confesión con el sacerdote y dejar de lado el pecado que día a día nos acerca más al Abismo Infernal.

CIELO:

Y el Cielo es, como lo define la Iglesia Católica: “Todo bien sin mezcla de mal alguno”.
No podemos imaginarnos lo que es el Cielo. Pero la Virgen ha dicho en uno de sus mensajes que si los hombres supiéramos lo que es el Paraíso, haríamos “cualquier cosa” para ir allí.
Y “cualquier cosa” significa que nos entregaríamos a las más duras penitencias y renuncias, mortificaciones y sacrificios, con tal de ir al Cielo a gozar de esa Felicidad que “ni ojo vio, ni oído oyó, ni vino jamás a la mente del hombre”, como bien lo ha dicho el Apóstol.

sábado, 10 de junio de 2017

Hoy...

Cada día.

Si lo tuviéramos todo de una vez, seguramente desperdiciaríamos mucho y hasta nos olvidaríamos de Dios y de que es Él quien nos provee de todo y nos mantiene en la existencia.
Por eso el Señor nos ha enseñado a pedir en el Padrenuestro el pan cotidiano, es decir, pedir lo que necesitamos cada día.
Algunos quizás quieren tenerlo todo de una vez por temor a que en el futuro les falte algo. Sin embargo esto es desconfiar de la bondad y providencia de Dios, que así como da de comer cada día a los pajaritos, así también tendrá cuidado y providencia con nosotros los hombres, que somos más valiosos que muchos pajaritos, como lo dice el Señor en su Evangelio.
Es tiempo de que pongamos nuestra fe a trabajar, porque muchas veces desconfiamos de Dios y no queremos abandonarnos a su providencia viviendo un día a la vez.
Dios es bueno y nos irá dando lo necesario para cada día, y por eso nosotros debemos ir pidiéndole cada día los socorros que necesitamos. De esa manera no nos olvidamos que somos creaturas y que dependemos del Creador, y así también vamos aprovechando mejor todo lo que vamos recibiendo de Dios.
Tenemos que aprender a vivir más abandonados en Dios, porque no pocas veces queremos acumular dinero y bienes para tener guardado para el futuro, pero lo hacemos con desconfianza en Dios, dudando de que Él nos pueda socorrer también en el futuro.
La vida del hombre no está asegurada por los bienes materiales. Además, Dios nos puede enriquecer en un abrir y cerrar de ojos.
Por eso el hombre más feliz es el que confía en Dios, el que vive colgado de la Divina Providencia, ahorrando lo necesario, sin despilfarrar, pero confiando en que en el futuro también estará la mano providente del Padre celestial que no dejará que nos falte lo necesario para vivir, y vivir con decoro.
¿Acaso conocemos de la vida de algún santo que le haya faltado lo necesario para vivir?
Claro que la condición para recibir la ayuda de Dios es vivir en su amistad, cumpliendo sus mandamientos y tratando de ser buenos cristianos, es decir, haciendo trabajar nuestra fe, produciendo obras de amor, y entonces vivamos tranquilos y felices día por día, que no nos faltará la providencia del Señor.

viernes, 9 de junio de 2017

Evangelio del día...

Evangelio del día.

Viernes 9/JUN/17.
Mc 12, 35-37.
Palabra viva.
Jesús se puso a enseñar en el Templo y preguntaba: “¿Cómo pueden decir los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo David ha dicho, movido por el Espíritu Santo: ‘Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies’. Si el mismo David lo llama ‘Señor’, ¿cómo puede ser hijo suyo?”. La multitud escuchaba a Jesús con agrado.
Reflexión:
Nosotros también ahora debemos escuchar a Jesús con mucho agrado y buscar su Palabra en el Evangelio. Sería bueno que hagamos el propósito de leer todos los días uno o varios capítulos del Evangelio, empezando por San Mateo y siguiendo por los demás, y al terminar, volver a comenzar, porque siempre encontraremos nuevas enseñanzas ya que la Palabra de Dios es viva y, además, según vayamos viviendo nuestras vidas le iremos encontrando nuevos y más profundos sentidos a la Escritura en general, y en particular al Evangelio.
Pidamos a la Santísima Virgen la gracia de buscar la palabra de Jesús como ciervos sedientos, y que la entendamos con el mismo Espíritu con que fue escrita.
Jesús, María, os amo, salvad las almas.

jueves, 8 de junio de 2017

Ley...

Vuelve a empezar

Ley de gravedad.
Si un cuerpo cae hacia abajo, no hay fuerza natural que lo detenga, sino que sólo una fuerza de orden superior podría invertir el movimiento de caída y convertirlo en movimiento de elevación.
Así también nos sucede a nosotros cuando decaemos en el ánimo y estamos abatidos. Necesitamos una Fuerza superior que nos eleve. Y esa Fuerza es Dios. Por eso para quien está desalentado o desanimado, es necesario que rece, pues por medio de la oración se obtiene la ayuda de Dios, que es esa Fuerza que lo puede elevar.
Ya lo dice el Apóstol que sin la ayuda de Dios no podemos decir ni siquiera que Jesucristo es el Señor. Por eso más cuando estamos abatidos, tenemos que buscar a Dios, invocar su ayuda, para que sea Él quien nos levante, que nos resucite como lo hizo con Lázaro.
No dejemos de rezar nunca. Y si no podemos rezar con oraciones ya hechas, hablemos con Dios. Y si tampoco podemos hablar con Dios porque todo nos causa tristeza, al menos recostemos nuestra cabeza sobre el Corazón de Jesús, y estémonos así, para tomar fuerzas. Y por supuesto vayamos al Sagrario, porque el Señor ha prometido -y es promesa de un Dios-, que consolará y aliviará a los que van a Él fatigados y agobiados.
Si hemos caído, seamos astutos y aprovechemos esa caída para crecer en humildad y en amor a Dios, para aferrarnos mucho más al Señor, despreciando las cosas del mundo, recordando que sólo Dios nos puede hacer felices ya desde la tierra.

miércoles, 7 de junio de 2017

FLASHMOB Pirates of the Caribbean Rhapsody Philharmonic

Catecismo...

Repasando el Catecismo

1. ¿Cuál es la plena y definitiva etapa de la Revelación de Dios?
65-66
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La plena y definitiva etapa de la Revelación de Dios es la que Él mismo llevó a cabo en su Verbo encarnado, Jesucristo, mediador y plenitud de la Revelación. En cuanto Hijo Unigénito de Dios hecho hombre, Él es la Palabra perfecta y definitiva del Padre. Con la venida del Hijo y el don del Espíritu, la Revelación ya se ha cumplido plenamente, aunque la fe de la Iglesia deberá comprender gradualmente todo su alcance a lo largo de los siglos.
«Porque en darnos, como nos dio a su Hijo, que es una Palabra suya, que no tiene otra, todo nos lo habló junto y de una vez en esta sola Palabra, y no tiene más que hablar» (San Juan de la Cruz)
(Del Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica)
Comentario:
Todo lo que necesitamos saber para salvarnos, ya ha sido revelado en Cristo Jesús, en su Evangelio, en la Sagrada Escritura, desde el Génesis hasta el Apocalipsis. Ahora toca al Magisterio de la Iglesia ir descubriendo esta verdad y profundizando en todas sus facetas. ¿Pero entonces Dios ya no hablará más? Dios es Verbo y no puede no comunicarse. Entonces no debemos entender mal esta afirmación de que ya está todo dicho. ¡No! Si bien Dios ya ha dado todo lo que es necesario para nuestra salvación y muchos más todavía, infinitamente más nos ha dado; también es cierto que el Señor se sigue comunicando con los hombres para llevarlos a comprender mejor toda la Revelación y hacerlos vivir mejor las normas que Él mismo ha dado. Por eso las revelaciones privadas tienen una gran importancia también, y si están aprobadas por la Iglesia, como las apariciones de Fátima o las del Sagrado Corazón de Jesús, entonces hay que aceptarlas y prestarles mucha atención porque podemos correr el riesgo de cerrarle la puerta a Dios, de no aprovechar los consejos que nos da Jesús y la Virgen para que evitemos peligros o saquemos más provecho de las enseñanzas de siempre.
¡Alabado sea Dios!